Aladino y la lampara

El cuento de Aladino y la Lámpara maravillosa pertenece a la recopilación de historias de Las mil y una noches, aunque la versión que más conocemos en occidente es la adaptación cinematográfica de Disney. Esta es una historia de pobreza y riqueza con altibajos.

En este articulo te mostramos la versión corta de la historia.

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Érase una vez un joven llamado Aladino que vivía en el lejano Oriente con su madre en una casa muy sencilla y humilde. Tenían solamente lo justo para vivir, así que Aladino salía a las calles diariamente en búsqueda algún alimento.

Mientras Aladino paseaba por las calles se encontró con un hombre extranjero que lo llamó por su nombre.

– ¿Tú eres Aladino, el hijo del sastre, verdad?

– Sí, y es cierto que mi padre era sastre, ¿Quién es usted?

– ¡Soy tu tío! Pero no me reconoces de tantos años que no vengo por aquí… Veo que llevas ropas muy viejas y me apena verte tan flaco. Supongo que no tienen mucho dinero…

Aladino bajó la cabeza avergonzado porque parecía un mendigo y estaba muy delgado.

– Yo te puedo ayudar, pero a cambio necesito que me hagas un favor. Ven conmigo y si haces lo que yo te diga, te daré una moneda de plata.

Aladino se sorprendió de la oferta pero aun así lo acompañó hasta un bosque donde se encontraba una cueva escondida.

El hombre le dijo:

-Aladino, entra tú por la pequeña cueva y tráeme la lámpara de aceite que está dentro. Pero no toques más nada que la lámpara.

Aladino dijo que sí y entró por la cueva. Comenzó a descender por un estrecho pasillo que conducía a un salón de piedra. En ese salón estaba la lámpara de aceite pero también habían hermosas joyas, así que no pudo evitar agarrar monedas de oro y un anillo que había llamado su atención.

Volvió hacia la entrada y al asomar la cabeza,  el hombre le dijo:

Aladino y la lámpara magica

-Dame la lámpara primero y te dejaré salir.

Como Aladino desconfió de lo que sucedía no le entregó la lámpara y el hombre enfurecido tapó la entrada de la cueva con una gran piedra. Mientras Aladino recorría la cueva asustado acarició el anillo que tenía en el dedo ¡y de él salió un genio!

– ¿Qué deseas, mi amo? Pídeme lo que quieras que te lo concederé.

El pobre Aladino con lágrimas en sus ojos y asustado le dijo:

-Quiero volver a mi hogar.

Inmediatamente apareció en su hogar. Su madre le dio un gran abrazo y él aun asustado le contó todo lo sucedido. Estando más tranquilo se sentó a limpiar la lámpara de aceite y al frotarla apareció otro genio.

– Estoy aquí para concederle un deseo, señor.

Aladino estaba muy sorprendido. Dos genios en un mismo día era una gran impresión así que el muchacho le pidió un deseo.

– ¡Estamos deseando comer! ¿Qué tal alguna comida deliciosa para saciar toda el hambre acumulada durante años?

Al momento la casa se llenó de comida y manjares, y a partir de entonces con ayuda del genio jamás volvió a faltarles nada en su hogar.

Pero un día cuando Aladino estaba paseando por las calles vio a una hermosa muchacha pasear sobre una litera y se enamoró de ella de inmediato. Era la hija del Sultán. Aladino corrió a su casa en búsqueda del genio y le pidió que le diera muchas riquezas para poder presentarse ante el sultán y casarse con la princesa Halima.

El sultán accedió que Aladino y la princesa Halima se casaran y vivieran felices por unos años. Hasta que un día Halima vio la vieja lámpara de aceite, como no servía se la vendió a un trapero de cachivaches viejos. Resultó entonces que aquel trapero era el hombre malo que engañó a Aladino.

Aquel hombre malvado por venganza le pidió al genio que todo lo que poseía Aladino incluido su hogar y su esposa fuesen trasladados a tierras lejanas.

Cuando Aladino iba a regresar a su hogar se dio cuenta que su casa no se encontraba, y Aladino se puso a llorar desesperadamente. Pero Aladino recordó que llevaba el anillo del genio puesto aun en el dedo. El joven le pidió al genio del anillo recuperar de nuevo su hogar, pero el genio no era tan poderoso como el de la lámpara.

Sin embargo el genio del anillo le dijo:
– Mi amo, es imposible concederte esa petición, pero sí puedo llevarte hasta donde está tu esposa.

Aladino aceptó e inmediato se encontró en el sitio donde estaba su esposa Halima. Pero para volver debían encontrar la lámpara mágica. Como deseo le pidieron al genio del anillo una pócima para dormir al malvado anciano, y Halima lo vertió en su vino. Así el anciano dormiría por cien años.

Así Halima y Aladin recuperaron la lámpara y volvieron felices a su hogar.

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