Por un momento, imagina a alguien que habla con personas que nadie ve; que se lava las manos cada 5 minutos sin razón alguna; que se queda quieto por horas y cuando reacciona se pone a llorar diciendo que debe matar a todos porque son extraterrestres y planean hacer estallar el planeta ¿Qué pensarías de esta persona?

Ahora imagina que esa persona eres tú. Que cuando hablas nadie te entiende, y si te entienden, nadie cree lo que dices; te das cuenta de que todas las personas que creías conocer, son producto de tu imaginación; sientes que tu vida corre peligro cada segundo y que te persiguen, sientes que el miedo te paraliza, que quieres llorar y gritar. Estos y otros pensamientos es probable que los atraviese alguien con un trastorno mental.  

¿Usamos bien el término locura?

¿Que es la enfermedad mental?

A veces, la noción de lo que es normal y lo que es anormal se hace difusa. Las conductas que se salen de la norma nos escandalizan y muchas veces nos horrorizan; concebimos las enfermedades mentales como un espectáculo o como una atracción de terror.

Esta concepción es una simple consecuencia del desconocimiento sobre el tema, causado por 3 factores importantes: en primer lugar, una consecuencia histórica, ya que a través de los tiempos, se ha determinado que el enfermo mental representa un riesgo para la sociedad, y por tanto, se le aisla, se le ha asociado a los fenómenos del circo, a los actos sobrenaturales o a meros objetos de estudio; es también debido a la propia naturaleza de la enfermedad mental, en la que la persona normalmente se aisla, se retrae e impide que tengamos contacto con ella; y por último, nuestro concepto sobre las enfermedades de la mente se alimenta de las nociones que la televisión y el cine nos han mostrado de ellas, en lugar de ser producto de la propia experiencia.

Todo ello ha traído como consecuencia que pensemos la enfermedad mental desde categorias estables y estereotipadas en las que se cree que los transtornos mentales son una enfermedad con síntomas que se manifiestan igual en todos, que son producto del horror, que todas son perjudiciales para la sociedad, que no hay posibilidad de recuperación, que sus causas se hallan en lo genético, y un sin fin de supuestos que no corresponden a la realidad.

Concepto de una conducta anormal

Que es una conducta anormal

El concepto de conducta anormal goza de una amplia variabilidad, debido a que está condicionado por la cultura de quienes la perciben, por el contexto geográfico, por el contexto histórico e incluso por la condición socioeconómica.

A pesar de esta variabilidad, los transtornos mentales son identificables en contextos específicos, por ejemplo en nuestra sociedad occidental actualmente: una persona que se queda quieta durante horas y mirando a un punto fijo (en estado catatónico); o una persona que dice estar siendo perseguido por extraterrestres o vampiros que se posan sobre su cabeza pero son invisibles a los demás (paranoia, esquizofrenia, delirio) son ejemplos claros de lo que es una conducta anormal.  Y por otro lado, cuando el gobernante de un país se llena de lujos sabiendo que la mayoría de la población padece de hambre y sufre una epidemia (conducta psicótica), no lo consideramos como patológico porque se ha normalizado y se ha aceptado que «así son los políticos».

Psicologia de las miradas

Historia sobre la enfermedad mental

Modelo Sobrenaturalista

El trato que se ha dado a los sujetos que padecen psicopatologías a través de los tiempos, ha sido determinante para la actitud que aún hoy día se mantiene sobre ellos. En el siglo XIII en Europa por ejemplo, se creía que las personas que manifestaban síntomas psicopatológicos estaban poseídas por el demonio, éstas eran recluídas en monasterios para que a través de castigos físicos, se intentara salvar su alma. Uno de los tratamientos más sutiles que se puede mencionar consistía en leer a gritos la biblia al oído del enfermo y se registra que para el siglo XVIII, un gran número de enfermos mentales habían sido quemados, ahorcados, decapitados y torturados hasta la muerte por el bien de su alma (Byrne y otros, 1981).  

Modelo Médico

En 1957, cuando ya no se condenaba la conducta anormal como una manifestación satánica, se creó en Londres un instituto psiquiátrico llamado St. Mary of Bethlehem en el que los pacientes eran exhibidos como fenómenos de circo y se le permitía al «público» visitante divertirse con ellos. Los hospitales psiquiátricos que se crearon luego de abandonar el modelo sobrenaturalista, lamentablemente no diferían demasiado de las prácticas de la iglesia; «se asemejaban a una cárcel, el tratamiento con frecuencia consistía en aplicar choques eléctricos, hacer perforaciones en algunas zonas del cerebro, girar rápidamente sobre una rueda o entrar en un foso de serpientes vivas» (Baron y otros, 1981)

El Modelo Médico en la Actualidad

Ahora bien, aunque pareciese que esto quedó en el pasado, el modelo médico sigue hoy vigente y es el más conocido popularmente, sosteniendo que quienes manifiestan conductas anormales son «enfermos» mentales y orientando su tratamiento hacia el alivio de los síntomas que la enfermedad produce, por ejemplo, se mantienen aún las prácticas de electroterapia, donde se intenta modificar la conducta anormal proporcionando choques eléctricos cada vez que esta se manifieste; o incluso en algunos casos aún se practica la psicocirugía o seccionamiento del cerebro que consiste en cortar las vías que unen los lóbulos prefrontales y el tálamo introduciendo un instrumento puntiagudo detrás de los glóbulos oculares. Esta práctica ha sido muy cuestionada porque se ha comprobado que deja efectos colaterales que incluyen desde perturbaciones menores hasta daños severos del funcionamiento corporal (Maher, Elder y Noblin, 1962)

A causa de tantas críticas a dichos procesos, la farmacoterapia ha ido cada vez ganando mas espacio en el terreno de la psiquiatría. El uso de tranquilizantes y antidepresivos es cada vez más popular, incluso en quienes no padecen transtornos graves y solo buscan «calmar los nervios«. Esta terapia también ha sido ampliamente criticada porque su efectividad solo se ha comprobado en el alivio de los síntomas, pero no en la cura de la enfermedad, lo que puede causar que con el tiempo esta se agrave aún más (Byrne, Baron y Kantowitz, 1981)  

¿Cómo ve la sociedad a los enfermos mentales?

Decimos entonces que la concepción que tenemos de quienes padecen psicopatologías, además de estar mediada por la cultura y el contexto, está limitada por el hecho de que a través de los años se les ha estigmatizado como poseídos por el demonio o enfermos, y esto ha traido como consecuencia que se les margine y se les aleje de la sociedad hacia centros de aislamiento, haciendo que no tengamos un contacto real con el objeto del cual deseamos tener un conocimiento.

¿Cuantas veces hemos estado realmente ante la presencia de un enfermo mental?

Podemos afirmar que serían pocos los casos en los que se tenga una noción de la conducta anormal que provenga de la experiencia propia, sino que solo se poseen las referencias que nos muestra la televisión o el cine, en el que el «loco» se muestra en una sala de aislamiento acolchonada o con una camisa de fuerza mientras grita y retuerce la cabeza; o un programa de televisión estadounidense que muestra como un niño de 12 años lanza una granada para matar a sus compañeros de clases; o las películas en donde el que padece de personalidades múltiples, siempre tiene una en la que es asesino*. En todo caso, puede que la referencia más cercana a una experiencia personal que se tenga sea la de «el loco del pueblo» que de pronto sale desnudo, canta todo el día en voz alta o predica la apocalipsis a toda voz.

Psicología del Altruismo

 ¿Qué actidud es la que debo tener ante quien padece transtornos mentales?

La actitud que mantengamos ante estas personas debe estar mediada por nuestra propia intuición y nuestra propia vivencia, y no por referencias externas. Se invita aquí al lector que ha acudido a estas páginas impulsado por la curiosidad sobre la enfermedad mental, a que viva su propia expreriencia visitando un instituto psiquiátrico, y sólo allí podrá crear su propio concepto sobre ellas.

Cuando se presencia en carne propia la situación de aislamiento, cuando se escucha a un paciente psiquiátrico que tiene sed y que no puede dormir por la ingesta de fármacos, cuando se ve a una persona durante horas en estado catatónico mirando al vacío, y cuando se observa que a una persona se le amarra a la cama y se le inyectan tranquilizantes, difícilmente quedarán ganas de burlarse de ella, o si sentimos miedo tal vez sea más por la idea de que sea uno mismo el que se encuentre en esa condición.

No somos culpables de tener una concepción errada sobre la enfermedad mental, pero esto tampoco excluye la posibilidad de cambiarla, ya que el concepto que tenemos sobre algo moldea nuestra actitud y nuestra conducta hacia ello, y una actitud horrorizante o indiferente ante la enfermedad mental, lejos de ayudar a transformar la realidad que hemos expuesto en párrafos anteriores, permite que se mantenga.

*Un ejemplo de este apartado lo encontramos en la Película Split(2016) producida por Blinding Edge Pictures; Blumhouse Productions.

Escrito por Yirley Rios (Psicologa).

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