Muchos creen que los cuentos para antes de dormir sólo son exitosos si hacen dormir a los niños, pero en mi humilde opinión, un cuento que hace dormir a un niño es un cuento muy malo.

Un cuento para dormir debe ser una puerta al mundo de los sueños, debe dejar la cabecita de los más pequeños tan llena de otros mundos posibles que las pesadillas no quepan.

Los siguientes cuentos (a excepción del primero que es el único de mi autoría), son historias que quien les escribe leía cuando era pequeña. Mi mamá dejó de leerme en cuanto aprendí a leer, no porque quisiera sino porque yo quería hacerme cargo de mis propias historias. Son cuentos que mi mamá me contó un montón de veces, que luego leí y releí tantas veces que en algún momento casi los memorice, pero que con el paso de los años también los olvide. Son el testimonio de lo que recuerdo que mi mamá me contó y lo que recuerdo que leí. Sin ser la fiel reproducción de lo originales estos ahora llevan los “ingredientes” que les puso mi mamá y los que le agregué yo.


Espero sus niños los disfruten tanto como yo lo hice en su momento y sean ellos quienes en plena libertad de su pensamiento sean ahora quienes les pongan y les quiten los detalles que los hagan un cuento original y especial para ellos.

1. EL DÍA MÁS FELIZ DEL MUNDO

Para Rainier mi pequeño bebé,

que este cuento te recuerde que un día feliz

no tiene que ser perfecto para los espectadores de tu vida,

solo tiene que ser perfecto para ti.

Cuentos para dormir niños

En el día más feliz del mundo Mamá y Bebé

Se levantaron temprano e inventaron qué comer

Con pan, leche y limones, pizza, chocolate y miel,

Y les pareció rico lo que juntos cocinaron

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Porque cuando están juntos todo les sabe bien.

En el día más feliz del mundo mamá y bebé

Hicieron disfraces y sombreros de papel,

Colgaron sabanas y cobijas en la pared

y de saltar y saltar, dejaron las camas sin hacer.

En el día más feliz del mundo Mamá y bebé

Recogieron un gato y un perro que no tenían que comer,

El corazón de bebé se conmovió ante el dolor

Y el de mamá sonrió por su bondad y su amor.

Y aunque mamá no tiene dinero para Bebé y sus mascotas

Se contentó porque el siente respeto por las cosas,

Porque Bebé es feliz compartiendo lo que tiene

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Y cuidando a los demás, sean humanos o no.

En el día más feliz del mundo hizo frio y empezó a llover

Corrieron a recoger la ropa y terminaron mojados los tres:

La ropa, mamá y bebé,

Porque a mitad de camino decidieron que ese día

Mojarse, llenarse de barro y reírse iban bien.

En el día más feliz del mundo Mamá rezó

Para que el tiempo fuera lento y no veloz,

Porque bebé ya nunca sería tan pequeño como ese día…

Mañana por la mañana será un poquito más grande

Y llegará el momento en que ya no pueda alzarle.

En el día más feliz del mundo

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Bebé se quedó dormido con las manitas sucias,

Con el cabello mojado por el sudor de correr,

Con los ojitos llorosos por su rodilla raspada

Que con muchos besitos Mamá le curo a Bebé

En el día más feliz del mundo Mamá y Bebé

Se quedaron dormidos con la ropa sucia del día vivido

¿Para qué usar el tiempo en ponerse la pijama

Si pueden invertirlo en reírse en la cama?

Recuerda siempre Bebé, te lee Mamá que te ama…

2. MARINA LA BAILARINA (Cuento sobre la disciplina y la perseverancia)

Marina la Bailarina cuentos infantiles

Era muy temprano cuando Marina la tortuga salió de su casa. Aunque casi no había dormido la noche anterior por tanta emoción iba muy despierta cargando su maleta.

¿A dónde iba Marina?

¡A la escuela de danza a cumplir su sueño!

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En la escuela fue recibida por la señorita Lina, una delgada, ágil y graciosa gacela, que sería su profesora.

Marina se puso su leotard negro y ató sus zapatillas de ballet antes de ir a su salón. Ahí la esperaban sus compañeras, gatitas, liebres y ardillas. Fue mucha la sorpresa de sus compañeras cuando la vieron entrar:

-¿Quién ha visto una tortuga bailarina con lo lentas y pesadas que son?- murmuraban y se reían de Marina.

Aunque Marina se sintió triste por los comentarios de sus compañeras no dejó que le afectaran. Tomo un lugar en la barra y empezó a hacer los ejercicios con mucha disciplina y concentración.

Sin embargo, cuando la señorita Lina marcaba la quinta posición, Marina aún estaba en la primera; cuando pedía que saltaran Marina apenas caminaba; cando pedía que giraran Marina se mareaba…

Y así pasaron los días, Marina seguía intentando y sus compañeras se seguían burlando… y aunque la señorita Lina defendía a Marina las otras bailarinas hablaban a su espalda y la hacían sentir mal.

Un día al terminar la clase, Marina estaba tan desanimada que se quedó parada en medio del salón mirando el suelo mientras todas sus compañeras se iban alegres. La señorita Lina se acercó, la abrazó y le dijo:

-Querida Marina, si realmente quieres ser bailarina no te rindas, no escuches a tus compañeras y continúa practicando. Es cierto que en este momento no puedes hacerlo tan bien como ellas, es cierto que aunque practicas tanto o más que el resto de la clase aún no puedes dominar los movimientos, pero no quiere decir que no puedas lograrlo. A algunos todo se les hace fácil, otros como tu tienen que luchar para alcanzar sus sueños y en el camino aprenden a amar más lo que hacen.

Marina siguió el consejo de la profesora Lina, quien además le recomendó que practicara en casa todo lo que aprendía en clase. Todos los días Marina se levantaba y practicaba por dos horas, luego se iba a la escuela y en la tarde a clase de danza.

Pasó un año entero y por fin llegó el día del acto de fin de curso. Todas las pequeñas bailarinas debían presentar su examen en el teatro. Una a una iban pasando, mostrando sus logros y avances. Unas mostraban una técnica perfecta, otras que siempre lo hacían muy bien en clase se pusieron tan nerviosas que lo hicieron mal.

Cuando llegó el turno de Marina ella estaba consciente de que no tenía la mejor técnica, pero salió tranquila y con la confianza de que todas sus horas de practica harían que ella mostrara que aunque no era mejor que sus compañeras era mejor que ella misma cuando empezó a bailar.

Fue tanta la seguridad y alegría que mostró Marina en el escenario que todos reconocieron su esfuerzo y al terminar la aplaudieron tanto como a las demás.

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3. PUMPATAPUM (Un cuento sobre compartir y preocuparse por los demás)

Pumpatapum cuentos infantiles

El duende Pumpatapum dormía cuando llamaron a su puerta, era el cartero de las hadas que traía la invitación para el cumpleaños de su prima quien era una hada llamada Magenta. Pumpatapum se puso muy contento, se vistió con su traje más colorido y salió con destino al cumpleaños que era ese mismo día.

Caminando, caminando se encontró con el Rey Severo mejor conocido como “el enojón”, quien para variar estaba solito por ser tan amargado, sin embargo, ese día no lucía molesto sino triste. Pumpatapum le preguntó qué le pasaba, pero de tanta tristeza el rey no pudo hablar y se echó a llorar.

Sorprendido ante la reacción del rey el duende esperó paciente a que este se calmara. Ya más tranquilo le contó a Pumpatapum que lloraba porque estaba muy aburrido en su enorme castillo, porque como siempre estaba molesto ya nadie quería estar con él. Pumpatapum le dijo al rey que si quería tener amigos sólo tenía que aprender a sonreír y compartir.

Para enseñarlo a sonreír Pumpatapum le pidió al rey que liberara a los cien canarios que tenía encerrados en una jaula de oro en el jardín real, y que de tanto tiempo sin volar libres ya no cantaban. Al principio el rey dudó en hacerlo, pero decidió confiar en el consejo de su nuevo amigo que era el único que se había preocupado por él. Cuando el rey abrió la jaula los canarios salieron volando y estaban tan contentos que en vez de huir se posaron sobre las ramas de los árboles del jardín y se pusieron a cantar. Mucha gente llegó a escucharlos atraídos por sus cantos y le hicieron compañía al rey.

¡Por primera vez el rey sintió la alegría de compartir! Tan contento estaba que mando a repartir flores por todo el reino el cual se llenó de colores y del perfume de sus pétalos.

Antes de irse, Pumpatapum le regaló al rey un libro de cuentos para dormir para que siempre tuviera dulces sueños y despertara feliz, una estrella de los deseos del país de las hadas para que ayudara a cumplir los sueños de los demás y una caja de pinturas para que pintara  su reino con los colores de la alegría y la esperanza.

Pumpatapum llegó muy tarde a la fiesta, justo cuando Magenta iba a soplar las velitas, pero valió la pena porque había ayudado al rey a encontrar la felicidad. Todos comieron pastel y Pumpatapum le llevó una gran porción al rey, quien ahora es conocido como el Rey Feliz “el amigable”.

4. LAS ZAPATILLAS DE PLATA (Una historia sobre la belleza interior)

En un antiguo reino existió un jardinero que cuidaba un jardín donde crecían “rosas de oro”, extrañas flores que eran las favoritas del rey, quien las arrancara era castigado con la muerte. El jardinero tenía una hermosa hija llamada Crisálida.

Un día el jardinero llego a su casa muy angustiado y le dijo a Crisálida:

-¡Alguien robó las rosas de oro, el rey va a matarme!

Esa noche su padre fue a presentarse ante el rey y no regresó.

Al día siguiente, Crisálida preocupada por su padre se asomó a la ventana a ver si lo veía venir. Asombrada vio cómo un grupo de pequeñas hadas bajaban del cielo y cortaban las rosas de oro.

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Las zapatillas de plata cuentos para niños

Crisálida quiso detenerlas y gritó, movió sus labios pero de su boca no salió ningún sonido. Entonces alguien le habló:

-Crisálida, ¿quieres saber a dónde se llevan las hadas las rosas?

Crisálida vio asombrada a un enanito que le hablaba.

-Yo puedo ayudarte a descubrir el secreto del robo de las rosas.

El enanito le dio un par de zapatillas de plata. Crisálida se las puso y la llevaron volando hasta el palacio de la Reina de las Hadas:

-Bienvenida Crisálida –dijo la reina- Te estaba esperando. Para liberar a tu padre deberás superar una prueba. Si fracasas nunca más lo verás, si triunfas concederé tu deseo. Tu prueba es descubrir dónde se encuentra la energía vital de mi reino y para hacerlo tienes dos días. Mientras tanto serás mi invitada de honor.

Cuando Crisálida se quedó sola en su habitación apareció el enanito que le había obsequiado las zapatillas:

-¡Crisálida! Vengo a avisarte que el rey está furioso por el robo de las rosas de oro y ha dado dos días para que aparezcan. Si no aparecen castigará a tu padre con la muerte.

Crisálida rompió en llanto ante la posibilidad de perder a su papá.

-No llores Crisálida –dijo el enanito- esta noche sin que nadie te vea, busca el camino de estrellas que rodea el castillo y síguelo, te llevará a la cueva de un príncipe custodiada por su vasallo, él te contará lo que necesitas saber –y  desapareció.

Esa noche Crisálida abandonó el castillo, siguió el camino de estrellas y caminó hasta llegar a la cueva.

Ahí encontró custodiando la entrada a un hombre con un rostro horrible, pero con una mirada llena de bondad, quien le dijo:

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-Bienvenida a la cueva del príncipe Roldán. ¿Qué haces aquí?

-Vengo en busca de una respuesta para poder salvar a mi padre.

-Puedes entrar -dijo el hombre.

Crisálida entró a la cueva y siguió al hombre a través de muchos pasillos que parecían no terminar. De pronto, su camino se abrió en una amplia sala que tenía una estatua de oro en el centro, y ahí el hombre habló:

-Las hadas bajan a la Tierra cada cien años a recoger rosas de oro para regalárselas a su diosa.

Dicho esto, las zapatillas de plata brillaron y llevaron volando a Crisálida de vuelta a su habitación en el castillo.

La noche siguiente Crisálida regresó a la cueva, el hombre volvió a llevarla por los pasillos y frente a la estatua le dio una llave y dijo:

-Si encuentras el lugar que cierra esta llave encontrarás el secreto. El camino de estrellas  te llevará ahí.

Crisálida siguió el camino de estrellas hasta llegar a una puerta azul, metió la llave en la cerradura de bronce y abrió…

En una pared frente a ella decía:

“La energía vital del reino de las hadas viene de la bondad y el amor que existe dentro de cada uno de sus habitantes”

En ese momento, las zapatillas de plata llevaron a Crisálida ante la reina de las hadas.

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-Tu presencia ante mí me indica que has superado tu prueba, ahora puedo cumplir lo que desees.

-Tengo dos deseos su majestad –dijo Crisálida- el primero es que las rosas regresen al jardín del rey y el segundo es no separarme más del bondadoso guardián de la cueva.

La reina de las hadas asintió y el guardián de la cueva apareció… grande fue la sorpresa de Crisálida al verlo con un hermoso rostro…

-Soy el príncipe Roldan, me has liberado de un hechizo que me mantenía atrapado dentro de un cuerpo que no era mio, viste la bondad en mis ojos y me quisiste tal como era, ahora puedo ser yo. Gracias por liberarme.

Con un movimiento de su varita la reina de las hadas envió a Crisálida, al príncipe y las rosas de vuelta al mundo de los humanos, donde salvaron al jardinero y vivieron felices…

5. PECOSITA (un cuento sobre perseguir los sueños)

Pecosita cuento infantil

Pecosita era el nombre de una niña que tenía la cara llena de pequitas, además parecía una flor, tal vez porque había crecido entre ellas. Se la pasaba todo el día jugando en un jardín, contando las flores y sus pétalos, bailando con las mariposas y amarrando globos a los tallos de las flores.

¿Por qué amarraba Pecosita globos a las flores? Porque su más grande sueño era que las flores volaran. Ella pensaba que si las flores pudieran viajar por el aire adornarían con sus colores el cielo y su perfume llenaría todos los rincones.

Un día Pecosita se asustó cuando un caracol le habló. ¡Qué sorpresa! Nunca había escuchado a un caracol hablar. Este no era un caracol cualquiera, era especial, el último descendiente de un largo linaje de caracoles habladores y aunque le gustaba mucho hablar no le dirigía la palabra a cualquiera, pero le habló a Pecosita porque tenía algo importante que decirle.

Le contó que en un jardín vecino vivía una margarita que nunca había abierto sus pétalos porque siempre estaba triste y que tal vez Pecosita podría ayudarla.

Pecosita fue con el caracol al jardín vecino. Todas las flores se movieron con el viento para saludarla mientras pasaba, todas excepto la margarita triste, así que ella se acercó, la acarició y le preguntó qué le pasaba.

Como Pecosita tenía una conexión especial con las flores pudo escuchar en su corazón la respuesta de la margarita. La margarita quería viajar, volar con las aves, conocer otros lugares aunque eso significara abandonar el jardín, su tristeza era porque siempre estaba en el mismo lugar, y aunque el resto de las flores eran felices ahí ella era diferente, amaba el jardín, pero sus sueños la llevaban lejos de ahí.

Pecosita supo de inmediato qué hacer para ayudarla, ató un globo a su tallo y la margarita se elevó abriendo sus pétalos al cielo. Las otras flores la despidieron moviendo sus hojas y le desearon buena suerte en sus nuevas aventuras y Pecosita fue un poquito más feliz por haber ayudado a la flor.

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Ese día se cumplieron dos sueños: el sueño de la margarita de volar y el sueño de Pecosita de ver volar una flor.

6. DADO Y REGALO (un cuento sobre el autoestima)

Dado y Regalo eran dos duendes hermanitos. Regalo se llamaba así porque le encantaba dar obsequios y Dado llevaba ese nombre porque le gustaba compartir, además eran un gran equipo cuando de resolver problemas se trataba, se hacían llamar “el escuadrón solución”.

Vivían en el Reino de la Naturaleza, donde gobernaba la gran Dama Verde sobre todo lo que había en la tierra, bajo las aguas y en el cielo.

Un día se presentó ante la gran Dama Verce una habitante del cielo: Lluvia.

Lluvia llegó vestida con un traje de nubes grises y estaba muy enojada, le reclamaba a la Dama Verde por darle un único e inservible don: el don de mojar a todos. Lluvia se ponía triste porque cada vez que aparecía todos se mojaban y salían corriendo huyendo de ella, como si fuera fea, inútil y no tuviera nada que dar o compartir.

Doña Naturaleza le explicó a Lluvia que el problema no era el don que tenía y que nada malo había en ella, el problema estaba en cómo ella se veía a sí misma. Para mejorar la opinión que Lluvia tenía de sí misma la gran Dama Verde necesitaba ayuda y pensó:

-Este es un trabajo para el Escuadrón Solución.

Cuando Dado y Regalo supieron que debían ayudar lo primero que hicieron fue buscar un espejo y pedirle a Lluvia que se mirara en él. Mientras se observaba, los pequeños duendes le hicieron notar a Lluvia que las gotitas de agua que la cubrían reflejaban la luz como pequeños diamantes y la hacían brillar con luz propia. La Lluvia pensó:

-Tal vez sea cierto, tal vez no me veo tan mal…

Y la Lluvia dejó de pensar que era fea.

Dado y regalo cuento infantil

Después Dado y Regalo se montaron en una nube para mostrarle desde el cielo a la Lluvia que muchos esperaban con alegría su llegada: las plantas para crecer, los agricultores para que alimentara sus cosechas y la tierra para refrescarse.

Y la Lluvia se dio cuenta que era útil.

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La Lluvia comenzaba a sentirse bien consigo misma pero aún había algo que la hacía sentirse triste y es que sentía que no tenía nada para regalar como Regalo, o para compartir como Dado.

Como Dado era un experto en compartir, le pidió a diferentes seres que compartieran sus colores: rojo a las rosas, naranja al atardecer, amarillo al sol, verde a las plantas, azul al agua y violeta a las uvas, y con estos colores le pintó un arcoíris a Lluvia.

Como Regalo era experto en regalar, le obsequió a las gotitas que vestían a Lluvia, clases de canto con el Sr. Violín y desde ese día, cuando llueve las gotitas cantan y los paraguas se alegran cuando la música “les cae encima”.

Y la lluvia se dio cuenta que tenía mucho para dar y compartir.

Ahora Lluvia se siente hermosa aunque se vista de gris, se siente útil aunque muchos huyan de ella, y se siente agradecida de regalar agua fresca y compartir la belleza de sus arcoíris.

Y cumplida su misión, Dado y Regalo se fueron a otro reino a ayudar a alguien más.

7. LOLA LA CONEJA COMELONA (un cuento sobre decir la verdad)

Lola era una conejita muy comelona. Le gustaba el pastel de zanahoria, los muffins de zanahoria, la merengada de flores con zanahoria, los caramelos de naranja con zanahoria y las gomitas de zanahoria.

Un día la mamá de Lola hizo un pastel de zanahoria para su abuelita que estaba muy enferma y le pidió que se lo llevara a su casa en el otro lado del bosque.

-Solo recuerda Lola dos cosas: no te salgas del camino y no te comas el pastel.

Lola le prometió a su mamá recordar lo que le había dicho y se fue muy contenta a casa de su abuelita.

Pero ya en el bosque Lola decidió no cumplir con lo que había prometido cuando vio no muy lejos del camino un río correr y peces de colores nadar en sus aguas. Quiso Lola ver de cerca los peces y se salió del camino sin dudarlo, además no había nadie cerca que la viera.

Lola la coneja comelona cuentos para dormir

Empezó a caminar río abajo siguiendo el caprichoso movimiento del agua e intentando contar los pececitos. Pero de tanto caminar y saltar entre las piedras le dio hambre, así que se comió unas migas de pastel que se habían desprendido y estaban en el borde del plato. Las migas estaban tan dulces y suaves que Lola pensó que darle un mordisquito al pastel no le haría daño a nadie y de seguro su abuelita ni siquiera lo notaría. Después del primer bocado, vino otro y luego otro, hasta que sin darse cuenta se había comido todo el pastel.

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Temerosa ante el castigo que seguro le pondría su mamá Lola regresó a su casa e inventó una mentira- Le dijo a su mamá que camino a casa de su abuelita los pececitos la habían engañado fingiendo necesitar ayuda para que se saliera del camino y estando en la orilla del rio la salpicaron con agua para hacerla tropezar, y así el pastel se había caído a las aguas y se lo habían comido todo los bribones pececitos.

La mamá de Lola se sintió muy ofendida ante el engaño de los pececitos y decidió ella misma ir hasta el rio para reprenderlos. Para sorpresa de Lola, cuando llegaron, los pececitos que habían visto venir a lo lejos a la enojada mamá habían escrito con las piedrecillas del lecho MENTIROSA.

Lola no aguantó el llanto ante el descubrimiento de su mentira y le dijo a su mamá toda la verdad. La mamá de Lola le dijo que la perdonaría siempre y cuando se disculpara con los pececitos y con su abuelita. Además, para compensar su falta, Lola preparó tres pasteles: uno para su mamá, otro para su abuelita y otro para los peces, y así se sintió mejor.

Lola no volvió a decir mentiras porque sabe que las mentiras se descubren y no es justo culpar a los demás por sus errores, y aunque sigue siendo comelona ya no necesita comerse los pasteles de los demás porque aprendió a prepararlos para ella misma.

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