Tan remotamente como el siglo I D.C. Plinio el Joven dijo: «El mayor número de los males que sufre el hombre proviene del hombre mismo». De esta manera, Plinio acierta al describir la naturaleza del crimen, la desgracia y el horror, que no tienen origen celestial o infernal alguno, sino que el pilar que los fundamenta es la esencia pérfida del ser humano. Por lo tanto, mediante este razonamiento nos acercamos a la sentencia de que casi todas las desdichas del hombre se generan porque ignora su condición maligna. Sin embargo, los asesinos que mostraremos a continuación si que dejaron salir a flote esa malignidad, convirtiéndose (así lo describe la policía) en seres despreciables carentes de la más mínima compasión humana.

Desde luego, la mejor manera de combatir el crimen es prevenirlo. Pero no siempre es posible impedir y menos prevenir las trasgresiones que infringe el hombre sobre el hombre. De este modo, a algunos sólo nos queda para enfrentar la injusticia la denuncia de la misma. Es así, que sin dilación alguna te presentamos 5 historias policiales cortas de asesinos que generaron el peor de los repudios en sus sociedades y que quizás se convirtieron en parte de lo más oscuro que ha mostrado la historia delictiva latinoamericana.

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Titulares del articulo


Argentina: El Ángel de la Muerte

Voy a hablar con el periodista que tenga los huevos para hacer algo que me obligaron a hacer varias veces… dijo Robledo
—¿Qué es? Exclamó el policía
—Arrodillarse y lamer el fondo del inodoro que acabo de usar. Hasta que quede bien limpito. Relato de un custodio cuando Robledo Puch se negó a darle una entrevista a la prensa en su reclusorio. Cortesía: El País
  • Entramos, robamos y salimos –dijo Jorge a Carlos.
  • No, así no será –dijo Carlos con una pícara sonrisa- promete que tú y yo nunca dejaremos testigos
  • Claro Carlitos, como vos querrás –asintió Ibáñez

Una conversación muy similar a esta tendría Jorge Ibáñez y Carlos Robledo Puch la noche del 15 de marzo de 1971, el día que robaron el boliche Enamour en Buenos Aires, Argentina, de donde se llevaron 350.000 pesos de la época. No sin antes, bajo un ansia depredadora Carlos asesinara a tiros al dueño del boliche y al vigilante del mismo. Un detalle lamentablemente fortuito es que la muerte sorprendió a estos mientras dormían. Esa noche se consagra como homicida Carlos Robledo Puch, quien luego será bautizado como el “Ángel de la Muerte”, o “Chacal”, “Monstruo Humano” y “Ángel Negro” ya que de ahí en más a casi todos sus crímenes los cometía bajo el amparo de la oscuridad de la noche.

Luego de esta violación a la ley le siguieron nada menos que diez homicidios dentro de los cuales se cuenta a su primer compañero Jorge Ibáñez y su último cómplice Héctor Somoza a quien disparó en la cabeza, posteriormente quemó sus dedos y cara con un soplete con tal no fuera reconocido. Otros delitos dentro de su prontuario están una tentativa de homicidio, diecisiete robos, cómplice de una violación, y de una tentativa de violación, un abuso deshonesto, dos raptos y dos hurtos.

Consideremos que todo esto le fue imputado cuando uno de los peores asesinos de Lationamerica apenas contaba con 20 años. Hoy es la persona en Argentina que más tiempo ha estado tras los barrotes: 48 de los 68 años que actualmente posee.

El caso de Carlitos reaviva la interrogante ¿el asesino nace o se hace? ¿Psicópata o sociópata? Para quizás comprender la naturaleza que envolvió al hombre de este caso recomendamos la película del 2018 El ángel, dirigida por Luis Ortega en la cual se dramatiza la vida del imberbe asesino.

EL ANGEL (2018) 🎬 La Mejor PELICULA ARGENTINA en ESPAÑOL

Bolivia: El asesino de Sucre

«Remordimientos? Claro que tengo remordimientos si hasta un niño tiene remordimientos después de matar un conejo» decía con frialdad en una entrevista Jaime Cárdenas Pardo al preguntársele sobre su estado mental. Cortesía: Facebook

Tras una mezcla que involucra la ineptitud de las fuerzas policiales, una infancia desprovista de educación y una mente asesina en ciernes se halla la creación de la figura de Jaime Cárdenas Pardo, mejor conocido como El asesino de Sucre.

Ya acostumbrado a una vida criminal poblada de alcohol, robos y violencia Jaime Pardo a sus 22 era también marioneta de la lujuria, y siguiendo sus designios lograría sus actos lascivos con la brutalidad que lo caracteriza. El 9 de octubre de 2009 junto a un inmoral y corrupto policía deciden que la mejor manera de pasar el tiempo es llamar a dos universitarias para divertirse con ellas. Festejo que consistió en embriagar, drogar, violar y sacar la vida de dentro de aquellas muchachas golpe tras golpe en la cabeza y nada más que con piedras.

Este fue el crimen de Jaime que causó mayor revuelo en la comunidad de Sucre. Pero no fue el único asesinato que cometió. Él admite haber asesinado a más de 30 personas y casi todas bajo los efectos de las drogas; sus motivos: robar y violar, ira y venganza.

Confiesa no arrepentirse de sus delitos, teniendo en cuenta tal frialdad, los médicos psiquiatras lo describen como alguien “consciente y responsable de lo que hacía, plenamente imputable, catalogable como asesino en serie confeso y psicópata, dotado de una personalidad agresiva, con un perfil de auténtico depredador que no tiene reparo en matar con tal de conseguir su objetivo”.

Hoy por hoy se encuentra recluido en el penal de Chonchocoro, en La Paz, Bolivia, donde al momento cumple su condena. En una entrevista, afirmó no tener remordimiento por todos sus crímenes y en una entrevista remató lo siguiente: «Cuiden a sus hijos, cuidado sean como yo»

El asesino en serie más peligroso de BOLIVIA

Brasil: El maníaco de Goiania

Pese a que inicialmente se le sindicaban 38 crímenes, ahora tiene causas abiertas por 29 asesinatos siendo ya condenado en 2016 a 20 años de prisión por el asesinato de la estudiante Ana Karla Lemes da Silva. Cortesía: Twitter

Cuando se le preguntó a Tiago Henrique Gomes Da Rocha qué lo impulsó a matar casi 39 personas este respondió: “Sentía mucha rabia. Y sabía que lo único que me podía salvar de la angustia era matar. Luego me arrepentía, pero esa rabia volvía y también la angustia”. Bajo ese precepto Tiago cometió sus fechorías entre el año 2011 y 2014 dejando como victimas homosexuales, mujeres y vagabundos.

En el año 2011 rumiaba en la cabeza de Tiago la idea de matar. Decidió dar vida a su mórbida idea y ese año mató a un vagabundo, evento que pasó lamentablemente desapercibido por las autoridades policiales. Su apetito criminal estaba muy lejos de ser satisfecho.

Entrado ya el 2014 optó por dar rinda suelta a su ansia por provocar la muerte. Sería el turno de dar triste final a mujeres. La primera que sufrió su ira fue una adolescente de 14 años que esperaba plácidamente a su abuela en una plaza pública una tarde del 18 de enero, cuando Tiago pasó en una motocicleta y disparó al tierno pecho de aquella niña. Al día siguiente, en similares circunstancias le arrebata la vida a una joven de 23 años de edad.

Así, día tras día, muerte tras muerte, Tiago Henrique Gomes Da Rocha en menos de siete meses mató un aproximado de 15 mujeres que tenían entre 14 y 29 años de edad. Todo esto ocurrió en Goiania, una ciudad a 200 Km de Brasilia.

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Se reportó una aparente tentativa de suicidio de parte de Rocha, que se provocó un corte con el vidrio de una lámpara de luz. Pero su abogado descartó que haya querido matarse realmente y sostuvo que fue una lesión «superficial». El 2 de marzo de 2016 fue condenado a 22 años de prisión, en su interrogatorio se registraron las palabras: “Aún tengo ganas de matar”.

Interrogatório Completo de Tiago Henrique Gomes da Rocha - 1° Audiência

Chile: El Psicópata de Alto Hospicio

Garavito fue acusado por vecinos de querer violar a sus parejas en varias oportunidades y por eso se marchó a Alto Hospicio. Allí adquirió el taxi donde comenzó a hacer sus fechorías. Cortesía: TVN

12 de septiembre de 1998, ciudad de Iquique, norte de Chile. Graciela Montserrat Saravia, de 17 años de edad abordó un taxi bajo un atardecer caluroso en la ciudad costera. Su conductor, Julio Pérez Silva. Tras un rato de elocuencia Julio le ofrece dinero por tener sexo. Graciela bien pudo negarse, pero aceptó. Obtuvo el dinero y quiso engañar a Julio y no retribuirle con placer su pago. En sanguinaria represalia el hombre golpea hasta matar a la joven Graciela.

Esta es la versión de un hombre relatando su primer homicidio. Y la Justicia no llegó ahí, ya que faltarían muchas víctimas más.

Bastó poco más de un año para que le tocara el fatídico turno a otra ingenua muchacha. Mientras Julio Pérez Silva conducía su auto hacía Alto Hospicio, cavilando, reteniendo en su mente la culpa y las ansias por corromper una vez más el telar de la vida, se topó lamentablemente en el camino a Macarena Sánchez de 13 años de edad. Con la vil excusa de acercarla al liceo, la niña es convencida de ingresar al auto.

Es difícil hacerse la imagen de que a tus trece años te amenacen con un cuchillo para que luego te violen. Con ese destino se enfrentó la triste Macarena. Viva aún, Julio le amarra las delicadas muñecas a la joven y no encuentra mejor modo de deshacerse de ella que arrojándola a un hoyo de minería, que comúnmente se conocen como piques, cayendo así en una vorágine de pánico y estrellarse con la muerte tras descender nada más y nada menos que 220 metros. Una muerte y un final horroroso.

A estas víctimas siguieron tantas otras hasta que en un intento de asesinato Julio Pérez Silva cometió el error de creer muerta una de sus víctimas. Esta última logro pedir ayuda y las fuerzas policiales se movilizaron y ese día 4 de octubre de 2001 el asesino es aprensado. A lánguida velocidad llegó la justicia el 26 de febrero de 2004, condenando a Julio Pérez Silva, “El Psicópata de Alto Hospicio” a cadena perpetua por el homicidio de 14 mujeres y el intento de homicidio de otras dos.

La Cacería - Las niñas de Alto Hospicio capitulo 1

Colombia: La Bestia

Según el caso que armó la Fiscalía para condenar a Garavito, este sería el mayor asesino serial y agresor de niños de la humanidad. Cortesía: Las 2 Orillas

Uno, dos, tres y cuatro palitos, y una tachadura en un pequeño cuadernito, como si se tratara de contar los días que cualquier criminal pasa en una celda. Pero esta vez se trata de una contaduría más macabra. Es el método de contabilizar sus víctimas, es el registro de los niños que ha violado, torturado, asesinado y mutilado Luis Alfredo Garavito, para alcanzar el grotesco e inmundo total de 189 niños eliminados.

8 de junio de 1996, Tunja, Colombia. Desciende el grafito del lápiz hacia el papel, traza extasiada la mano de Luis Alfredo Garavito una diminuta línea para que quede hecho así una batuta que es la pantomima de lo que alguna vez fue el niño Ronald Delgado Quintero. Aquel niño, un recuerdo y una marca en la mente insana de Garavito es sólo una añadidura más a la retahíla de cadáveres infantiles que apiló este hombre tras una carrera de sadismo y aniquilación; hecatombe que inició en 1992.

Garavito terminó siendo un criminal predecible, ya que su modus operandi era siempre el mismo. Salvaguardándose en lo que se conoce como la falacia del experto, Garavito jugaba a los disfraces. Hoy en esta ciudad era sacerdote, mañana maestro de escuela, luego, méndigo, vendedor ambulante y así un repertorio de máscaras que le permitiese abordar a cualquier cándido niño.

De esta manera recorría los pueblos, fijaba mirada y risa sardónicas en un objetivo, elegía siempre niños agraciados ni ricos ni muy pobres, se conformaba con campesinos o trabajadores. Así llevaba a aquel trágico niño a caminar usando como entretenimiento una última golosina para su pequeña boca. Garavito conducía a sus víctimas a un campo desolado, los violaba cruenta y ferozmente, los ataba y de un tajo los degollaba. Se disponía luego a mutilar el cuerpo, dispersaba sus miembros como semillas malignas. Así Garavito abandonó y cultivo un haber de 189 flores del mal.

La noche del 22 de abril de 1999, noche de obscuridad viciosa, Garavito se disponía a realizar la liturgia de muerte de otro indefenso niño. Un indigente llevado por el azar impidió la consumación del acto, salvando al niño y contribuyendo a que fuera apresada aquella sanguinaria bestia. Esto conllevó finalmente a que Luis Alfredo Garavito Cubillos fuera condenado a 835 años de prisión por la violación y muerte de 189 niños, de entre 8 y 16 años en la década de los noventa.

Documental Garavito

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