QUÍMICA del AMOR, la ciencia detrás de enamorarse

eterno, fé
Fuente: La Mente es Maravillosa

Sepa cuánto dura el amor. Descubra por qué la fidelidad es producto de nuestra voluntad de amar…

El amor tiene una fórmula secreta y un tiempo de caducidad. Hay varias fases por las que pasamos en ese estado en el que sucede el enamoramiento. Podemos saber con exactitud cómo va reaccionando nuestro cuerpo ante el flechazo de Cupido. Hace un par de siglos muchas personas murieron de amor sin estar conscientes de que era el causante de sus dolencias. Los últimos avances de la ciencia y la tecnología nos permiten saber que el amor es una bomba química, semejante a una droga que nos invita a perpetuar nuestra especie. Más adelante veremos como este efecto será perpetuado por nuestra voluntad de amar.


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Un poco de historia 

Desde El Banquete (385–370 a.C), del famoso filósofo griego Platón, pasando por El Origen de las especies (1859) de Charles Darwin, han surgido reflexiones diferentes,  perspectivas puestas en lo social (poéticas, metafísicas) hasta científicas (reproductivas, neuronales, bioquímicas), acerca de qué es y cómo funciona el amor en nuestros cuerpos.

Sin embargo, hasta no tener la tecnología necesaria fue imposible comprobar cómo funciona el enamoramiento en nuestro sistema. Según un artículo publicado por la UNAM en la Revista Digital Universitaria del 10 de noviembre del 2008, desde 1990 en varias universidades del mundo, científicos y estudiantes han dedicado sus investigaciones para explorar nuestro cerebro.

valiéndose de la neurociencia, biología, bioquímica, neuroquímica y neurobiología, haciendo descubrimientos de un gran avance para el conocimiento sobre nuestros “males de amor”.

Comenzaremos por identificar las cuatro etapas por las que pasamos al estar enamorados y veremos cómo las tres primeras corresponden a sensaciones que podrían ocurrir con menor intensidad en estados de amistad, filial y de enamoramiento, la cuarta etapa funciona únicamente cuando estamos frente a un amor erótico.

Primera Fase: El amor comienza por el olfato…

PRIMERA FASE

René Magritte, Los amantes (1928) MOMA, Nueva York
Fuente: Elcuadrodeldia.com

Lo primero es conocer a la otra persona. Una vez que mis sentidos identifican a ese otro(a) y que ese otro nos atrae con sus feromonas, empieza el festival químico en nuestro cerebro.

la feniletilamina que segregaremos actuará primero que nada

“Anteriormente se creía que los seres humanos no producían feromonas, hoy está comprobado que efectivamente las poseemos y que son secretadas principalmente por las glándulas sudoríparas de la axila y, sobre todo, por la piel de la entrepierna. La composición formada produce el llamado aroma humano y todos tenemos una combinación personal. Constantemente, los receptores olfativos del órgano vomeronasal del ser humano reciben diferentes mezclas de feromonas sin que le llamen la atención, hasta que el aroma de la persona adecuada comienza a ser inquietante en un proceso que no se registra racionalmente. La mezcla específica se distingue de las demás porque la señal en el receptor olfativo genera una agitación y se tiene la necesidad de buscar con la vista el origen de la perturbación. Cuando se tiene al blanco en la mira y se produce el contacto visual, una descarga eléctrica pone al cerebro en un estado especial que despierta a un conjunto de células en el sistema límbico, que secretan a su vez una sustancia conocida como feniletilamina (FEA)(Flores, 2008)

Segunda Fase: ¿El amor explota en el corazón o en la cabeza?

segunda fase
Fuente: Upsocl

Químicamente la bomba explota a partir de la secreción de feniletilamina en nuestro cerebro y esto hace que nuestros sentidos se vuelvan locos de remate”. La visión se centra en el sujeto de nuestras palpitaciones, lo vemos como entre nubes, por un segundo perdemos el oído y el habla, sólo podemos oír lo que sucede dentro de nosotros; corazón, pulso y panza se convocan en un concierto interior e íntimo.

Para controlar este desastre, y no perder el equilibrio por completo, el cuerpo debe regular la locura segregando otras sustancias

“Para recuperar el control, el cerebro secreta dopamina o norepinefrina, ambos neurotransmisores, que estimulan al hipotálamo; éste último se comunica químicamente con la hipófisis, de ahí a la tiroides; luego al páncreas, las glándulas suprarrenales, y después, en el caso de las mujeres, con los ovarios; en el caso de los hombres, con los testículos. Al final de la comunicación química ocurre: cierre de vasos sanguíneos, venas y arterias periféricas; aumento de presión arterial; ligero aumento de temperatura; escalofríos; sudoración principalmente en cara y manos; aumento de frecuencia respiratoria, y por consiguiente, suspiros; al aumentar la frecuencia cardíaca se siente un vuelco, éste es el origen del “flechazo de Cupido”. Después viene un aumento de glucosa en la sangre; dilatación de pupila; y contracción de estómago e intestino, lo que se interpreta como “mariposas en el estómago”; todo junto forma lo conocido como arrebato sentimental, el cuerpo se arquea y todo parece una fiesta, y sí lo es, pero química.” (Ibidem)

Tercera Fase: Subidos a una nube… o drogados de amor…

tercera fase
Fuente: Clarín.com

El cuerpo debe volver al equilibrio natural, controlar sus niveles de azúcar y regular el aceleramiento; regular la locura generalizada en la que entró, entonces, el cerebro deberá tranquilizarnos segregando en esta ocasión endorfinas y encefalinas, las que nos calmarán y dibujarán en nuestro rostro una gran sonrisa, por eso muchas veces nos sentimos idiotas cuando estamos enamorados.

No poder controlar nuestros gestos, esa cosa “tonta” de andar riendo y suspirando sin poder controlarnos cuando vemos a nuestra persona amada, son señales claras de esta tercera etapa del enamoramiento. 

Besarse supone un profundo intercambio de sensaciones y de emociones. Y parece que nunca baste con un beso, lo que se explica porque en ese momento el cerebro produce oxitocina, a la que es adicto. Esta hormona influye en funciones donde se establece un lazo entre dos personas, como el enamoramiento, el orgasmo, el parto y el amamantamiento, y está asociada con la afectividad, la ternura, el tacto cariñoso… Al besar, el cerebro también libera endorfinas, a las que se atribuye que combaten el desánimo y evitan caer en la depresión” (Sandri,2016).

Pero esta tercera fase no se queda allí, el cuerpo llega un poco más allá y segregará la tan conocida oxitocina, la cual va a acelerar la necesidad del contacto físico, un abrazo o un beso afianzarán el vínculo del amor, hará que recordemos el olor, el sabor, la temperatura, la textura del ser amado, así nuestra memoria podrá evocar esa sensación de bienestar, nuestros cuerpos se sentirán confortables en el ejercicio del amor o de la amistad. La fase que sigue completa el tema del deseo erótico, no tiene que ver ya con una simple sensación de bienestar, sino que interviene en ella la necesidad de reproducirse.

Cuarta Fase: Somos animales feroces o la prueba de amor…

cuarta fase
Burt Lancaster y Deborah Kerr en la película De aquí a la eternidad (1953) del Director Fred Zinneman. Fuente: elmundo.es

Es en esta etapa donde el ciclo del amor deberá cumplir con el ritual del apareamiento, para que esto suceda en general el hombre liberará una ola de testosterona que le permitirá alzarse frente a los posibles contrincantes y ejercer presión para que la mujer ceda ante el deseo y juntos den “rienda suelta” a la pasión. Esta fase debe culminar con el coito.

Las relaciones sexuales cierran una fiesta neuroquímica que tendrá como resultado la felicidad de una nueva pareja.

Sin embargo, científicamente hablando, esta felicidad no dura para siempre. En el caso de los seres humanos no tenemos grandes cantidades de la hormona llamada vasopresina que en algunos animales produce la fidelidad a una misma pareja toda la vida, la cantidad que segregamos es ínfima como para que seamos seres monógamos. Estos animales son incapaces de estar con otros y generalmente mueren al poco tiempo que muere el amor de su vida. En nuestro caso la bomba química sólo durará de seis a siete años y generalmente será diferente para uno de los dos integrantes de la pareja, por cuestiones de voluntad o de crianza, tal vez incluso de necesidades fisiológicas, uno de los dos durará más tiempo enamorado, cuando a la otra persona se le acaba el dopaje químico del amor.

otro deseo
Fuente: Okdiario

la pareja tenderá a buscar esa sensación en otros brazos, lo cual generará depresión y mucho sufrimiento al que aún, por la fuerza de la costumbre, sigue apegado al amor.

La atracción bioquímica de la primera fase neuroquímica, puede durar, según se sabe hasta hoy, de dos a tres años. La combinación de la segunda fase neuroquímica y la fase neuroendocrina puede durar hasta cuatro años más. Una vez cumplidos estos ciclos químico-biológicos, que suman alrededor de siete años, la relación se vuelve fundamentalmente racional, sin quitar que pueda seguir existiendo la atracción química, pero con otra velocidad o impulsada con otra fuerza, la cual es conocida como costumbre. Lo anterior quiere decir que de la pasión involuntaria de amar se pasa a la voluntad de amar (Ibidem).

Independientemente de estas cuatro fases del enamoramiento, la industria del cine, por ejemplo, nos ha vendido un montón de mitos románticos que sostienen muchas de nuestras quimeras amorosas. El ritual del noviazgo y el matrimonio; la fiesta de la boda perfecta; nuestra primera vez; nuestro primer beso, forman parte de muchas de las motivaciones que nos van moviendo en diferentes etapas de nuestras vidas. También vemos con frecuencia que al “vendernos” todos estos mitos de un amor eterno, o perfecto, nos condicionan a que el amor es solo placer y felicidad, lo cual no es saludable para nuestra mente, porque finalmente el amor con todas sus explosiones neuroquímicas también es intelectual, esto significa que mutará.

El amor se hará distinto al pasar de los años y nos hará sufrir, sin que ello implique que sea necesariamente tóxico para el alma. De ser así no existiría el amor filial.

madre e hijo
Fuente: Pinterest

El amor hacia los hijos, por ejemplo, es una especie de explosión química también y por suerte es “eterno”. Son muy pocos los casos en que los padres, o los hijos, no seamos correspondidos en el amor y cuando es así son más cuestiones de contexto social o de patologías no resueltas. Más allá de la ciencia queremos creer que el amor puro sí dura toda la vida, y es otro tipo de enamoramiento en el que lo sexual nada tiene que ver, creemos que suprimiendo la última etapa del enamoramiento tendremos amor para siempre hacia nuestros amigos y familiares. Byung Chul Han en su libro La agonía del Eros (2014) nos habla justamente de algo parecido al analizar la propuesta platónica de la consciencia del Eros en la vida amorosa (recordemos que para los griegos el dios del amor era Eros, que luego fue llamado por los romanos, Cupido):

Portada del libro “Agonía del eros” Fuente: amazon.com

El alma, impulsada por el Eros, produce cosas bellas y sobre todo acciones bellas, que tienen un valor universal. Esa es la doctrina platónica. En contra de lo que en general se cree, no es enemiga de los sentidos y del placer, pero si el amor se profana para convertirse en sexualidad, tal como hoy en día sucede, el rasgo universal del Eros se aleja de él.” (Byung, 2014:34)


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Conclusión

Hay que reconocer las patologías amorosas, porque cuando un amor no es correspondido y nos empeñamos en hacer que lo sea, podemos llegar a dañarnos tanto el corazón que ya luego será imposible recuperar nuestra confianza o voluntad de amar o ser amados.

Las reglas morales y religiosas han impuesto un sentimiento en la unión monógama, pero el ser humano no es por naturaleza así. El tema de la intelectualidad y las relaciones sociales y económicas tributan una “fidelidad” al matrimonio que se vuelve verdadera sólo cuando tenemos el arrojo de seguir enamorados, porque pasado el tiempo de la eclosión neuroquímica lo que mantiene esa unión no es la pasión de los primeros años sino la fuerza de la costumbre, entonces el amor se intelectualiza y es perpetuado por un simple acto de voluntad de amarAmar se convierte entonces en un acto de fé.

QUÍMICA del AMOR, la ciencia detrás de enamorarse
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