¿Castra la religión tus instintos sexuales?

“Si un hombre y una mujer tienen relaciones sexuales, los dos deberán lavarse con agua y quedarán impuros hasta el anochecer” Levítico 15:18.

La mayoría de las personas en algún momento de su vida o incluso continuamente, han sentido culpa luego de algún tipo de acto sexual, sobre todo aquellos que en nuestra cultura son vistos como pecaminosos o sucios. No es nada raro que la simple palabra masturbación, incomode a muchas personas. El sexo es un tema vetado para la mayoría, de hecho, suele abordarse ridiculizando y haciendo “bromas sucias” al respecto, de una manera prejuiciosa, tachándolo como algo malo o satanizándole, algunos se ruborizan o incomodan con oír el tema, son muy pocas las personas que abordan esto de forma madura y lo toman como cualquier otro tópico.

Es raro ver a un grupo de amigos o de compañeros de trabajo conversando acerca de su vida sexual, sin que existan las típicas “risitas incómodas”, no puede faltar el que comienza con chistes al respecto o aquel se molesta y se va de la conversación.

 

 

La manzana como símbolo de pecado. Cortesía de @InteligenciaSexual

 


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El hecho que una persona aborde el tema con normalidad, hable de homosexualidad, masturbación, cunnilingus, felación o sexo anal, es tachado  como un ser “libertino”, “amoral”, “pecador” y mil epítetos más.  Esto alcanza su máximo nivel para una mentalidad religiosa. Es común observar aquella madre escandalizada, regañando y en casos más extremos golpeando a su niño pequeño(a), por explorar sus genitales. Nuestra sociedad, nuestra cultura, no sabe muy bien cómo lidiar con dicho tema.

¿Cuáles son las raíces de la intolerancia sexual en nuestra cultura latinoamericana?

Debemos remontarnos varios siglos en el pasado, para lograr comprender todo el meollo del asunto. A pesar de que nuestra sociedad innegablemente ha avanzado, tanto en adelantos tecnológicos, médicos y por supuesto, en formas de pensar, de igual manera quedan esos sellos marcados con tinta indeleble en las profundidades de nuestra cultura y sociedad; diversos prejuicios, los cuales solo pasan de generación en generación a lo largo de los tiempos.

Apertura de la iglesia catolica
La iglesia católica ha sido piedra angular en el tema de la sexualidad. Cortesía: Wikimedia Commons

Recordemos que los países latinoamericanos, previo a su colonización, eran tribus indígenas, las cuales tenían sus creencias, la mayoría basadas en la adoración de Dioses que provenían de la naturaleza, tales como el Dios sol, Dios luna (El hombre ha tenido ese vacío existencial y esa búsqueda de un ser divino a quien adorar, desde los principios de la sociedad); al llegar  los colonizadores, ellos no solo trajeron consigo, sus barcos y sus pertenecías, trajeron su cultura, su religión, sus formas de pensar; los indígenas fueron aprendiendo poco a poco esta nueva cultura, cambiando sus creencias, adoptando para sí la religión Cristiana Católica.


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Esta religión que enmarca nuestra cultura y por tanto, la forma de pensar de las personas, tiene sus dogmas, normas o mandamientos y dicta pautas de vida, fomenta prejuicios en aquellas personas más radicalizadas en sus puntos de vista.

¿Qué sabemos realmente de la religión cristiana católica?

Básicamente, es una religión monoteísta, la cual se fundamenta sobre las bases de normas, los llamados 10 mandamientos, 7 sacramentos, 7 pecados capitales; se basa en la creencia de un Dios (como la figura del bien, del creador del universo) y su alter ego, llamado Satanás, Lucifer o Demonio (como representación del mal y la oscuridad). Se basa en la analogía de un cielo en donde vive el creador del hombre, el cual puede ser ganado o perdido según el accionar del ser humano en su libre albedrío, por otra parte, se encuentra el infierno donde reside Lucifer y los demás demonios, es el lugar de condenación de las almas que no siguen dichos preceptos y rechazan sus dogmas.

Entre los diez mandamientos están: el 6to “No cometerás actos impuros” y el 9no “No albergarás pensamientos impuros”, entre los 7 pecados capitales está el de la lujuria y entre los sacramentos están el matrimonio y la confesión.

“Todo aquel hombre que haga el amor con otro hombre como lo hace con su mujer, esta cometiendo una abominación, y su sangre caerá sobre ellos “. Levítico 20:13


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En la concepción Cristiana Católica, el acto sexual está destinado a la reproducción, entre personas casadas a la luz de dicha religión, las relaciones sexuales pre-matrimoniales son tachadas como pecado. La masturbación, la homosexualidad, el sexo anal y todo acto sexual que no esté orientado a la reproducción son vistos como ofensas a Dios y la manera de limpiar dichas faltas es a través del sacramento de la confesión y naturalmente, dejando de practicar dichos “actos pecaminosos”.

 

Homofobia debe ser rechazada
La homofobia es un hecho de discriminación que debe ser totalmente rechazado y desterrado de un mundo globalizado. Cortesía: Crónicas de Xalapa

 

La mayoría de los hogares latinoamericanos son educados en base a todas estas creencias y en muchos casos todo esto es radicalizado y fanatizado, los niños van siendo criados con esta mentalidad, viendo su cuerpo, especificamente sus genitales como algo sucio, fomentando un profundo sentimiento de culpa en las personas por ser seres sexuales, por tener deseos o tocarse.

La mentalidad religiosa radical piensa de forma errada, que aquellas personas ateas o libres pensadoras, serán por consiguiente, seres que vivan una “vida loca” con una sexualidad desenfrenada y ninguna contención moral.

Los prejuicios son espadas clavadas muy dentro de nuestra sociedad

 

¿Cuántas personas homosexuales viven a escondidas en un matrimonio infeliz por no ser señalados por su cultura?, ¿Cuántas familias repudian a hijos, nietos o sobrinos, por tener una afinidad sexual hacia su mismo sexo? ¿Hasta cuándo división y peleas entre familias, amigos y compañeros por pensamientos radicalizados? ¿Van a seguirse creando etiquetas a personas que piensan o creen diferente? ¿cuántos casos más de asesinatos en masa por posturas religiosas radicales?


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¿Conocen por ejemplo los hombre su punto G? El hecho de pensar en tener un orgasmo prostático es algo que aterra a muchos hombres, se puede observar en la vida cotidiana, el grado de ansiedad que produce en algunas personas del sexo masculino, es observado en actos cotidianos como la visita al urólogo; todo esto enmarcado en un sinfin de prejuicios de base, que no nos dejan vivir con libertad.

 

Y entonces… ¿Qué hacer al respecto?

La sexualidad es una energía innerente al ser humano, por ende, puede canalizarse de forma correcta, pero también puede inclinarse hacia terrenos un tanto peligrosos. Es por ello que todo acto sexual tiene consecuencias y estas pueden ir desde fomentar una relación sana de pareja y aumentar vínculos, hasta el riesgo de contraer enfermedades, infravalorar tu cuerpo y socabar tu autoestima. Sin duda, deben existir límites, normas, las cuales estén orientadas a valorarte como ser humano, a respetar tu cuerpo, prevenir un sinfin de enfermedades de tranmisión sexual.

La religión y las creencias deben ayudar al hombre a ser feliz, a tener salud mental, no ser enfocadas como castradoras de instintos, no se deben radicalizar posturas, fomentar prejuicios, la solución no es dejar tus creencias, es purificarlas, fitrarlas y enfocarlas de una manera más sana, aprender a vivir una sexualidad libre de prejuicios y de culpas, pero con responsabilidad.

Hay que cambiar la culpa por la responsabilidad, vivir una sexualidad plena pero segura, no un sexo desenfrenado sin ningún tipo de contención, que solo va dañando la autoestima y creando posturas irresponsables y actitudes de riesgo.


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Conclusión

La manera más sana de lidiar con la sexualidad no es iniciando una batalla contra la religión o contra las propias creencias, sino mas bien ir deslastrando a la sociedad de pensamientos arcaicos que destilan telas de araña. El sexo no es solo para concebir hijos, el acto sexual es una de las mayores expresiones de amor cuando se practica de una manera responsable y con la persona indicada, va mas allá de un óvulo y un espermatozoide que se unen para formar vida, es que dos personas diferentes se vuelven una y crean un vínculo de amor que les une y se expresa a través de dicha energía sexual, sin impotar el género, credo, o religión.

Vive tu sexualidad, experimenta con la persona que amas, ignora los prejuicios, ama sin culpas, aunque esa persona sea de tu mismo género, empieza tú haciendo la diferencia, vive un sexo libre de prejuicios, pero lleno de responsabilidad.

 

 María Concepción Pérez Briceño.

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Estudiante de medicina, ULA. Librepensadora, lectora empedernida, amante de la ciencia y de la música.

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