Un revolucionario estudio jamás realizado con anterioridad, puso a prueba las capacidades cerebrales de niños de un barrio de Bangladesh con deficiencia de nutrición, saneamiento deficiente y otros desafíos que afectan su calidad de vida buscando información que permita relacionar científicamente las limitaciones económicas y la baja actividad cerebral de las personas que sufren de las mismas.

Lentamente se ha creado la percepción de que niños que crecen en condiciones adversas tales como: una dieta pobre y episodios regulares de enfermedades diarreicas es el preámbulo de la aparición de mayores tasas de deficiencias intelectuales y de mortalidad prematura. No todo el crecimiento atrofiado que afecta a más de 160 millones de niños alrededor del mundo es causado por estas razones, pero es el momento de desentrañar los nexos que relacionan las deficiencias y carencias sociales y económicas con los reiterados casos de atrofia en el crecimiento para intentar reducirla en lo más mínimo.

Shahria Hafiz Kakon es una investigadora y médica del Centro Internacional para la Investigación de Enfermedades Diarreicas de Bangladesh que lidera una innovadora experimentación realizada en la población de niños de un barrio de Daca, la capital de dicho país, que sufre grandes problemas de sobrepoblación, contaminación, grandes atascos, pobreza y de delincuencia. En esta ciudad alrededor del 40% de los niños tienen un crecimiento atrofiado a la edad de dos años.

del desarrollo cerebral de niños pobres

Dicha investigación se encuentra financiada por la Fundación Bill y Melinda Gates -que desde hace 5 años se encuentra enfocada en investigaciones relacionadas con el desarrollo del cerebro que niños que crecen enfrentando adversidades– y promete entregar referencias importantes acerca del crecimiento de los niños y su rendimiento cognitivo.

Para ello Kakon y sus colegas han realizado pruebas de resonancia magnética (MRI) en niños de dos y tres meses de edad. “Es una idea muy nueva en Bangladesh hacer estudios de imágenes cerebrales”, dice la investigadora en jefe de este proyecto, que por medio de estas imágenes buscan identificar regiones cerebrales que son más pequeñas en niños con crecimiento retardado que en otros.

Otras pruebas como la electroencefalografía están siendo ampliamente utilizadas por parte de estos científicos para comprobar la relación existente entre la alimentación y el crecimiento atrofiado.


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¿Qué resultados han arrojado hasta ahora estas investigaciones?

La Fundación Gates permitió que el grupo dirigido en Daca por la Dra. Kakon contactara  con Charles Nelson, neurocientífico pediátrico en el hospital de niños de Boston y de la escuela médica de Harvard en Massachusetts. Nelson, tiene reconocimiento en este tipo de estudios que respectan al bajo desarrollo neuronal de niños que crecen en lugares con condiciones adversos.

En el año 2000 el neurocientífico dirigió un estudio de seguimiento del desarrollo cerebral de los niños que habían crecido en los duros orfanatos rumanos. Aunque eran bien alimentados y se les brindaba techo donde vivir, los niños vivían en un entorno aislado, con poca o nula estimulación del mundo exterior que los rodea y carentes de apoyo emocional. Este estudió arrojó pruebas concluyentes de que los niños criados bajo este entorno arrastraban ciertas marcas de negligencia. Las pruebas de resonancia magnética mostraron que estos niños a la edad de 8 años tenían regiones más pequeñas de la materia gris y blanco asociados con la atención y el lenguaje que los niños criados por sus familias biológicas.

Pero esta investigación presenta un reto totalmente diferente. Los niños de Bangladesh sufren de alimentación y saneamiento inadecuados, lo cual vendría a ser el estudio de estas adversidades y su incidencia en el desarrollo cerebral, la causa principal de este estudio. Los niños en el estudio de Dhaka tienen una educación completamente diferente. Están rodeados de lugares de interés, sonidos y familias ampliadas que a menudo viven juntas en barrios reducidos.

“Hay muchos más niños como los niños en Dhaka en todo el mundo… “Y no sabíamos nada sobre ellos desde el nivel del cerebro” dice Nelson.

Para la realización de este experimento que comenzó en 2015 fue necesaria la adaptación de un espacio físico acorde con las necesidades tecnológicas que requería la investigación. Para el equipo de encefalogramas tenían que encontrar una habitación sin cables en las paredes y sin unidades de aire acondicionado, que podrían interferir con la capacidad del dispositivo para detectar la actividad en el cerebro.

Se formó adicionalmente un centro para la espectroscopia funcional infrarroja cercana (fNIRS por sus siglas en inglés) en la que los niños usan una banda para la cabeza provista de sensores que miden el flujo sanguíneo en el cerebro. Provee la misma información que la que arrojaría un estudio de Resonancia Magnética, pero permite que los niños no permanezcan inmóviles.

pobresa y niños

Los estudios de MRI’S han escaneado a 12 bebés de 2 a 3 meses con un crecimiento atrofiado y han arrojado un resultado impresionante: Al igual que los huérfanos rumanos y los niños que crecen en la pobreza en los países desarrollados, estos niños han tenido menores volúmenes de materia gris que un grupo de 20 niños no atrofiados. “Es notablemente malo” dice Nelson con notable preocupación a Nature ya que es difícil saber qué regiones están afectadas en estos niños pequeños. Sin embargo, tener menos materia gris se ha asociado con puntuaciones peores en las pruebas de lenguaje y memoria visual cuando se les practica dicha prueba a los seis meses de edad.

Por otra parte los fNIRS realizados a unos 130 niños de un barrio de Daca con edades de 36 meses mostraron patrones distintos de actividad cerebral en aquellos con retraso del crecimiento y otras adversidades. Cuanto más pequeño son los niños más actividad cerebral tenían en respuesta a imágenes y sonidos de estímulos no sociales, como camiones. Por otra parte, los niños más altos respondían más a los estímulos sociales tales como, los rostros de las mujeres. “Esto podría sugerir retrasos en el proceso por el cual las regiones cerebrales se especializan para ciertas tareas”, reafirma Nelson.

Alta actividad eléctrica producida por el cerebro viene asociada a mayores problemas en  la resolución de problemas y la comunicación entre las regiones del cerebro. Los encefalogramas realizados a los niños con crecimiento atrofiado mostraron esta particularidad lo que representó una sorpresa  para los investigadores, porque los estudios en huérfanos y niños pobres de Europa generalmente habían mostrado una actividad moderada. La discrepancia podría estar relacionada con los diferentes tipos de adversidad que enfrentan los niños en Daca, incluyendo inseguridad alimentaria, infecciones y madres con altas tasas de depresión.

Esto podría estar ligado a anomalías observadas en estos estudios como el aumento de los marcadores inflamatorios en la sangre, lo que probablemente refleja una mayor exposición a los patógenos intestinales. Para este momento los niños ya cuentan con 5 años de edad y ya se toman medidas tales como pruebas de preparación escolar sobre este grupo control para determinar sí los niños han seguido o no la misma trayectoria de desarrollo del cerebro y así establecer la relación con las mediciones anteriores para conocer si eran predictivas del rendimiento escolar.


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Un estudio que continúa el legado iniciado por otros estudios de su misma clase

Desde finales de la década de los 60 ya un equipo de investigaciones había realizado estudios a familias con niños pequeños en las zonas rurales de Guatemala. En el estudio se quería probar como la administración de suplementos proteínicos en los primeros años de vida del infante reduciría la incidencia del crecimiento atrofiado. Los resultados mostraron tiempo después (años 2000) que esos niños ya convertidos en adultos mostraron un crecimiento de aproximadamente 2 centímetros mayor que el grupo control y que adicionalmente pudieron lograr mayores registros de escolaridad y mayores ingresos que el grupo que no recibió dicho suplementos.

En 2006, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó de un extenso estudio para medir las alturas y pesos de los niños entre el nacimiento y la edad de cinco años en Brasil, Ghana, la India, Noruega, Omán y los Estados Unidos. Los resultados mostraron que los niños sanos y bien alimentados de todo el mundo siguen una trayectoria de crecimiento muy similar y establecieron puntos de referencia para el crecimiento atípico. En 2012, el creciente consenso sobre los efectos del retraso del crecimiento motivó a la OMS a comprometerse a reducir el número de niños menores de cinco años con un crecimiento atrofiado en un 40% para 2025.

Una de las esperanzas que se tienen en el estudio de Daca es que se podrán revelar “patrones distintos en los cerebros de los bebés que son predictivos de los deficientes resultados en pruebas de aprendizaje que enfrentarán más adelante en la vida y esto podría utilizarse para ver si las medidas correctivas que se están implementando están funcionando” dice también para Nature Jeff Murray, un subdirector de Ciencias de Descubrimiento en la fundación Gates.

Finalmente. La innovación de los estudios con el que actualmente se dirige en Daca radica en la inmediatez de los resultados lo que promovería rápidas medidas para evitar que la pobreza siga incidiendo radicalmente en el desarrollo cerebral. Si usted tiene que esperar hasta que los niños tengan 25 años para ver si están empleados podría tomarle 25 años para hacer cada estudio, lo cual seguiría manteniendo la problemática por mucho más tiempo y sin esperanzas de mejora.

¿Cómo la pobreza incide en el desarrollo cerebral?
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