La realidad del alma va mucho más allá de los seres humanos. La historia real de Balto nos habla sobre el compromiso y esfuerzo de un perro lobo que se convirtió en héroe.

Balto era un perro mestizo de Husky Siberiano que nació en 1919 en Nome, Alaska. La raza originaria de Rusia se importó a Estados Unidos con el fin de usarla en el mushing (perros que tiran de los trineos), puesto que eran en peso y resistencia más capaces para la tarea que los Malamute de Alaska.

En aquellos momentos la carrera de mushing All-Alaska Sweepstakes, llevada a cabo desde Nome hasta Candle, era muy popular. Comprendía un recorrido de 657 kilómetros, sin incluir el regreso. Lo que nadie se esperaba era que este evento pronto sería utilizado para evitar una tragedia.

Epidemia en Nome

El día 22 de enero de 1925 se declaró una cruel epidemia de difteria en el pueblo de Nome. Las reservas de la antitoxina contra esta enfermedad se agotaron rápidamente y, sin ella, grandes cantidades de personas, entre ellos muchos niños, no conseguirían sobrevivir.

Participantes del “Serum run”, 1925. Nome, Alaska.
Fuente: myhero

Las reservas suficientes más cercanas para poder salvar al pueblo se encontraban a 1609 kilómetros de distancia, en Anchorage. Como si esto no fuera suficiente, la situación era aún más complicada, pues se encontraban en medio de una fuerte temporada de frío, hielo y nieve, los cuales habían bloqueado las vías principales de transportación.

En busca de soluciones, se decidió transportar la carga con la antitoxina hacia Nenana en ferrocarril. Desde Nenana hasta Nome debía ser transportada por trineo. Sin embargo, la situación climática y la gran distancia por recorrer, obligaban a hacer relevos para llevar a cabo tan peligrosa tarea.

Un total de 100 perros de carreras y sus 20 mushers participaron en una carrera contra reloj para salvar la vida de los enfermos de Nome. El 2 de Febrero de 1925 a las 5:30 am, llega a Nome Gunnar Kaasen y su equipo de perros, encabezado por Balto, con el suero salvador. El musher declaro:

“No podía ver el rastro. Muchas veces ni siquiera pude ver a mis perros. Por lo que, cegado por el vendaval, confié en Balto, mi perro guía. Ni una sola vez dudó.”

La Gran Travesía

Balto, 1919-1933. Museo de Cleveland de Historia Natural. Fuente: imagenesmi

La carrera, llamada “The Serum Run, contaría con una distancia de 778,74 kilómetros a recorrer. Durante la improvisada ruta, los participantes soportaron temperaturas menores a los -40 ºC, fuertes vientos y zonas montañosas peligrosas. Estas condiciones causaron que muchas personas y perros perdieron su vida en la labor.

En apenas cinco días y medio, el perro mestizo de lobo, Balto, consiguió llegar a Nome con el medicamento. La sorpresa no fue solo porque un perro híbrido consiguió liderar el regreso sino que, además, no fue el guía del equipo desde el principio.

Algunos presumen que consiguió el rastro con mejor eficacia por ser una mezcla de razas caninas. Fuera como fuere, en la historia real Balto llegó mucho antes de lo estimado, para la grata sorpresa de todo el pueblo.

Togo, el héroe poco aclamado

Togo, el husky siberiano. Fuente: pedigreestagestoprace

Como bien se sabe, en la mayoría de las historias siempre existen personajes que aunque fueron irremplazables en el desenlace de los acontecimientos, al final no son tan reconocidos y recordados como otros. Así ocurrió con Togo, el husky siberiano de 12 años.

Además de Balto y el escuadrón de perros que este encabezó, otros muchos grupos de canes y sus mushers también participaron en esta noble labor. Leonhard Seppala y su equipo recorrieron más de 270 kilómetros con Togo a la cabeza. Resistieron temperaturas de aproximadamente 45 grados bajo cero y además recorrieron el trayecto más peligroso de todos.

Algunos de los mushers y sus perros que realizaron la proeza murieron debido al cansancio o a las bajas temperaturas.

Los últimos años de Balto

Museo de Historia Natura del Cleveland. Fuente: tripwolf

Lamentablemente, como humanos que somos, solemos ser olvidadizos y muy mal agradecidos. Tal vez por el perpetuo pensamiento de que por opción divina o por azar de la naturaleza el mundo nos pertenece. La cruel realidad nos hace ser viles y mezquinos, incluso con aquellos que en su momento dieron todo su esfuerzo, dedicación y valentía para los nuestros. Y así sucedió en la historia real de Balto.

Posterior a las celebraciones, el valiente perro y su grupo de canes fueron exhibidos como un espectáculo de feria en una habitación malviviendo con poca ventilación, maltratados y mal alimentados. Las personas pagaban un miserable centavo para ver a aquellos que hasta hace poco eran héroes nacionales.

Un día, un hombre llamado George Kimble los encontró y consiguió llegar a un acuerdo con el propietario de los perros. Los vendería por 2000 dólares, con la condición de recaudar el dinero dentro de un límite de tiempo. A través del fondo Cleveland Plain Dealer consiguió recaudar el dinero con ayuda de niños que donaron el monto destinado para su leche.

En Marzo de 1927, Balto y sus seis compañeros llegaron a Cleveland, donde fueron recibidos como héroes desfilando por sus calles. Pasarían el resto de sus vidas en el zoológico de la ciudad viviendo felizmente.

El 14 de Marzo de 1933, con 14 años de edad, falleció el perro-lobo Balto. Su cuerpo disecado permanece en el Museo de Historia Natural de Cleveland.

BALTO y el monumento en Central Park

Balto y Gunner posando en Central Park detrás del monumento.
Balto y Gunner posando en Central Park detrás del monumento. Fuente: Expertosanimal

El 17 de diciembre de 1925 se erigió un monumento en homenaje a los perros y mushers que participaron en la Serum Run. Fue inaugurado frente a Balto y su musher Gunnar Kaasen.

Fue costeado gracias a múltiples donaciones recogidas durante la campaña promovida por la Sociedad Municipal de Artes. El material utilizado fue bronce y el artista que la realizó fue el escultor Frederick George Richard Roth. Además, fue galardonada con el premio Speyer, otorgado por la Academia Nacional de Diseño.

Frente a la estatua de Balto se encuentra una placa con un bajo relieve que muestra a los perros arrastrando un trineo y luchando contra la nieve. También cuenta con una dedicatoria que dicta lo siguiente:

“Dedicado al indomable espíritu de los perros de trineo, quienes llevaron la antitoxina 600 millas sobre el hielo, a través de las traicioneras aguas,
a través de tormentas de nieve del Ártico desde Nemana para el alivio de los afectados de Nome en el invierno de 1925.
RESISTENCIA FIDELIDAD INTELIGENCIA

Placa del monumento dedicado a Balto.
Placa del monumento dedicado a Balto. Fuente: historiasdenuevayork.es

Ha de reconocerse entonces la vida misma de estos seres. Cada individuo posee, además de vida, un alma noble que no solo merece respeto, sino que además puede ser fiel y leal a aquellos que desea proteger y querer. Una vez más, queda mucho por reflexionar y aprender de estos seres que se consideran inferiores a nuestra especie. Cuán noble puede ser su existencia y cuán vil puede ser la nuestra.

Conclusión

La historia real de Balto, quien junto a sus compañeros caninos y su amo consiguió llevar el trineo con los suministros que salvaron a todo un pueblo, nos enseña mucho sobre la realidad de la vida. Los perros, además de nuestros fieles compañeros y amigos, también pueden ser héroes, sin esperar y, muchas veces sin recibir, nada a cambio al final.

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