Pensar en María es pensar en la maternidad. ¡Qué bellas son nuestras madres! ¡Qué sería de nuestra vida sin ellas! María es madre de Jesús, nuestro Señor, el Hijo de Dios. Por eso ella es considerada por el Iglesia como Madre de Dios. Y a la vez madre nuestra ¡Qué hermosa noticia! Jesús clavado en la cruz y agonizando vio a los pies del madero a María, su mamá, llorosa y con el corazón atravesado por el dolor. Y dijo Jesús a Juan el discípulo, aquel que representa a toda la humanidad  “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,27)

Dios te salve, María, 
llena eres de gracia;
el Señor es contigo.
Bendita Tú eres 
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. 
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.

AMÉN
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El Saludo del Ángel Gabriel

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Una quinceañera pobre y humilde de Nazaret una mañana escuchó  desde el umbral de su ventana unas palabras celestiales e impactantes:

Ave María Gratia Plena, que hemos traducido por Dios te salve María, llena eres de gracia.

Palabras que marcaron el corazón de aquella mujer. Ese es el origen de la oración más hermosa que dirigimos a la Madre de Dios. Ave María o Dios te salve María es un saludo de parte del cielo. Cuando oramos a la Virgen la saludamos con las mismas palabras del ángel y le recordamos una y otra vez que ella está llena de Dios, que es santa, inmaculada, hermosa, digna de amor y de respeto. Es la madre, es la reina de la casa.

La mujer más dichosa del Universo

Que hijo no desea lo mejor para su madre. Todo para ella. De su amor y de su cuidado hemos venido a este mundo. Las madres son el misterio de amor más grande que pueda existir. ¡Cómo no va a ser dichosa aquella mujer que tuvo en su vientre, arrulló y acarició entre sus brazos al Hijo de Dios, a Jesús de Nazaret! Sin duda Dios ha estado con María desde que ella fue creada. Dios adornó a esta mujer de todos los dones y cualidades que el ser humano puede llegar a tener. María es bendita entre todas las mujeres, es la mujer y la madre más dichosa y más pura. Y la tenemos ahí, a nuestro alcance, es nuestra madre espiritual.

Estas palabras salieron de los labios de Isabel, la prima de María. Cuando la Virgen va a visitar a su prima y se encuentran, Isabel exclama:

Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre

(LC 1,42)
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María es Madre de la Iglesia

Ante las palabras bíblicas que componen la primera parte del Avemaría la Iglesia responde y se hace presente diciendo:

Santa María, madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte”

La conclusión del avemaría es una petición confiada de la Iglesia, que se siente pecadora y débil, necesitada de una madre solícita que interceda por nosotros en el momento final de nuestra vida, Ella estará ahí sin duda.

Avemaría: Oración Bíblica

Como estamos descubriendo la oración del avemaría no ha sido un invento piadoso ni es una elaboración eclesial sino es un eco profundo y maravilloso de los Evangelios, de la Palabra de Dios. Es una síntesis entre las palabras del ángel Gabriel y del saludo de Isabel. Por eso al elevar esta oración a la Virgen, ella se complace y siente feliz al recordar las maravillas que Dios ha obrado en ella. Por esta razón la Iglesia guarda esta oración como un tesoro y la repite tantas veces pueda.  El Rosario es la oración preferida de la Virgen y la más poderosa porque se compone de un rosal de 50 avemarías que le regalamos a la madre del cielo.

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