Descubre cómo funciona el miedo

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Cortesía: Pixabay

¿Sera excesivo afirmar que la inseguridad es una sensación en gran medida subjetiva? Seguramente no, y por ello mismo, debemos reducirla a sus dimensiones correctas. Lo criminal, en cualquiera de sus múltiples facetas es, ante todo, un peligro para el bienestar común, constituyendo el miedo al crimen, es decir,  la quiebra del bienestar colectivo una de las principales preocupaciones de la ciudadanía. Tanto es así que, según nos enseñan los criminólogos J.M. Rico y L. Salas, este miedo tiene a menudo una entidad autónoma, independiente, que no necesita actos criminales reales para tener vida propia.

El miedo se alimenta de conocimientos y noticias vagas e incorrectas; de juicios de valor, de estereotipos, de las propias variables individuales de cada cual, como la edad, el sexo, el trabajo, etc. de las experiencias personales, de la tendencia a magnificar la desgracia ajena o de las noticias relacionadas con la criminalidad y , por extensión, del tratamiento sensacionalista que este tipo de noticias reciben a menudo en los medios de comunicación, de la insatisfacción que puede producir el sistema penal, de las actividades de los grandes delincuentes de guante blanco y de sus estrategias para eludir la ley etcétera.

Estos elementos se vehiculan de manera habitual a partir de una serie de “medidores” o de las realidades vitales, como pueden ser la aparición en la calle de personas extrañas, desconocidas o que no visten según lo correcto, el paro, las desigualdades sociales, la presencia y las actividades de los llamados delincuentes habituales, las diferencias urbanas o el deterioro de los servicios públicos como el alumbrado o la limpieza de las calles, la poca visualización de la policía o, además, las reuniones escandalosas de adolescentes en la vía publica.


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Esta situación, este dibujo mental, este miedo, puede tener resultados bastantes negativos, que a su vez alimentan con más fuerza la sensación de inseguridad, evitar los lugares públicos comunes, la soledad que irrumpe en medio de grandes grupos de población o las medidas erróneas de auto seguridad que aun generan más inseguridad como determinadas utilizaciones de razas concretas de perros, el uso indebido e ilegal de armas, por económicas, que suenen y suenan.

Eso, por no hablar de la aparición de los denominados grupos de autodefensa o patrullas urbanas que, la mayoría de las veces, acaban siendo importantes elementos de violencia indiscriminada e injusta, o el surgimiento de sistemas privados de seguridad que afortunadamente solo en algunos casos, y por falta de control o de formación de sus miembros, pueden producir los mismos resultados que las patrullas urbanas.

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Guerrilla de las FARC. Cortesía: Pixabay

Pocas sensaciones pueden ser tan manipulables como el miedo, real o ficticio, a la criminalidad. Llevada hasta las últimas consecuencias, su instrumentalización puede generar sentimientos o actitudes que creen aún más inseguridad, tanto en el plano individual en forma de desamparo, desconfianza, tensión, angustia y aislamiento, como en el colectivo, aquí hablaríamos de intolerancia, xenofobia, agresión u hostilidad.

Es decir, esta instrumentalización puede significar el deterioro de las relaciones sociales, el incremento de estrategias de seguridad privada y personal y un fuerte escollo para una convivencia democrática.

Nivel personal, Nivel colectivo

Así pues, parece ser que la seguridad tiene dos niveles muy claros: el personal y el colectivo, dos niveles que se presentan a nuestros ojos mediante una percepción subjetiva que corre paralela a una realidad objetiva. Dos niveles que viven una interacción constante, de la que surge la percepción personal de la seguridad de cada ciudadano o ciudadana, que se lee, se vive como la realidad de la seguridad. Una realidad, que, con toda certeza, puede cambiarse, trabajarse, construirse cada día sin mantenemos como personas, a nivel individual y como ciudadanos, a nivel colectivo, una actitud activa.

Esto solo puede ser viable con la ley y el sistema penal como base y siendo los interlocutores, en la resolución de los distintos problemas de seguridad, las instituciones públicas, por un lado, y la sociedad civil, por otro.

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Dominar el miedo se hace clave en situaciones que atenten contra tu integridad física. Cortesía: Pixabay

Para colaborar a la seguridad general, la sociedad debe en todo momento asumir su parte de responsabilidad y dialogar con las instituciones encargadas del mantenimiento de su seguridad o, llegado el caso, exigir estrategias más efectivas o gestiones más eficaces en el cumplimiento de sus funciones. No en vano son parte de la administración pública y están obligadas a escuchar a la sociedad.

La manera más idónea de plantear el dialogo tiene también unos canales efectivos: asociaciones de padres ya que su intervención aportara una diversidad de matices imposibles de obtener desde perspectivas individuales y dará la dimensión correcta a esta auténtica recuperación de la calle por parte de los ciudadanos,

Definir que es causa de inseguridad

Es importante trascender la definición tradicional de seguridad pública y hacerla más amplia, hasta convertirla en un concepto integral. Por qué nadie pone en duda que las acciones criminales son, obviamente, causa de inseguridad. Pero también pueden serlo el estado del alumbrado público, la calidad de la vida social en el barrio, la integración de la escuela en el mismo o la calidad de vida de los niños y de los jubilados en las zonas verdes.


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Dicho de otro modo, si definimos un grupo de acciones individuales para aumentar la seguridad personal, debemos también, como miembros de una comunidad, tomar una serie de medidas colectivas que contemplen:

  • Cuestiones penales: la reinserción de antiguos presos, la calidad de las libertades condicionales, su control, etc.

 

  • Asuntos sociales: los programas de los servicios sociales con ancianos, con mujeres maltratadas, con parados de larga duración, etc.

 

  • Actividades formativas: calidad de la vida escolar, integración del alumnado, necesidades de la escuela, educación en el dialogo, la solidaridad y la diversidad, etc.

 

  • Temas urbanísticos: estados de las calles, nivel de accesibilidad de la ciudad o del pueblo para aquellos que tienen discapacidades importantes, mantenimiento de las zonas verdes, tratamientos de peatonalización, reducción de la agresividad urbanística, etc.

 

  • Estado de los servicios públicos: alumbrado, limpieza, cabinas de teléfonos, papeleras, bancos, etc.

 

  • Aspectos de comodidad de vida: farmacias, centros médicos, supermercado, etc.

 

  • Equipamientos culturales y de juventud: centros de reunión de jóvenes, centros de capacitación, fiestas populares, etc.

 

  • Servicios policiales: número de efectivos, prioridades de patrullaje, horarios, seguimientos de problemas concretos, etc.

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Es decir, la comunidad tiene que participar activamente en la gestión de su propia seguridad pública, a partir del dialogo con los responsables técnicos de las misma. Solo así los espacios públicos será un lugar de todos para vivir en paz y una comunidad.

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La seguridad personal es también tu tarea y debes velar por ella. Cortesía: Pixabay

Está en nuestra mano

Un manual de autoprotección debe ser autentico canto al sentido común. En ese sentido, no vamos a invitar a los lectores de este artículo. No obstante, aunque sea poco lo que podemos hacer, eso no significa que estamos atados de pies y manos. Por lo pronto, podemos pensar tener opiniones personales y reflexionadas de todas estas cosas y en función de ellas, manifestarlas de la única manera posible en una sociedad democrática. Debe ser cada uno quien tome sus propias decisiones sobre todos estos aspectos y nosotros deberíamos empezar, de una vez, a tratar la manera de aumentar nuestra seguridad personal.

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