Los cuentos cortos son llamados microrrelatos, relatos hiperbreves o nanorrelatos y muchos autores han dedicado una parte de su obra a escribir este tipo de literatura presente en algunas antologías. Un microrrelato condensa en pocas palabras una historia que cautiva al lector y conjuga elementos que permiten a la imaginación volar y crear; por su brevedad están muy relacionados con las adivinanzas, las fábulas, los epitafios, los refranes y los haikus. Así que están hechos para aquellos que no tienen mucho tiempo para leer.

A continuación queremos  compartir contigo 33 cuentos cortos escritos por personas de todas partes del mundo. Algunos son de escritores famosos, otros de escritores no reconocidos, pero no por ello menos importantes. Incluimos cuentos para adultos y algunos relatos infantiles que puedes leer a tus niños. ¡Esperamos los disfrutes!

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1. EL MAGO DE LOS DESEOS

«Quisiera ser libre como el viento, y moverme como las hojas acariciadas al sol», exclamó una inocente y joven niña, ajena a que sus deseos escuchados habían sido, por un mago obediente y muy trabajador.

Y así, poco a poco, los cabellos de la joven en ramas secas convirtió. Almudena Orellana

El mago de los deseos

2. INSTRUCCIONES PARA FREÍR UN HUEVO

Cómprese una gallina. Pídale prestado a la gallina un hijo suyo, al cual va a freír y luego se va a comer. Si la gallina opone resistencia, mátela también a ella. Coja el huevo y dele un ligero golpe en el borde de una mesa (si es la primera vez, cómprese tres o cuatro gallinas). Eche el huevo en la sartén. Si el huevo no reacciona, es que le falta aceite a la sartén. Mientras el huevo se retuerce de dolor, salpíquele aceite en la cara. Sáquelo cuando tenga aspecto de huevo frito (figura 2.1). Mientras se lo come pregúntese usted: ¿quién fue primero, el huevo o la gallina? Julio Cortázar

Instrucciones para freir un huevo

3. MICROCUENTO DE DÍAS LLUVIOSOS

Se sentía un olor extraño en la sala de clases.

No era desagradable, pero era extraño.

Nadie sabía que en los días de lluvia, antes de llegar a la escuela, disfrutaba caminar sin zapatos sobre el barro.

Luego, escondía su secreto dentro de esos calcetines gastados. Bruno Faúndez Valenzuela

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4. UNA URRACA PARA EL VUELO

La urraca cojea, tiene un ala rota. Camina con esfuerzo sobre una alfombra abandonada en el parque. Intenta patearla, no puede, insiste en patearla, no puede, y de vez en cuando la picotea con furor. Camina en círculo. Camina y mira la alfombra hasta que la tela arrugada parece tensarse. Tal vez la urraca ha logrado alisarla. La urraca se detiene en el centro mismo de la alfombra: Dirige su vista al cielo mientras espera. Francisco Céspedes

Una urraca para el vuelo

5. HERENCIA

Antes de ponerse el pendiente frotó el metal que rodeaba el zafiro con un bastoncito impregnado en líquido para limpiar plata. Cientos de estratos de tiempo levantaron el vuelo dejando la superficie luminosa y desnuda. Se acercó, curiosa, y la joya le devolvió el rostro adolescente de su abuela probándose el pendiente ante un espejo. Paz Monserrat Revillo

6. II

Mi abuela siempre me pregunta si recuerdo aquella vez que me llevó al río.

Y yo siempre le respondo que no, que no me acuerdo de ningún río.

Y ella siempre me responde que yo me ahogué en ese río, y que a lo mejor es por eso que ya no me acuerdo. Autor desconocido

7. EL ELEFANTE

Mi abuelo era muy ingenioso. Cuando la zapatería en la que trabajaba necesitó publicidad, se le ocurrió traer un elefante. Esto fue en un tiempo en que los circos ambulantes eran casi inexistentes y ver a un elefante era tan probable como ver a un unicornio. Días antes de que llegara, la gente ya hablaba de ello en las calles: “¡Viene el elefante!”. Cuando finalmente llegó, resultó ser un camión disfrazado. La gente estalló en carcajadas incrédulas y, siguiendo al camión en su paso, armaron un desfile improvisado. Durante años los niños dibujaron elefantes con ruedas. Diego Molina

El elefante

8. MAPOCHO

Nadie supo cómo ni por qué, pero el hecho es que un lunes cualquiera un dinosaurio apareció nadando en el Mapocho. El día se volvió de pronto feriado nacional. El Parque de las Esculturas recaudó fondos nunca antes vistos con los curiosos que llegaban por montones, trepándose en las instalaciones para ver de cerca al monstruo, mientras que los más valientes iban derecho al agua. Antes de que el asunto llegara a mayores, trajeron un par de grúas y se llevaron al monstruo a la piscina municipal, donde el pobre bicho murió por una alergia fulminante al cloro. Paulina Valenzuela

9. PÓCIMA PARA UN MATRIMONIO FELIZ O NO HAY MAL QUE DURE CIEN AÑOS

Una pizca de suegra y otra ración igual de consuegra. Se adereza con azufre en polvo, expectorante. Se las cuece en su propio hervor y se consume antes de acostarse con la esperanza de así poder dormir cien años con la ilusión que, al despertar, hayan ya desaparecido. Ricardo Alberto Bugarín

10. EL HOMBRE ELEFANTE

 Me corté una oreja y salí de casa. En el ascensor mi vecino me preguntó qué había ocurrido. Le dije que fue un accidente, esquiando. Al tipo del quiosco le expliqué lo del atraco y la navaja. Luego, en la cafetería, el camarero insistió. Se me cayó, respondí sin más. En la oficina confesé que sufría un tumor. Funcionó. Hasta ella se acercó y me besó en la mejilla. Tenía una voz bonita, olía bien y era más guapa aún de cerca. Unos días después todo volvió a ser como antes. Ayer me corté la otra. Agustín Martínez Valderrama

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11. FULMINANTE

Fue atracción. Lo vio y quedó flechada.

El impacto inicial estuvo en el brillo que emanaba su presencia.

Un perfil perfecto, talla media, no muy grueso, marcaban un estilo especial.

Ella no era mujer de arremeter y tomar decisiones rápidas. Sin embargo se acercó a él y sintió la estocada final: su perfume.

Un buen perfume le robaba el alma. Era irresistible.

No lo dudó, debía ser suyo. Lo apretaría junto a su pecho, lo llevaría a la cama; lo gozaría plenamente hasta agotarse y agotarlo.

Tras un breve trámite se llevó, ansiosamente, el libro que le había fascinado. Beatriz Cocina

Relato breve Fulminante

12. UN SUEÑO

En un desierto lugar del Irán hay una no muy alta torre de piedra, sin puerta ni ventana. Dentro de la única habitación (cuyo piso es de tierra y que tiene la forma de círculo) hay una mesa de madera y un banco. En esa celda circular, un hombre que se parece a mi escribe en caracteres que no comprendo un largo poema sobre un hombre que en otra celda circular escribe un poema sobre un hombre que en otra celda circular…El proceso no tiene fin y nadie podrá leer lo que los prisioneros escriben. Jorge Luis Borges

13. VI

Un día encontré a un hombre que regalaba su corazón descompuesto. Lo llevaba en la mano y me lo ofreció, pero yo le dije que por diez monedas de oro se lo reparaba. El hombre, que era un rico comerciante de opio, me dio las diez monedas y el corazón. Antes de que se fuera, le pregunté por qué tenía el corazón descompuesto, y él me respondió porque Dios decidió llevarse a su mujer e hijos.

Tres días después le llevé el corazón. El hombre se lo puso y se fue muy contento.

Lo que pasó en realidad fue que su corazón estaba tan descompuesto que mejor le dí uno nuevo, porque el que tenía aún sentía mucho amor por la mujer y los hijos muertos. Autor desconocido

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14. TRES RATONES ENVIDIOSOS

Había una vez tres ratones muy envidiosos, querían todo para ellos solos. Pero cuando llegaba a visitarlo un vecino, ellos escondían todo el queso que tenían guardado.

De pronto se acercó un gato muy peludo, asomó su nariz en el agujero y los ratones envidiosos se arrinconaron muy asustados. Cuando gritaron, el vecino los escuchó y se acercó al gato lleno de valor y como pudo lo alejó de la puerta. Quedó tan cansado el pobre ratón que los envidiosos salieron a agradecerle el favor y por fin lo invitaron a comer.

Todos felices disfrutaron de un estupendo platillo de queso y entre risas recordaban al gato que corrió muy enojado. José Juan Cantú

Tres ratones envidiosos

15. EL ARBOL MÁGICO

Hace mucho mucho tiempo, un niño paseaba por un prado en cuyo centro encontró un árbol con un cartel que decía: soy un árbol encantado, si dices las palabras mágicas, lo verás.

El niño trató de acertar el hechizo, y probó con abracadabra, supercalifragilisticoespialidoso, tan-ta-ta-chán, y muchas otras, pero nada. Rendido, se tiró suplicante, diciendo: “¡¡por favor, arbolito!!”, y entonces, se abrió una gran puerta en el árbol. Todo estaba oscuro, menos un cartel que decía: “sigue haciendo magia”. Entonces el niño dijo “¡¡Gracias, arbolito!!”, y se encendió dentro del árbol una luz que alumbraba un camino hacia una gran montaña de juguetes y chocolate.

El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel árbol y tener la mejor fiesta del mundo, y por eso se dice siempre que “por favor” y “gracias”, son las palabras mágicas.

El árbol mágico

16. IV

Una noche estaba muy triste porque perdí a mi perro. Después de buscarlo por mucho rato, regresé a mi casa y me encontré en la calle un libro de cuentos.

Llegué a mi casa, me fui a mi cuarto sin cenar, y empecé a leer el primer cuento. Tenía dibujos y trataba acerca de un niño gigante que perdió a su mono chimpancé.

Al día siguiente, cuando desperté, un niño gigante me observaba con sus enormes ojos, y cada que pasaba las hojas del libro que leía en ese momento, a mí se me estrujaba el estómago.

Ese niño gigante perdió a su mono y cuando regresaba a su casa encontró en la calle un libro de cuentos. El primer cuento trataba acerca de un niño que perdió a su perro y que encontró un libro de cuentos acerca de un niño gigante que perdió a su mono chimpancé. Autor desconocido

17. EL GATO DORMILÓN

Había una vez un gato muy dormilón que se pasaba los días y las tardes enteras echado en el sofá. Siempre se preguntaban que es lo que hacía para quedar tan exhausto, pero nadie lo veía haciendo otra cosa que no fuera descansar.

Una noche su dueño tuvo la idea de ir a buscarlo y ver si también dormía toda la noche, pero mientras bajaba la escalera pudo verlo… ahí estaba él, sentado frente al acuario, viendo cómo dormía la tortuga. Sólo se quedó allí mirando en silencio a su gato, despierto y sereno estaba cuidando el sueño de su amiga tortuga.

Al día siguiente pudo verlo como de costumbre, durmiendo en el sofá y entonces pudo comprender el porqué de su sueño durante el día, pero no notó que la tortuga también lo cuidaba desde su sitio. Alonzo G.

El gato dormilón

18. EL LEÓN Y LA ESPINA

Un león que vagaba por el bosque se clavó una espina en la pata, y al encontrar un pastor, le pidió que se la extrajera. El pastor lo hizo, y el león, que estaba saciado porque acababa de devorar a otro pastor, siguió su camino sin hacerle daño. Algún tiempo después, el pastor fue condenado, a causa de una falsa acusación, a ser arrojado a los leones en el anfiteatro. Cuando las fieras estaban por devorarlo, una de ellas dijo:

—Este es el hombre que me sacó la espina de la pata.

Al oír esto, los otros leones honorablemente se abstuvieron, y el que habló se comió él solo al Pastor. Ambrose Bierce

19. EL HOMBRE QUE TEMÍA A SUS HUELLAS

Una vez existió un hombre que le temía a sus huellas. Pensaba que la suerte no le acompañaba y que en cualquier momento podía cometer algún error, por el cual, más tarde, siguiendo sus pasos, le atraparan. El hombre decidió quedarse estático, para así librarse del peligro de LA ACCIÓN y, en especial, de la posibilidad de dejar vestigio.

Contrario a lo que él tramó, por causa de su inmovilidad echó raíces en aquel punto, para después enterarse de que las raíces son las huellas más poderosas. Huellas que primero se prolongan verticalmente y después hacia los lados.

Mirado y admirado por todos, el Hombre-Árbol recibe cada año miles de ojos curiosos que, al marcharse, dejan a su alrededor un campo de huellas interminables. Isabela Méndez

El hombre que temía a sus huellas

20. LA EXTRANJERA

Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo.

Atraídos por el amor al vértigo. Guiados por una flecha insolente de la noche. Ella mira hacia abajo. El mar la deslumbra. Olas hinchadas como venas patean su rabia contra la muralla de rocas. Él le pide: Ámame.

Ella no responde. Es joven y cierra los ojos como si estuviera viviendo muchas muertes. Ella teme saltar. Él le reclama: Bésame. La luz del faro indaga por las cosas perdidas y los encuentra a ellos. Amantes de las sombras son el blanco del silencio. Ella quiere saltar porque en su garganta tiene un nudo de reproches. Como él no pregunta, tampoco ella le responde. Su pasado es un mapa deshecho. Viene de un país hundido. No resulta fácil decir lo que se piensa. Y ella piensa demasiado. Ahora abre los ojos para ver el naufragio de su alma. Él la abraza como si quisiera desnudar su rabia. Ella le pide: Mátame. Nuria Amat

Historias de terror cortas (perturbadoras)

21. EL CUERVO Y EL CANGREJO

Iba volando un cuervo sobre el mar cuando vio que un cangrejo salía a la arena, lo agarró -¡zas!- y tiró hacia el bosque para merendárselo, pensando en cualquier rama.

Al darse cuenta de que iba a morir, le dijo el cangrejo al cuervo:

–Oye, cuervo, ¿sabes que yo he conocido a tu padre y a tu madre? Son gente muy buena.

–Hmmm –contestó el cuervo sin abrir el pico.

–También he conocido a tus hermanos y a tus hermanas. Valen mucho también.

–Hmmm…

–Sin embargo, por buenos que sean, contigo no se pueden comparar. Tengo la impresión de que no hay nadie más listo que tú.

–¡Claaa-ro que no…!

Y al abrir el pico para gaznar con todas sus cuentas, el cuervo dejó caer el cangrejo al mar. Cuento Ruso de tradición oral.

EL CUERVO Y EL CANGREJO

22. EL TALENTO

–Maestro, tengo un problema con mi hijo. Me trajo las notas del colegio, una alta calificación en dibujo y una pésima calificación en matemáticas.

–¿Qué harás? –dijo el maestro.

–¡Lo pondré de inmediato a tomar clases particulares con un profesor de matemáticas! –Necio, ponlo de inmediato a tomar clases particulares con un profesor de dibujo. Todos servimos para algo pero no todos servimos para lo mismo. Alejandro Jodorowsky

23. KAFKA

 “Hola, mi nombre es … ¿con quién tengo el gusto de hablar? … ¿en qué podemos ayudarlo? … quisiera que … indíqueme el número de su cédula de identidad, por favor … su llamada es importante para nosotros …   para una mejor atención esta conversación podría ser grabada … en estos momentos nuestros ejecutivos se encuentran ocupados, por favor manténgase en línea … sistema temporalmente fuera de servicio … intente más tarde o consulte nuestro sitio web… tan pronto podamos atenderemos su llamada… usted es un cliente preferencial para nosotros … disculpe la demora… ¿alguna otra consulta?… gracias por llamarnos…  le agradecemos su comprensión y apoyo… estamos para servirle… su opinión es importante para mejorar nuestros servicios, gracias… recuerde, lo atendió … para volver al menú principal marque asterisco … o simplemente cuelgue… Manuel Pastrana Losano

El automatismo humano y los errores cognitivos más comunes

24. CARTAS

Están sentados en la mesa del comedor jugando a cartas y bebiendo cerveza. Ella lleva un pantalón corto y una camiseta de él sin nada debajo, además de unas de esas enormes zapatillas con forma de cabeza de elefante. Lo que él lleva no es importante.

Charlan y ríen mientras el grifo de la cocina gotea sobre los platos de la cena aún sin fregar. De fondo, Chet Baker acompaña sus risas y llena los pocos vacíos entre sus palabras, cuando él pide silencio para estudiar sus cartas. A él no le gusta el jazz, pero no se queja, porque sabe que de alguna manera tiene que ser así. Ella baraja y le mira, pero él no se da cuenta porque está distraído pensando que quizás al día siguiente la lleve a ver la reposición de esa película francesa de la que ella tanto habla. A él el cine francés le gusta menos que el jazz, pero es que ella le gusta más que el boxeo.

Después, él da un sorbo a su cerveza y la mira, pero ella no se da cuenta porque ya está repartiendo las cartas y pensando que en esta partida volverá a dejarle ganar. Luis Aragón Domínguez

Cartas

25. EL HOMBRE QUE CONTABA HISTORIAS

Había una vez un hombre muy querido en su pueblo porque contaba historias. Todas las mañanas salía del pueblo y, cuando volvía por las noches, todos los trabajadores del pueblo, tras haber trabajado duro todo el día, se reunían a su alrededor y le decían:

-Vamos, cuenta, ¿qué has visto hoy?

El hombre explicaba:

-He visto en el bosque a un fauno que tenía una flauta y que obligaba a danzar a un corro de silvanos.

-Sigue contando, ¿qué más has visto? -decían los hombres.

-Al llegar a la orilla del mar he visto, al filo de las olas, a tres sirenas que peinaban sus verdes cabellos con un peine de oro.

Y los hombres lo apreciaban porque les contaba historias.

El hombre que contaba historiasna mañana el hombre dejó su pueblo, como todas las mañanas… Pero al llegar a la orilla del mar vio a tres sirenas, tres sirenas que, al filo de las olas, peinaban sus cabellos verdes con un peine de oro. Y, caminando, llegó cerca del bosque, vio a un fauno que tocaba su flauta y a un corro de silvanos… Aquella noche, cuando regresó a su pueblo y, como los otros días, le preguntaron:

-Vamos, cuenta: ¿qué has visto?

Él respondió:

-No he visto nada. Oscar Wilde

El hombre que contaba historias

26. LA VERDAD SOBRE SANCHO PANZA

Sancho Panza, que por lo demás nunca se jactó de ello, logró, con el correr de los años, mediante la composición de una cantidad de novelas de caballería y de bandoleros, en horas del atardecer y de la noche, apartar a tal punto de sí a su demonio, al que luego dio el nombre de Don Quijote, que éste se lanzó irrefrenablemente a las más locas aventuras, las cuales empero, por falta de un objeto predeterminado, y que precisamente hubiese debido ser Sancho Panza, no hicieron daño a nadie. Sancho Panza, hombre libre, siguió impasible, quizás en razón de un cierto sentido de la responsabilidad, a Don Quijote en sus andanzas, alcanzando con ello un grande y útil esparcimiento hasta su fin. Franz Kafka

27. CUENTO QUE NO QUERÍA ESCRIBIRSE

El papel estaba en blanco. Savannah debía escribir un cuento para su clase de Lengua, pero el lápiz no se dejaba agarrar. Este bailaba sobre la mesa junto a las pinturas de colores. Era tal la fiesta que al color amarillo le dio un ataque de risa y acabó caído en el suelo. A la pequeña niña no le quedó más remedio que unirse al baile. Cuando sonaba un vals, Savannah consiguió engañar al lápiz y al fin pudo dominarlo.

Sobre el papel escribió ‘Érase una vez’, pero las letras desaparecían al instante. Probó entonces con ‘Había una vez’ y el resultado fue el mismo. Savannah lo intentó de muchas maneras y para ello no dejó fórmula sin probar: ‘En un lugar muy lejano’, ‘En el antiguo reino’… pero nada funcionaba.

Cuento que no quería escribirse

Como no se daba por vencida decidió empezar el cuento por el final. Y así, con mucho cuidado y bien despacito, escribió ‘Colorín colorado, este cuento se ha acabado’. Apenas duraron unos minutos las palabras en el papel. Estas acabaron estallando en unos coloridos fuegos artificiales.

Savannah no estaba consiguiendo escribir su cuento, pero tenía que reconocer que se lo estaba pasando muy bien. La mesa de estudio parecía el escenario de un gran espectáculo. Así que decidió dejarse llevar y unirse a la fiesta. Jugó con todas las pinturas, cantó con el lápiz e hizo un vestido para su muñeca con los papeles.

Al día siguiente, entró en la clase de Lengua con la cabeza bien alta. Aunque no llevaba el cuento escrito como el resto de sus compañeros no estaba preocupada. Había aprendido que a veces aunque se intentan hacer bien las cosas estas no salen como las habíamos pensado. Lo importante era haberlo intentado y haber buscado una solución alternativa. Así, cuando la profesora le pidió su cuento, Savannah le explicó los problemas que había tenido para escribirlo. Sin embargo, su cuento estaba en su cabeza y acudió a la tradición oral para narrarlo en voz alta a sus amigos. Autor desconocido

28. LA  AMISTAD. Leyenda árabe

Dos amigos viajaban por el desierto y discutieron. Uno acabó dando al otro una bofetada. El ofendido se agachó y escribió con sus dedos en la arena: “Hoy mi mejor amigo me ha dado una fuerte bofetada en la cara”. Continuaron el trayecto y llegaron a un oasis, donde decidieron bañarse. El que había sido abofeteado y herido empezó a ahogarse. El otro se lanzó a salvarlo. Al recuperarse del posible ahogamiento, tomó un estilete y empezó a grabar unas palabras en una enorme piedra. Al acabar se podía leer: “Hoy mi mejor amigo me ha salvado la vida”. Intrigado su amigo, le preguntó:

 –¿Por qué cuando te hice daño escribiste en la arena y ahora escribes en una roca?

Sonriente, el otro respondió:

–Cuando un gran amigo nos ofende, debemos escribir la ofensa en la arena, donde el viento del olvido y del perdón se encargará de borrarla y olvidarla. En cambio, cuando un gran amigo nos ayuda o nos ocurre algo grandioso, es preciso grabarlo en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento de ninguna parte del mundo podrá borrarlo. Autor desconocido

La amistad

28. EL ESPEJO CHINO

Un campesino chino se fue a la ciudad para vender la cosecha de arroz y su mujer le pidió que no se olvidase de traerle un peine.

Después de vender su arroz en la ciudad, el campesino se reunió con unos compañeros, y bebieron y lo celebraron largamente. Después, un poco confuso, en el momento de regresar, se acordó de que su mujer le había pedido algo, pero ¿qué era? No lo podía recordar. Entonces compró en una tienda para mujeres lo primero que le llamó la atención: un espejo. Y regresó al pueblo.

Entregó el regalo a su mujer y se marchó a trabajar sus campos. La mujer se miró en el espejo y comenzó a llorar desconsoladamente. La madre le preguntó la razón de aquellas lágrimas.

La mujer le dio el espejo y le dijo:

-Mi marido ha traído a otra mujer, joven y hermosa.

La madre cogió el espejo, lo miró y le dijo a su hija:

-No tienes de qué preocuparte, es una vieja. Anónimo

El espejo chino

29. LA EXTRANJERA

Se han apoyado en la baranda del faro. Han llegado hasta aquí sin miedo.

Atraídos por el amor al vértigo. Guiados por una flecha insolente de la noche. Ella mira hacia abajo. El mar la deslumbra. Olas hinchadas como venas patean su rabia contra la muralla de rocas. Él le pide: Ámame.

Ella no responde. Es joven y cierra los ojos como si estuviera viviendo muchas muertes. Ella teme saltar. Él le reclama: Bésame. La luz del faro indaga por las cosas perdidas y los encuentra a ellos. Amantes de las sombras son el blanco del silencio. Ella quiere saltar porque en su garganta tiene un nudo de reproches. Como él no pregunta, tampoco ella le responde. Su pasado es un mapa deshecho. Viene de un país hundido. No resulta fácil decir lo que se piensa. Y ella piensa demasiado. Ahora abre los ojos para ver el naufragio de su alma. Él la abraza como si quisiera desnudar su rabia. Ella le pide: Mátame. Nuria Amat

30. FÁBULA HINDÚ

Adimo, el padre de todos los hindúes, tuvo dos hijos y dos hijas de su mujer Procriti. El mayor era un gigante vigoroso, el menor era un pequeño jorobado, las dos niñas eran bonitas. Desde que el gigante sintió su fuerza, se acostó con sus dos hermanas y se hizo servir por el pequeño jorobado. De sus dos hermanas, una fue su cocinera; la otra, su jardinera. Cuando el gigante quería dormir, empezaba por encadenar a un árbol a su hermano pequeño el jorobado, y cuando este huía, lo alcanzaba de cuatro zancadas y le daba veinte latigazos con nervios de buey.

El jorobado se hizo sumiso y llegó a ser el mejor vasallo del mundo. El gigante, satisfecho de verlo cumplir sus deberes de vasallo, le permitió acostarse con una de sus hermanas, de la que él estaba ya cansado. Los hijos que nacieron de este matrimonio no eran del todo jorobados, pero tenían una figura bastante contrahecha. Se les educó en el temor de Dios y del gigante. Recibieron una excelente educación; se les enseñó que su tío era gigante por derecho divino, que podía hacer de su familia lo que quisiera; que si tenía una sobrina bonita, o sobrina nieta, sería para él solo sin dificultad, y que nadie podría acostarse con ella si él no quería.

Muerto el gigante, su hijo, que no era ni mucho menos tan fuerte ni tan alto como él, creyó, sin embargo, ser gigante, como su padre, por derecho divino. Pretendió hacer trabajar para él a todos los hombres y acostarse con todas las jóvenes. Su familia formó una coalición contra él, fue derrotado y se constituyó una república. Voltire

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31. GUERRA

Un genealogista prueba que un príncipe desciende en línea directa de un conde cuyos padres habían hecho un pacto de familia, hace 300 ó 400 años, con una casa cuyo recuerdo ni tan siquiera subsiste. Esta casa tenía vagas pretensiones sobre una provincia, cuyo último poseedor murió de apoplejía.

El príncipe y su consejo concluyen que esta provincia le pertenece por derecho divino. Esta provincia, a varios cientos de lenguas, protesta que le desconoce, que no tiene ninguna gana de ser gobernada por él; que para dictar leyes a unas gentes hay que tener, al menos, su consentimiento. Estos discursos ni tan siquiera son oídos por el príncipe, cuyo derecho es irrefutable. Encuentra, al punto, un gran número de hombres que no tienen nada que hacer ni que perder. Les viste con un grueso paño azul, pone un ribete a sus sombreros con un grueso hilo blanco, les hace girar a derecha e izquierda, y marcha hacia la gloria.

Guerra

Los demás príncipes, cuando oyen hablar de esos hombres en armas, toman parte en la empresa, cada uno según su poder.

Pueblos lejanos oyen decir que va a haber lucha, y que se ganan cinco a seis monedas por día si se toma parte en ella. Y van a vender sus servicios a quien quiera comprarlos.

Esas multitudes se encarnizan una contra otra, no solo sin tener ningún interés en el proceso, sino, incluso sin saber de lo que se trata.

Se encuentran a la vez cinco o seis potencias beligerantes: tan pronto tres contra tres, como dos contra cuatro o una contra cinco, detestándose por igual unas y otras, matándose y atacándose una y otra vez, de acuerdo todas en un solo punto: hacer el mayor mal posible. Cada jefe de asesinos hace que se bendigan sus banderas e invoca a Dios solemnemente antes de ir a exterminar a su prójimo.

Cuando ha habido un exterminio de cerca de diez mil, a hierro y fuego, y ha sido destruida una ciudad cualquiera desde sus cimientos, entonces se entona un cántico bastante largo, dividido en cuatro partes, compuesto en una lengua desconocida para todos los que han combatido y, además, llena de barbarismos. El mismo cántico sirve para casamientos, nacimientos y homicidios. Voltaire

32. EL GIGANTE BONACHÓN

Sofía era una niña de apenas 9 años, llena de curiosidad pero muy tímida. Como no tenía padres, vivía junto a otras niñas en un orfanato de Inglaterra. Le gustaba estar sola y no tenía muchos amigos. Un día, o mejor dicho, una noche, algo le llamó la atención. Esa noche Sofía no podía dormir, y se asomó a la ventana. Entonces le vio: era grande, muy grande… era un ¡gigante!

Al principio Sofía tuvo miedo. Pensó que el gigante le haría daño. Pero el gigante le trató desde el principio con dulzura. Resultó ser un gigante bonachón.

El gigante le llevó hasta el mundo en donde vivía. Le enseñó todos los secretos sobre su país y su gente. Por ejemplo, le contó por qué los gigantes tienen esas orejas tan grandes… ¿Quieres saberlo? Chsss…. pero es un secreto: Los gigantes pueden oír gracias a sus enormes orejas… ¡todos los secretos de las personas! Sí, los gigantes oyen sonidos que nadie puede escuchar. Escuchan los pensamientos y son capaces de oír a los corazones hablar.

Los gigantes son capaces de volar, siempre que se toman Gasipum, una bebida especial. Además, corren muy deprisa, gracias a sus larguísimas piernas.

El gigante bonachón no lee cuentos, sino sueños. Sus libros están escritos con sueños que consiguen cazar al vuelo. Gracias a los sueños que lee el gigante Bonachón, Sofía duerme tranquila y sin pesadillas, y por muy tontos que parezcan esos sueños, siempre funcionan. De hecho, el gigante Bonachón narra los sueños sobre los libros, unos libros mágicos. Cuando empieza a contarlos, ya no pueden parar.

Pero no penséis que todos los gigantes son así de buenos. En el país de los gigantes, también hay malos. De hecho, uno de ellos quería hacer daño a Sofía y a todos los niños del planeta. El gigante bonachón decidió hacerles frente, con ayuda de Sofía y de la mismísima reina de Inglaterra. Todos juntos (incluidos los sueños atrapados por el gigante bonachón) pudieron parar a los gigantes malos.

Desde entonces, y para evitar nuevos problemas, los gigantes decidieron esconderse en su mundo. Pero yo sé una cosa que muchos no saben: de vez en cuando, dejan entrar a algún niño, para contarles todos sus secretos. Que además, son muchos. Basado en una obra fantástica del escritor galés Roald Dahl ‘El Gran gigante bonachón’

El gigante bonachón

33. UGA LA TORTUGA

– ¡Caramba, todo me sale mal!, se lamenta constantemente Uga, la tortuga.

Y es que no es para menos: siempre llega tarde, es la última en acabar sus tareas, casi nunca consigue premios a la rapidez y, para colmo es una dormilona.

– ¡Esto tiene que cambiar!, se propuso un buen día, harta de que sus compañeros del bosque le recriminaran por su poco esfuerzo al realizar sus tareas.

Y es que había optado por no intentar siquiera realizar actividades tan sencillas como amontonar hojitas secas caídas de los árboles en otoño, o quitar piedrecitas de camino hacia la charca donde chapoteaban los calurosos días de verano.

– ¿Para qué preocuparme en hacer un trabajo que luego acaban haciendo mis compañeros? Mejor es dedicarme a jugar y a descansar.

– No es una gran idea, dijo una hormiguita. Lo que verdaderamente cuenta no es hacer el trabajo en un tiempo récord; lo importante es acabarlo realizándolo lo mejor que sabes, pues siempre te quedará la recompensa de haberlo conseguido.

No todos los trabajos necesitan de obreros rápidos. Hay labores que requieren tiempo y esfuerzo. Si no lo intentas nunca sabrás lo que eres capaz de hacer, y siempre te quedarás con la duda de si lo hubieras logrados alguna vez.

Por ello, es mejor intentarlo y no conseguirlo que no probar y vivir con la duda. La constancia y la perseverancia son buenas aliadas para conseguir lo que nos proponemos; por ello yo te aconsejo que lo intentes. Hasta te puede sorprender de lo que eres capaz.

– ¡Caramba, hormiguita, me has tocado las fibras! Esto es lo que yo necesitaba: alguien que me ayudara a comprender el valor del esfuerzo; te prometo que lo intentaré.

Pasaron unos días y Uga, la tortuga, se esforzaba en sus quehaceres.

Se sentía feliz consigo misma pues cada día conseguía lo poquito que se proponía porque era consciente de que había hecho todo lo posible por lograrlo. – He encontrado mi felicidad: lo que importa no es marcarse grandes e imposibles metas, sino acabar todas las pequeñas tareas que contribuyen a lograr grandes fines.

Uga la tortuga
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