10 Ejemplos de Poemas Barrocos

La época barroca surge después del periodo renacentista, entre los siglos XVII y XVIII (1600-1750). Se caracteriza por dejar atrás la simpleza y armonía del renacimiento y ser más estridentes y extravagantes, además, se concentra en crear arte que refleje el desengaño, angustia y pesimismo que se vivía en la época, por lo que suele estar cargado de sátira y cinismo hasta en los aspectos más mundanos. Sin embargo, no dejaban de incluir las emociones y sentimientos profundos que caracterizan al género de la poesía, quizá, por ello, algunos de estos poemas aún se mantienen en vigencia en nuestra época, siendo incluso los favoritos de muchos.

Variados fueron los poetas que destacaron durante el tiempo del arte barroco, no obstante, los que presentamos en el articulo actual tomaron una fuerza increíble, siendo merecedores de una fama que los persigue siglos después.    

Poemas barrocos

1. “Cuál sea mejor, amar o aborrecer” de Sor Juana Inés de la Cruz

Al que ingrato me deja, busco amante; 
al que amante me sigue, dejo ingrata; 
constante adoro a quien mi amor maltrata, 
maltrato a quien mi amor busca constante. 
Al que trato de amor, hallo diamante, 
y soy diamante al que de amor me trata, 
triunfante quiero ver al que me mata 
y mato al que me quiere ver triunfante.

Si a este pago, padece mi deseo; 
sí ruego a aquél, mi pundonor enojo; 
de entrambos modos infeliz me veo. 
Pero yo, por mejor partido, escojo; 
de quien no quiero, ser violento empleo; 
que, de quien no me quiere, vil despojo.

2. “Definiendo el amor” de Francisco de Quevedo

Es hielo abrasador, es fuego helado, 
es herida que duele y no se siente, 
es un soñado bien, un mal presente, 
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado, 
un cobarde con nombre de valiente, 
un andar solitario entre la gente, 
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada, 
que dura hasta el postrero paroxismo;
 enfermedad que crece si es curada. 
Éste es el niño Amor, 
éste es su abismo. 
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada 
el que en todo es contrario de sí mismo!

3. “Detente sombra” de Sor Juana Inés de la Cruz

Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?
	
Más blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que, aunque dejas burlado el lazo estrecho
que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía

4. “Ovillejos” de Miguel De Cervantes

¿Quién menoscaba mis bienes?
¡Desdenes!
 Y ¿quién aumenta mis duelos? 
¡Los celos!
 Y ¿quién prueba mi paciencia? 
¡Ausencia! 
De este modo en mi dolencia 
ningún remedio se alcanza, 
pues me matan la esperanza, 
desdenes, celos y ausencia.

¿Quién me causa este dolor?
¡Amor! 
Y ¿quién mi gloria repugna? 
¡Fortuna! 
Y ¿quién consiente mi duelo? 
¡El cielo! 
De este modo yo recelo morir desde mal extraño,
 pues se aúnan en mi daño amor, fortuna y el cielo.

¿Quién mejorará mi suerte? 
¡La muerte! 
Y el bien de amor, ¿quién le alcanza?
 ¡Mudanza! 
Y sus males, ¿quién los cura? 
¡Locura! 
Dese modo no es cordura querer curar la pasión, 
cuando los remedios son muerte, mudanza y locura.

5. “Quien no sabe de amor” de Lope de Vega

Quién no sabe de amor vive entre fieras;
Quién no ha querido bien, fieras espante,
O si es Narciso de sí mismo amante,
Retrátese en las aguas lisonjeras.

Quien en las flores de su edad primeras
Se niega a amor no es hombre que es diamante;
Que no lo puede ser el que ignorante,
Ni vio sus burlas ni temió sus veras.

¡Oh, natural amor! Qué bueno y malo,
En bien y en mal te alabo y te condeno,
Y con la vida y con la muerte igualo:
Eres en un sujeto, malo y bueno,
O bueno al que te quiere por regalo,
Y malo al que te quiere por veneno.

Ejemplos de poemas de erotismo

6. “Soneto XXXI” de Francisco de Medrano

Arde la llama,
 y a la oscura y fría noche 
el festivo incendio vence, 
y cuanto de estruendo y fuego horror fue ya 
en Lepanto sirve el gusto brevísimo de un día. 
Sola una tú lo atiendes, alma mía,
 de placer no alterada ni de espanto, 
siendo en tan nueva luz y en fuego 
tanto la admiración común y la alegría.

Arde ¿quién duda? 
en tu más noble parte 
más fiera llama y más también luciente. 
¿Qué te podrá alegrar o qué admirarte? 
Así, presente el sol, no hay luz hermosa ni grande; 
así ningún pincel valiente, presente la verdad, parecer osa.

7. “A las flores” de Pedro Calderón de la Barca

Éstas que fueron pompa y alegría
despertando al albor de la mañana,
a la tarde serán lástima vana
durmiendo en brazos de la noche fría.

Este matiz que al cielo desafía,
Iris listado de oro, nieve y grana,
será escarmiento de la vida humana:
¡tanto se emprende en término de un día!

A florecer las rosas madrugaron,
y para envejecerse florecieron:
cuna y sepulcro en un botón hallaron.

Tales los hombres sus fortunas vieron:
en un día nacieron y espiraron;
que, pasados los siglos, horas fueron.

8. “La vida es sueño” de Calderón de la Barca

Es verdad, pues: 
reprimamos esta fiera condición, 
esta furia, 
esta ambición, 
por si alguna vez soñamos.

 Y sí haremos, 
pues estamos en mundo tan singular, 
que el vivir sólo es soñar; 
y la experiencia me enseña, 
que el hombre que vive, 
sueña lo que es, 
hasta despertar.

Sueña el rey que es rey, 
y vive con este engaño mandando, 
disponiendo y gobernando; 
y este aplauso, que recibe prestado, 
en el viento escribe 
y en cenizas le convierte la muerte (¡desdicha fuerte!): 
¡que hay quien intente reinar 
viendo que ha de despertar en el sueño de la muerte! 
Sueña el rico en su riqueza, 
que más cuidados le ofrece; 
sueña el pobre que padece su miseria y su pobreza; 
sueña el que a medrar empieza, 
sueña el que afana y pretende, 
sueña el que agravia y ofende, 
y en el mundo, en conclusión, todos sueñan lo que son, 
aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí, 
de estas prisiones cargado; 
y soñé que en otro estado más lisonjero me vi. 
¿Qué es la vida? 
Un frenesí. 
¿Qué es la vida? 
Una ilusión, una sombra, una ficción, 
y el mayor bien es pequeño; 
que toda la vida es sueño, 
y los sueños, sueños son.

9. “Ándeme yo caliente, y ríase la gente” de Luis de Góngora

Ándeme yo caliente y ríase la gente. 
Traten otros del gobierno del mundo y sus monarquías, 
mientras gobiernan mis días mantequillas y pan tierno, 
y las mañanas de invierno naranjada y aguardiente, 
y ríase la gente. 

Coma en dorada vajilla el príncipe mil cuidados, 
como píldoras doradas; 
que yo en mi pobre mesilla
 quiero más una morcilla 
que en el asador reviente, 
y ríase la gente. 

Cuando cubra las montañas de blanca nieve el enero, 
tenga yo lleno el brasero de bellotas y castañas, 
y quien las dulces patrañas del Rey 
que rabió me cuente, 
y ríase la gente.

Busque muy en hora buena el mercader nuevos soles; 
yo conchas y caracoles entre la menuda arena, 
escuchando a Filomena sobre el chopo de la fuente, 
y ríase la gente.

 Pase a media noche el mar, 
y arda en amorosa llama Leandro por ver a su Dama; 
que yo más quiero 
pasar del golfo de mi lagar la blanca o roja corriente,
 y ríase la gente,
pues Amor es tan cruel, 
que de Píramo y su amada hace tálamo una espada, 
donde se junten ella y él, 
sea mi Tisbe un pastel, 
y la espada sea mi diente, 
y ríase la gente.

10. “Caducidad de la belleza” de Christian Hofmann Von Hofmannswaldau

Con su mano la muerte pasará helada,
su palidez al cabo, 
Lesbia, por tus pechos, 
será el suave coral pálidos labios deshechos, 
del hombro arena fría la nieve hoy inflamada. 
De los ojos el dulce rayo y los vigores de tu mano, 
que vencen a su par,
 vencerá el tiempo, 
y el cabello, 
hoy áureo de fulgores, 
será un cordel común, que la edad cortará.

El bien plantado pie, 
la postura agraciada serán en parte polvo,
 en parte nulos, 
nada;
 ya el numen de tu brillo no tendrá ofrendante. 
Esto y aún más que esto ha al fin de sucumbir, 
sólo tu corazón puede siempre subsistir, 
pues la naturaleza lo ha hecho de diamante.
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