La navidad es época de compartir y de pasar tiempo de calidad con los más importantes de la casa, nuestros niños, es por esto que es vital que apartemos un poco de nuestro tiempo libre para disfrutar de actividades con ellos, una de las favoritas de los pequeños de la casa en navidad, es escuchar cuentos navideños divertidos y así los adultos aprovechamos la oportunidad para dejarles algunas enseñanzas con ellos, por eso te traemos 7 cuentos de navidad que seguro le encantarán a todos los integrantes de la familia.

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Cómo Santa Claus decide cuántos regalos recibe un niño

¿Te has preguntado alguna vez por qué algunos niños reciben más juguetes que otros en navidad?

Familia

Resulta que Santa Claus tiene una aplicación en su teléfono (disponible solo para ancianitos bondadosos que les guste dar regalos en navidad), con la que mide la felicidad de cada niño en el mundo a través de la cantidad de sonrisas que los niños acumulan en un año. Los niños que tienen una familia feliz, que sus padres los abrazan y besan diariamente, que tienen buenos amigos y ayudan mucho en casa no requieren muchos regalos porque no necesitan juguetes que los distraigan y les hagan perder tiempo para compartir con sus familias. Por otro lado, los niños que están solos, que no tienen amigos, que tienen familias que no les prestan atención y a los que sus padres ni siquiera les dan siempre las buenas noches, reciben más regalos porque realmente son niños desafortunados.  La mayoría de las veces los niños más solos y tristes son niños muy ricos, que viven en grandes casas pero que pasan la mayor parte de sus días sin nadie que los abrace.

Así que si esta navidad no recibes tantos regalos como quisieras es porque eres un niño afortunado al que no le falta amor.

navidad

El regalo de los reyes magos. (O. Henry)

Delia lloraba sobre su cama porque no tenía suficiente dinero para comprarle un regalo de navidad a su esposo Jim. Había estado meses ahorrando, pero al final, tan solo logró juntar 1,87$, porque cuando se tienen un hogar siempre hay imprevistos y el dinero se gasta… Vivían el día a día y ahorrar era una ilusión.

Pero tuvo una idea. Se levantó de la cama, se secó las lágrimas, se paró frente al espejo y se soltó las trenzas. Una larga cabellera la arropó como si se hubiera puesto una capa, le llegaba casi hasta las rodillas. Salió a la calle y se fue a la casa de Madame Tijeras.

Madame Tijeras tenía una tienda de artículos para el cabello. Al cruzar su puerta sonaba una campanita anunciando la llegada de algún cliente:

  • ¿Cuánto me daría por mi cabello? – Dijo Delia.
  • 20$ – Dijo Madame Tijeras después de mirar con envidia el hermoso cabello de Delia. En realidad valía mucho más, pero ella siempre se aprovechaba de los otros.

Delia era humilde y creyó que el precio era justo. Vendió su cabello.

Con el dinero en mano se fue a la tienda de relojes, llevaba meses soñando con ver a Jim usando el viejo reloj de oro de su abuelo, sujeto a una cadena de platino que ella le compraría.

Cayó la noche. Delia esperaba a Jim para cenar y celebrar la noche buena con la fina cadena apretada en su mano. Cuando la puerta se abrió, vio la perpleja cara de su esposo…

El también llevaba un regalo en su mano… unas peinetas de plata para la larga cabellera de Delia que compró con el dinero que obtuvo por vender su reloj de oro.

Ambos se abrazaron llorando de emoción mientras intercambiaban regalos y tuvieron la mejor navidad que hasta los momentos habían compartido, ella con sus peinetas para un cabello que ya no existía y el con su cadena para un reloj que ya no tenía.

Los reyes magos fueron hombres sabios que llevaron regalos al niño Dios. Jim y Delia fueron un poco magos, un poco sabios y un poco reyes esa noche tal como Melchor, Gaspar y Baltasar: magos, porque fueron capaces de dar lo más preciado que tenían por amor; sabios, porque entendieron lo afortunados que eran de tenerse el uno al otro; y reyes, porque cada uno sabía que eran soberanos en el corazón del otro.

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La historia de la estrella de navidad

Cuando nació el niño Dios todos los pastores de Belén fueron hasta el pesebre a llevarle regalos: leche, miel, flores, queso… todos, excepto una pastorcita que era tan pobre que que no tenía nada que ofrendarle.

La pastorcita lloraba al borde de un pozo, y entre sus lágrimas vio una estrella brillando en el agua, era el reflejo de una estrella azul que brillaba esa noche en el cielo.

Apurada recogió en una cubeta agua del pozo y decidió regalarle al recién nacido el reflejo de la estrella.

Corrió apurada al lugar del nacimiento, pero cuando estaba al pie de la cuna tropezó y agua, reflejo y estrella se perdieron entre la tierra del suelo del pesebre.

Desconsolada rompió a llorar, pero el niño Dios estiró su manita y tocando una lágrima que resbalaba por su mejilla la convirtió en una estrella dorada que en el cielo sirvió de guía para que los reyes magos pudieran llegar a Belén.

Desde entonces, en todos los hogares del mundo donde se representa un pesebre o se decora un árbol se pone una estrella que simboliza a la estrella de Belén, que también nació la noche del nacimiento del hijo de Dios, pero a partir de una lágrima de amor.

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Un trato con Santa Claus

Joaquín era un niño codicioso, tan codicioso que una navidad le escribió una carta a Santa Claus pidiéndole que le trajera cien regalos a cambio de lo que él quisiera.

Santa Claus sorprendido ante semejante petición, pero dispuesto a enseñarle una lección, decidió visitarlo antes de navidad:

-Todos los años muchos niños alrededor del mundo me piden amigos, te traeré un regalo por cada amigo que me des – dijo Santa Claus.

-Me parece un trato excelente – dijo Joaquín- puedes quedarte con todos mis amigos a cambio de que me des muchos regalos.

Cuando llegó navidad Joaquín se creyó el niño más afortunado del mundo, recibió tantos regalos que no cabían en la sala de su casa, estaban regados por el patio, la cocina y hasta el baño.

Estaba tan contento que salió a la calle a buscar a su vecino Efraín, que era su amigo desde el preescolar, pero este no lo reconoció. Fue a la casa del frente donde vivían los gemelos Victor y Will, pero ellos tampoco parecían saber quién era. Desanimado, regresó a casa a buscar a su mejor amigo, su perro Eros, pero ni siquiera él era ya su amigo. Santa Claus le había dado justo lo que él quería: muchos regalos a cambio de sus amigos.

Joaquín lloró, no sabía lo mucho que le importaban sus amigos hasta que se dio cuenta que los había perdido. Juntando sus manitas rezó pidiendo que se los devolvieran.

De pronto Joaquín abrió los ojos… ¡Todo había sido un sueño!

Joaquín se levantó de un brinco y se fue corriendo a escribirle una carta nueva a Santa Claus.

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La cajita de besos

En un pueblo lejano vivía un buen hombre con su pequeña hija. Era un buen hombre, buen padre, buen amigo, buen trabajador.

El día antes de navidad el buen hombre castigó a su pequeña niña porque gastó un rollo entero de papel de regalo para envolver una pequeña caja, y como eran muy pobres ya no podía comprar más papel para envolver el resto de los regalos, que de todos modos no eran muchos.

La mañana de navidad la niña tomó la pequeña caja y se la dio a su papá ¡era un regalo para él! El papá se sintió apenado por haber castigado a su hija, pero volvió a molestarse cuando se dio cuenta de que la caja estaba vacía:

  • ¡Qué maleducada eres! – gritó el buen padre – ¿es que acaso no sabes que un regalo debe tener algo adentro? – y la niña respondió:
  • Papá, la caja no está vacía, la llene de besos solo para ti.

Cuentan los vecinos del pueblo que desde ese día el buen padre siempre tuvo la cajita cerca de él, y cuando su hija creció y se fue lejos a estudiar el sacaba un besito cada vez que se sentía solo para no extrañarla tanto.

Lo mejor de todo es que cada vez que volvían a encontrarse ella llenaba de nuevo la cajita con muchos besos de amor.

caja navideña

El hombre de nieve. (Hans Christian Andersen)

El hombre de nieve estaba quieto en la mitad del patio. Recordaba el día de su nacimiento: manos calentitas daban forma a su cuerpo, una zanahoria en el lugar indicado le sirvió de nariz y percibió su primer olor. Un par de piedritas del río le sirvieron de ojos y observó su primera imagen. Unas cuantas cerezas juntas le dieron una boca curva de donde emergió su primera sonrisa. Ya completo escuchó villancicos y conoció la navidad.

De día peleaba con el sol, porque no le quitaba la vista de encima. De noche discutía con la luna, creía que era el sol cansado de espiarlo. Tenía un sueño: moverse e ir a conocer el mundo.

Su vecino era un perro viejo y gruñón que de vez en cuando le ladraba diciéndole:

  • El Sol te hará irte de aquí cuando el tiempo cambie como lo hizo con tu antecesor el año pasado.

Cada mañana la joven salía y se paraba al lado del hombre de nieve a mirar el paisaje. A veces bailaba a su alrededor, otros días se sentaba y le hacía compañía, pero nunca salía en los días favoritos del hombre de nieve, cuando soplaba el viento y nevaba, entonces se quedaba esperándola con las ganas de compartir con ella el frio.

Y así fue pasando el tiempo y los días fríos eran cada vez menos frecuentes hasta que el cuerpo del hombre de nieve se empezó a deshacer. Entendió que el sol le hacía cambiar de forma y dando una última mirada agradecida a la joven que lo creo se deslizó entre las ramas convertido en agua para cumplir su mayor sueño: moverse, e inició un viaje por el mundo que acabaría en la próxima navidad, cuando volvería a convertirse en nieve.

muñeco de nieve

Los enanos mágicos (Hermanos Grimm)

Hace mucho tiempo existió un zapatero que tenía tan mala suerte que se quedó sin dinero para comprar materiales, solo le quedaba un trozo de cuero para hacer un par de zapatos.

Tenía todas sus esperanzas puestas en vender los zapatos que iba a hacer, por lo que quería hacerlos muy lindos. Una noche cortó el cuero y dejó todo listo para coserlos a la mañana siguiente.

Cuando se levantó a trabajar encontró los zapatos terminados sobre la mesa, tan bien hechos quedaron, que los vendió por el doble de su valor y con el dinero ganado compró materiales para hacer dos pares de zapatos.

Esa noche cortó el cuero y dejo todo preparado para coser los zapatos a la mañana siguiente. Al despertar encontró dos pares de zapatos completamente acabados que volvió a vender por el doble de su valor.

Fue así como todos los días empezó a sucederle lo mismo: dejaba el cuero cortado y al día siguiente encontraba hechos los zapatos más hermosos jamás vistos.

Una noche de invierno, en vez de irse a dormir, se quedó escondido para observar cómo se hacían los zapatos. Descubrió que un par de enanos desnudos entraban a su casa y hacían el trabajo.

La noche siguiente que era navidad en vez de dejar cuero cortado, el zapatero dejó sobre la mesa gorros, camisas, pantalones y zapatos como regalo de agradecimiento a los enanos que al ver la tan hermosa ropa se vistieron y se fueron cantando para nunca regresar.

El zapatero se sintió feliz de despedir así a los pequeños amigos que tanto lo ayudaron en su momento de necesidad, agradecer a los enanos fue el mejor regalo de navidad.

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