Historias para ir a la cama

1. EL GRILLO CANTOR

El grillo cantor

Esta es la historia de un grillo cantor que acompaña a los niños que no tienen hermanitos.

Todas las noches el grillo cantor se mete en la habitación de algún niño que desea desde el fondo de su corazón tener un hermanito. Cuando es media noche canta y canta hasta que el niño se despierta y se sienta a su lado. Si el niño es bueno y presta atención, el grillo le canta una canción con el nombre del hermanito que vendrá. Si el niño es inquieto y lo quiere agarrar, el grillo se va a buscar otra habitación y otro niño que si lo quiera escuchar.


Nadie conoce el lenguaje de los grillos, excepto otro grillo. Sin embargo, al niño que escucha el canto le es revelado en su corazón el nombre de su hermanito bajo la forma de un sentimiento de esperanza. Y así el grillo canta noche tras noche hasta que el bebé llega a casa y llora por primera vez. Cuando el grillo oye al recién nacido se va a buscar a otro niño que lo necesite y quiera escuchar el nombre de su hermanito por nacer.

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2. UNA PIZQUITA DE SAL

Una pizquita de sal

Más que un cuento este es un recuerdo, de una mamá que una vez fue niña, y de una niña que un día se volvió mamá.

Mamá siempre quería cocinar como su mamá. Todo lo que preparaba le parecía rico. Así que buscó un cuaderno para anotar los ingredientes y procedimientos y cocinar como ella. El problema era que cada vez que mamá le preguntaba a su mamá cómo había preparado la comida ella sólo le decía “¡con uuuuna pizquita de sal!”

Pero luego cuando se metían juntas a la cocina mamá se daba cuenta que la receta tenía muchos ingredientes y se molestaba con su mamá por lo que ella consideraba una falta de interés en enumerarle detalladamente los ingredientes con sus cantidades exactas.

Pero mamá creció, y a medida que pasó el tiempo se dio cuenta que la magia de cocinar con su mamá estaba en el tiempo que pasaban juntas y en reunirse con ella para aprender, que las cantidades a veces varían según haga frio o calor, o si la persona para la que cocinas está triste o feliz…

Así que al final, lo único que llegó a escribir en su cuaderno fue: “una pizquita de sal”.

3. NUBECITA VIENE, NUBECITA VA

Nubecita viene, nubecita va

Si miras al cielo casi siempre encontraras nubes: grandes, gordas y esponjosas; largas, delgadas y casi transparentes. ¿A dónde van? A buscar a sus hijas nubecitas en el colegio para nubes.

El colegio para nubes no es como cualquier otro colegio que conozcas, su techo está hecho de cielo, sus estantes están suspendidos por plumas caídas de múltiples aves, y sobre ellos reposan regaderas, goteros y grifos. Y es que en ese colegio no se aprende a escribir o a sumar, se aprende a llover.

La maestra Nubarrona es una nube gris, grande y despeinada que enseña a las nubecitas desde salpicar gotitas con goteros de jarabe para la tos, hasta fabricar chaparrones.

La clase de los chaparrones es la más difícil e importante, a veces, las nubecitas sienten tanto miedo de ir a esta clase que le dicen a sus mamis que les duele la panza mientras hacen sonar truenos en sus barriguitas.

Durante el recreo las nubecitas juegan a disfrazarse y pueden aparentar ser cualquier cosa que se imaginen. Por eso cuando mires al cielo y veas nubes en forma de flores o conejitos, recuerda que son las nubes que están divirtiéndose en el recreo.

4. AMOR DE MAMÁ

Amor de mamá

Yo tenía una oveja que tuvo un corderito. Mamá oveja se llamaba Nieve, y a su bebé lo llamé Copito.

¡Qué bonitos se veían Nieve y Copito juntos! Eran tan parecidos que parecía que Copito era un pedacito de Nieve que se había caído de ella en un día de calor.

Un día mamá Nieve se enfermó, y como no sabíamos qué le sucedía mi papá decidió separarla de Copito por si lo que tenía era contagioso, y la llevó al veterinario.

¡Pobre Copito! Balaba todo el día llamando a su mamá y aunque decía “Beeee… beeee” yo juro que podía escuchar que detrás de su balido se escuchaba la palabra mamá.

Lo alimente con biberón mientras pude, pues aún era muy pequeño, pero cada día comía menos, ya no corría ni brincaba como antes porque extrañaba a su mamá.

Un buen día Nieve regresó. Copito fue a su encuentro y volvió a comer, correr y brincar, Nieve lo llenó de lamidos que para mí eran besitos…

…y es que en el mundo no hay amor como el de mamá.

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5. LAS PALABRAS MÁGICAS

Las palabras mágicas

En un lugar lejano que ya nadie recuerda dónde queda existía un pueblo donde la gente ya no tenía agua para beber ni comida para alimentarse. Los ríos se habían secado y la tierra ya no producía frutos. Los habitantes eran responsables de esta tragedia tras años y años de no cuidar la naturaleza.

Contaban las abuelitas del pueblo que solo podrían salvarse con la magia del árbol de tula que crecía en la colina más alta, el problema era que nadie conocía las palabras que hacían que el árbol revelara su magia.

Muchos se habían parado frente al árbol y pronunciado cuantas palabras se les había ocurrido: “Abracadabra, Hocus pocus, sim saladin” pero nada pasaba.

Un día, el niño más pequeño del pueblo se paró frente al árbol y le dijo:

– Árbol, mi pueblo muere de hambre y sed. Creo que solo tú puedes salvarnos. ¡Ayúdanos! te lo pido por favor.

Un par de puertas se dibujaron en el tronco que se abrió mostrando una gran sala del tamaño de una catedral. El niño emocionado grito: “Gracias” y un montón de luces se encendieron revelando un río de agua pura y frutas de todos los tipos. Es así como el niño salvó a todos del hambre y la sed, y es por esto que se dice que “por favor” y “gracias” son las palabras mágicas.

6. COCOA, LA PERRITA CON SIETE VIDAS

Cocoa la perrita con siete vidas

Dicen que solo los gatos tienen siete vidas, pero existe una perrita que también tiene siete vidas y tal vez más.

Cocoa es una perrita mestiza, todas las tardes se queda sola en el cuarto piso de un pequeño apartamento en un viejo edificio mientras su dueña va a clase de ballet. Cocoa la ve alejarse por una ventanita en la cocina y ahí se queda esperándola mientras regresa ladrando a todo el mundo, desde las mariposas hasta los niños que juegan bajo la ventana, como diciéndoles: “vengan a jugar conmigo”.

Un día Cocoa perdió el equilibrio y cayó al vacío…

Uno, dos, tres, cuatro pisos abajo… Cocoa aterrizó con un fuerte golpe en el pavimento, los ojitos cerrados e inmóvil… Los niños que jugaban al pie de la ventana gritaban: “Es la perrita de la bailarina”.

Intentaron levantarla, pero cuando Cocoa sintió unas manos extrañas se levantó y corrió a esconderse en un agujero de la calle y de ahí no salió hasta que su dueña regresó. En el veterinario los rayos X determinaron que Cocoa solo se había roto una uña.

¿Cómo se salvó? Es un misterio, tal vez solo perdió una de sus siete vidas.

7. EL LADRON DE PELOS

El ladrón de pelos

Cuando la pequeña Gabi le preguntó a su papá por qué cada día le faltaba más pelo en la cabeza, él le dijo que todas las noches mientras dormía un enanito visitaba su almohada y le robaba el cabello.

Decidida a ayudarlo, esa misma noche fue a la habitación de sus padres armada con un sartén. Se quedó observando la brillante cabeza de su papá y cuando le pareció que algo se movía le lanzó un fuerte golpe que hizo que se despertara.

Gabi le contó a su papá por qué le había pegado, y el además de contarle la verdad acerca de la caída de su cabello mientras se sobaba un enorme chichón, aprendió que a los niños hay que decirles la verdad.

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8. LA MACETA VACÍA

La maceta vacía

Siglos atrás existió un emperador chino que nunca pudo tener hijos. Viéndose mayor y sin descendencia anunció que elegiría al nuevo emperador entre todos los que cultivaran una planta de unas semillas que el entregaría. Transcurrido un año quien le llevara la flor más hermosa sería el nuevo emperador.

Acudieron jóvenes de todo el imperio y se llevaron sus semillas, entre ellos Ping, el hijo de un jardinero.

Un año después llegó el día de presentar las plantas, cientos llegaban con flores coloridas. Solo Ping se presentó con una maceta vacía.

Todos desfilaron frente al emperador. Cuando llegó el turno de Ping, el emperador le preguntó:

  • ¿Por qué me has traído una maceta vacía?
  • Cultive la semilla con amor, la regué y la cuidé, intenté hacerla crecer siguiendo los consejos que mi padre me dio, pero por más que me esforcé mi planta no creció.

El emperador se dirigió a todos diciendo:

  • Las semillas que recibieron fueron horneadas y ya no servían para el cultivo. He aquí su nuevo emperador, el único que fue honesto y tuvo el valor de presentarme una maceta vacía.

Y así Ping fue conocido como el emperador que siempre decía la verdad.

9. FRIJOLITO EL PAYASITO

Frijolito el payasito

Frijolito es el payasito más simpático y travieso del mundo, con su nariz roja, traje de colores y sombrero de arlequín. Tan travieso es que un día le cortó la melena al león del circo quien esa noche tuvo que ponerse una peluca para actuar en la función.

Aunque a Frijolito le encantaba ser payaso un día decidió que cambiaría de profesión pues últimamente los niños lo querían menos debido a que cada vez eran más famosas las películas donde los payasos eran malos.

Primero decidió ser equilibrista. Subió a la cuerda floja, pero cuando estaba arriba se dio cuenta que le tenía miedo a las alturas y ahí acabo su carrera.

Luego pensó que sería buena idea ser domador, pero el león se acordó de que Frijolito le había cortado su melena y lo correteó en su jaula.

Finalmente quiso ser mago, pero cuando empezó a sacar conejitos de un sombrero ya no pudo parar y el circo se llenó de conejos. Desanimado, se dio cuenta que no servía como equilibrista, domador, ni mago.

¿Para qué era bueno Frijolito? ¡Para ser payaso! y fue feliz otra vez con el mismo cuando entendió que era el pensamiento de los demás lo que debía cambiar y no el.

10. SOY UN PERRO

Soy un perro

Me llamo Centinela y soy un perro mestizo.

Mi humano se llama Rai, huele a galletas y tierra, ¡mis olores favoritos en el mundo! me gusta cuando me rasca la panza, me saca a pasear, me alimenta y juega conmigo, su risa me hace mover mi colita de felicidad. Vivo con él y sus padres y aunque entiendo todo lo que me dicen, ellos no siempre me entienden a mí, creo que esto de comunicarse no se les da bien, tal vez porque les falta olerse las colas entre sí.

No me gusta cuando los padres de Rai se enojan conmigo, no entiendo por qué lo hacen. Un día la mamá de Rai se molestó conmigo cuando entré a casa feliz, lleno de barro porque había llovido, pero no se molestó cuando el día anterior había entrado sediento y cansado porque había mucho sol. Otro día el papá de Rai me gritó porque rompí una maceta mientras jugaba en el jardín, pero a él nadie lo regañó cuando rompió dos mientras arreglaba las plantas.

Aunque no siempre nos entendemos, quiero a todos en casa y sé que todos me quieren a mí. Así lo siento.

Una nariz fría toca mi rostro y una lengua me lame… Un momento… Soy Rai, soñando que era Centinela…

11. EL DESEO DE MAMÁ

El deseo de mamá
  • Cuéntame mamá, ¿Cuál era tu mayor deseo en el mundo?
  • Mi mayor deseo en el mundo era saber muchas cosas. Quería ser chef y cocinar los más ricos pasteles. Quería ser doctora y curar. Quería ser cantante y aprender muchas canciones. Quería ser bailarina y saber coreografías divertidas pero también improvisar. Quería ser maestra y enseñar a otros a leer y escribir. Quería ser escritora e inventar las más fantásticas historias. Quería ser deportista y hacer ejercicio todos los días.
  • ¿Y se cumplió tu deseo?
  • Si, porque te tuve a ti, y aprendí a cocinar todo lo que te gusta, a hacerte sentir mejor cuando estas enfermo, a cantar todas tus canciones, a bailar siempre que me invitas, a mostrarte las maravillas que se esconden entre las letras, a saltar y correr detrás de ti.
  • Pero yo soy solo un niño
  • Sí, el niño que hizo mi deseo realidad.

12. LA TORTUGA TEA

La tortuga Tea
  • ¡Soy una tonta! Todo me sale mal

Así se quejaba Tea la tortuga porque era lenta, siempre llegaba tarde y nunca era la primera en nada.

Tanto se burlaban de ella todos los animales del estanque que un día decidió no hacer nada nunca más.

Una hormiguita que la observaba le dijo:

  • Querida Tea, el que no seas tan rápida como los demás no te hace una tonta, solo te hace diferente y eso está bien, si todos fuéramos iguales ¡qué aburrido sería el mundo! Lo más importante no es la rapidez con la que haces un trabajo, sino la calidad del resultado. No tienes que ser mejor que los demás, solo tienes que ser mejor que tú misma. Si lo sigues intentando descubrirás que hay trabajos que nadie hará mejor que tú, todos somos buenos para algo. Te aseguro que un día, cuando mires atrás, más te lamentarás de las cosas que no hiciste que de los errores que cometiste cuando intentabas hacerlas.

La hormiguita se alejó… y mientras Tea la veía perderse entre las flores su corazón sonrío… Porque a veces solo necesitamos unas palabras de aliento y saber que alguien cree en nosotros para continuar.

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13. EL HOMBRE FELIZ

El hombre feliz

Érase una vez en la antigua Rusia un zar que estaba muy enfermo. Su enfermedad tenía desconcertados a los médicos de la corte y aunque habían probado muchos remedios con ninguno mejoraba.

Un día el hombre más viejo y sabio de la corte declaró:

  • El zar sufre de tristeza, para curarlo hay que ponerle la camisa de un hombre feliz.

Inmediatamente partieron todos los soldados del ejército del zar a buscar en toda Rusia a un hombre feliz.

Pasaron meses buscando y un día el general de un batallón que pasaba cerca de una casita en un pueblo lejano escuchó una voz:

  • Me siento agradecido porque tengo salud, hoy he trabajado, me he ganado el pan y tengo un lugar para descansar. Soy un hombre feliz.

Inmediatamente dio la orden de que entraran a buscar la camisa del hombre y le pagaran todo el oro que pidiera por ella.

Los soldados se sorprendieron  al entrar a la casa porque el hombre feliz no tenía camisa.

14. EL PANADERO CODICIOSO

El panadero codicioso

En un pequeño pueblo de Perú vivía una joven humilde llamada María. Aunque era muy trabajadora el dinero que ganaba no le alcanzaba para comprar pan. Casualmente vivía al lado de una panadería y todas las mañanas se despertaba con el delicioso olor del pan.

Un día el panadero, que era muy codicioso, descubrió a María oliendo los aromas de su pan y la acuso de ladrona por robarle los olores de la panadería. Se dirigió a la policía y la denunció y María fue llevada a juicio.

El juez ordenó a María que llevara diez monedas de oro en una bolsa el día que fuera a ser juzgada y así lo hizo.

Después de escuchar la acusación del panadero y la confesión de María el juez dio su veredicto:

  • María, te encuentro culpable del robo de los aromas de la panadería y te ordeno vaciar tu bolsa de oro ahora mismo.

María vació la bolsa sobre una mesa. Las monedas chocaban unas con otras emitiendo deseados sonidos metálicos, entonces el juez dijo:

  • Panadero, María le ha pagado con sonido el robo de un olor. Dese por satisfecho. Este caso está cerrado.

15. LA PIEDRA DE HACER SOPA

La piedra de hacer sopa

Tiempo atrás un soldado que venía de la guerra, se detuvo en un pueblo a pedir comida, en la primera casa le dijeron que no tenían, en la segunda sucedió lo mismo y en la tercera también.

Cuando llegó a la cuarta casa y volvieron a decirle que no tenían comida, preguntó:

  • ¿Tienen una olla?
  • Si – le respondieron.
  • Llenen la olla con agua y pónganla a hervir, tengo una piedra de hacer sopa – y el soldado sacó una piedra y la tiro al caldero.
  • Ahora dejémosla hervir. ¿Tienes un poco de sal? – le preguntó el soldado a la dueña de la casa, y ella añadió un puñado al agua.
  • Unas zanahorias quedarían bien… – y el hijo de la señora le pidió unas a la vecina

Los vecinos intrigados fueron llegando y cada uno traía un ingrediente para colaborar: papas, cebollas y hasta conejos. Cuando la sopa estuvo lista todos comieron y quedaron satisfechos. El soldado le regaló la piedra a la dueña de la casa, asegurándole que siempre que usara la misma receta tendría buena sopa. Siguió su camino y encontró otra piedra de hacer sopa antes de llegar al siguiente pueblo.

16. ¿BUENA SUERTE? ¿MALA SUERTE? ¡QUIÉN SABE!

Buena suerte, mala suerte

Cuenta una historia que en una aldea pobre vivía un anciano viudo con su hijo.

Un día, un caballo salvaje que el hijo del anciano había atrapado se escapó. Todos en el pueblo lamentaron su mala suerte, pero este les dijo:

  • ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!

Nadie entendió sus palabras.

La semana siguiente el caballo regreso con su manada. Todos en el pueblo felicitaron al anciano que se había vuelto rico de la noche a la mañana, pero él solo dijo:

  • ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!

Y nadie volvió a entenderlo.

Al día siguiente el hijo del anciano se fracturó una pierna intentando domar al líder de la manada. Todos en el pueblo lamentaron la mala suerte del anciano por haberse quedado sin ayuda para trabajar, pero él dijo:

  • ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!

Días después el ejército se llevó a la guerra a todos los jóvenes del pueblo. Solo quedó el hijo del anciano, que por estar en cama no era de utilidad. En el pueblo celebraron la buena suerte del anciano, el único que no había perdido a su hijo.

Pero él solo contestó:

  • ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¡Quién sabe!

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17. MOMOTARO, EL NIÑO MELOCOTÓN

Momotaro, el niño melocotón

Hace muchos años vivió en Japón una pareja de viejitos que nunca pudo tener hijos. Un día mientras la viejita lavaba ropa en el río vio flotando en las aguas un melocotón gigante.

Llamó a gritos al viejito quien sacó el melocotón del agua y lo abrió con un cuchillo. Dentro, había un bebé al que llamaron Momotaro y que criaron como si fuera su hijo. Los años pasaron y Momotaro creció y se volvió un hombre ágil y fuerte.

Resulta que la aldea donde vivía Momotaro llevaba años siendo asediada por unos gigantes que robaban y asustaban a sus habitantes, así que él decidió ir a luchar contra ellos.

Emprendió camino hacia la Isla Demonios, lugar donde vivían los gigantes. y en el camino se encontró un perro, un mono y un faisán. Como tenían hambre Momotaro compartió con ellos la comida que llevaba y en agradecimiento ellos decidieron acompañarlo a luchar contra los gigantes.

Navegaron varios días hasta llegar a la isla. Los gigantes dormían. Se acercaron sigilosos y el perro empezó a morderlos, el faisán a picotearles las cabezas y el mono a arañarlos. No les quedó más remedio que rendirse y devolver a Momotaro todo lo que habían robado, quien regreso a la aldea a repartir entre los pobladores las riquezas recuperadas.

18. LA PRINCESA Y LA SAL

La princesa y la sal

Una vez un rey que tenía tres hijas les pregunto cuánto lo amaban:

  • Más que a todo el oro – dijo la mayor
  • Más que a todos los diamantes – dijo la segunda
  • Más que a toda la sal – dijo la hija pequeña

El rey se molestó con la más joven de las princesas por amarlo como a algo tan común y la desterró del reino.

La cocinera del rey conmovida por la tragedia de la princesa la recibió en su casa. Ahí permaneció varios años y aprendió a cocinar.

Un día el rey organizó un banquete y la princesa cocinó en secreto para su padre. Cuando el rey probó la comida gritó:

  • ¡No tiene sal!

Inmediatamente buscaron a la responsable, y el rey sin reconocer a su hija preguntó:

  • ¿Por qué la comida no tiene sal?

La joven respondió:

  • Hace mucho tiempo desterraste a una de tus hijas porque te amaba más que a la sal, sin entender que así como no se puede cocinar sin este condimento, ella no podía vivir sin ti.

El rey reconoció a su hija, la recibió de vuelta en el palacio y pasó el resto de su vida pidiéndole perdón.

Los efectos negativos de algunas emociones

19. EL ZAPATERO Y EL HOMBRE RICO

El zapatero y el hombre rico

Existió una vez un zapatero que era muy pobre pero muy feliz y se la pasaba todo el día cantando a todo pulmón mientras hacía zapatos.

Frente a él vivía un hombre muy rico que le gustaba dormir de día y contar su dinero por la noche. El problema era que cada vez que iba a tomar la siesta el zapatero se ponía a cantar y así no podía dormir.

Un día el hombre rico fue a donde el zapatero y le regaló una bolsa de oro. Esa noche el zapatero no durmió nada pensando cuál sería el mejor lugar para guardar su dinero, tal vez debajo de la cama, dentro de un frasco de galletas, en un calcetín con la ropa sucia o enterrarlo en el jardín. Así pasaron los días y el zapatero sin dormir no cantó más por la mucha preocupación de perder su dinero.

Dándose cuenta de que quería volver a cantar fue a donde su vecino, le dio las gracias y le devolvió el dinero que no puede comprar la felicidad.

El hombre rico ya lo sabía.

20. UN NIÑO DIFERENTE

Un niño diferente

Cuando sus padres se fueron el niño se quedó llorando. Era la primera vez que pasaría sus vacaciones en el campo bajo el cuidado de su abuela. Ella le preguntó:

  • ¿Tienes hambre?
  • Si – respondió sollozando, y ella le dio un gran trozo de pan.

Al día siguiente la abuela le pidió al niño que fuera al huerto a recoger unos tomates:

  • ¿Yo?- dijo el niño
  • Hacer es la mejor manera de aprender – respondió ella

Y pasaron los días… y aprendió que para tener leche de una vaca hay que cantarle. Que es más fácil cuidar el fuego para que no se apague que volver a encenderlo. Que las plantas silvestres esconden medicinas en ellas. Que de las semillas del trigo nace el pan y de las del maíz la arepa. Que la hora ideal para levantarse es cuando las aves empiezan a cantar. Que el mejor lugar para tomar la siesta está bajo un árbol. Que las lechuzas permanecen despiertas cada noche para cuidarle los sueños a los animales diurnos. Que hablar con su abuela podía ser tan divertido como ver la televisión. Ahora era un niño diferente.

21. LA ALFOMBRA MÁGICA

La alfombra mágica

Esta es la historia de una niña que le encantaban los cuentos, pero entre todos, su favorito era el de la Alfombra Mágica.

¿Cómo era posible que una alfombra pudiera viajar sin que caballos o elefantes tiraran de ella o que pudiera suspenderse en el aire sin el impulso de unas alas o un motor? Lo mejor de todo era que unas palabras mágicamente conjuradas pudieran llevar a su tripulante a cualquier lugar del mundo.

Primero mamá, luego papá, luego tía, luego sus primos, terminando con abuelo y abuela, todos le leían la historia al menos una vez al día y el circulo de lectura terminaba e iniciaba de nuevo ante una asombrada niña que escuchaba cada palabra como si fuera la primera vez.

Y cuando la niña creció y ya no necesitó que le leyeran su cuento, empezó a visitar nuevos lugares creados con su imaginación montada en su alfombra mágica de papel que guiaba con un lápiz y que conjuraba con las palabras que escribía.

Y es así como esa niña se volvió escritora.

22. LOS OJOS DE MI CONCIENCIA

Los ojos de mi conciencia

Era un gatito barcino muy lindo y se llamaba Miau. No sé quién le puso el nombre, era ágil y elegante, suavecito como algodón. Sus ojos en cambio, eran fríos, a veces indiferentes, a veces despreciativos.

Hace tanto de eso… No recuerdo qué travesura hice, solo sé que mentí para evitar el castigo pero el gato, testigo de mis crímenes sabía toda la verdad. Creí haberme salido con la mía, hasta que lo mire…

Su mirada me señalaba. En silencio, inmóvil y sin parpadear, me acusaba con sus ojos orgullosos.

Así que empecé a evitarlo, pero me seguía a donde iba. Si cerraba una puerta, se asomaba por la ventana; si caminaba, me seguía y si me detenía, se sentaba a mi lado. Su mirada acusadora se hacía más intensa cada día y mi sentimiento de culpa también.

Un día ya no pude soportar y confesé mi travesura a mis padres, e instantáneamente el gato dejó de seguirme y hasta parecía que me evitaba.

Por fin nos encontramos, nos miramos, y me di cuenta que sus ojos no eran acusadores, sino espejos que reflejaban lo que veían.

Lo que creí ver en sus ojos siempre fue el reflejo de mi culpa.

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23. EL ORO Y LAS RATAS

El oro y las ratas

Un mercader muy rico debía salir por largo viaje. Como el cofre donde guardaba su oro era grande y pesado y no podía llevárselo con él le pidió a su mejor amigo que lo cuidara en su ausencia.

Meses después el mercader regresó y fue a buscar su oro. El amigo muy apenado le dijo:

  • No me vas a creer, pero guardé tu oro debajo de mi cama y las ratas se lo comieron, ya sabes que esos animales son más fuertes de lo que parecen.

El mercader aunque sabía que su amigo lo engañaba fingió creerle. Días después fue a casa de su amigo y se llevó su caballo.

El amigo fue a quejarse con el mercader por la mala suerte que había tenido al perder su caballo. Entonces el mercader le dijo:

  • No me vas a creer, pero vi volar una lechuza cargando a tu caballo por los aires, ya sabes que esos animales son más fuertes de lo que parecen.

El amigo al verse descubierto le pidió disculpas al mercader y le devolvió su oro, y el mercader le regresó su caballo.

24. EL REGALO DE LA PRINCESA

El regalo de la princesa

Había una vez una princesa que el día de su cumpleaños recibió muchos regalos. Los presentes llegaban de todo el reino: joyas, vestidos, caballos, flores, manjares…

Entre tantos regalos la princesa recibió una pequeña llave negra de parte de su hada madrina.

  • Esta llave abre la puerta de una pequeña casa escondida en el fondo del jardín del palacio. Ahí encontrarás un tesoro – dijo el hada madrina.

La princesa se dirigió al jardín y encontró la casita que tenía una sola habitación y dentro había una máquina de coser, hilos y telas. Un extraño impulso hizo que la princesa se sentara a coser y mientras lo hacía descubrió la satisfacción del trabajo de hacer algo por sí misma y empezó a cantar.

  • Te escuché cantar y me detuve – dijo una voz

La princesa vio a una niña de su edad asomada a la puerta, pero llevaba un vestido roto y viejo.

  • ¿Qué haces? – preguntó la niña
  • Hasta ahora no lo sabía pero ya lo sé: un vestido nuevo para ti – dijo la princesa.

Y así la princesa descubrió el tesoro que escondía la casita: ayudar a otros hace sonreír al corazón.

25. HISTORIA SENCILLA DE UNA SEMILLA

Historia sencilla de una semilla

I HOLA

Soy una semilla de amapola. Vivía junto con mis hermanas dentro de una cápsula. Un día despertamos muy temprano cuando el viento sopló ¡y salimos disparadas! Me despedí de mis hermanas a lo lejos mientras viajaba suspendida por la brisa en un rayo de sol.

II MI VIAJE AÉREO

Y así fue como me separé de mis hermanas. No podíamos vivir todas juntas en el mismo lugar, sin espacio ni alimento para todas, era necesario que nos dispersaramos, de esa manera podemos llegar a otros lugares y perpetuarnos en el tiempo. ¿Mi destino? Aún lo desconozco.

III ¡TIERRA A LA VISTA!

Pase sobre un trigal, pero continué volando porque los labradores no dejan que crezca una planta diferente al trigo en sus campos. Luego volé sobre un bosque de eucaliptos, pero entre esos gigantes no recibiría suficiente sol. Finalmente divisé un campo lleno de abejas y mariposas y el viento me dijo: “aterriza semillita, este es un buen lugar para ti”

IV LA SEMILLA ESTÁ ECHADA

El viento me dejó caer sobre la tierra que me cubrió en señal de bienvenida. Estaba cansada de tanto viajar y me quedé dormida… el tiempo pasó y la lluvia me despertó cuando una raíz brotaba de mí.

V SE HIZO LA LUZ

¡Y me estiré! Crecí hacia abajo para no caerme, y crecí hacia arriba donde el sol me llamaba.

VI DE TAL PLANTA, TAL SEMILLA

Ahora soy una flor, y mi historia será la historia de mis hijitas, semillitas que crecieron por mí y ahora vuelan… ¿Hacia dónde? Esa, es otra historia…

26. EL CAMINO DE LOS GIGANTES

El camino de los gigantes

Cuenta una leyenda irlandesa que existieron dos gigantes, uno irlandés llamado Finn MacCool y uno escoses llamado Benandonner, mejor conocido como el gigante rojo.

Decidido a saber quién era el más fuerte de ambos, un día Finn MacCool construyó un camino sobre el mar para unir a Irlanda con Escocia utilizando unas piedras hexagonales que encontró en la costa.

Cuando Finn estaba cruzando el camino se dio cuenta que Benandonner era mucho más grande que él y asustado se regresó a su isla.

Como Benandonner iba tras él, Finn le pidió a su esposa que lo escondiera; ella lo disfrazó de bebé y cuando el gigante rojo llegó y vio a un bebé tan grande tuvo miedo de enfrentarse a su padre y regresó corriendo a Escocia destruyendo el camino a su paso para que no lo persiguieran.

27. LA FAROLA DORMILONA

La farola dormilona

Esta es la historia de una farola de ciudad que alumbraba de día y se apagaba de noche.

Cada vez que los empleados del servicio eléctrico iban a revisarla no encontraban nada malo en ella, simplemente trabajaba al revés. Sus compañeras no entendían por qué no hacia su trabajo, pero es que esta farola encontraba más interesante al día con sus ruidos, luces y alegría que a la noche silenciosa, oscura y triste.

Un día, llegó a la ciudad desde el campo un búho. Como ya era mayor le fallaba la vista y sus amigos le recomendaron irse a un lugar donde hubiera algo de luz en la noche para pudiera cazar.

Al día siguiente todas las farolas comentaban lo hermoso y extraño del canto del búho, excepto la farola dormilona que no lo había escuchado porque estaba dormida cuando no le correspondía.

Tanta curiosidad tenía de escucharlo que esa noche se quedó despierta por primera vez y no solo disfrutó del canto del búho, sino que se enamoró de la noche, la luna y las estrellas y no volvió a dormir de día.

Y los empleados del servicio eléctrico nunca supieron cómo se arregló la farola.

Leyendas para niños grandes

28. UNA AMISTAD VERDADERA

Una amistad verdadera

Anahí es una niña sencilla. Sus abuelos tienen una casa en el campo donde va todas las vacaciones a montar a caballo en compañía de su abuelo que la cuida y la lleva por caminos seguros.

Cuando Anahí cumplió doce años su abuelo le regaló una yegua a quien llamó Marquesa. Después de mucho insistir y como ya era una niña grande, su abuelo le permitió salir sola por primera vez a montar con Marquesa.

En el campo abierto Anahí se sintió libre. La brisa le despeinaba el cabello, atravesó un charco, espantó una bandada de garzas y corrió bajo la sombra de un samán, cuando de pronto…

Anahí estaba en el suelo desmayada, una rama del árbol que colgaba baja le había golpeado la frente y tumbado de su yegua.

Como caía la tarde y Anahí no regresaba su abuelo salió a buscarla. La encontró con Marquesa al lado como intentando ayudarla a levantarse. Afortunadamente, Anahí despertó y su abuelo le contó como Marquesa la había cuidado y acompañado. Este fue el primero de los muchos recorridos que Anahí y Marquesa hicieron juntas y el inicio de una larga amistad.

29. EL LLANTO DE LA ABUELA

El llanto de la abuela

En la época en que no había televisores (porque no siempre han existido los televisores), había una abuelita que escuchaba la novela por la radio.

Todas las tardes la abuelita se sentaba en su sillón y se echaba a llorar escuchando una radionovela y las fechorías del terrible “Dientes de Pirata”, el malvado más malvado que haya podido existir.

La abuelita tenía un nietecito que se sentía triste todas las tardes al verla llorar, así que un día decidido a hacerla feliz, le quitó el cable al radio y se fue a jugar.

Cuando regresó a casa sucedió que encontró a su abuelita llorando peor que antes. Resulta que esa tarde terminaba la novela y ella no pudo escuchar el final. Sin embargo, la abuelita no se molestó con su nieto, le dio un besito, le prometió no volver a llorar con novela alguna y fue a casa de su vecina a preguntarle si “Dientes de Pirata” por fin había sido castigado.

30. UN COLIBRÍ NACE EN NAVIDAD

UN COLIBRÍ NACE EN NAVIDAD

El día que nació el niño Dios todas las flores veían volar hacia Belén a cientos de pájaros de colores.

Entre todas las flores había una florecilla que se lamentaba por no tener alitas para ir ella también a conocer a Jesús.

Sucedió entonces que un pastor que iba camino a Belén al ver a la hermosa flor la cortó para unirla a un ramo que llevaba para ofrendar al niño. La florecita estaba feliz de acompañar al pastor en su camino y cuando por fin estuvo frente al pesebre pudo contemplar al pequeño Jesús.

El niño en el pesebre sintió el amor puro y verdadero de la pequeña florecita y decidió concederle el mayor anhelo de su corazón. Los inmóviles pétalos se convirtieron en alas vibrantes, el tallo en un largo pico y la flor entera ahora era un ágil colibrí.

Desde entonces, cada navidad se ven revoloteando colibríes entre las flores, les cuentan su dulce historia de flor a ave por la gracia del niño Dios.

31. UN NIÑO PEQUEÑO (Adaptación del cuento de Helen Buckley)

UN NIÑO PEQUEÑO

Un niño pequeño fue a la escuela, tenía miedo de ese lugar,

Pero después de cruzar la puerta quiso experimentar.

La maestra dijo: “Hoy vamos a dibujar”

Entonces el niño pensó: “¡Excelente! Mis colores voy a utilizar”

“Espera” dijo ella “no debes empezar,

Hasta que todos estén quietecitos, no les voy a poder explicar”

Cuando estuvieron calladitos y sentaditos en su lugar,

La maestra dijo: “Flores, es lo que van a dibujar”

El niño pensó: “¡Excelente! Flores se pintar,

De variados y lindos colores muchas voy a inventar”

Pero la maestra dijo: “Espera, yo te voy a enseñar

La flor ha de ser roja y el tallo verde será”

Otro día la maestra dijo: “Con arcilla, a trabajar”

Y el niño pensó: “¡Excelente! con mis manos voy a moldear.

“Espera” dijo ella “no debes empezar,

Hasta que todos estén quietecitos, no les voy a poder explicar”

Cuando estuvieron calladitos y en sentaditos su lugar,

La maestra dijo: “Un plato, es lo que van a crear”

El niño pensó: “¡Excelente! Mi plato le va a encantar,

De muchas formas y tamaños yo los puedo inventar”

Pero la maestra dijo: “Espera, yo te voy a enseñar

El plato que vas a hacer redondo y hondo será”

Y así fue pasando el tiempo y el pequeño niño aprendió

Que para hacer cosas debía esperar instrucción.

Un día el niño se mudó, otra ciudad conoció

Y en una escuela nueva a tomar clases empezó.

La nueva maestra dijo: “Hoy vamos a dibujar”

El niño pensó: “¡Excelente!” y sus instrucciones esperó.

Pero su nueva maestra no hacía más que observar

Y al no explicarle cómo no sabía empezar.

La maestra le preguntó: ¿Acaso no quieres dibujar?”

“Si”, le respondió el niño “Solo dígame qué pintar”

“No lo sé, eres tú quien lo debe revelar”

Y el niño preguntó hasta qué color iba a utilizar

“El que tú quieras” dijo ella “eso no lo he de indicar

Si todos usaran el mismo, ¿cómo sabría cuál es cuál”

Y el niño que no sabía, qué responder o pensar

Una flor roja con tallo verde fue lo que se puso a pintar.

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