12 Poemas mayas con traducción al español

La poesía maya es un testimonio lírico de una civilización que entendía el arte de tejer palabras con hilos de significado profundo. Cada poema es una ventana abierta hacia el alma maya, una invitación a explorar la riqueza de su espiritualidad, la conexión con la naturaleza y la complejidad de su comprensión del tiempo. En este artículo te mostramos 12 Poemas mayas + traducción al español.

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Poesía maya con traducción

1. La danza de la aurora

Ka’anal danza le aurora,
bonik yéetel u pincel k’áak’
le cimas le witso’obo’.
U rayos acarician le lu’umo’
Bey juntúul susurro bienvenida.

Bey lool aflora,
tin náayo’one’ ti’ le sikte u pixan.
U motos profundas ku kaxtiko’ob
nutrir u lu’umil árida puksi’ik’al,
beetik tóop’oj le jóok’ chi’ jump’éel túumben k’iin.

Ti’ le lienzo u sáastale’,
le boonilo’ob ku xa’ak’pajal ti’ armonía,
creando jump’éel sinfonía sáasil.
Tu Amal rayo, juntúul oportunidad,
jump’éel renacer u alab óolal u boon
Nak’liko’ asab oscuros u kuxtal.

En el cielo danza la aurora,
pintando con su pincel de fuego
las cimas de las montañas.
Sus rayos acarician la tierra
como un susurro de bienvenida.

La esperanza, como flor que aflora,
teje sueños en los campos del alma.
Sus raíces profundas buscan
nutrir la tierra árida del corazón,
haciendo brotar la promesa de un nuevo día.

En el lienzo del amanecer,
los colores se mezclan en armonía,
creando una sinfonía de luz.
En cada rayo, una oportunidad,
un renacer de esperanza que ilumina
los rincones más oscuros de la existencia.

2. Las estrellas danzantes

Yáanal le manto eek’o’obo’ danzantes,
Áak’ab despliega u manto box.
Jump’éel mak a chi’ex taam Jaay
Bey juntúul lienzo ti’ sak ti’ le universo.
Amal Eek’e’, jump’éel farol titilante,
junp’éel k’aytuukulo’ escrito ti’ le firmamento.

Le ujo’, testigo silente ti’ secretos,
ku tak u trono plata.
Ti’ le quietud nocturna, le iik’o’
susurra melodías enigmas celestiales.
Le sombras entrelazan bey amantes,
creando jump’éel ballet jit’iko’ob mukulo’ob paat.

Crisol wayak, jach vibrantes,
ti’ le mak a chi’ex, le óolo’ jach templo.
Jaap jool in dimensiones oníricas,
Tu’ux le tuukulo’ob ku eek’o’obo’ fugaces.
Amal suspiro jach junp’éel ju’un ti’ le iik’o’,
jump’éel Páaybe’en ti’ le partitura áak’ab.

Bajo el manto de estrellas danzantes,
la noche despliega su manto negro.
Un silencio profundo se extiende
como un lienzo en blanco en el universo.
Cada estrella, un farol titilante,
un poema escrito en el firmamento.

La luna, testigo silente de secretos,
observa desde su trono de plata.
En la quietud nocturna, el viento
susurra melodías de enigmas celestiales.
Las sombras se entrelazan como amantes,
creando un ballet de misterios que envuelve.

Crisol de sueños, tan vibrantes,
en el silencio, el alma es templo.
Se abre la puerta a dimensiones oníricas,
donde los pensamientos son estrellas fugaces.
Cada suspiro es una hoja en el viento,
una nota en la partitura de la noche.

3. Las hojas de otoño

Le’ danzan ti’ le iik’o’,
juntúul ballet despedida tonos cálidos.
Le otoño, aj ka’ansaj ti’ le transición,
boon ma’ chéen óolal yéetel pinceladas k’áak’.
Amal le’ lúubul le juntúul verso,
juntúul poesía efímera o’olki le lu’umo’.

Le che’o’, testigo ciclos eternos,
despoja ti’ u vestidura verano.
Ti’ le lu’umo’, jump’éel alfombra nostalgia,
Tu’ux le wook resuenan bey ecos recuerdos.
Le susurro iik’ ichil k’ab
Jach sinfonía jump’éel adiós melancólico.

Hojas danzan en el viento,
un ballet de despedida en tonos cálidos.
El otoño, maestro de la transición,
pinta el paisaje con pinceladas de fuego.
Cada hoja que cae es un verso,
una poesía efímera que acaricia la tierra.

El árbol, testigo de ciclos eternos,
se despoja de su vestidura de verano.
En el suelo, una alfombra de nostalgia,
donde los pasos resuenan como ecos de recuerdos.
El susurro del viento entre las ramas
es la sinfonía de un adiós melancólico.

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4. Mar de emociones

Ti’ le k’áak’náabo’ emociones revueltas,
olas danzan yéetel ímpetu yéetel yutsilil.
Amal ola, jump’éel capítulo ti’ le epopeya le sentir,
jump’éel tsikbal u ts’íibta’al ti’ le arenas puksi’ik’al.
Le horizonte, jump’éel lienzo posibilidades,
Tu’ux le k’iino’ yéetel le ujo’ comparten u danza.

Puksi’ik’alo’obo’ bey kib sueltas,
navegan le ja’ilo’ob memorias.
Le yaakunale’ faro guía ti’ le tormenta,
boon le ja’ilo’ob oscuras ti’ le incertidumbre.
Jáal le, le jets’pechak’óobo’ p’áatal impresas,
testimonios xíimbalo’ob tuméen le vasto k’áak’náabo’ u kuxtal.

En el mar de emociones revueltas,
olas danzan con ímpetu y gracia.
Cada ola, un capítulo en la epopeya del sentir,
una historia que se escribe en las arenas del corazón.
El horizonte, un lienzo de posibilidades,
donde el sol y la luna comparten su danza.

Corazones como velas sueltas,
navegan las aguas de memorias.
El amor, faro que guía en la tormenta,
ilumina las aguas oscuras de la incertidumbre.
En la playa del tiempo, las huellas quedan impresas,
testimonios de viajes por el vasto mar de la existencia.

5. Alma errante

Pixan errante ti’ le crepúsculo,
ku tu’ux u yookoj maaki’ ti’ le penumbra.
Ka’an estrellado bey oráculo,
susurra secretos ti’ le lumbre.

U k’iin, umbral ensueño,
boon ka’an yéetel pinceladas k’áak’.
Le óolo’, viajera mundos lejanos,
refleja ti’ le ja’ilo’ob jump’éel lago kaajila’.

Caminante bejo’ob invisibles,
ichil sombras yéetel destellos sáasil,
ku respuestas ti’ le firmamento,
Tu’ux le eek’o’obo’ guardan u jit’iko’ob mukulo’ob.

Alma errante en el crepúsculo,
busca refugio en la penumbra.
Cielo estrellado como oráculo,
susurra secretos en la lumbre.

El atardecer, umbral de ensueño,
pinta el cielo con pinceladas de fuego.
El alma, viajera de mundos lejanos,
se refleja en las aguas de un lago tranquilo.

Caminante de caminos invisibles,
entre sombras y destellos de luz,
busca respuestas en el firmamento,
donde las estrellas guardan sus misterios.

6. Vidas entrelazadas

Hilos le destino entrelazados,
cruzan ti’ le trama k vidas.
Amal ti’ k’uuch, jump’éel elección, juntúul suspiro,
Jaantik lu’um le tapiz k kuxtal.
Kex le implacable,
yéetel le agujas le p’isibo’ avancen ma’ piedad,
le destino, cual arquitecto etéreo,
Guía k wook ti’ u diseño inalterable.

Le encrucijadas, tsoolil ti’ le madeja,
Tu’ux le pasado yéetel le futuro convergen.
Amal elección, jump’éel cruce bejo’ob,
jump’éel eco ti’ le vasto corredor le destino.
Le hilos entrelazan ti’ danza eterna,
Jaantik lu’um le le manto experiencias compartidas.
Ka beyo’, ti’ le telar ti’ le k’iin,
k destino ku revela, inalterable yéetel divino.

Hilos del destino entrelazados,
se cruzan en la trama de nuestras vidas.
Cada hilo, una elección, un suspiro,
tejiendo el tapiz de nuestra existencia.
Aunque el tiempo sea implacable,
y las agujas del reloj avancen sin piedad,
el destino, cual arquitecto etéreo,
guía nuestros pasos hacia su diseño inalterable.

Las encrucijadas, nudos en la madeja,
donde el pasado y el futuro convergen.
Cada elección, un cruce de caminos,
un eco en el vasto corredor del destino.
Los hilos se entrelazan en danza eterna,
tejiendo el manto de experiencias compartidas.
Y así, en el telar del tiempo,
nuestro destino se revela, inalterable y divino.

7. Jardin de las melodías

Notas u boonilo’ob ti’ le iik’,
juntúul jardín melodías loolankil.
Amal acorde, jump’éel lool u despliega,
perfumando le óolo’ yéetel u armonías.
Iik’, aj ka’ansaj ti’ le sinfonía,
k’óopik le notas bey neek’ ti’ le iik’o’.

Ti’ le jardín, le notas yóok’oto’ob,
entrelazando u brazos ti’ danza.
Amal k’aayo’, jump’éel úuntli’ u Jaap,
revelando le esencia emociones ocultas.
Le acordes, pétalos u despliegan,
creando jump’éel ma’ chéen óolal ichil tu puksi’ik’al.

Notas de colores en el aire,
un jardín de melodías florece.
Cada acorde, una flor que se despliega,
perfumando el alma con sus armonías.
El viento, maestro de la sinfonía,
esparce las notas como semillas al viento.

En este jardín, las notas bailan,
entrelazando sus brazos en danza.
Cada canción, un capullo que se abre,
revelando la esencia de emociones ocultas.
Los acordes, pétalos que se despliegan,
creando un paisaje sonoro en el corazón.

8. Notas del corazón

Puksi’ik’al,
religioso notas yaakunaj.
Ti’ le pentagrama kuxtal,
Amal latido jach jump’éel ardor.
Suumo’ob le óolo’ vibrantes,
resonando ti’ le orquesta le universo.

Amal encuentro, jump’éel partitura chen,
juntúul melodía ku eleva ti’ le iik’o’.
Le yaakunale’ director le sinfonía,
conduce le instrumentos puksi’ik’al.
Tu Amal compás, jump’éel jóok’ chi’,
juntúul eco eternidad resuena.

Corazón,
compone notas de amor.
En el pentagrama de la vida,
cada latido es un ardor.
Las cuerdas del alma vibrantes,
resonando en la orquesta del universo.

Cada encuentro, una partitura única,
una melodía que se eleva en el aire.
El amor, director de esta sinfonía,
conduce los instrumentos del corazón.
En cada compás, una promesa,
un eco de eternidad que resuena.

9. Bajo el cielo

Yáanal jump’éel ka’anal salpicado ti’ luceros,
caminamos tu t’úulbej eek’o’obo’.
Amal paso, jump’éel huella luminosa,
jump’éel constelación súutuko’ob efímeros.
Le eek’o’obo’ faros guían,
iluminan le bejo’ yéetel destellos divinos.

Amal Eek’e’, junp’éel wayak’ persigue,
juntúul anhelo ku eleva ti’ le firmamento.
Ti’ le bejo’ eek’o’obo’,
áak’ab ku p’áatal ti’ jump’éel manto alab óolal.
Ka ka’ jo’op’ caminamos, e’ejoch’e’enil u disipa,
revelando le celestial ye’esajil u nook’ le k destinos.

Bajo un cielo salpicado de luceros,
caminamos en el sendero de estrellas.
Cada paso, una huella luminosa,
una constelación de momentos efímeros.
Las estrellas, faros que guían,
iluminan el camino con destellos divinos.

Cada estrella, un sueño que persigue,
un anhelo que se eleva hacia el firmamento.
En este camino de estrellas,
la noche se convierte en un manto de esperanza.
Y mientras caminamos, la oscuridad se disipa,
revelando el mapa celestial de nuestros destinos.

10. Espejismos del tiempo

Espejismos le danzan,
sombras ka luces entrelazadas.
Ti’ le p’isibo’ le cosmos avanzan,
tsikbalo’ob ti’ le pasado, enlazadas.
Amal instante, jump’éel destello fugaz,
jump’éel chispa ti’ le ja’ le eternidad.

Le pasado, juul ti’ le néeno’ le siibal,
jump’éel danza máak u desvanecen.
Le futuro, espejismo ti’ le horizonte,
jump’éel lienzo ti’ sak tu’ux alab óolal u entreteje.
Ka ti’ le vaivén espejismos temporales,
navegamos tumen le ja’ilo’ob ti’ le bejla’e’.

Espejismos del tiempo danzan,
sombras y luces entrelazadas.
En el reloj del cosmos avanzan,
historias del pasado, enlazadas.
Cada instante, un destello fugaz,
una chispa en el río de la eternidad.

El pasado, reflejo en el espejo del presente,
una danza de imágenes que se desvanecen.
El futuro, espejismo en el horizonte,
un lienzo en blanco donde la esperanza se entreteje.
Y en este vaivén de espejismos temporales,
navegamos por las aguas del ahora.

11. Murmullos

Ti’ le quietud áak’ab serena,
le ujo’ susurra secretos ti’ le iik’o’.
Juul wayak ti’ u yoot’el yi’ij,
Leti’ guía ti’ le ak’abo’ firmamento.
Amal fase, jump’éel capítulo ti’ u tsikbal,
junp’éel iik’ t’aano’ ts’íibta’al yéetel sáasil plateada.

Le murmullos le ujo’, melodía nocturna,
juntúul serenata ku o’olki le sentidos.
U rayos bey hilos plata,
ku wayak ti’ le tejados le insomnio.
Ti’ u sáasil, le almas lu’umo’oba’ consuelo,
ka áak’ab wilaj yéetel u manto le poesía.

En la quietud de la noche serena,
la luna susurra secretos al viento.
Reflejo de sueños en su piel morena,
ella guía en el oscuro firmamento.
Cada fase, un capítulo en su historia,
un poema que escribe con luz plateada.

Los murmullos de la luna, melodía nocturna,
una serenata que acaricia los sentidos.
Sus rayos, como hilos de plata,
tejen sueños en los tejados del insomnio.
En su luz, las almas encuentran consuelo,
y la noche se viste con el manto de la poesía.

12. La primavera

Renace le yáax k’iino’ ti’ lool,
pétalos alab óolal despliegan.
Le k’iino’ o’olki yéetel ch’ujuk candor,
ka kuxtal ti’ susurros, k ku ts’áajik.
Amal brote, jump’éel testimonio resiliencia,
junp’éel tsikbal surge lu’um dormida.

Ti’ le renacimiento, le ku k’aay,
jump’éel sinfonía u boonilo’ob yéetel fragancias.
Le sikte, jump’éel lienzo promesas,
Tu’ux Amal lool jach jump’éel verso yaakunaj.
Ka ka’ jo’op’ u yáax k’iino’ táan u yaja,
le óolo’ méek’ le renovación eterna.

Renace la primavera en flor,
pétalos de esperanza despliegan.
El sol acaricia con dulce candor,
y la vida, en susurros, nos entrega.
Cada brote, un testimonio de resiliencia,
un poema que surge de la tierra dormida.

En este renacimiento, la naturaleza canta,
una sinfonía de colores y fragancias.
Los campos, un lienzo de promesas,
donde cada flor es un verso de amor.
Y mientras la primavera despierta,
el alma se abraza a la renovación eterna.

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Estudiante de medicina de la Universidad de Los Andes.

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