Alicia en el País de las Maravillas: Conoce esta obra

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Una de las páginas del manuscrito de Alice in Wonderland, que el escritor presentó a Alice Liddell en 1864. Se conserva en la Biblioteca Británica. Cortesía: Wikimedia Commons

Alicia en el país de las maravillas es una de las obras literarias más emblemáticas de todos los tiempos y ha impregnado el imaginario de grandes y pequeños durante generaciones, pero no es sólo un relato infantil, sino una obra de alta complejidad donde convergen factores literarios, científicos y sociales que poco se han advertido y que tal vez tú desconozcas.

La imagen de esa niña rubia llamada Alicia cayendo a través del agujero del conejo, la intrigante sonrisa de un Gato de Cheshire, o el despótico afán decapitador de una reina y hasta la envolvente singularidad de una frase como “feliz no cumpleaños”, son improntas de la obra literaria más trascendental del último siglo y medio en la industria cultural y del entretenimiento, genéricamente conocida como Alicia en el País de las Maravillas.


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La obra de Lewis Carroll, es una magistral pieza literaria que, aunque bien se adapta dentro del ámbito de la literatura infantil, sobrepasa las expectativas de los más rigurosos análisis literarios, y aún más, su contenido abre el abanico hacia la comprensión de características personales de su autor y del contexto social, político y científico en que se desenvolvió.

Carroll, el brillante pero misterioso creador

Tenido a la posteridad como un extraño e introvertido escritor, Lewis Carroll sigue manifestando en la inmortalidad de su obra, una capacidad extraordinaria para transgredir el mundo de la literatura infantil y obligarnos a sobrepasar los límites de la racionalidad.

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Lewis Carroll limpiando la lente de su cámara. Fotografía de Oscar Gustav Rejlander. Cortesía: Wikimedia Commons

Proveniente de una familia con una amplia tradición militar y religiosa en Daresbury (Cheshire, Inglaterra), Charles Dodgson (1832-1898) –mejor conocido por su pseudónimo “Lewis Carroll”- fue un diácono anglicano y profesor de Oxford con un peculiar sentido del trabajo pero con un apasionante interés por la lógica matemática, la fotografía, la literatura y las humanidades.

Esa misma lógica que se debatía entre Charles Dodgson y Lewis Carroll, es la que se refleja en la vida de un catedrático y religioso anglicano y por otro lado un brillante y fantasioso escritor de aventuras infantiles, visto esto de igual modo en su obra, donde se funden la fría lógica de las matemáticas y la capacidad de imaginar mundos y seres imposibles que transgreden esa misma racionalidad lógica.

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Una de las páginas del manuscrito de Alice in Wonderland, que el escritor presentó a Alice Liddell en 1864. Se conserva en la Biblioteca Británica. Cortesía: Wikimedia Commons

Su pasión por una de las innovaciones de la época en que le tocó vivir, le convirtió en uno de los pioneros de la fotografía, resultando a la postre altamente polémico por sus trabajos en los que gustaba de fotografiar niñas, en especial desnudas; no obstante se sugiere que esta práctica de fotografiar niñas desnudas no era visto en su tiempo como algo reprobable, pero es un asunto que no deja de generar controversias hasta el punto de endilgarle a Carroll cierta inclinación a la pedofilia. Así lo reflejó precisamente en 2015 un reportaje documental de la BBC de Londres titulado “El mundo secreto de Lewis Carroll”.

Alice, la controvertida inspiradora

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Alice, disfrazada de mendiga. Fotografía de Charles Dodgson, nombre real de Lewis Carroll (1858). Cortesía: Wikimedia Commons

Contribuye aún más con el llamado “mito de Carroll”, el hecho de que, como él mismo Dodgson lo narrara en su diario, la obra tuviese una especial vinculación con Alice Liddell, una niña de diez años hacia la cual sentía un especial afecto y a la que regaló una edición especial de su obra Las Aventuras de Alicia en el País de las maravillas en la navidad de 1864 –una año antes de su publicación- en cuya dedicatoria expresaba: “Un regalo de Navidad para una querida niña en recuerdo de un día de verano”.


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Ciertamente en su diario, apuntaba que en el verano de 1862 acompañado por el reverendo Robinson Duckworth había navegado en un paseo de bote por el río Támesis junto a la compañía de Alice Liddell y sus dos hermanas; las tres niñas eran hijas de Henry George Liddel decano de la dependencia universitaria de Oxford donde Dodgson era profesor. En el trayecto, pidió a Dodgson que le narrara una historia y éste en su desbordante imaginación construyó una en la que el personaje principal era una niña llamada Alicia que caía por el agujero de un conejo; al concluir el viaje, Alice, fascinada por la historia, la pidió a su autor en un manuscrito que él mismo trabajó en los años subsiguientes.

Esta especial vinculación afectiva hacia Alice, es lo que ha contribuido a las más diversas especulaciones respecto al enigmático autor, a lo que se suman las sesiones fotográficas en las que Alice y sus hermanas fungían como modelos disfrazadas de las más diversas facetas.

Alicia en el país de las maravillas: dos libros una obra

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Alicia. Ilustración de J. Tenniel. Cortesía: Wikimedia Commons

Cuando nos referimos a Alicia en el país de las maravillas generalmente se toma como una sola pieza literaria, lo cual es comprensible dado que fue precisamente de ese modo como se nos presentó en nuestro imaginario cultural a partir de la película homónima en versión animada de Walt Disney en 1951. Pero, realmente esta maravillosa obra consta de dos partes bien diferencias en torno a las cuales, desde los más diversos ámbitos del arte, se han visto de algún modo fusionadas.

 Entonces esta obra se presentó en un primer libro que vio la luz en 1865 titulado Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas y a la distancia de seis años, Carroll presentaría la secuela titulada A través del espejo y lo que Alicia encontró allí.


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Tras la aceptación que tuvo su primer manuscrito en 1864, con ilustraciones hechas a mano por el mismo Carrolll, el autor decidió pulir su obra y publicarla en 1865 de manera más formal y esta vez de la mano de uno de los ilustradores ingleses más reconocidos de su época John Tenniel, quien le dio vida a la obra de 1865 y a la de 1871 a través de sus icónicas imágenes. Posteriormente, en 1890, Lewis Carroll lanzaría una nueva publicación titulada Alicia para los pequeños una edición creada, según el mismo Carroll, para niños de cero a cinco años, con ilustraciones de las ediciones originales pero esta vez agradadas y coloreadas.

Alicia a través del espejo
Alicia pasando a través del espejo. Ilustración de J. Tenniel. Cortesía: Wikimedia Commons

El sentido de Alicia en el país de las maravillas en su contexto:  

Constreñir la obra de Carroll a las reproducciones o adaptaciones posteriores que se han hecho de ella, es limitarla, como ya se ha dicho, hasta el punto de considerarla como una sola pieza. Esto, de algún modo de resta buena parte de su propia riqueza. Pero resultaría igualmente reduccionista considerar esta obra como simple y llana literatura infantil, sin considerar todos los aspectos que subyacen en esta que es una de las narraciones más fascinantes de todos los tiempos.

Para las mentes más conservadoras costaría trabajo incluso desprenderse del prejuicio que empaña el sentido y el origen del trabajo de Carroll vinculado a la controvertida imagen de Alice Liddell, arrebatando toda la genialidad literaria con la cual este autor se plantó de manera subversiva a develar el absurdo en la sociedad desde la que escribió.

  • Locura vs. Razón

Zambullirnos en las páginas de Carroll es identificar una crítica sutil y contundente hacia el modelo epistémico y científico que se imponía en su época, signado por la racionalidad cientificista del positivismo: nada que no se pudiera observar, medir y cuantificar, simplemente no existía.


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Esta premisa reinaba en todos los aspectos de la vida de una buena parte de la sociedad occidental y sobretodo en Inglaterra, uno de los epicentros de la segunda Revolución Industrial. La lógica racional cercenaba entonces cualquier tipo de creencia o manifestación humana o sobrehumana que no pasara por el tamiz de la ciencia, de modo que el paisaje onírico y ficticio, casi delirante que presentaba Carroll venía a subvertir la lógica desde la misma lógica proposicional de la obra.

El sombrerero loco, personaje icónico de la obra. Por J. Tenniel. Cortesía: Wikimedia Commons

Ese paisaje literario que se mueve entre la ficción y la realidad, es el mismo paisaje con el que se estructuran los sueños, la locura y los estados mentales inducidos por el uso de narcóticos. De un tiro, Carroll venía a contraponer a la lógica racional positivista, un juego de realidades signado por la locura: la antítesis de la razón. En una sociedad donde las pautas de comportamiento estaban perfectamente calculadas y racionalizadas, esto se anteponía como un desafío a la lógica.

  • Alicia anti-victoriana

Sin embargo, la rigidez moral y disciplinaria de esa sociedad de la llamada Época Victoriana (1837-1901), había sucumbido a válvulas de escape social como el uso de narcóticos derivados del opio asiático, principal producto de importación ingles con el cual La Compañía de las Indias Orientales había hecho fortunas y había establecido su dominio colonial en India y China.

De modo que, incluso como una norma social, la adicción al opio se había regularizado y adaptado hasta el punto de que la misma reina Victoria –tenida como el modelo ingles por excelencia-  lo consumía de forma discreta. No es de extrañar entonces que la mente de Alicia, fuese por ser un sueño o por efectos de la demencia, venía a reflejar esa discreta pero aceptada distorsión de las normas sociales en los estados mentales provocados por el opio.


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Alicia, o más bien, el mundo de Alicia contraviene casi todos los valores de la sociedad victoriana, pero uno de ellos, y de los más importantes, es precisamente el del tiempo. El tiempo como orden establecido, la puntualidad como norma y acuerdo social. En reiteradas oportunidades L. Carroll deja ver una profunda reflexión acerca de la verdadera naturaleza del tiempo, que de algún modo precedía las teorías de la física vinculadas a su carácter relativo.

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Poster para el film Alicia en el país de las maravillas de 2010 dirigida por Tim Burton. Cortesía: Flickr

Otro, de los muchos factores que preñan de profundidad la obra de L. Carroll, es precisamente su aparente incomodidad –expresada a través de Alicia- con el despotismo del poder monárquico y el retrato de una aristocracia holgazana que rodeaba a esa monarquía en un juego sin sentido de formalidades y condescendencias. Esto queda en abierta evidencia en el personaje de la Reina Roja y los cortesanos que le acompañaban en sus juegos de croquet en los jardines del palacio.

Finalmente… Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas y su regreso A través del espejo y lo que Alicia encontró allí, parecen no agotarse ante los múltiples análisis, interpretaciones, adaptaciones y hasta posiciones encontradas y polémicas entorno a su autor y al origen de esta obra sin parangón. Leer a Carroll exige mucho más que imaginación, que ya de por sí exige bastante de ello, sino además un lente observador y una mente muy abierta pocas veces requerida por autor alguno a sus lectores y a través de tantas generaciones para comprender los ángeles y demonios del individuo que escribía y la sociedad desde la cual escribió.

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