Las guerras son manchas oscuras dentro de la historia del hombre, ya que al ser conflictos que dejan cientos de miles de fallecidos por razones ilógicas o bien, despreciables, que resignan, a su vez, miles de lágrimas derramadas por los familiares, amigos y conocidos de los que padecieron bajo una lluvia de metal, plomo y muerte. Del mismo modo, dentro de estos acontecimientos lamentables, hay anécdotas que hacen revolucionar la mente de muchas personas, historias de salvamentos increíbles y batallas épicas, pero a pesar de que esos relatos son interesantes, no hay mejores historias que las verídicas, y por eso, a continuación les traemos la historia de una persona que sobrevivió a la última etapa de la guerra siendo aún un joven de diecinueve años de edad, una persona extraordinaria de gran valentía e inteligencia que llevó a salvo a nueve hombres desde Berlín hasta Italia en pleno año 1945, y además, se ganó el respeto de muchos gracias a sus grandes fortalezas.
 

“La historia de mi abuelo”

Todo comenzó hace mucho tiempo…

 

Nunca llegué a conocerlo muy bien, tampoco pasaba mucho tiempo a su lado, pero, ¡sí que tengo su cara grabada en mi memoria como si fuera una alegre fotografía! Mi abuelo fue ese carismático personaje que en mi infancia, me recibía con un fuerte abrazo al arribar en su casa, siempre dejaba chocolates en mis bolsillos sin darme cuenta y me miraba con ojos amorosos cuando le profesaba cuanto lo quería. Sin embargo, nunca imaginé que historias tan increíbles se escondieran detrás de ese hombre de bigote blanco y espeso, hasta que un día, mi padre contó con lujo de detalles todas las proezas que tuvo que realizar para lograr sobrevivir en una época, en la que un joven con sueños e ilusiones veinteañeras, sería fusilado si no se enlistaba para servir a su ejército y a su nación.

-Palabras de la nieta de Beniamino Stea.

Orígenes 

 

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Pueblo de Montrone. Fuente: pinterest.

 

Beniamino Stea nació en el año de 1925 en Montrone, una provincia de la ciudad de Bari en la región de la Puglia, en un pueblo que se encuentra al sur de Italia, pesaba seis kilos. Una anécdota interesante es que ese día, la partera había perdido las esperanzas, ya que el niño había nacido mudo y sin vida, intentaron un sinfín de trucos médicos para revivirlo, pero les fue inútil, perdieron las esperanzas en segundos y llamaron al padre del niño para que se despidiera de él, sin siquiera conocerlo. En ese momento, el hombre tomó a la criatura entre sus enormes manos y comenzó a dar pequeños golpes en su espalda, hasta que, de un momento a otro, de la boca del bebé comenzó a salir un líquido viscoso, que tuvo como resultado el llanto triunfal de vida. Todos celebraron pues, que el hijo menor de la familia Stea estaba vivo y crecería para ser un gran hombre.

Siete años después, llegó una visita desde una ciudad del norte, llamada Mandello, cerca de Milán, que venía a realizar una petición incómoda. El tío de Beniamino no podía concebir a una descendencia, pues su esposa era estéril, por lo tanto, visitó a su hermano en Montrone con el fin de rogarle que le diera a un hijo para criarlo y quererlo como si fuera propio, ya que él no conseguía que su esposa quedara en cinta y su hermano contaba con cinco varones y dos niñas saludables.

A esa petición, el padre de Beniamino lo dio como forma de aceptación, pero con una condición: que lo tratara y criara con la idea que iría a ese pueblo para estudiar, pero que no le daba permiso para que fuera llamado hijo, sino que seguiría siendo su sobrino, con la única diferencia de vivir bajo el mismo techo.

El tío de Beniamino aceptó estas demandas y llevó al joven infante hasta Mandello, donde viviría y estudiaría como uno más de la familia, recordando siempre que su padre estaba en el sur, y que algún día lo volvería a ver.

Estudios antes de la guerra

 

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Una parte de Mandello actualmente. Fuente: tripadvisor.

 

No se sabe con certeza cómo era el sistema educativo en el norte de Italia para esas fechas, aunque se rumoraba que Beniamino Stea se graduó de contador, cuando apenas contaba con trece años de edad, y posteriormente, cuando tuvo quince, sacó el título de geómetra. Se dice que el coeficiente intelectual del joven era tan elevado y su destreza era tanta, que muchos lugares quisieron contratarlo, pero no pudieron pues este ni siquiera había dejado de usar sus pantalones cortos (típicos en los infantes y adolescentes en aquella época).

Sin embargo, a los diecisiete años de edad, fue cuando por fin tenía la edad suficiente para trabajar, la guerra estaba en su apogeo y era obligatorio que todos los jóvenes italianos se unieran al ejército para luchar y tal vez, morir por su nación. Si los mismos no se unían a dicha labor, eran fusilados con la excusa de ser traidores a su nación, por lo tanto, Beniamino huyó a Suiza con ayuda de su tío, con la esperanza de no sufrir una posible muerte o una muerte segura.

Esperanzas perdidas

 

Cruzaron los Alpes a pie para poder llegar a su destino, pero cuando por fin llegaron a la frontera Suiza, les prohibieron la entrada, porque a pesar de que Suiza era un país neutral durante la segunda guerra mundial, no estaba recibiendo personas que pertenecieran a países en conflicto, ya que sería contradictorio para su posición. Por lo tanto, Beniamino tuvo que emprender su viaje de regreso junto con muchos jóvenes que iban a refugiarse detrás de las fronteras de otra nación.

Al llegar a Italia, los soldados del régimen fascista los atraparon y reclutaron para que comenzaran su carrera. En ese momento, Beniamino contaba con dieciocho años de edad, y entró por las puertas del campamento de guerra con un frío en el corazón y un mal sabor de boca.

 

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Fuente: guerratotal.

El ejército 

 

Cuando Beniamino Stea fue obligado a enlistarse en el ejército italiano, comenzó su carrera como cualquier joven, con el rango de soldado raso, tenían día a día entrenamientos brutales que iban más allá del razonamiento físico, pues el país se encontraba en guerra y necesitaban desesperadamente a soldados de élite. Con la preparación física y mental de Beniamino, no le fue difícil llegar a tener el honor de ser un sargento del ejército italiano con un pelotón de diez hombres a su mando, entre los cuales figuraban francotiradores que, según el mismo señor Stea:

“Podía darle al centro de una moneda a mil metros de distancia, sin problemas”.

Luego de su año de entrenamiento, le dieron la noticia de que debía ir a Berlín (Alemania), para luchar al lado del ejército de esa nación en contra de sus enemigos en común. Cuando llegó a su destino, entrenó junto con los hombres pertenecientes a la SS alemana, y pensó que sus hombres junto con los demás honorables que venían con él, estaban a ese nivel o incluso, a un rango mayor de entrenamiento que los mismísimos soldados alemanes.

El bombardeo en Berlín

 

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Bombardeo de Berlín (1945). Fuente: commons.wikimedia.

 

Un día, luego de haber pasado un tiempo lleno de batallas y enfrentamientos, Beniamino y sus hombres fueron a la barbería para recortar sus barbas, como medio de descanso, pero cuando era el turno del último, este decidió no hacerlo y decidió no cortarse la barba hasta que terminara la guerra. Dicho esto, los diez hombres salieron a la calle y cuando se encontraban a dos cuadras del establecimiento, las alarmas que anunciaban los bombardeos empezaron a entonar sus lúgubres alertas. La lluvia de bombas comenzó a resonar en los edificios, calles y casas de todo Berlín, dejando destruida la barbería que momentos antes habían disfrutado Beniamino junto a sus nueve compañeros que, según lo sucedido, vivieron para contar esta misma historia.

Cuando las bombas pararon, Beniamino comenzó a escuchar pedidos de auxilio en su lengua natal “¡Aiuta, aiuta!” se escuchaba en la lejanía. Siguiendo el sonido de la diminuta voz, el señor Stea fue a socorrer a una de las víctimas que quedaban, pero cuando llegó al lugar de los escombros, encontró a una monja en el sótano de un convento, sollozando pues tenía una enorme viga aplastando la mitad de su cuerpo. Esta le pedía desesperadamente que le ayudara, pero el objeto pesaba demasiado y a Beniamino no le quedó más que sentarse a su lado, tomarla de la mano y esperar con lágrimas en los ojos a que la muerte viniera por ella.

La segunda huida

 

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Fuente: reuters (Blog).

 

Cuando la guerra hubo acabado, los hombres que quedaban del ejército al cual pertenecía Beniamino, emprendieron un viaje largo a pie desde Berlín hasta su tierra natal, Italia. Fue una travesía larga llena de historias increíbles, pero por fin, llegaron a Mandello, donde su tío lo recibió y festejaron la vida como nunca antes, pues el sobrino que había considerado su hijo estaba vivo.

En ese momento, Beniamino se enteró de que en el ático, su tío había albergado a una familia judía, y que gracias a ese escondite peligroso, habían logrado sobrevivir. Luego de unas semanas, era obvio que el ansia de ver de nuevo a sus verdaderos padres carcomía los sentimientos de Beniamino, pero su tío le pidió encarecidamente que esperara un tiempo más, debido a que la guerra había terminado, pero su legado como sargento seguía vigente y eso era muy peligroso por el momento.

Sin embargo, sus ansias fueron apaciguadas dado que su hermano mayor, Franco Stea fue, preocupado, para ver si su amado hermano seguía con vida. La sorpresa le invadió al verlo después de tanto tiempo, y mientras lo abrazaba, le indicó que estaba ahí para llevárselo de nuevo a Montrone, donde lo esperaba toda la familia.

Emprendieron otro viaje atravesando Italia, por donde vieron parajes destruidos y casas hechas ruinas, pero a pesar de todo y los contratiempos, llegaron a casa nuevamente.


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Conclusión

 

Es de suponer que la llegada de Beniamino fue motivo de celebración por bastante tiempo en la casa de los Stea en Montrone, donde su familia lo recibió y pudo por fin disfrutar de personas de las cuales solo conservaba recuerdos. Después de varios años, Beniamino aprendió la lengua española con el fin de emigrar a un país nuevo, en donde las ruinas de la guerra no acosaran las calles y los recuerdos se volvieran invisibles. Legó a Latinoamérica (Venezuela), donde en el puerto de la Guaira lo recibieron italianos con mucho cariño y una habitación para él. Luego de un tiempo bastante largo, Beniamino Stea encontró el amor y tuvo tres hijos hermosos, a los cuales les contaba esta misma anécdota real de la segunda guerra mundial, que ahora solo pueden añorarse a ser escuchadas, pero el recuerdo de un hombre que logró una infinidad de hazañas admirables, sigue siendo vigente en muchas mentes que tuvieron el honor de conocerlo y poder llamarlo “un gran compañero”.

Una anécdota real de la 2da guerra mundial
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