Fábulas para niños

La fábula es un género literario donde los personajes principales suelen ser animales u objetos sin vida a los que se da cualidades humanas. Por lo general inician con el planteamiento de un problema y culminan con una enseñanza o moraleja. Abordan amplios temas que suelen criticar los errores y las debilidades humanas.

Como herramienta didáctica, las fábulas son ventajosas para los niños porque pueden leer varias en una sola sesión de lectura, además son reflexivas y pueden despertar en ellos el sentido de la autocrítica.

Fábulasde iriarte, poster

Una fábula bien elegida puede ayudar a los padres a resolver problemas de conducta o comportamiento en sus niños si estos se llegan a identificar con alguno de los personajes de la narración, ya sea el bueno o el malo.


Tal vez el más famoso fabulista es Esopo, quién fue inspiración para otros también muy conocidos como los europeos Iriarte, Samaniego y La Fontaine, y los latinoamericanos Guzmán Blanco, Pombó y Daireaux.

Sin embargo, en busca de hacer a este autor más accesible para todos, hemos hecho una selección de 11 fábulas de iriarte para niños con las que todos podemos reflexionar y aprender no necesariamente de “crítica literaria”.

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1. El oso bailarín

oso bailarín

Existió hace tiempo un circo donde había un oso que le gustaba bailar. El oso era el artista más famoso del circo, su acto incluía grandes destrezas como hacer equilibrio, montar bicicleta y caminar parado de manos, pero no incluía la danza. Ensayaba y ensayaba todos los días para “perfeccionar” su baile con la esperanza de llegar a ser tan bueno que lo dejaran bailar frente al público. Un día, una mona que llevaba días observándolo, le dijo:

¿Queriendo hacer de persona?

Si, ¿cómo te parece que me va? – respondió el oso

¡Muy mal! – dijo la mona

El oso replicó:

Creo que tu opinión no me hace justicia, me parece que soy bueno y cada día bailo mejor.

Un cerdo que también era parte del circo y que llevaba rato viendo al oso ensayar intervino diciendo:

Por favor ignora a la mona, bailarín más excelente que tu no se ha visto ni se verá jamás ¡Eres excelente al danzar!

El oso que era humilde pensó para sí mismo:

Cuando me desaprobaba la mona llegué a dudar de mi talento, pero ahora que el cerdo me alaba, definitivamente ¡muy mal debo de bailar!

Y fue así como el oso terminó con su carrera de bailarín.

Moraleja:

“Si el sabio no aprueba, ¡malo! Si el necio aplaude, ¡peor!”.

Aprovechemos también esta fábula para explicarle a nuestros niños que por maravillosos que parezcan los espectáculos con animales no es correcto hacer dinero a costa de la libertad y bienestar de otro ser vivo.

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2. Los huevos

Fabula de los huevos

Más allá de las islas Filipinas, en un lugar muy lejano, tan lejano que ya nadie sabe cómo se llama, existió una isla donde no conocían las gallinas ni los huevos. Sus habitantes se consideraban todos chefs y disfrutaban de cocinar grandes banquetes con diferentes carnes, vegetales y frutas, pero no incluían huevos pues no los conocían

Un día llegó en un barco un mercader que transportaba toda clase de productos: botones y telas, velas y carbón, adornos y herramientas, y entre tantas cosas llevaba un gallo y tres gallinas.

No hay que decir que estos extraños animales despertaron la curiosidad de toda la isla, venían pobladores de todos los rincones de aquel lugar a conocer a los raros pájaros que no podían volar y más asombrados quedaron cuando el mercader les dio a probar los huevos que las gallinas ponían y se los enseñó a cocinar pasados por agua, porque así era como a él le gustaban.

Llegó el día en que el mercader debía continuar su viaje, así que decidió regalar su gallinero a los habitantes de aquella isla que habían sido muy bondadosos con él. Después de llenar su banco con provisiones y agradecerles por las atenciones que recibió, se fue sin decirles que los huevos podían cocinarse de otras maneras.

Le hizo mucho bien el clima tropical a las gallinas que se multiplicaron rápidamente, y los huevos pasados por agua se convirtieron en el plato más común, barato y popular de la isla, pero sólo los preparaban de esa manera porque el mercader no los enseñó a prepararlos de otro modo.

Un día por accidente, un habitante rompió un huevo dentro de un sartén al fuego y fue mucha su sorpresa cuando descubrió los huevos estrellados y todos alabaron su genial invento.

Otro día, a alguien se le ocurrió hacerlos rellenos y también fueron una maravilla.

Tiempo después otro los hizo en tortilla, otro revueltos con tomate… y así transcurrió el tiempo y con el paso de los días los empezaron a usar los reposteros y mil formas más surgieron de cómo utilizar los huevos en la pequeña isla de los chefs.

Luego todos eran inventores y para todos los pobladores de la isla el último invento siempre era mejor que el anterior, y cada inventor se sentía mejor por superar al otro, hasta que un anciano les dijo:

Son todos unos presumidos, en vez de andar alabando sus inventos deberían también agradecer y recordar al que trajo las gallinas.

MORALEJA:

Recuerda siempre de dónde vienes y se agradecido con aquellos que te mostraron el camino para que pudieras transitarlo.

3. LOS DOS HÚESPEDES

Los dos huespedes

Dos buenos amigos iban de viaje a través de un estado montañoso cuando decidieron descansar pues ya se hacía de noche y aún restaba bastante camino. Se dirigieron a un poblado y consiguieron dos posadas que eran vecinas, estaban una frente a la otra atravesando la plaza del pueblo.

Después de hablar con los dueños de ambos lugares, conversaron sobre cuál posada elegir para quedarse. Los dos hombres que los atendieron eran muy amables y bondadosos pero las posadas eran muy diferentes, una era muy lujosa y cara y la otra era más sencilla y humilde.

Por mucho que discutieron no pudieron ponerse de acuerdo, así que decidieron que cada uno se quedaría en el lugar que más le había gustado, por lo que uno se fue a la posada grande y el otro a la pequeña.

La posada grande parecía un castillo: Tenía un gran patio frontal cultivado con rosales delicadamente cuidados, sobre la puerta de entrada se distinguía el escudo de armas de la familia esculpido en piedra, un gran salón de techo alto alumbrado por una única lámpara de araña daba la bienvenida a los visitantes y las habitaciones eran enormes, con hermosas vistas hacia las silenciosas montañas que se divisaban a través de los ventanales que iban del suelo al techo. “Aquí podré dormir muy bien en silencio” pensó el amigo.

La otra posada no tenía patio frontal, solo algunas macetas en el suelo de la entrada ubicadas al azar y cultivadas con menta, yerbabuena y manzanilla; sobre la puerta había un número que ya casi había borrado los años y apenas se distinguía;  las habitaciones eran pequeñas, con ventanitas por las que apenas cabía la cabeza y daban hacia la ruidosa plaza del pueblo. “Aquí no podré dormir con tanto ruido” pensó el otro amigo, pero ya había pagado la habitación y no podía retractarse.

Sucedió que entrada la noche empezó a hacer frío y el joven que decidió hospedarse en el pequeño castillo no pudo dormir nada porque la habitación olía a humedad y era tan grande que la chimenea no logró calentarla en toda la noche, y pasó mucho frío.

Del otro lado de la plaza, en la pequeña posada el amigo no sólo durmió sin ningún ruido pues cuando empezó a hacer frio todos los que visitaban la plaza se fueron a abrigarse a sus casas, sino que además la habitación era calentita y olía a las fragancias de menta, yerbabuena y manzanilla que se colaban a través de la rendija de su pequeña ventanita.

MORALEJA:

“Las apariencias engañan”

4. EL LORO FARMACÉUTICO

El loro farmacéutico

Había una vez un loro que por vivir en casa de un farmacéutico ya se creía científico.

Escuchaba diariamente al farmacéutico hablar de las plantas de dónde hacía los medicamentos: diuréticas, astringentes, antihistamínicas, laxantes, mucolíticas, antipiréticas, antitusígenas, diaforéticas, y de tanto escucharlo hablar se aprendió correctamente todos los términos, al punto que tenía un extenso vocabulario que mucho repetía, como si fuera un gran doctor, estudioso de botánica y biología.

Un día mientras paseaba por el jardín, vio al gato que vivía en la farmacia y queriendo hacer gala de su “intelecto” empezó a hablar en voz alta:

¡Muero de ganas  de hacerme una decocción carminativa, antiasmática y digestiva!

El gato se quedó asombrado ante el lenguaje culto y rebuscado del loro y no entendió nada de lo que le dijo, fue como si le hablaran en chino o francés a él que apenas entendía el español, pero de pronto se dio cuenta que el loro simplemente agarraba unos cuantos tréboles y un girasol así que le dijo con ironía:

¡Oh qué pena Sr. Carminativo! Que yo no sepa lo que es hacer una decocción digestiva.

Y una pequeña mariposa que por ahí volaba y que escuchó la conversación entre el loro y el gato, se fue pensando en lo brillante que era el loro y en lo ignorante que era el gato.

MORALEJAS: El que mucho habla no siempre sabe lo que dice y no creas todo lo que escuchas.

5. EL CORO DE LOS ANIMALES

Coro de animales

En la sabana llegó el día del cumpleaños del león. Todos los animales se reunieron porque querían aprovechar la oportunidad para quedar bien ante el Rey de los Animales y estaban todos muy preocupados eligiendo el regalo perfecto para él, así que se les ocurrió regalarle una serenata.

Para formar el coro y sin preguntar a los demás si estaban de acuerdo, se ofrecieron los grillos de sopranos, las ranas de contraltos, las moscas de tenores y el jabalí y el burro de bajos. No aceptaron incluir en el grupo de cantores a ningún ave como el canario o el jilguero y hasta los ignoraron cuando sugirieron unirse.

Llegó el día de la fiesta y los integrantes del coro no se habían reunido ni para un ensayo, sin embargo,  estaban tan seguros de sus dones que les decían a todos los invitados:

¡Ya verán que espectáculo daremos! – dijo el jabalí.

Nunca antes se han juntado tan dulces voces – expresó una mosca.

Y así estaban todos divirtiéndose y expectantes de escuchar el concierto cuando los coralistas se reunieron y empezaron a cantar.

Ante los primeros intentos de acordes todos se taparon las orejas sin disimulo. Era tal la desafinación que hasta la sorda serpiente no soportó el show y arrugó la cara con tan terrible show.

La rana que siempre ha sido muy sagaz, se dio cuenta antes que el resto de sus compañeros cantantes de que la serenata no iba bien, así que se apresuró a salirse del coro y grito señalando a los bajos:

¡Cómo desentona el burro! – y el burro replicó ofendido:

¡Los grillos son los que están desafinados!

¡El que está arruinando todo es el jabalí! – se defendieron los grillos

Quienes no entonan bien son las moscas – dijo el jabalí

Empezaron las moscas a culpar a la rana cuando interrumpió el león la discusión:

¡Necios todos falsos cantantes! Estuvieron alardeando de lo bien que cantarían, cada uno quería que los aplausos fueran para sí mismos, pero ahora que su intento de concierto ha resultado un desastre, ya nadie se responsabiliza y se culpan entre ustedes. Cierren sus bocas y váyanse que si vuelven a cantar, no sólo las serpientes serán las sordas.

Así sucede algunas veces en la vida cuando se trabaja en equipo y cada uno quiere reconocimiento si los resultados son buenos, pero si todo sale mal los culpables son los compañeros.

MORALEJA: “Cuando muchos trabajan juntos todos quieren que los distingan si el resultado es bueno, pero cuando  es malo, debemos responsabilizarnos por nuestros actos y no culpar a los demás de nuestros errores.

6. EL RUISEÑOR Y EL GORRIÓN

Canto de un pájaro con las notas musicales

Un ruiseñor tomaba clases de canto todos los días cuando escuchaba desde una ventana a una niña practicar piano. Lo veía el gorrión todos los días seguir la misma disciplinada rutina y un día le dijo:

¡Qué tonto eres! Tal vez de todas las aves cantoras eres la más talentosa y sin embargo tienes por maestro a un piano que de ti puede copiar todo.

Si el piano aprendió de mí, y aprendo también cada día de él. De ser cierto que el piano me imite, yo me corrijo cada vez que lo escucho, ya verás lo mucho que pronto mejoraré por cantar todos los días en esta escuela – le respondió el canario – el que más sabe, si realmente sabe algo, es que debe estudiar.

Moraleja:

Todos tenemos algo que aprender de lo demás, todos tenemos algo que enseñarle a los demás

7. LA RANA Y LA GALLINA

La rana y la gallina

Una gallina puso un huevo una mañana, y al verlo tan delicado y fino empezó a cacarear emocionada, contenta por lo que había hecho.

La escuchó una rana que vivía en un charco vecino y molesta por tanta bulla le reclamó:

Jamás pensé que fueras tan mala vecina y que armaras tal alboroto ¿por qué? Por solo un huevo.

Y le respondió la gallina:

Sí, un solo huevo he puesto y lo celebro con mucha alegría. Me llamas mala vecina porque me oyes cacarear de alegría una mañana pero, ¿yo si debo escucharte croar de noche y día? Yo sirvo para algo y lo pregono, tu si no sirves para nada tampoco digas nada.

Moraleja:

Si no haces nada útil tampoco critiques lo que hacen los demás

8. EL TÉ Y LA SALVIA

Salvia y Té

Se cruzaron una vez el té asiático y la salvia europea cuando iban de camino una a la casa de la otra. La salvia le preguntó al té:

¿A dónde vas querido amigo?

A Europa – respondió el té – donde sé que me van comprar a mejor precio que en mi tierra.

Yo voy a China – dijo la salvia – allá me dan valor como condimento y medicina. Mientras que en Europa soy tan corriente que me tratan de salvaje, nadie me cuida o me cultiva, no me compran ni me venden.

MORALEJA: «si bien no es malo admirar el estilo y las costumbres extranjeras, tampoco es bueno dejarse deslumbrar por ellas a tal punto de que olvidemos que nuestros hábitos y tradiciones también son valiosos«.

9. EL GUSANO DE SEDA Y LA ARAÑA

El gusano de seda y la araña

En un árbol donde vivían muchos insectos eran vecinos un gusano de seda y una araña.

Un día estaba el gusano de seda tejiendo lentamente su capullo. En las hojas próximas estaba la araña también tejiendo su tela con mucha rapidez cuando se dirigió al gusano y le dijo muy orgullosa:

¿Qué le parece mi tela señor gusano? La empecé apenas esta mañana, no muy temprano y ya casi la voy a terminar. En cambió usted teje y teje parece que apenas acaba de empezar.

El gusano con sarcasmo respondió:

Si, tiene usted razón, ¡qué rápida es usted para tejer! Casi ni se nota que recién empezó a trabajar esta mañana.

MORALEJA:

«lo más importante es la calidad del resultado, no el tiempo que se ha tardado conseguirlo«.

10. LA ENREDADERA Y EL TOMILLO

La enredadera y el tomillo

Eran vecinos el tomillo y una enredadera.

La enredadera crecía alta, arriba, arriba, cada vez más arriba trepando por un muro, mientras el tomillo crecía a la sombra de este.

Un día la enredadera se atrevió a hablarle al tomillo desde las alturas y le dijo:

¡Pobrecito tomillo, qué lástima me das! Eres tal vez el más fragante de todo este jardín y sin embargo creces al ras del suelo, muy por debajo de mí. Yo en cambio me elevo y todos pueden verme.

Querida enredadera – le dijo el tomillo – es cierto que soy muy pequeño, pero crezco solo sin ayuda de nadie. Lo que he logrado ha sido por mí mismo. En cambio tú, tan altiva y presumida, siempre dependes de los demás y no puedes crecer si no te arrimas a otro.

MORALEJA: “No critiques el esfuerzo de los demás si tu no puedes hacer lo mismo por ti mismo.”

11. EL PATO Y LA SERPIENTE

El pato y la serpiente

A orillas de una laguna estaba un pato diciéndole a una serpiente:

Soy el animal más amado y bendecido por Dios, no hay ningún otro como yo, soy de agua, tierra y aire. Cuando me canso de caminar, vuelo; si me canso de volar, nado; cuando me canso de nadar, camino.

Y la serpiente replicó:

No deberías darte tantas alabanzas, porque ni caminas como el ciervo, ni vuelas como halcón, ni nadas como salmón, recuerda pato que lo importante no es entender de todo sino ser muy bueno en algo.

MORALEJA:

Más vale saber una cosa bien que muchas mal.

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