El día en que Bolívar pidió perdón a Manuelita Sáenz

saenz y bolivar

Las cartas de de amor entre Simón Bolívar y Manuela Sáenz contienen el testimonio de una de las relaciones amorosas más controvertidas y polémicas del periodo de la Independencia Hispanoamericana. Estas piezas epistolares exploran una de las dimensiones poco abordadas de la vida del llamado Libertador, las circunstancias de un hombre de carne y hueso que, más allá del culto instaurado hacia su figura, revelan la intimidad y las debilidades de quien detentó el poder casi absoluto de una buena porción de América del Sur.

¿Quién fue realmente Simón Bolívar?, ¿Pidió perdón alguna vez?… son preguntas que para muchos podrían resultar irrelevantes y triviales, pero desde la óptica de la historia de la vida cotidiana son elementos clave que bien pudieran responderse desde el testimonio que esbozan directamente los documentos escritos por este hombre. Una figura emblemática del proceso de Independencia Hispanoamericana, elevado por la historiografía romántica del siglo XIX a la –casi- categoría de semidiós de una “religión civil” llamada “Culto a Bolívar”, nos recuerda a través de sus escritos privados que él, al igual que cualquiera, fue ante todo un hombre de carne y hueso.

En 1828, el General francés Luis Perú de Lacroix, se convertiría en el testigo ocular de uno de los momentos culminantes de la vida de Simón Bolívar (ver), dejando para la posteridad el Diario de Bucaramanga: vida pública y privada del Libertador Simón Bolívar un libro que recoge el testimonio directo de Bolívar acerca de una gran multiplicidad de eventos públicos y privados de su vida. Uno de ellos, será precisamente el llamado “incidente del zarcillo”, en el que Bolívar, ante la evidencia de un episodio de infidelidad para con su amante Manuela Saénz y luego de un fuerte altercado, se verá obligado a hacer lo que en su vida política jamás hubiese hecho, pedir perdón.

Simón Bolívar y Manuela Sáenz

Manuela Sáenz y Simón Bolívar
Manuela Sáenz y Simón Bolívar

Luego de haber conquistado las victorias militares necesarias para alcanzar la independencia de Venezuela y Nueva Granada (actual Colombia y Panamá), el ambicioso proyecto político de este hombre se concretó en 1821 en la conformación de un nuevo Estado al que se le llamó Colombia, o genéricamente conocido como Gran Colombia. La extensión territorial de esta República era la correspondiente a Venezuela, Nueva Granada y Quito (actual Ecuador), esta última provincia aún –para 1821- bajo el dominio español con el agravante de que la provincia de Guayaquil se había declarado independiente tanto de España como de Colombia.

Mapa de Republica de Colombia o Gran Colombia
Mapa de La república de Colombia o Gran Colombia, tomado de Wikimedia Commons

Bajo el mando supremo de Simón Bolívar, la República de Colombia enviará a sus ejércitos hacia Quito y Guayaquil para conquistar por la vía militar el derecho de Colombia sobre estas provincias, en lo que se conocerá como la Campaña del Sur.

Manuela Saenz-retrato por Marcos Salas
Manuela Sáenz por Marcos Salas, tomada de Wikimedia Commons

Justamente, será en el transcurso de esta campaña, en 1822, donde Bolívar conocerá a una quiteña llamada Manuela Sáenz, una mujer que entre otras cosas era casada con un acaudalado comerciante inglés llamado James Thorme. Desde 1822 hasta 1830 (año en que muere Bolívar), Manuela y Simón prolongarán una relación amorosa en extremo escandalosa para su época, centro de la polémica dado que Manuela había abandonado a su esposo para convertirse en la amante del Libertador.

Filas adentro del ejercito colombiano, esta relación también generó las más diversas discrepancias y descontentos, puesto que Bolívar, posiblemente atrapado por el arrebato de sus amoríos, le permitía a Manuela portar uniformes, insignias y disfrutar de la misma autoridad y privilegios de los generales colombianos, derechos ganados por ellos en la guerra, que ella se había ganado no precisamente del mismo modo.

Para saber más, te recomendamos leer nuestro post Sobre la Teoría del Gendarme Necesario

El incidente del zarcillo  

Oficiales del ejercito Colombiano
Oficiales del ejército colombiano, tomado de flickr

El ejército colombiano no se conformó con expulsar a los españoles de su territorio, sino que siguió hacia el sur para lograr la independencia del Perú, que más tarde se convertiría en una república dominada bajo el poder de Simón Bolívar.

Buena parte de la vida de Bolívar a partir de 1823 trascurrirá en una ciudad como Lima, y llevará consigo a Manuela Saénz. Así pues, esta ciudad será testigo del desenfado con que esta pareja se mostrará en público, un hecho considerado como inadecuado para la sociedad de la época y de los escándalos generados por la actitud licenciosa de un Simón Bolívar que nunca pudo ser hombre de una sola mujer.

Manuela Saenz-retrato circa 1820
Retrato de Manuela Sáenz (circa 1820), tomado de Wikimedia Commons

Pocas veces las infidelidades de Bolívar pudieron ser comprobadas por Manuela, por más que los rumores lo hicieran más que evidente por las calles de Colombia y Perú. Sin embargo, en una oportunidad estando en la intimidad, Manuela encontraría entre las sábanas de la cama de Bolívar un zarcillo de otra mujer, prueba irrefutable de la infidelidad. Esto acarreó una encarnizada golpiza que, según el mismo testimonio de Bolívar, Manuela le diera enceguecida por la ira y los celos.

Ante la radical y enérgica reacción de Manuela, a Simón no le quedó otra que escribirle sucesivas cartas implorando por su amor, hasta el punto de que se verá obligado a pedir perdón.

Fragmentos del testimonio de Bolívar a Perú de Lacroix sobre el incidente del zarcillo

La Libertadora del Libertador-Cartel promocional de la pelicula Venezolana
Fotografía para el cartel promocional de la película venezolana “La libertadora del libertador” protagonizada por Beatriz Valdez

En algunos manuscritos posteriormente incorporados al Diario de Bucaramanga … tomados de Manuela, sus diarios perdidos y otros papeles encontramos estos fragmentos testimoniales en los que Simón Bolívar se expresaría claramente sobre el incidente del zarcillo y la forma en que había sido maltratado por Manuela. Se trata de un Simón Bolívar que cinco años después del hecho, en medio de una conspiración político-militar para apartarlo del poder y padeciendo de una enfermedad crónica que a la vuelta de dos años lo llevaría a la tumba, confiesa, a ratos lúcido y a ratos sometido al delirio de la fiebre, confiesa ante Perú de Lacroix lo siguiente:

“… Por eso tengo esta cicatriz en la oreja, mire usted (Enseñándome su grande oreja de S.E., la izquierda, que tiene la huella de una fila de dientes muy finos y, si como yo no supiera tal asunto), este es un trofeo ganado en mala lid: ¡en la cama! Ella encontró un arete de filigrana debajo de las sábanas, y fue un verdadero infierno. Me atacó como un ocelote: por todos los flancos; me arañó el rostro y el pecho, me mordió fieramente las orejas y el vientre y, casi me mutila. Yo no atinaba cuál era la causa o sus argumentos de su odio en esos momentos, y porfiadamente me laceraba con esos dientes que yo también odiaba en esa ocasión.

Pero ella tenía razón: Yo había faltado a la fidelidad jurada, y merecía el castigo. Me calmé y relajé mis ánimos, y cuando se dio cuenta que yo no oponía resistencia, se levantó pálida, sudorosa, con la boca ensangrentada y mirándome me dijo: ¡Ninguna, oiga bien esto señor, que para eso tiene oído: ¡Ninguna perra! va a volver a dormir con usted en mi cama! (enseñándome el arete) no porque usted lo admita, tampoco porque se lo ofrezcan! Se vistió y se fue.

Yo quedé aturdido y sumamente adolorido, que en llamando a gritos a José, y entrando éste, pensó que había sido víctima de otro atentado (aquí S.E. sonríe). En la tarde ella regresó debido a mis ruegos. Le escribí diez cartas. Cuando me vio vendado claudicó, al igual que yo, en la furia de sus instintos. Todo en dos semanas fue un deliquio de amor maravilloso bajo los cuidados de la fierecilla. ¿Usted qué cree? ¡Esto es una clara muestra de haber perdido la razón por el amor! “El gran poder está en la fuerza del amor”. Sucre lo dijo.”

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El día en que pidió perdón: cartas escritas referidas al incidente del zarcillo

Portada del Libro Las mas bellas cartas de amor entre Manuela y Simón
Portada del Libro “Las mas bellas cartas de amor entre Manuela y Simón…”

Corroboran el testimonio de Bolívar, al menos cinco de las diez cartas que él mismo indicó había escrito a Manuela para que depusiera su actitud hostil. Son un conjunto de textos fechados todos el mismo día en diferentes horas de la tarde y noche en el cuartel general de La Magdalena en la ciudad de Lima. Las cartas hablan por sí solas:

 

Cuartel General en La Magdalena – Lima

Octubre 29 de 1823

 

Señora Doña Manuela Sáenz

Señora:

Mi deseo es que usted no deje a este su hombre por tan pequeña e insignificante cosa. Líbreme usted misma de mi pecado, conviniendo conmigo en que hay que superarlo. Vengó ya usted su furia en mi humanidad. ¿Vendrá pronto? Me muero sin usted.

Su hombre idolatrado

Bolívar

 

La Magdalena – Lima

Octubre 29 de 1823, 6:30 pm

 

Señora:

Nunca después de una batalla encontré un hombre tan maltratado y maltrecho como yo mismo me hallo ahora, y sin el auxilio de usted. ¿Quisiera usted ceder en su enojo y darme una oportunidad para explicárselo?

 

Su hombre que se muere sin su presencia

Bolívar

 

La Magdalena – Lima

Octubre 29 de 1823, 7:30 pm

 

Señora:

En mi situación, ya no encuentro otro recurso que el de levantarme como Lázaro e implorar su benevolencia conmigo.

Sepa usted que parezco perro de hortelano castigado por la jauría.

¿No se conmueve usted? Venga, venga pronto, que me muero sin usted.

 

Bolívar

 

Saenz y Bolívar
Saenz y Bolívar

 

La Magdalena – Lima

Octubre 29 de 1823, 8 pm.

 

Señora:

Medite usted la situación. ¿Acaso no dejó de asistirme en unos días? Yo imploro de su misericordia de usted, que proviene de su alma pura; no me deje morir de amor sin su presencia. ¿Puedo volver a llamarla mi bella Manuela? Explíqueme qué conducta debo seguir respecto a usted.

 

Suyo,

Bolívar

 

 

La Magdalena – Lima

Octubre 29 de 1823, 9:30 pm.

 

Mi adorada Manuelita, el hincarme la porcelana iridiscente de tu boca fue el flagelo más sutil demandado por mortal alguno en la expiación de su pecado; tus dedos se adhirieron a mi carne, como en las breñas de las ascensión del Pisba, para darle a este hombre (tu hombre) un hálito mortal, en la contemplación de tu divinidad hecha mujer.

 

Perdóname, tuyo,

Bolívar

 

Después de varias cartas, será en esta última dónde finalmente el orgulloso general cederá y pedirá perdón a Manuela, es hasta ahora, el único hecho en la vida pública o privada del Libertador, del que se tenga registro, en el que emplea estas palabras. Una dimensión interesante en la vida de un hombre deificado y glorificado por una historiografía oficial que nos lo ha pretendido presentar como un ser  infalible.

El General en su laberinto-Ilustracion alusiva
Ilustración alusiva a El General en su Laberinto

Testimonio de Bolívar a Perú de Lacroix sobre Manuela Sáenz (fragmentos)

De la misma fuente de los fragmentos anteriores, encontramos un revelador testimonio de Simón Bolívar en el que expresa a Luis Perú de Lacroix su parecer y sus sentimientos por Manuela Sáenz. Es de notar que Diario de Bucaramanga constituye una de las fuentes primordiales en las que se basó el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez para escribir su magistral obra El General en su Laberinto una obra imperdible y de lectura obligatoria para todo latinoamericano.

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He aquí el fragmento:

“¿Me pregunta usted por Manuela o por mí? Sepa usted que nunca conocí a Manuela. En verdad, ¡Nunca terminé de conocerla! ¡Ella es tan, tan sorprendente! ¡Carajo yo! ¡Carajo! ¡Yo siempre tan pendejo! ¿Vio usted? Ella estuvo muy cerca, y yo la alejaba; pero cuando la necesitaba siempre estaba allí. Cobijó todos mis temores…” Su excelencia hizo aquí una pausa y luego pronunció: “¡Siempre los he tenido!, ¡Carajos! (S.E. interrumpió su coloquio y me miró suplicante, fijamente, como tratando de averiguar algo; bajó la cabeza y pensé que se había dormido; pero empezó nuevamente a hablar). Usted Lacroix la conoce: ¡Todos, todos la conocen! No, no hay mejor mujer. Ni las catiras de Venezuela, ni las momposinas, ni las… ¡Encuentre usted alguna!

Ésta me domó. Sí, ¡ella supo cómo! La amo. Sí, todos lo saben también. ¡Mi amable loca! Sus avezadas ideas de gloria; siempre protegiéndome, intrigando en mi favor y a la causa, algunas veces con ardor, otras con energía. ¡Carajo! ¡Ni que las catiras de Venezuela, que tienen fama de jodidas! Mis generales holgaron en perfidia para ayudarme a deshacerme de mi Manuela, apartándola en algunas ocasiones, mientras yo me complacía con otras.

(…)

Manuela y Simón
Manuela y Simón

Manuela siempre se quedó. No como las otras. Se importó a sí misma y se impuso con su determinación incontenible, y el pudor quedó atrás y los perjuicios asimismo. Pero cuanto más trataba de dominarme, más era mi ansiedad por liberarme de ella. Fue, es y sigue siendo amor de fugas. ¿No vé? Ya me voy nuevamente. Vaya usted a saber. Nunca hubo en Manuela nada contrario a mi bienestar. Sólo ella. Sí, mujer excepcional, pudo proporcionarme todo lo que mis anhelos esperaban en su turno. Mire usted. Arraigó en mi corazón y para siempre la pasión que, despertó en mí desde el primer encuentro.

Mis infidelidades fueron, por el contrario de las experiencias, el acicate para nuestros amores, después de lo violenta que fuera la escena de celos de esta mujer. Nuestras almas siempre fueron indómitas para permitimos la tranquilidad de dos esposos. Nuestras relaciones fueron cada vez más y más profundas.

¿No ve usted? ¡Carajos! de mujer casada a Húzar, secretaria y guardián celoso de los archivos y correspondencia confidencial personal mía. De batalla en batalla a teniente, capitán y por último, se lo gana en el arrojo de su valentía, que a mis generales atónitos veían; ¡coronel! ¿Y qué tiene que ver el amor a todo esto? Nada. Lo consiguió ella como mujer (¡era de armas tomar!). ¿Y lo otro? Bueno, es mujer y así ha sido siempre, candorosa, febril, amante. ¿Qué más quiere usted que yo le diga? ¡Coño de madre, carajo! (Presiento que esta será la última vez que S.E. me hable así, tan descarnadamente: sí, de sus sentimientos de él hacia mi señora Manuela). Hubo un silencio largo y S.E., exaltado los ánimos, se fue sin despedirse. Iba acongojado, triste; balbuciendo: “Manuela, mi amable loca…”.

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“La Libertadora del Libertador”, la “amable loca” de Simón, como quiera que los epítetos la describan, no se puede negar que Manuela Sáenz significó un punto de inflexión de suma importancia en la vida de Bolívar. Vida pública o vida privada, en un hombre como Bolívar inmerso en las tribulaciones políticas y militares de un periodo tan complejo como el que le tocó vivir, mal pudiéramos juzgar las acciones que signaron su acontecer. A lo sumo, pudiéramos dar una perspectiva distinta a la que usualmente nos acostumbró la historiografía oficial, el clásico libro escolar donde Simón Bolívar es un héroe dotado características especiales que no tenemos los demás mortales. En cambio, ir directo a la fuente de su pluma y su testimonio, nos acerca más a un Bolívar más real, un hombre y sus circunstancias, un hombre de carne y hueso que alguna vez pidió perdón.

Video enlace “Manuela Sáenz”:

Manuelita Saez, La Libertadora del Libertador

Por Néstor D. Rojas López

El día en que Bolívar pidió perdón a Manuelita Sáenz
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