Cuentos con valores

La infancia, una dulce etapa en que los pequeños dependen de nosotros para ayudarlos a descubrir el mundo, lo bueno y lo malo. Definitivamente, es una oportunidad de oro para enseñarles, con ejemplos, la importancia de vivir con valores, el significado individual e invitarlos a practicarlos.

Una buena herramienta para introducirlos a este mundo son los cuentos, pues en estas edades tan tempranas disfrutan que le relaten una y otra vez las mismas historias, recreando en sus mentes los mundos fantásticos. De esta forma, pueden aprender los diversos valores mientras se divierten, de forma tal que permita forjar el corazón de sus pequeños para que sean adultos integrales.

A continuación, les presentamos 10 historias para enseñar valores como el respeto, la honestidad, amistad, responsabilidad y paz.

CUENTOS CORTOS CON VALORES PARA NIÑOS
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1. La valiente tortuga

Había una vez, en un frondoso bosque, una tranquila tortuguita que debido a su lentitud le costaba mucho hacer amigos.

-No eres tan alta como la jirafa, ni tan veloz como la leoparda y mucho menos tan graciosa como el hipopótamo, ellos si tienen muchos amigos por sus grandes dotes – se decía.

La tortuga recorría los caminos triste pensando en que no era suficiente para tener amigos tan geniales como ellos, tanto se perdía en sus pensamientos y miedos que no se atrevía hablar con nadie pues pensaba que se iban burlar de su velocidad o su pequeño tamaño, por lo que prefería quedarse segura lejos de lo que, imaginaba, serian crueles burlas.

Un día, mientras buscaba alimento, se topo con una tierna liebre que era reconocida por su amabilidad y buen trato con todos los animales, a ella le pareció realmente interesante la forma de buscar comida de la tortuga, por lo que, acercándose, le quiso hablar. Sin embargo, la pequeña se asustó y se escondió en su caparazón.

-¡Perdóneme, tortuga! No la quise espantar, pero me gustaría hablar con usted y compartir nuestros alimentos -exclamó la liebre, mientras dejaba caer una zanahoria.

Pero la tortuga tenía demasiado miedo de lo que podía pasar, así que se mantuvo escondida hasta que la otra se fue. Cabe mencionar, que se arrepintió mucho de perder esa oportunidad de hacerse amiga de la liebre.

Tiempo después, se formó un gran alboroto en el bosque, un cazador había atrapado a la dulce liebre y todos los animales formaron una reunión para hacer un plan para recuperarla; siendo los principales protagonistas los famosos hipopótamo, jirafa y leoparda.

-¡No puedo ir yo! -exclamó la jirafa- soy tan alta que el cazador me vería desde lejos.

-¡Yo menos! -dijo el hipopótamo- soy muy pesado y haría mucho ruido al acercarme.

-Podría ser yo, pero soy muy rápida, no sé si pueda detenerme a tiempo-mencionó la leoparda.

Todos se quedaron en silencio, si sus grandes héroes no podían ayudar a su amiga, ¿quién lo haría?

-Quizás yo podría intentarlo – susurró la tortuga- soy lenta, pequeña y liviana, el cazador nunca podría sospechar. Podría acercarme y abrir la jaula.

Impresionados por la valentía, los animales apoyaron a la tortuguita, llevando el plan a cabo y liberando a la amable liebre. Quien, agradecida con el rescate, se hizo muy amiga de su salvadora, igual que el resto de los animales del bosque. Estos, lejos de ver sus características como defectos, las valoraron y admiraron por su coraje. Desde entonces, la valiente tortuga pasaba sus días felices, paseando con sus nuevos amigos.

Liebre y tortuga

Mensaje:

En el relato se destacan valores como la amabilidad, amistad, el amor propio e individualismo. Por supuesto, también la valentía para enfrentar nuestros miedos y el agradecimiento hacia quienes nos muestran su apoyo.

2. Alfonso y el manzano

Un joven llamado Alfonso vivía en una bonita casa, situada en las afueras de la ciudad. La vivienda estaba rodeada de jardines floridos, sonoras fuentes de agua, y un enorme huerto, gracias al cual disfrutaba todo el año de verduras y hortalizas de excelente calidad.

Alfonso era un tipo privilegiado que lo tenía todo, pero curiosamente se sentía frustrado por no haber podido cumplir uno de sus grandes sueños: llenar su propiedad de árboles frutales. Durante meses había intentado cultivar distintas especies empleando todas las técnicas posibles, pero por alguna extraña razón las semillas no germinaban, y si lo hacían, a las pocas semanas las plantas se secaban. Con el paso del tiempo el hecho de no tener un simple limonero le produjo una sensación de fracaso que no podía controlar.

El huerto de Alfonso estaba delimitado por un muro de piedra tras el cual vivía Manuel, su vecino y amigo de toda la vida. Él también tenía una casa muy linda y un terreno donde cultivaba un montón de productos del campo. Podría decirse que ambas propiedades eran muy parecidas, salvo por un pequeño detalle: Manuel tenía un hermosísimo ejemplar de manzano que despertaba en Alfonso feos sentimientos de rabia, envidia y celos.

Mi manzano

-¡Qué fastidio! Manuel tiene el manzano más impresionante que he visto en mi vida. Si la calidad de nuestra tierra es igual y regamos con agua del mismo pozo, ¿por qué en mi huerto no prosperan las semillas y en el suyo sí?… ¡Es injusto!

Alfonso tenía razón en una cosa: el árbol era impresionante, superaba los quince metros de altura y era tan frondoso que daba una sombra magnífica en verano. Ahora bien, lo más bonito era verlo cubierto de flores en primavera y cargadito de frutos, que eran tan maduros, grandes y dulces, que todo aquel que las probaba las consideraba un auténtico manjar de dioses.

Por fortuna, Manuel era dueño de una obra de arte de la naturaleza, pero su amigo Alfonso, en vez de alegrarse por él, empezó a sentir que una profunda amargura se instalaba en el fondo de su corazón. Tan fuerte y corrosiva era esa emoción, que en un arrebato de envidia decidió destruir el maravilloso árbol.

-¡Hasta aquí hemos llegado! Contaminaré la tierra donde crece ese manzano. Sí, eso haré: echaré tanta porquería sobre ella que las raíces se debilitarán y eso provocará que el tronco se vaya destruyendo lentamente hasta desplomarse. ¡Manuel es tan inocente que jamás sabrá que fui yo quien lo destruyó!

Así pues, una noche de verano en la que, salvo los grillos cantarines, todo el mundo dormía, se deslizó entre las sombras, trepó por el muro cargado con un saco lleno de basura y avanzó sigilosamente hasta el árbol, vaciando todo el contenido en su base. Cometida la fechoría, regresó a casa, durmiendo tranquilamente sin sentir ningún tipo de remordimiento.

A partir de ese momento la vida de Alfonso se centró en una sola cosa: conseguir derribar el esplendoroso árbol de su amigo. El plan era mezquino, miserable a más no poder, pero él se lo tomó como algo que debía hacer a toda costa. Cada atardecer recogía deshechos, como restos de vegetales y los excrementos de las gallinas… ¡Todo acababa en el saco! Al llegar la noche, como si fuera un ritual, saltaba el muro y lanzaba los apestosos despojos a los pies del árbol.

De regreso a su hogar, se acostaba con una sonrisa dibujada en el rostro. En ocasiones los nervios le impedían dormir y permanecía despierto durante horas, regodeándose en su malévolo objetivo:

-La muerte de ese detestable manzano está muy cerca.  Será genial ver cómo se pudre y acaba devorado por las termitas.

Alfonso y el manzano

¡Qué equivocado estaba el envidioso Alfonso! Al concebir su macabro proyecto se le pasó por alto que cada vez que echaba restos de comida o excrementos sobre la tierra la estaba abonando, así que el resultado de su acción no fue que el árbol se pudrió o se secó, sino que, al contrario, creció todavía más sano, más fuerte y más hermoso. En pocas semanas alcanzó un tamaño nunca visto para un ejemplar de su especie, sus ramas se volvieron extremadamente robustas, y lo más increíble, empezó a dar manzanas gigantescas como sandías. Su dueño, consciente de que eran únicas en el mundo, pudo venderlas a precio de oro y se hizo rico.

Durante años y a pesar de la evidencia, Alfonso siguió cometiendo la torpeza de echar desperdicios sobre las raíces del manzano. ¡El muy tonto seguía convencido de que algún día lo vería desparecer! Como te puedes imaginar nunca logró su propósito y su amigo Manuel vivió cada vez mejor.

Mensaje:

La envidia es un sentimiento que corroe por dentro y no nos deja ser felices, haciendo que dañemos nuestra vida y amistades sin darnos cuenta.

Recuerda, es mucho más bonito alegrarse de la buena suerte de nuestros amigos y compartir con ellos su éxito.

3. El deber cumplido

En cierto país, hace mucho tiempo, un rey ordenó a sus vasallos realizar una revisión de todas las pesas y medidas de su reino, pues llegó a sus oídos el rumor de que los comerciantes engañaban a sus compradores.

Uno de los vasallos, hijo de un conocido comerciante, encontró que su propio padre tenía pesas no conforme a lo establecido y, con mucho dolor, le aplicó una fuerte multa. El padre se molesto fuertemente por lo sucedido y regaño severamente a su hijo, pero este, lejos de inmutarse, con solemne calma le respondió:

-Padre, perdóname si te he humillado, pero ten en cuenta que en esta vida hay algo que esta antes que todo, y eso es el cumplimiento de mi deber y responsabilidades.

El padre avergonzado, abrazó a su hijo y le pidió disculpas por su comportamiento. El rey se enteró de este acto y, sorprendido por el honor del joven, lo lleno de reconocimientos y premios.

El buen hijo

Mensaje:

El honor, deber y responsabilidad son un grupo de valores que van de la mano. En la vida diaria, constantemente, se presentan situaciones que te llevan a decidir entre el camino fácil pero deshonroso y el del complicado deber, y hay que saber elegir responsablemente.

Sigue el camino derecho; ganarás honra y provecho”.

4. La enseñanza de una construcción

Una vez, en un pequeño poblado, se comenzó la realización de un enorme centro comercial, el primero del área.

Pasado un mes, un niño paraba frente a la construcción diariamente y se quedaba absorto viéndola por un largo rato. Le inspiraba ver el compañerismo de los trabajadores: unos llevaban la mezcla, otros acarreaban los ladrillos y los demás los colocaban uno por uno en su sitio.

Un día, su padre preocupado por la tardanza, salió a buscarlo y lo encontró en un banquito mirando hacia la construcción; sorprendido, se le acercó y le preguntó:

-¿En qué piensas, muchacho? ¿Qué te tiene tan concentrado?

El niño respondió:

-Papá, estaba pensando en lo pequeño que es un ladrillo y, sin embargo, colocado uno encima de otro, se llega a levantar monumentales edificios.

-Es verdad, hijo; así sucede con todas las grandes cosas, incluyendo la vida. Una gota unida a muchas otras forma el mar. Por eso, nunca hay que despreciar lo pequeño ni intimidarse por lo grande, y mucho menos, desanimarse por lo penoso que pueda parecernos un trabajo. Con un paso después de otro se llega a la cima más alta. Aprendiendo bien una lección y luego a la siguiente, se sabe un libro y luego otro, hasta llegar a ser un gran profesional.

El niño sonrío, y tomo muy en cuenta el consejo de su padre, convirtiéndose en un gran arquitecto y una excelente persona.

Cuentos y valores

Mensaje:

La constancia es un valor muy importante, nos enseña a que cada pequeño paso cuenta porque nos acerca más a nuestra meta. Además, el respeto y el trabajo en equipo son claves para un buen desarrollo humano.

5. Querer es poder

Había una vez, en un pequeño pueblo, una niña de nombre Sofia. Ella constantemente lloraba porque no comprendía las lecciones de la escuela, por lo que sus calificaciones no eran muy buenas. Además, justificaba esto diciendo que poseía mala memoria y no podía aprender sus lecturas con la misma facilidad que sus compañeros.

Un día, la maestra ofreció una hermosa bicicleta para el alumno que obtuviese las mejores calificaciones en los exámenes finales. Todos se emocionaron mucho, pero Sofía se entristeció porque pensó que nunca podría conseguirla.

-¡Si yo pudiera ganar la bicicleta, mamá! ¡Es tan hermosa! Pero con mi memoria, ¡nunca podría lograrlo! -exclamó la pequeña.

-Tú puedes, mi niña, solo debes esforzarte más y ser muy constante. Si quieres, puedes levantarte más temprano y yo te ayudaré a repasar tus lecciones.

Desde aquel día, Sofia se levantaba muy temprano y se acostaba muy tarde estudiando junto a su madre. Estos pequeños actos dieron inmediatos resultados, ya que cuando daba su lección lo hacia tan bien que todos quedaban admirados por su gran evolución.

Por lo que no fue sorpresa para nadie cuando la niña obtuvo la mejor nota en los exámenes, consiguiendo su añorada bicicleta.

Frutos del esfuerzo

Mensaje:

Este cuento nos habla de la perseverancia y el valor del aprendizaje. A veces, las cosas nos parecen muy complicadas y buscamos mil excusas para no hacerlas, cuando solo necesitamos un poco de esfuerzo de nuestra parte para conseguirlas.

6. El eco

En las montañosas aldeas de las afueras de Suiza, vivía Juan, un niño muy mal portado, que disfrutaba molestar a los más pequeños y por su gran tamaño, nadie le hacía frente.

Una tarde de verano fue a pasear a un campo cerca de las montañas, mientras caminaba se puso a gritar: ¡RA, RA, RA! Segundos después, una voz misteriosa le contestó: ¡RA, RA, RA!

-¿Quién está ahí? – preguntó, intrigado, Juanito.

-¿Quién esta ahí? – replicó la voz.

-¡Vaya, un tonto! – prosiguió el niño.

-¡Vaya, un tonto! -volvió a responder la voz.

El muchacho, un tanto molesto, dijo unas cuantas expresiones feas y nuevamente la voz de la montaña las volvió a repetir. Por fin, no pudiendo saber quién le remedaba, regreso a casa y les contó a sus padres lo sucedido:

-Padres, un niño muy malo, estaba escondido en las montañas y me ha dicho cosas muy feas- dijo sollozando.

Los padres, entendiendo la situación, le quisieron dar una lección:

-Oh hijo, nadie se escondió en las montañas para replicarte; fue el mismo eco de tu voz que, resonando en las montañas, te devolvió tus propias palabras. Si hubieras pronunciado, mi dulce niño, palabras agradables habrías escuchado también lo mismo.

Juan, entendió lo que sus padres le quisieron decir y, desde ese día, comenzó a comportarse mejor e incluso se disculpó con las personas que había lastimado.

Enseñar valores

Mensaje:

La historia de Juan nos da una lección de vida: la amabilidad y respeto hacia los demás, porque “de la manera que trates serás tratado”.

7. El viejo naranjo

Había una vez, hace mucho tiempo, en una gran hacienda productora de frutos, vivía una gran familia con dos pequeños hijos: Jorge, el mayor y más responsable, y Pablo, el pequeño travieso; que se reconocía por sus monumentales travesuras, mientras que Jorge se divertía leyendo libros o ayudando en la recolección de frutos.

Un día, su padre les regalo unas hachas para que ayudaran en la recolección de leña para su hogar. Encomendándoles mantenerse alejados de un viejo naranjo, pues ese árbol fue el que comenzó todo y le tenia cierto aprecio.  A la mañana siguiente, los muchachos emocionados fueron a buscar árboles para probar el filo del arma. Intentándolo con varios viejos troncos, hasta que Pablo retó a Jorge a cortar uno en particular, y este, sin pensarlo muy bien, quiso demostrar su fuerza y procedió a tumbarlo con el hacha. 

Más tarde, cuando su padre llegó a casa y vio su preciado naranjo cortado en pequeños tronquitos, enfureció; fue al hogar y comenzó a regañar al más pequeño de sus hijos, pues le parecía bastante obvio quien era el hacedor de esta travesura. Jorge, al escuchar el alboroto salió de su cuarto para escuchar la escena y, con mucha vergüenza, confesó:

-Querido padre, déjale en paz, él no ha sido el culpable de tan atroz acción. ¡Fui yo!, en un acto de distracción y orgullo, corté tu preciado naranjo y merezco el más severo de los castigos.

El mayor de los hombres, se quedo callado mientras miraba a su hijo y después de un momento de reflexión, replicó:

-¡Ven a mis brazos, hijo mío! Pues al decir la verdad has reparado el daño causado, juntos sembraremos uno nuevo. Además, no olvides que el valor de la honestidad y la veracidad valen más que mil árboles, aunque tuvieran hojas o frutos de oro.

Ese día los pequeños aprendieron una lección que nunca llegaron a olvidar.

Sembrar un árbol

Mensaje:

La honestidad es un valor muy importante para inculcar desde muy corta edad. Enseñar a los pequeños a ser sinceros desarrollará en ellos una personalidad en las que sean responsable de sus acciones. A la vez, esta historia nos cuenta un poco sobre lo negativo que puede ser dejarse llevar por comentarios ajenos o por cuestiones de orgullo.

8. La rana y el buey

En un bosque del Amazonas, vivía una pequeña ranita de nombre Quaki, que le gustaba pasearse por los alrededores para conocer a todos sus vecinos. Un buen día, en uno de sus recorridos, observó un gran y hermoso buey:

-¡Qué grande es, señor buey! ¡Es tan alto que puede comer de los arboles y defenderse de los otros animales sin esconderse! Y yo, tan pequeña, tengo que huir rápidamente de ellos. ¡Qué mal me siento! Me gustaría ser tan grande como usted.

-¡Oh, pequeña ranita! No te preocupes por eso -replicó el buey- cada uno de nosotros tiene algo especial que nos hace ser únicos.

Pero lejos de aceptar el consejo, Quaki vio esto como un reto, por lo que, decidida, quiso volverse tan gran como el señor buey. Para realizar este cometido, la pequeña comía mucho, incluso cuando no tenia hambre, llegando aumentar unos cuantos kilos.

-¡Mira, hermano, como crezco! ¡Mira como me hago tan grande como el buey!

-¡Oh no, Quaki! ¡Aún no eres tan grande como el buey!

La rana siguió comiendo, hasta que se volvió tan grande que casi no podía saltar. Así qué, ya segura de su tamaño, le pregunto a su hermano, una vez más:

-¡Mira! -dijo, mientras posaba- ¡ahora si soy tan grande como el buey!

-¡Oh no! sigues siendo muy pequeña, no te pareces en nada al buey.

Pero la no tan pequeña rana seguía queriendo cumplir su cometido. Por lo que siguió comiendo todo lo que encontraba: insectos, hierbas y todo lo que su madre le daba. Hasta que llegó un punto en que no se podía ni mover, se había convertido en una rana enorme, pero ni de cerca llegaba al gran tamaño del buey. Preocupada su madre le preguntó sobre lo ocurrido y la razón por la qué quería seguir comiendo desmesuradamente, aunque esto afectara su salud, Quaki le contó la historia. Después de escucharla detenidamente, su querida mamá le respondió:

-¿Por qué quieres ser tan grande como el buey? ¡Eres una rana! El señor buey es muy grande y puede protegerse de otros animales y si, tú eres pequeñita pero también graciosa, amable y ágil. Si fueses tan grande como un buey serias muy pesada y no podrías saltar por la hierba, ni ocultarte debajo de las hojas o entre las cañas cuando te quieran agarrar. Ambos son impresionantes a su propia manera, y tú no tienes que cambiar tu esencia por querer parecerte a alguien más, eres maravillosa solo en la forma que eres.

Cuentos con valores para niños

Mensaje:

Es importante hacerle ver a los niños, sobre todo en un mundo de redes sociales y vidas con Photoshop, que por más increíbles que pueda parecer algo, nunca tienen que cambiar su esencia para parecerse alguien más, pues cada uno tenemos cosas que nos hacen únicos.

Es vital que le cuentes esto destacando sus cualidades para, en lugar de querer ser como alguien más, aprendan amarse con sus defectos y virtudes.

9. El poder del buen amigo

En una ciudad olvidada de Latinoamérica, vivían dos mejores amigos, Josué y Alejandro, estos se conocían de toda la vida y siempre se apoyaban en todo. Solían pasar sus tardes haciendo sus deberes y jugando fútbol. Mientras que iban creciendo, fueron conociendo nuevas personas y haciendo nuevos amigos, por lo que separaron un poco.

Pasado el tiempo, Josué tuvo que ser hospitalizado por una enfermedad muy contagiosa. Nadie iba a visitarlo, ni le escribían ni una carta; lo que hacia que el joven se sintiera muy decaído, empeorando su situación. Hasta que un día, mirando por la ventana del hospital, vio a un extraño payaso que hacia malabares torpemente, haciéndolo reír fuertemente.

Desde ese momento, todos los días mientras estuvo en el hospital, aparecía una nueva excentricidad que lo hacia reír a carcajadas: un extraño “perro” con anteojos que le contaba historias, un dinosaurio bailarín e incluso una especie de mono intentando hacer globos de animales. Estas extrañas visitas levantaron increíblemente su ánimo, ayudando a mejorar su salud y salir del hospital.

Ya sano, quiso contarle a su mejor amigo las curiosas experiencias vividas, por lo que fue a su casa; cual grande fue la sorpresa cuando descubrió todos los disfraces que le alegraban sus tardes colgados en el cuarto de Alejandro.

-¡Fuiste tú el causante de mejorar mi ánimo y ayudarme a sanar!

-Pues, mi buen amigo, no podía dejarte solo en esa situación. Quería verte, así que me las ingenie.

Mejores amigos

Mensaje:

El tesoro de un buen amigo no se puede comprar ni por todo el oro del mundo, pero se puede ganar con buenas acciones.

10. Una lección de paz

Érase una vez, hace mucho tiempo, un país que fue desbastado por la guerra debido a las diferencias de sus habitantes (color de piel, tamaño y fuerza). Un viejo rey, para prevenir más muertes, separó el país en dos y para calmar las ansias de los habitantes de pelear, lo solucionaba con un torneo de ajedrez que se desarrollaba una vez al año entre un habitante de cada zona del país. Aunque, era un gran honor ser elegido, el gran detalle era que el perdedor era obligado hacer “esclavo” del ganador.

Por supuesto, cada uno de los países tenían sus jugadores estrellas que iban rotando cada año, cada uno siendo famoso por los crueles tratos dado a sus “sirvientes”, continuando la competencia en intentar ser cada año más cruel que el anterior. Por lo que, el miedo de perder era paralizante. Justo esto era lo que pensaba Jon, un alto moreno, cuya inteligencia y crueldad era conocida, siendo motivo de respeto y miedo. Nunca había perdido, pero el terror incrementó cuando casi lo hizo el año anterior.

Su miedo se disipó cuando, una vez más, gano la competencia. Pero esta vez, lejos de ser cruel, Jon habló con su contrincante:

-Este año no serás mi esclavo. Viviremos en paz, te enseñare mis mejores jugadas y quizás podamos ser amigos, pero con una condición: la próxima vez que ganes, debes hacer lo mismo con tu contendiente.

El muchacho feliz de no tener que soportar humillaciones, aceptó. De hecho, cumplió su trato al año siguiente cuando ganó la partida.

Es más, estas acciones llegaron a ser tan famosas por la tranquilidad y paz que les proporcionaba a los jugadores que todos empezaron a hacerlo, llegando al punto de que todos participaban por diversión, quedando en el olvido los actos de crueldad y volviendo hacer un país unidos, aprendiendo de sus diferencias y apoyándose en las dificultades.

Hagamos la paz

Mensaje:

El camino de la paz esta impregnado de dificultades, y solo se puede conseguir por medio de pequeñas treguas, así como el entendimiento y aceptación de las diferencias individuales. Un pequeño acto aislado puede ser la llama del cambio generalizado.

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