6 Cuentos tradicionales cortos

Los cuentos tradicionales forman parte de la cultura popular, de orígenes remotos o desconocidos. Evolucionan al pasar de generación en generación, con pequeños ajustes de acuerdo a los cambios ambientales. Al ser contados una y otra vez, indican la interacción de las distintas sociedades, donde juega un papel importante su lectura a través de la imaginación, sobre lo que realmente interesa.

El cuento está dentro de la gama de subgéneros narrativos, con características específicas. Son relatos breves de ficción y/o realidad, anónimos, con menos trama, personajes y escenarios. Tienen una estructura y un narrador, con personajes de otras épocas envueltos en aventuras, temas mágicos o desafíos.

Ejemplos de cuentos tradicionales de diferentes países

1. TÍO TIGRE Y TÍO CONEJO es un cuento tradicional venezolano de Antonio Arriaz.

Una calurosa mañana, Tío Conejo se encontraba recolectando zanahorias para el almuerzo cuando de repente escuchó un rugido aterrador: ¡era Tío Tigre!

— ¡Ajá, Tío Conejo! — dijo el felino — No tienes escapatoria, pronto te convertirás en un delicioso bocadillo.

En ese instante, Tío Conejo notó unas piedras muy grandes en lo alto de la colina e ideó un plan.

—Puede que yo sea un delicioso bocadillo, pero estoy muy flaquito — dijo Tío Conejo — Mira hacia la cima de la colina, ahí tengo mis vacas y te puedo traer una. ¿Por qué conformarte con un pequeño bocadillo cuando puedes darte un gran banquete?

Como Tío Tigre se encontraba de cara al sol, no podía ver con claridad y aceptó la propuesta. Entonces le permitió a Tío Conejo ir colina arriba mientras él esperaba abajo.

Al llegar a la cima de la colina, Tío Conejo gritó:

—Abre bien los brazos, Tío Tigre, estoy arreando la vaca más gordita.

Entonces, Tío Conejo se acercó a la piedra más grande y la empujó con todas sus fuerzas. La piedra rodó rápidamente.

Tío Tigre estaba tan emocionado que no vio la enorme piedra que lo aplastó, dejándolo adolorido por meses.

Tío Conejo huyó saltando de alegría.

2. EL LAGO DEL DIABLO es un cuento folklórico de Ecuador de Paulo de Carvalho-Neto.

En un pueblo había un anciano que tenía un hijo llamado Juan. Un día, cuando el joven cumplió 20 años, el padre le reveló un secreto:

  • Hijo mío, he guardado este secreto hasta que cumplas 20 años: detrás de esta llanura hay un lago que lo llaman Lago del Diablo. En el centro hay un árbol de manzano que da manzanas de oro. Si alguien consigue una de estas manzanas, inmediatamente se secará el agua y quedará a la vista un hermoso palacio.

Juan preguntó a su padre por qué el palacio asomaba en el lago, a lo que él contestó:

  • Antiguamente había un rey que no se preocupaba por su pueblo y, en castigo, el diablo inundó el palacio.

Al día siguiente, Juan salió en busca del árbol de los frutos de oro. Pasó por la llanura y, cuando estaba en el camino más peligroso, oyó una carcajada. Regresó un trecho, pero no vio nada. Se subió a un árbol, donde había un pajarito de bello plumaje.

Nuevamente oyó la carcajada y se preguntó: «¿Quién será?»

Entonces vio al pájaro batir las alas y oyó que, con una voz dulce, le dijo:

  • Juan, no debes desmayarte. Sigue hasta encontrar el lago del diablo.

Enseguida, el pájaro emprendió vuelo. Juan siguió avanzando y nuevamente oyó la carcajada del diablo y dijo:

  • Dios mío, dame fuerzas.

Al fin vio el Lago del Diablo y, en el centro, el árbol de las manzanas de oro. Cuando se disponía a tomarlas, un dragón de dieciocho cabezas apareció para devorarlo. Entonces, Juan imploró nuevamente:

  • Dios mío, Dios mío, no me abandones. Se armó de valor, tomó su espada y se dispuso a combatirlo.

Cuando la primera cabeza iba a devorarlo, de un solo golpe la cortó, y así sucedió con todas las demás.

Luego tomó una manzana de oro y en ese momento, las aguas se secaron y apareció el famoso castillo.

Cuando entró, vio a su padre con una hermosa doncella. El padre dijo:

  • Por valiente, te casarás con esta doncella y serás rey de este pueblo.

Juan fue rey del pueblo y vivió feliz con su querida esposa.

3. IASÁ Y EL ARCOIRIS es un cuento tradicional de Brasil.

En la tribu de los Cashinahuas vivía una joven llamada Iasá, tan hermosa que todos los que la veían se enamoraban de ella. Pero Iasá amaba solamente a Tupá, el hijo del dios supremo Tupán.

El demonio Anhangá, enamorado también de Iasá, sentía una terrible envidia de Tupá y decidió robarle a la novia. Para lograr su maligno propósito, se apareció un día ante la madre de Iasá y le dijo:

  • Si tú impides la boda de Iasá y Tupá y haces que tu hija se case conmigo, yo te daré caza y pesca abundantes durante toda tu vida.

La ambiciosa madre pensó que si obedecía a Anhangá, no tendría que preocuparse más por conseguir alimento. De inmediato, le prohibió a Iasá volver a ver a Tupá y decidió fijar la fecha del matrimonio de su hija con el demonio.

Al conocer la decisión de su madre, Iasá se sintió desesperada. Sabía que al casarse con Anhangá tendría que ir a vivir al infierno, en el centro de la tierra, y que jamás volvería a ver el cielo, donde vivía su amado Tupá junto a su padre, el dios supremo Tupán.

Era tanta su tristeza que quiso ver a Tupá por última vez, aunque solo fuera de lejos, y así se lo pidió a Anhangá.

El demonio decidió complacer a Iasá pero le impuso una condición:

  • Te harás una herida en un brazo para que las gotas de tu sangre marquen el camino que te lleva al cielo, así podré seguirte.

Conforme a lo prometido, el día señalado para la boda, poco antes de la ceremonia, Iasá partió a visitar a Tupá por última vez.

Se había cortado el brazo y a medida que avanzaba, las gotas de sangre iban formando un arco rojo en el cielo.

Tupá, que era muy poderoso, ordenó al sol, al cielo y al mar que acompañaran a Iasá en su camino y que, para confundir a Anhangá, dibujaran tres arcos más al lado de la franja roja.

El sol, Guarací, trazó un arco amarillo; el cielo, Luaca, dibujó un arco azul claro; y el mar, Pará, formó un arco azul oscuro.

Pero Iasá no logró llegar al cielo ni ver a Tupá. Debilitándose cada vez más, fue cayendo lentamente hacia la tierra.

Su sangre se mezcló primero con la franja amarilla de Guarací y se formó un arco anaranjado y, después, al mezclarse con el arco azul de Luaca, dibujó otro arco de color violeta.

Al caer sobre la tierra, Iasá murió en una playa, bañada por el agua del mar y por los rayos del sol. No se casó con Anhangá ni se fue al infierno. De su cuerpo subió un arco verde, formado por la mezcla del azul de Pará con el amarillo de Guarací, y se convirtió en el séptimo arco que seguía la trayectoria de los otros seis.

Así se formó el primer arco iris y esta es la historia de por qué tiene siete colores y aparece siempre en el cielo en forma de arco.

Ejemplos de cuentos MUY cortos

4. EL CÓNDOR Y LA CHOLITA es un cuento tradicional de Bolivia.

En la provincia boliviana, muchos conocen esta bonita historia. La muchacha más linda de la región era la encargada de cuidar un rebaño de ovejas.

Todos los días se le podía ver recorriendo los prados al lado de sus animales, pues no quería que les pasara nada. Una mañana de verano, un cóndor de gran tamaño pasó por allí y miró a la joven.

De inmediato, su corazón quedó prendado de ella y buscó la manera de raptarla. Aguardó hasta que los demás pastores se fueron a su casa y entonces, utilizando sus garras, tomó a la chiquilla por los hombros y la elevó hasta lo más alto de una montaña, lugar en donde la criatura vivía.

La pobre cholita le suplicaba que la dejara regresar a su casa al lado de sus padres, pues debía ayudarlos con las labores del campo. Así pasaron varios días y la joven iba perdiendo peso, no solo por el temor que sentía, sino porque no había alimentos que comer.

Por su parte, el cóndor le llevaba a diario carne cruda, pero al no haber fuego, ella no podía consumirla.

Fue entonces cuando el ave se percató de que los humanos cocinaban la comida utilizando la lumbre. Una noche voló hasta donde encontró las cenizas humeantes de lo que anteriormente fue una fogata, tomó un trozo de carne y lo calentó ahí hasta que cambió de color.

Luego se lo llevó a la cholita y se lo dio a comer. No obstante, la chiquilla continuaba rogándole que le permitiera regresar a su casa. Entonces el cóndor se dio cuenta de que no podía retenerla ahí, ya que ella nunca lo iba a querer.

Haciéndole un gesto, el ave le dijo que se subiera en él y se sujetara fuertemente de sus plumas, para así regresarla a donde pertenecía.

Era la primera vez que, en días, la muchacha usaba una sonrisa. Posteriormente, el ave cumplió su promesa y la devolvió a su domicilio sana y salva. Se dice que ella conservó una de las plumas del cóndor como un obsequio.

5. EL ZORRO Y EL QUIRQUINCHO es un cuento tradicional de Argentina (Indios Matacos).

Estaba un día el zorro pensando en cómo conseguir comida sin hacer ningún esfuerzo, y se le ocurrió una idea. Fue a ver al quirquincho y le propuso una sociedad:

  • Yo tengo un campo listo para ser sembrado y cosechado, y creo que no hay mejor cavador que usted.
  • Podría ser — respondió el quirquincho.
  • Las ganancias serán divididas en partes iguales — prosiguió el zorro. – Lo que salga arriba de la tierra será para mí, y lo que salga debajo de la tierra será para usted.
  • ¿Le parece justo?
  • Si usted lo dice, me parece bien — accedió el quirquincho, e inmediatamente se puso a trabajar.

El quirquincho cavó y cavó, y cuando la tierra estuvo preparada, sembró papas. Las plantas comenzaron a crecer y el zorro vigilaba el campo día tras día, orgulloso de su idea.

  • Recuerde, lo de arriba es para mí y lo de abajo es para usted — le decía al quirquincho.
  • Lo recuerdo, lo recuerdo bien.

Un día, las plantas estuvieron listas para ser cosechadas, y cuando el zorro vio que el quirquincho se quedaba con las papas y a él le correspondían tan solo unas hojas inservibles, le dijo:

  • Pienso, más bien, que con la próxima cosecha deberíamos hacer al revés. Yo me quedaré con lo de abajo y usted con lo que crezca por encima de la tierra.
  • ¿Le parece justo?
  • Si usted lo dice, me parece bien — le respondió el quirquincho, e inmediatamente se puso a preparar la tierra para la nueva plantación.

En esta ocasión, lo que sembró fue trigo. Las espigas comenzaron a crecer y el zorro vigilaba el campo día tras día, orgulloso de su idea.

  • Recuerde, esta vez lo de abajo es para mí y lo de arriba es para usted — le decía al quirquincho.
  • Lo recuerdo, lo recuerdo bien.

Cuando el trigo estuvo listo para ser cosechado, el zorro vio con sorpresa cómo el quirquincho se llevaba las espigas y él se quedaba únicamente con unas raíces inservibles.

Finalmente, dijo:

  • Creo que lo justo será que en la próxima cosecha yo me quede con lo de arriba y con lo de abajo.
  • ¿Y qué será para mí? — le preguntó el socio.
  • Lo del medio. ¿Le parece justo?
  • Si usted lo dice, me parece bien.

Entonces, el quirquincho sembró maíz. Las plantas crecían y el zorro vigilaba el campo día tras día, muy seguro de que su idea no podría fallar esta vez.

  • Recuerde, lo de abajo y lo de arriba es para mí, y usted se queda con lo del medio — le decía al quirquincho.
  • Lo recuerdo, lo recuerdo bien.

Cuando llegó el momento de la cosecha, el quirquincho orgulloso cortó los chocos por el medio de las plantas y dejó al zorro atónito con su parte de arriba y su parte de abajo.

6. EL SOL ROJO es un cuento tradicional de Paraguay.

Entre los indios mocoretaes había uno, joven, aguerrido y valiente, llamado Igtá (hábil nadador), que amaba a la más buena y hermosa de las mujeres de su tribu, Picazú (paloma torcaz), y quería casarse con ella.

Los padres de Picazú consintieron en que se realizara tal boda, pero siendo necesario para ello la aprobación de la Luna, llamaron al Tuyá (adivino) de la tribu para que la consultara.

Era una noche plácida y serena. La luz blanca, clara, brillante y hermosa de la Luna iluminaba los campos y las tolderías de los mocoretaes. El Tuyá, en su sabiduría, miró hacia el cielo y observó que la Luna se encontraba en su fase llena, radiante y esplendorosa.

El Tuyá tomó su arco y sus flechas, y se dirigió hacia el centro del poblado, donde todos los mocoretaes se habían reunido para escuchar su veredicto. En un tono solemne, el Tuyá declaró:

  • La Luna, en toda su majestuosidad, ha dado su aprobación para la boda de Igtá y Picazú. Será un matrimonio bendecido por los astros.

Los mocoretaes celebraron con alegría y comenzaron los preparativos para la gran ceremonia. Los jóvenes se reunieron para decorar las tolderías con flores y ramas, mientras las mujeres tejían hermosos vestidos y adornos para la novia.

Llegó el día de la boda, y todo el pueblo se congregó en un claro del bosque, bajo la luz radiante del Sol. Igtá y Picazú intercambiaron sus votos y recibieron las bendiciones de los ancianos de la tribu.

De repente, en el horizonte, apareció el Sol Rojo, un fenómeno raro y extraordinario que se produce muy pocas veces en la vida. El Sol, normalmente amarillo y brillante, adquirió un tono rojizo, como una señal divina que otorgaba su aprobación a la unión de Igtá y Picazú.

Los mocoretaes observaron maravillados el espectáculo celestial, considerándolo un augurio de buena fortuna y prosperidad para el matrimonio. La boda continuó en medio de la magia y la belleza del Sol Rojo, creando un recuerdo inolvidable en la memoria de todos los presentes.

Desde ese día, el pueblo mocoretae consideró el Sol Rojo como un símbolo de amor eterno y de bendición para las parejas que se unían en matrimonio. Cada vez que el Sol adquiría ese tono especial, recordaban la historia de Igtá y Picazú, y renovaban sus votos de amor y compromiso.

Así, el Sol Rojo se convirtió en una leyenda y un símbolo sagrado para los mocoretaes, recordándoles la importancia del amor y la felicidad en sus vidas.

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Estudiante de medicina (ULA), escultor y trovador. Redactor y Editor.

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