Pensemos en las palabras de Leonardo Da Vinci: “Así como una jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada causa una dulce muerte.” Para ejemplificar un caso un tanto contrario a esta frase, tomemos la inusitada y controversial vida de Dian Fossey, quien fue una afamada primatóloga y conservacionista conocida por su extenso estudio sobre los gorilas de montaña, quien el pasado 16 de enero habría cumplido 86 años si no hubiese sido asesinada brutalmente el 26 de diciembre de 1985, hace 32 años, en su cabaña emplazada en las montañas Virunga en Ruanda. Aquí hablaremos sobre su “vida bien usada” que la llevó a una no tan “dulce muerte”.
 
 

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En busca de cariño incondicional

 

Dian Fossey nació el 16 de junio de 1932 en San Francisco, California, hija de una modelo afamada y un agente de seguros, sus padres se separaron debido a los problemas que el señor Fossey tenía con el alcohol. Al cabo de un año de divorciada, la madre de Fossey se casó con un hombre de negocios bastante adinerado que nunca llegó a tratar a la pequeña Fossey con cariño, al punto de que no le permitía sentarse a la mesa durante las cenas. Dian eventualmente perdió todo contacto con su padre, a pesar de los esfuerzos de este.

Podemos imaginar a la niña Dian buscando cariño en cada recoveco de su hogar y, no conseguirlo en los humanos. Así puede concluirse que buscó ternura y amor verdaderamente honestos; y estas dos cualidades fácilmente se pueden obtener bajo la incondicionalidad en los animales. Dian amó siempre a los animales y este amor nació por vez primera con un pez dorado. Tal fue el apego que Dian creó con este pececillo de escamas áureas, que luego de la muerte del pez, nunca más quiso volver a criar una mascota. Otra válvula de escape por su amor a los animales la halló en la equitación, actividad que inició a los seis años y donde logró una condecoración por su escuela.

Por ahora, adiós a la veterinaria

 

Ya a los 17 años, siguiendo los designios de su padrastro, Dian comienza un curso de negocios en el College of Marin. Tal fue el aburrimiento de la díscola Dian ante los números, que abandona el curso y tras unas vacaciones de verano que pasa en un rancho en el estado de Montana se decide a ingresar a un curso de pre-veterinaria en la Universidad de California. Dian contaba ya con 19 años. Como buen salmón yendo contra la corriente, con esta decisión, se halló ante fuerte dificultades; sus padres despreciaban la desenfrenada pasión de Dian por los animales por lo que cesaron de apoyarla económicamente. Pero esto fue un obstáculo nimio e irrisorio para la voluntad férrea de Dian. Para sustentarse, trabajó desde empleada en una tienda por departamentos hasta maquinista en una fábrica.

La pasión va casi siempre de la mano con el entusiasmo; Dian se destacó en las materias de zoología y botánica. Pero le faltó ese mismo entusiasmo para las ciencias básicas, fallando en los cursos de física y química. Este fracaso le impidió avanzar más allá del segundo año de estudio. Buscando otros derroteros, Dian se traslada al San José State College donde en 1954, a la edad de 22 años, se gradúa en terapia ocupacional. Haciendo uso de lo aprendido, cuida desde niños lisiados hasta pacientes adultos enfermos de tuberculosis.

Mientras trabajo en el Kosair Children’s Hospital se hizo muy amiga deMary White Henry y su esposo Michael J. Henry. Los Henry poseían una finca con caballos y ganado donde Dian dio rienda suelta a su pasión por la magnánima figura del caballo.

 

Un atisbo de África

 

 

Dian Fossey
Cortesía de The Dian Fossey Gorilla Fund; gorillafund.org

 

Los Henry le dan a Dian la primera oportunidad de visitar África, el vasto continente donde podría apreciar la vasta fauna y flora de esta inextricable tierra. Pero debido a una falta de recursos económicos, no puede realizar el viaje. Obstinada en su ambición de viajar a África, ahorra lo suficiente durante tres años y pide un préstamo al banco por 8000 dólares, embarcándose así en una aventura que duraría siete semanas; siete semanas en las que forjaría el rumbo hacía un futuro lleno de aventura, peligros y gorilas.

En septiembre de 1963, Dian llega a Nairobi, Kenia, donde comienza su periplo por la inmensidad africana. La epopeya de Dian le lleva por Rhodesia (actual Zimbabue), Tanganica (hoy Tanzania) y la República Democrática del Congo, donde años después establecería uno de sus primeros campamentos de investigación.

Dos de los últimos lugares que Dian visitaría, fueron el monte Mikeno en Congo, donde en 1959 George Schaller, un importante el zoólogo estadounidense llevó a cabo un estudio precursor acerca del gorila de montaña. Schaller, fue la primera persona en realizar una investigación de campo confiable sobre los gorilas de montaña, y sus esfuerzos pavimentaron el camino investigativo que sería la base para el trabajo de toda la vida de Dian Fossey.

El otro sitio que Dian visitaría fue la Garganta Olduvai en Tanzania, que es un lugar ubicado al este de África donde se hallan valiosísimos yacimientos paleontológicos y arqueológicos, tal es así, que recibe el apodo de “la cuna de la humanidad”. Aquí Dian conoció a Louis Leakey un afamado paleoantropólogo que se hizo famoso por postular y demostrar que el hombre evolucionó en África. Louis sería el maestro que permitiría enfocar la pasión y la admiración salvajes de Dian por los animales hacia la investigación sistematizada de los gorilas. En su libro, Gorilas en la niebla, habla sobre lo decisivo que fue este momento de su vida.

Creo que fue en este momento cuando se plantó la semilla en mi cabeza, aunque inconscientemente, de que algún día regresaría a África para estudiar a los gorilas de las montañas.

Louis Leakey no sólo alentó y apoyó a Dian, también a otras dos jóvenes mujeres investigadoras, hablamos de las renombradas Jane Goodall y Birutė Galdikas que estudiaron la vida y comportamiento de los chimpancés y orangutanes, respectivamente. Jocosamente se les llama a estas tres mujeres los Ángeles de Leakey.

Dian viaja luego a Uganda, donde conoce a los fotógrafos de vida silvestre Joan y Alan Root que le permiten establecerse en su campamento. Aquí, durante pocos días, Dian vería por primera vez a las bestias que se posarían en sus ojos, en sus sueños y en sus más profundas reflexiones durante el resto de su vida. Aquí podemos darnos el lujo de imaginarnos a Dian enfrentándose al quid entorno sobre el cual giraría su destino y comprendería la belleza en sí de los gorilas que encauzaría cada uno de sus esfuerzos para el estudio y conservación de tan gentiles gigantes. Dian plasmaría en su libro Gorilas en la niebla su irrefrenable voluntad de volver, algún día, a estas “montañas neblinosas”:

Fue su individualidad combinada con la timidez de su comportamiento lo que permaneció como la impresión más cautivadora de este primer encuentro con el más grande de los grandes simios. Dejé Kabara -su campamento- con renuencia pero sin ninguna duda de que, de alguna manera, volvería a aprender más sobre los gorilas de las montañas neblinosas.

Luego de que Dian pasara unos días más en Rhodesia, regresa a Louisville en Estados Unidos para pagar los préstamos que le permitieron viajar y enamorarse de la vida en los ojos de otra especie.

 


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Preparativos para partir, de nuevo

 

De regreso en Louisville vuelve a su trabajo como terapeuta ocupacional, pero además, halla el tiempo suficiente para escribir pequeñas reseñas sobre su aventura en África que serían publicadas por un periódico local. Tantas vueltas da el mundo que en la primavera de 1966 el Dr. Leakey se hallaba en Louisville impartiendo unas conferencias. Ante la noticia y llena de emoción, Dian asistió a las conferencias y aprovechó la oportunidad para hablar con el Dr. Leakey y además mostrarle los artículos que había escrito en su periódico local. Seguramente el Dr. Leakey vio en los ojos de Dian el vivo fuego del entusiasmo, porque le propuso a la joven Dian llevar a cabo una investigación a largo plazo sobre los gorilas de montaña. Y para probar la voluntad de Dian, le dijo que antes de viajar debía extirparse la apéndice. Cosa que Dian llevó a cabo apenas pudo. ¡Cuán grande sería la sorpresa de Dian cuando el Dr. Leakey le dijo que su sugerencia de que se extirpara el apéndice era sólo una prueba para ver de qué estaba hecha su resolución!

Pasaron ocho meses antes de que Dian pudiera hacerse con el dinero suficiente para embarcarse en otra aventura a África. Ese tiempo lo invirtió en pagar las deudas de su primer viaje y en preparar el equipaje de su lenguaje, pues Dian no sabía nada de suajili, la lengua africana que se habla por sobre todo en Tanzania, Kenia, Uganda, República Democrática del Congo, Ruanda y Zimbabue. Destinos que Dian visitaría frecuentemente. Para aprender suajili Dian utilizaría el libro de gramática Teach Yourself Swahili. Y para saber más sobre los gorilas, que posteriormente ella estudiaría, Dian leyó los libros de George Schaller en los que describían los descubrimientos del autor acerca del comportamiento de estos grandes simios. Para Dian debió ser bastante doloroso separarse de sus familiares y amigos, y sobre todo de sus perros. Dian Fossey diría luego:

No había forma de que pudiera explicarles a mis perros, amigos o padres la imperiosa necesidad que tenía de regresar a África para iniciar un estudio a largo plazo de los gorilas. Algunos lo pueden llamar destino y otros pueden llamarlo un destino desalentador. El giro de los acontecimientos en mi vida es fortuito.

En diciembre de 1966, Dian se encuentra de nuevo viajando a África. Llega a Nairobi y con la ayuda de Jane Root, que conoció en 1963, adquiere las provisiones necesarias para partir hacia el Congo. Viaje que realiza en un Land Rover que le regaló el Dr. Leakey y que Dian bautizó como Lily. Pero antes de llegar a su destino, Dian hizo una parada en el Parque nacional Gombe Stream, en Tanzania, para conocer a Jane Goodall y su metodología de estudio sobre los chimpancés.

Entre las hojarascas de Kabara

 

 

Dian
Cortesía: refinery29.

 

Retomando la ruta, Dian se dirige a las Montañas Virunga, lo que antes se llamaba Parque Nacional Virunga y hoy es el Parque Nacional Albert. Para llegar hasta aquí, requirió la esencial ayuda de Alan Root, que asistió a Dian en obtener los permisos necesarios para trabajar en las montañas. Además Root le proporcionó dos hombres africanos para que se quedaran con ella en el campamento y la ayudaran, así como también todo un equipo de hombres que cargaron los equipos y provisiones necesarias para la estancia de Dian en aquel sitio. El lugar del emplazamiento se llama prado Kabara. Aquí, en Kabara, a tan solo dos días de la llegada del equipo, Root y los demás hombres se marchan y dejan prácticamente sola a Dian ¡Imaginen cuán grande sería la ansiedad de Dian al verse sumergida en la espesura verde y húmeda de la montaña! Junto a su soledad, Dian no pierde el tiempo e invierte la mayoría del día en rastrear a los gorilas y observarlos, o al menos, intentarlo.

Dian cuenta que el primer día, a tan solo 10 minutos de caminata, vislumbró de entre el follaje, la gigantesca y negra figura de un gorila macho tomando el sol. Apenas el gorila vio a Dian se esfumó.

Antes que desalentar a Dian, este encuentro la llenó de alegría y de fuerzas para perseverar en la observación de los formidables gorilas. Para perfeccionar su técnica de rastreo, se valió de las enseñanzas de Sanwekwe, un excelso rastreador de gorilas que era uno de los hombres que acompañaba a Dian en el campamento y del que Dian aprendería mucho. Gracias a las instrucciones de Sanwekwe, Dian pudo identificar tres grupos de gorilas, los cuales estudió durante un buen tiempo.

Dificultosamente Dian se fue habituando a la ardua vida de aquellas montañas olvidadas por el hombre pero reconquistadas por los simios. El hogar, si es que puede llamarse así, que habitaba Dian, era una pequeña tienda de apenas 4 por 3 metros donde dormía, comía y se bañaba, pero también era este pequeño espacio el que fungía como oficina; donde Dian reflexionaba, escribía y volvía a reflexionar, plasmando todo ello en las páginas de su diario de investigación. Paro tanta labor, Dian requería bastante energía y para ello, consumía una austera dieta de enlatados y papas servidas en infinidad de formas. Cuando la comida estaba a punto de escasear, Dian bajaba en su Land Rover Lily hasta la aldea de Kikumba a dos horas del prado Kabara para abastecerse de lo necesario.

 


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Aprendiendo de los simios

 

Los grupos de Kabara me enseñaron mucho sobre el comportamiento de los gorilas. De ellos he aprendido a aceptar los animales en sus propios términos y no empujarlos más allá de los diferentes niveles de tolerancia que están dispuestos a dar. Cualquier observador es un intruso en el dominio de un animal salvaje y debemos recordar que los derechos de ese animal prevalecen sobre los intereses humanos.

Esas eran palabras de Dian en su libro Gorilas en la niebla. Palabras prestas a la profunda reflexión. Perseverando día tras día, Dian se internaba en la selva para lograr un pequeño asomo a los gorilas. Sin embargo, estos eran demasiado huidizos. Pero como dicen: gota tras gota el agua horada la piedra; los esfuerzos de Dian brindaban frutos y los gorilas paulatinamente aceptaron a Dian en su grupo.

 

Aunque, para ello, Dian tuvo que entrar de lleno en su papel simiesco; hurgaba dentro de la tierra; se revolcaba en las hojas; aparentaba comer los vegetales que los gorilas comían y, además imitaba las vocalizaciones de satisfacción que los gorilas hacían.

Emulando a su antecesor, George Schaller, logró identificar cada individuo de la manada mediante las “huellas” peculiares de cada gorila; alguna cicatriz, una mancha en el pelaje o características propias del rostro de cualquiera de los simios. Esto le permitió catalogar los grupos con los que estaba trabajando, y llevar un registro adecuado del comportamiento de los individuos en particular.

En el país equivocado, Zaire

 

Dian llevaba una irrefrenable rutina para recabar la mayor cantidad posible de información acerca de sus simios. Daba largas caminatas a lo largo de la selva con sus botas empapadas en barro y su ropa calada de humedad, pasaba largas horas sentada o en posiciones bastante incómodas observando a los gorilas. Pero esta rutina demoledora fue interrumpida debido al resquebrajamiento de la situación política en el Congo. La fecha en sus anotaciones marca que el día 9 de julio de 1967, ella, junto a su rastreador Sanwekwe, llegaron al campamento en Kabara y se dieron de lleno con un grupo de soldados armados.

El problema que alteraba la paz en aquel país fue el hecho de que hubo una rebelión en la provincia de Kivu en Zaire, en lo que es hoy República Democrática del Congo. Y la presencia de los soldados se explicaba porque estos llevarían a Dian a la supuesta seguridad de la montaña. Dian permaneció hasta el 26 de julio estrictamente vigilada, hasta que logró escapar.  Incluso, les ofreció dinero a sus captores para que la llevaran hasta la provincia de Kisoro, en Uganda. Los soldados no pudieron resistirse a tan jugosa oferta y la llevaron. Ya en Kisoro, Dian fue inmediatamente al Travelers Rest Hotel, donde llamó al ejército ugandés para que le ayudaran y arrestaran a los captores de Dian.

Ya a salvo en Kisoro, Dian viaja a Kigali, la capital de Ruanda y de allí hasta Nairobi donde se reúne, luego de 7 largos meses, con el Dr. Leakey. En esta reunión deciden, a pesar de los inconvenientes, continuar con la investigación en la parte ruandés de las montañas Virunga. 

 

Un hogar: Centro de investigación Karisoke

 

Dian
Cortesía de The Dian Fossey Gorilla Fund; gorillafund.org

 

Una vez en Ruanda, Dian hace amigos apenas llega. Conoce a una mujer llamada Rosamond Carr, quien tenía muchos años viviendo en Ruanda y por medio de la cual, conoce a Alyette DeMunck, una mujer belga nacida en Zaire. Alyette conocía muy bien Ruanda, tanto sus montañas como a su gente, una gran ventaja que facilitó los movimientos de Dian dentro del país.

Fue gracias a Alyette que Dian llegó, luego de una ardua búsqueda, a la pradera alpina, una especie de páramo, de la montaña Karisimbi. En este espléndido lugar para la observación, Dian tenía una vista magnífica de toda la cadena de volcanes extintos que conformaban la cadena montañosa de Virunga.

Tras un escabroso esfuerzo el 24 de septiembre de 1967 Dian Fossey instaura el Centro de Investigaciones Karisoke. Este nombre se deriva en sus primeras cuatros letras “Kari” del monte Karisimbi y “soke” de las últimas cuatro letras del monte Visoke. En palabras de Dian:

Poco sabía entonces que al instalar dos tiendas de campaña pequeñas en las montañas Virunga, había sentado las bases de lo que se convertiría en una estación de investigación de renombre internacional que luego sería utilizada por estudiantes y científicos de muchos países.

Manos a la obra en el Centro Karisoke

 

Infinidad de contratiempos se interpusieron en el desenvolvimiento del trabajo de Dian; su amiga Alyette tuvo que irse, y ella era la única interprete con la que Dian contaba. Pues los hombres ruandeses con los que tenía que trabajar día a día hablaban kiñaruanda, la lengua más hablada en Ruanda y de la que Dian en un principio no sabía ni una palabra. Poco a poco y con el uso de gestos corporales, ella llegó a comunicarse con el resto de los hombres. Otro de los reveses a los que se enfrentó Dian, fue el hecho de que tuvo que empezar desde cero el proceso de ganarse la confianza de los gorilas y así emprender de lleno la investigación.

Justo ahora la sabiduría y experiencia previa de George Schaller le brindó a Dian la instrucción necesaria para continuar de manera sistemática y organizada su investigación. Dian usó toda la información que pudo extraer del libro de Schaller El Gorila de Montaña para habituarse a los cuatro grupos de simios con los que finalmente trabajó en 1968.

Para el año 1968, el trabajo de Dian Fossey estaba haciendo eco en la sociedad científica. Fue para este año que la Sociedad National Geographic envió al fotógrafo Bob Campbell para documentar la labor de Dian. Al principio, la llegada de este hombre fue interpretada por Dian como un lastre para su investigación. Pero con el transcurrir de los días, en medio de la selva, es difícil no conversar con el único humano que habla tú mismo idioma. De este modo Bob y Dian se hicieron íntimos amigos.

 

Gracias a las hermosísimas fotos de Bob, los gorilas fueron desmitificados. Ahora estos gigantes de pelaje oscuro dejaron de ser el artífice del terror en los cines, para convertirse en gentiles bestias de las cuales no hay que temer, sino dejar que nuestros ojos se enternezcan con ellas. Las fotos de Bob también fueron un acicate para aupar las labores conservacionistas que tanto necesitaban y necesitan estos bellos animales.

Un título entre Cambridge y Ruanda

 

La ausencia de un título que certificara a Dian como experta en primates, es decir, primatóloga, le restaba, según ella, seguridad a sus estudios. Para cortar la cabeza a este problema, Dian se inscribió en 1970 en el departamento de comportamiento animal, en el Darwin College, Cambridge. Donde estudió bajo el tutelaje del Dr. Robert Hinde, un importante zoólogo británico, que también había instruido a Jane Goodall, quien al igual que Dian carecía de algún título que la certificara como experta en comportamiento animal.

Entre idas y venidas por Cambridge y Ruanda, en 1974, Dian obtiene su Ph. D. que es el diploma que designa a la persona como docta en el estudio general de conocimientos específicos y el amor por los mismos. Dian ejemplificaba muy bien ese amor por el saber. Ya con título en mano, emprende de nuevo la exigente labor de estudiar con mucho más ahínco y presteza el comportamiento de los gorilas de montaña.

 


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Gorila
Imagen procedente de www.flickr.com; Credit: by Philip Kromer.

 

Llegó un momento en el que Dian se vio sumergida en una diatriba: los gorilas estaban siendo asesinados y su número estaba disminuyendo a niveles verdaderamente alarmantes. Había varias afrentas que amenazaban a los gorilas; cazadores furtivos que mataban los gorilas, los decapitaban y cortaban sus manos para hacer con ellas burdos ceniceros, ganaderos que dejaban sus rebaños en el parque y desplazaban a los gorilas y trampas que si bien estaban destinadas a antílopes o búfalos también caían en ellas los desafortunados gorilas.

Dian puso en marcha una serie de tácticas para defender a los gorilas que denominó “conservación activa”; usaba máscaras espeluznantes para ahuyentar a los cazadores furtivos, cazaba las trampas y las destruía, pintaba el ganado con rociador para darles una señal a los pastores que no llevaran sus rebaños a esas zonas, y, algunas veces, se enfrentaba cara a cara con los cazadores furtivos. Pero Dian no podía hacer esto sola.

Recuerden que Dian se ubicaba en un Parque Nacional, y que por ley, estaba protegido por guardias. Pero estos guardias carecían de las armas y el equipamiento imprescindible para defender el Parque y sus gorilas. Dian no contaba con la necesarísima ayuda gubernamental, por lo que usó su propio dinero para financiar una mejora sustancial en los equipos de guardabosques. Les proporcionó armas, vestimenta adecuada, alimentos y, plantó la semilla de lo indispensable que era cuidar los habitantes simiescos del bosque. Bajo esta labor, se instituyeron las primeras patrullas contra la caza furtiva de gorilas bajo el auspicio del Centro Karisoke.

Una amistad perenne: Dian Fossey y Digit

 

Digit y Dian
Digit y Dian imagen procedente de The Dian Fossey Gorilla Fund; gorillafund.org

A lo largo de su intenso trabajo investigativo, Dian se topó con muchos gorilas, con los cuales llegó a establecer lazos afectivos importantes. Pero fue un gorila el que verdaderamente caló en su corazón. Se trataba de Digit, tenía aproximadamente 5 años y vivía junto a un grupo de gorilas, que Dian denominó Grupo 4. Digit, tenía un dedo de la mano derecha dañado, por eso Dian lo bautizó así. Desde que Dian lo observaba, Digit era bastante solitario y no tenía compañeros de juego de su edad en su grupo. Pero poco a poco Digit se sintió profundamente atraído por Dian y, a la vez, ella por él. Con el incesante pasar de los días, se fue generando entre ambos una insondable y muy arraigada amistad.

Pero en la víspera de año nuevo, a pocas horas de que llegara el año 1978, Digit fue horriblemente asesinado. Su muerte acaeció mientras un grupo de cazadores furtivos atacó su grupo. Digit se abalanzó y defendió con todas sus fuerzas su manada de los cazadores furtivos. Digit murió pero su grupo se salvó. Fue apuñalado un centenar de veces y, ya muerto, fue decapitado y sus manos mutiladas. Este grotesco evento hizo que Dian bajo los influjos de la ira y la tristeza, le declarara la guerra a los cazadores furtivos. Tras una esforzada investigación, Dian y su equipo lograron capturar a uno de los asesinos de Digit y este reveló los nombres de sus cómplices, así casi todos los responsables de la muerte de Digit fueron apresados.

En 1980, Dian Fossey se da un descanso, se muda a Ithaca, Nueva York y se convierte en profesora asociada visitante en la Universidad de Cornell. Durante este tiempo fuera de las montañas de Ruanda, lo invirtió en la redacción de su libro Gorilas en la niebla, que fue publicado en 1983.

El libro relata su periplo en la investigación de los gorilas de montaña. También plasmaría la importancia de la conservación de estos simios, gigantes adorables que necesitan del esfuerzo humano para que no sucumban ante la codicia de la caza desenfrenada. El libro fue muy bien recibido, como también una película homónima al libro protagonizada por Sigourney Weaver, que da una muestra cinematográfica fehaciente del duro trabajo de Dian Fossey.

Aquí puedes ver el trailer de la película de Gorilas en la niebla en inglés.

 

Gorillas In The Mist (1988) Official Trailer – Sigourney Weaver, Bryan Brown Movie HD

 

 

Un legado inestimable

 

Tumba de Dian Fossey y Digit.
Tumba de Dian Fossey y Digit. Por Fanny Schertzer. Wikimedia Commons.

 

El 26 de diciembre 1985, a altas horas de la noche es asesinada de un modo grotesco Dian Fossey. Su cadáver fue descubierto en la madrugada del 27 por Wayne McGuire, el último asistente de la investigación de Dian. McGuire relató que al entrar a la cabaña, vio pruebas inequívocas de lucha; vidrios partidos por toda la cabaña, un agujero en la pared que su asaltante o asaltantes perpetraron para entrar en la cabaña, muebles volcados por todos lados, y al lado de Dian, una pistola 9mm junto a muchas municiones desperdigadas por el suelo. Todos ellos vestigios de que Dian, probablemente, luchó como una fiera para defender su vida. McGuire, al observar el cadáver dijo:

Me acerqué al cuerpo de Dian para tomar sus signos vitales y vi cómo su rostro había sido partido en dos diagonalmente por un machete.

Muy probablemente el robo no fue el motivo del crimen, pues en la cabaña yacían muchos objetos de valor de Fossey como su pasaporte y miles de dólares norteamericanos. Entre los muchos objetos que se hallaban desparramados por la cabaña, estaba el diario de Dian, en el que estaban escritas estas últimas palabras:

Cuando te das cuenta del valor de la vida, uno se preocupa menos por discutir sobre el pasado  y se concentra más en la conservación para el futuro.

Con estas profundas palabras, Dian se despidió sin saberlo del resto del mundo. Dian Fossey fue enterrada en Karisoke, en un breve cementerio que ella improvisó para sus amigos gorilas muertos a manos de los cazadores, y, justo al lado de la tumba de su amado amigo Digit. También se celebraron funerales en Nueva York, Washington y California.

Muchos han sido los sospechosos que han sido puestos bajo la mira por el asesinato de Dian Fossey; Rwelekana era un rastreador que trabajó los últimos días con Dian, pero que fue despedido por ella misma meses antes de su muerte. Rwelekana fue apresado, junto a otros sospechosos que iban a ser liberados por falta de pruebas, pero aparentemente se ahorcó en su celda. Por otro lado, la justicia ruandés enjuició y condenó a Wayne McGuire, pero este había regresado a Estados Unidos, su culpabilidad está en entredicho, y son muy pocas las pruebas en contra suya.

Pero hoy en día la teoría que más cobra peso es que Dian fue asesinada por cazadores furtivos apoyados por autoridades ruandesas, entre los nombres de los posibles culpables figura uno importante: Protais Ziriganyirago, cuñado del presidente en aquel entonces y jefe de la mafia de cazadores furtivos.

El periodo de tiempo que transcurrió entre la muerte de Dian hasta el genocidio de Ruanda de 1994, el Centro de Investigaciones de Karisoke fue dirigido por exalumnos, algunos de los cuales se habían opuesto a las doctrinas de Dian. Durante el genocidio y el posterior período de inseguridad, el campamento fue completamente saqueado y destruido. Hoy solo quedan restos de su cabaña. Durante la guerra civil, el Parque Nacional de Virunga se llenó de refugiados y la tala ilegal destruyó vastas áreas.

 


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Conclusión

 

Dian brindó aportes importantísimos acerca de los gorilas; describió cómo las hembras se transfieren de un grupo a otro a lo largo de los años; hizo un estudio extensivo sobre la vocalización de los gorilas, las jerarquías y las relaciones sociales entre grupos; puso la voz en alto e informó que el infanticidio en estos grupos animales era muy infrecuente; caracterizó la dieta del gorila y cómo los gorilas reciclan los nutrientes. Dian Fossey fue reconocida como la autoridad líder mundial en fisiología y comportamiento de los gorilas de montaña

Pero esto no impidió que después de la muerte de Dian la fundación que ella erigió en nombre de Digit siguiera trabajando. Y en los Estados Unidos pasó a llamarse Dian Fossey Gorilla Fund InternationalEl Centro de Investigación Karisoke, perpetuó la labor incansable de Dian y es, hoy por hoy, operado por la Dian Fossey Gorilla Fund International, y continúa con el monitoreo diario de gorilas y la protección que comenzó una imbatible mujer que daría todo lo que su alma podía brindar por los admirables gorilas de montaña.

 

 

Lectura recomendada:

 

Luis Barrera.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dian Fossey, una vida abnegada entre la niebla y los gorilas
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