Estructura de la novela con 4 Ejemplos

La novela se clasifica en el género literario y consiste en una historia que puede tener un amplio desarrollo, esta puede tener un carácter basado en la ficción o en la realidad, lo que más destaca es que durante el transcurso de la novela intercede un narrador, esto con el fin de darle contexto a la historia. En este artículo te mostramos la Estructura de la novela con 4 Ejemplos.

No hay una fórmula fija cuando hablamos de la estructura de una novela, pero aun así existen ciertos parámetros que el escritor puede utilizar como herramienta para proveer un orden a su novela, algunos se centran en los personajes mientras que otros se enfocan en detallar la narración. La estructura de una novela es el armazón que sostiene toda la historia, por eso es de vital importancia tenerla presente durante la producción de tu novela.

Spoilert alert: vamos a tratar las siguientes

Estructura de la novela

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La estructura en tres partes

Este es el esquema más utilizado por su simplicidad y eficacia el cual está conformado por los siguientes elementos:

1. El planteamiento

Este viene siendo lo equivalente a una introducción, es el momento en donde se da a conocer al protagonista, se realiza una descripción del entorno o se pueden explicar algunos hechos que pueden ser fundamentales para entender el desenlace de la historia. En este punto también se le da una idea al lector del tipo de novela que se va a desarrollar (romance, ficción, hechos reales, etc.)

En este punto, no necesariamente se tienen que revelar todos los detalles o secretos que puedan tener los personajes, los escenarios y las locaciones que le dan vida a la novela. Mantener un cierto nivel de misterio o intriga es un factor primordial que mantiene al lector atento e interesado en la trama.

2. El desarrollo

También conocido con el nudo, Es el momento central de la narración en donde empiezan a encajar algunos argumentos iniciales, también se da inicio a situaciones como: aprietos, complicaciones, dificultades, problemas y malentendidos que serán el punto clave donde se desarrollará épicamente el drama de la novela que dará pie al inicio del desenlace.

En este punto se empiezan a desenvolver el progreso que ha surgido en los personajes secundarios y las sub-tramas. Ya a estas alturas de la novela es muy evidente para el lector quien es el protagonista y cuál es la situación a la que se enfrentan. Esta suele ser la parte más extensa de la novela.

3. El desenlace

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Corresponde al clímax de la historia, podemos observar cómo se comienzan a solventar los conflictos presentes en el desarrollo de la narración. En este punto culminan de manera lógica todas las ideas que se encontraban abiertas o indefinidas, además se observa el punto máximo de evolución de los personajes, al mismo tiempo que el argumento tiende a volverse más agradable o desagradable y conducirá a la quietud temporal del conflicto o a la finalización definitiva de este.

Por último, pero no menos importante ten en cuenta que una buena novela depende de una estructura equilibrada y objetiva, para ello intenta organizar previamente la trama de tu narración de una forma coherente, esto le dará fluidez a tu novela y evitarás sufrir los molestos bloqueos creativos. A continuación, te presentamos unos ejemplos con algunas de las novelas más populares o icónicas de todos los tiempos. Si aún no has leído alguno de estos libros te advertimos que te expondrás a spoilers.

Ejemplos de estructura de la novela

1. Primer ejemplo. El principito – Antoine de Saint-Exupéry

  • El planteamiento:

De esta manera a la edad de seis años abandoné una magnífica carrera de pintor. Había quedado desilusionado por el fracaso de mis dibujos número 1 y número 2. Las personas mayores nunca pueden comprender algo por sí solas y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.

Tuve, pues, que elegir otro oficio y aprendí a pilotar aviones. He volado un poco por todo el mundo y la geografía, en efecto, me ha servido de mucho” (capítulo 1)

“Viví así, solo, sin nadie con quien poder hablar verdaderamente, hasta cuando hace seis años tuve una avería en el desierto del Sáhara. Algo se había estropeado en el motor. Como no llevaba conmigo ni mecánico ni pasajero alguno, me dispuse a realizar, yo solo, una reparación difícil. Era para mí una cuestión de vida o muerte, pues apenas tenía agua de beber para ocho días.

La primera noche me dormí sobre la arena, a unas mil millas de distancia del lugar habitado más próximo. Estaba más aislado que un náufrago en una balsa en medio del océano. Imagínense, pues, mi sorpresa cuando al amanecer me despertó una extraña vocecita que decía:

—¡Por favor… píntame un cordero!” (capítulo 2)

  • El desarrollo:

Creo que el principito aprovechó la migración de una bandada de pájaros silvestres para su evasión. La mañana de la partida puso en orden el planeta. Deshollinó cuidadosamente sus volcanes en actividad, de los cuales poseía dos, que le eran muy útiles para calentar el desayuno todas las mañanas. Tenía, además, un volcán extinguido. Deshollinó también el volcán extinguido, pues, como él decía, nunca se sabe lo que puede ocurrir. Si los volcanes están bien deshollinados, arden sus erupciones, lenta y regularmente. Las erupciones volcánicas son como el fuego de nuestras chimeneas. Es evidente que en nuestra Tierra no hay posibilidad de deshollinar los volcanes; los hombres somos demasiado pequeños. Por eso nos dan tantos disgustos.

El principito arrancó también con un poco de melancolía los últimos brotes de baobabs. Creía que no iba a volver nunca. Pero todos aquellos trabajos le parecieron aquella mañana extremadamente dulces. Y cuando regó por última vez la flor y se dispuso a ponerla al abrigo del fanal, sintió ganas de llorar.

—Adiós —le dijo a la flor.” (capítulo 9)

El principito, una vez que llegó a la Tierra, quedó sorprendido de no ver a nadie. Tenía miedo de haberse equivocado de planeta, cuando un anillo de color de luna se revolvió en la arena.

—¡Buenas noches! —dijo el principito.

—¡Buenas noches! —dijo la serpiente.

—¿Sobre qué planeta he caído? —preguntó el principito.

—Sobre la Tierra, en África —respondió la serpiente.

—¡Ah! ¿Y no hay nadie sobre la Tierra?

—Esto es el desierto. En los desiertos no hay nadie. La Tierra es muy grande —

dijo la serpiente.

El principito se sentó en una piedra y elevó los ojos al cielo.

—Yo me pregunto —dijo— si las estrellas están encendidas para que cada cual

pueda un día encontrar la suya. Mira mi planeta; está precisamente encima de

nosotros… Pero… ¡qué lejos está!

—Es muy bella —dijo la serpiente—. ¿Y qué vienes tú a hacer aquí?

—Tengo problemas con una flor —dijo el principito.” (capítulo 17)

  • El desenlace:

Ahora hace ya seis años de esto. Jamás he contado esta historia y los compañeros que me vuelven a ver se alegran de encontrarme vivo. Estaba triste, pero yo les decía: «Es el cansancio».

Al correr del tiempo me he consolado un poco, pero no completamente. Sé que ha vuelto a su planeta, pues al amanecer no encontré su cuerpo, que no era en realidad tan pesado… Y me gusta por la noche escuchar a las estrellas, que suenan como quinientos millones de cascabeles…” (capítulo 27)

2. Segundo ejemplo. El psicoanalista – John Katzenbach

  • El planteamiento:

Se acercó y recogió el sobre. Tenía su nombre mecanografiado.

–Qué extraño -musitó.

Dudó antes de abrir la carta, que levantó a la altura de la frente como haría alguien que quisiera demostrar sus poderes mentales en un número de variedades, intentando adivinar cuál de sus pacientes la habría dejado. Pero era un acto inusual. A todos les gustaba expresar quejas sobre sus supuestas deficiencias e incompetencia de forma directa y con frecuencia, lo que, aunque molesto a veces, formaba parte del proceso.

Abrió el sobre y extrajo dos hojas mecanografiadas. Leyó sólo la primera línea:

Feliz 53. ° cumpleaños, doctor. Bienvenido al primer día de su muerte.

Inspiró hondo. El aire cargado del piso parecía mareado, y apoyó la mano contra la pared para no perder el equilibrio.

El doctor Frederick Starks, un hombre dedicado profesionalmente a la introspección, vivía solo, perseguido por los recuerdos de otras personas.” (capítulo 1)

  • El desarrollo:

“–Me dijo que la mujer que buscaba estaba muerta -comentó-, y que yo le prometí algo que luego no cumplí.

–Bueno, concéntrate en esa segunda parte. ¿Hubo alguna mujer a la que negaras tratamiento que se sitúe en este margen de tiempo? ¿Quizá brevemente, unas cuantas sesiones, y que después se marchara? Sigues queriendo pensar en las mujeres con las que empezaste tu consulta privada. ¿Tal vez fuera alguien en la clínica donde trabajabas?

–Podría ser, pero ¿cómo podría…?

–De algún modo, este otro grupo de pacientes era menos importante para ti, ¿verdad? ¿Acaso no eran tan prósperas? ¿Tenían menos talento? ¿Menos educación? Y tal vez no aparecieron con tanta nitidez en la pantalla del radar del joven doctor Starks.

Ricky se abstuvo de responder, porque vio tanto la verdad como el prejuicio en lo que decía el viejo médico.”

“Luchó por mantener los ojos abiertos en la oscuridad. «Quince sesiones y después murió -pensó-. ¿Quién fue?»” (capítulo 15)

  • El desenlace:

“–¿Quién eres? – preguntó Ricky.

–No lo sabrá nunca. Y sin embargo, ya lo sabe. Conoce mi pasado. Sabe cómo crecí. Sabe lo de mis hermanos. Sabe mucho sobre mí, doctor. Pero nunca sabrá quién soy en realidad.

–¿Por qué me has hecho esto?

Rumplestiltskin sacudió la cabeza, como si le asombrara la sencilla audacia de la pregunta.

–Ya conoce las respuestas. ¿Tan difícil es pensar que un niño que ha visto cómo infligían sufrimiento a su madre, cómo la pegaban y la sumían en una desesperación tan profunda que tuvo que suicidarse para lograr la salvación, se dedique a vengarse de todas las personas que no la ayudaron, incluido usted, cuando alcanza una posición en la que puede hacerlo?” (capítulo 35)

3. Tercer ejemplo. Bajo la misma estrella – John Green

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  • El planteamiento:

“A finales del invierno de mi decimoséptimo año de vida, mi madre llegó a la conclusión de que estaba deprimida, seguramente porque apenas salía de casa, pasaba mucho tiempo en la cama, leía el mismo libro una y otra vez, casi nunca comía y dedicaba buena parte de mi abundante tiempo libre a pensar en la muerte.

Cuando leemos un folleto sobre el cáncer, una página web o lo que sea, vemos que sistemáticamente incluyen la depresión entre los efectos colaterales del cáncer. Pero en realidad la depresión no es un efecto colateral del cáncer. La depresión es un efecto colateral de estar muriéndose. (El cáncer también es un efecto colateral de estar muriéndose. La verdad es que casi todo lo es.) Aunque mi madre creía que debía someterme a un tratamiento, así que me llevó a mi médico de cabecera, el doctor Jim, que estuvo de acuerdo en que estaba hundida en una depresión total y paralizante, que había que cambiarme la medicación y que además debía asistir todas las semanas a un grupo de apoyo.”

“—Me llamo Augustus Waters. Tengo diecisiete años. Hace un año y medio me diagnosticaron un osteosarcoma, pero estoy aquí solo porque Isaac me lo hapedido.

—¿Y cómo estás? —le preguntó Patrick.

—Muy bien. —Esbozó una sonrisa torcida—. Estoy en una montaña rusa que no hace más que subir, amigo mío.

Cuando me llegó el turno, dije:

—Me llamo Hazel y tengo dieciséis años. Cáncer de tiroides que ha pasado a los pulmones. Estoy bien.”  (capítulo 1)

  • El desarrollo:

“Todavía nerviosa, mi madre se arrodilló para comprobar si Philip condensaba el oxígeno adecuadamente. Me imaginé sentada en una luminosa cafetería con Peter van Houten, que se apoyaba en los codos, se inclinaba hacia delante y me hablaba en voz baja para que nadie pudiera oír lo que sucedió con los personajes en los que había pasado años pensando. Me había dicho que solo podría decírmelo en persona, y me había invitado a visitarlo en Amsterdam. Se lo expliqué a mi madre.

—Tengo que ir —le dije por fin.

—Hazel, te quiero y sabes que haría cualquier cosa por ti, pero no… no tenemos dinero para viajar al extranjero, y los gastos para conseguir equipo médico allí… Cariño, no es…” (capítulo 5)

  • El desenlace:

“Eché de menos el futuro. Obviamente, sabía incluso antes de que su cáncer recurriera que nunca me haría vieja con Augustus Waters. Pero, al pensar en Lidewij y en su novio, me sentí estafada. Seguramente no volvería a ver el océano desde treinta mil pies de altura, tan arriba que no puedes distinguir las olas y los barcos, que el océano es un infinito monolito. Podría imaginarlo, podría recordarlo, pero no podría volver a verlo, y se me ocurrió que los sueños que se hacen realidad nunca sacian la voraz ambición humana, porque siempre pensamos que podríamos volver a hacerlo todo mejor.

Y seguramente es así aunque vivas hasta los noventa años… pero siento celos de la gente que logra descubrirlo. Pero ya había vivido el doble que la hija de Van Houten. Qué no habría dado por que su hija muriera a los dieciséis.” (capítulo 25)

4. Cuarto ejemplo. Romeo y Julieta – William Shakespeare

  • El planteamiento:

“PRÍNCIPE. —¡Rebeldes, enemigos de la paz, derramadores de sangre humana! ¿No queréis oír? Humanas fieras que apagáis en la fuente sangrienta de vuestras venas el ardor de vuestras iras, arrojad en seguida a tierra las armas fratricidas, y escuchad mi sentencia. Tres veces, por vanas quimeras y fútiles motivos, habéis ensangrentado las calles de Verona, haciendo a sus habitantes, aun los más graves e ilustres, empuñar las enmohecidas alabardas, y cargar con el hierro sus manos envejecidas por la paz. Si volvéis a turbar el sosiego de nuestra ciudad, me responderéis con vuestras cabezas. Basta por ahora; retiraos todos. Tú, Capuleto, vendrás conmigo. Tú, Montesco, irás a buscarme dentro de poco a la Audiencia, donde te hablaré más largamente. Pena de muerte a quien permanezca aquí.” (Acto Primero Escena I)

  • El desarrollo:

“ROMEO. —¡Qué bien se burla del dolor ajeno quien nunca sintió dolores…! (Pónese JULIETA a la ventana.) ¿Pero qué luz es la que asoma por allí? ¿El sol que sale ya por los balcones de oriente? Sal, hermoso sol, y mata de envidia con tus rayos a la luna, que está pálida y ojeriza porque vence tu hermosura cualquier ninfa de tu coro. Por eso se viste de amarillo color. ¡Qué necio el que se arree con sus galas marchitas! ¡Es mi vida, es mi amor el que aparece! ¿Cómo podría yo decirla que es señora de mi alma? Nada me dijo. Pero ¿qué importa? Sus ojos hablarán, y yo responderé. ¡Pero qué atrevimiento es el mío, si no me dijo nada! Los dos más hermosos luminares del cielo la suplican que les sustituya durante su ausencia. Si sus ojos resplandecieran como astros en el cielo, bastaría su luz para ahogar los restantes como el brillo del sol mata el de una antorcha. Tal torrente de luz brotaría de sus ojos, que haría despertar a las aves a media noche, y entonar su canción como si hubiese venido la aurora! Ahora pone la mano en la mejilla. ¿Quién pudiera tocarla como el guante que la cubre?

JULIETA. —¡Ay de mí!

ROMEO. —¡Habló! Vuelvo a sentir su voz. ¡Ángel de amores que en medio de la noche te me apareces, cual nuncio de los cielos a la atónita vista de los mortales, que deslumbrados le miran traspasar con vuelo rapidísimo las esferas, y mecerse en las alas de las nubes!

JULIETA. —¡Romeo, Romeo! ¿Por qué eres tú Romeo? ¿Por qué no reniegas del nombre de tu padre y de tu madre? Y si no tienes valor para tanto, ámame, y no me tendré por Capuleto.” (Acto Secundo Escena II)

  • El desenlace:

“FRAY LORENZO. —¡Romeo! Pero, ¡Dios mío! ¿qué sangre es esta en las gradas del monumento? ¿Qué espadas estas sin dueño, y tintas todavía de sangre? (Entra en el sepulcro.) ¡Romeo! ¡Pálido está como la muerte! ¡Y Paris cubierto de sangre…! La doncella se mueve. (Despierta JULIETA.)

JULIETA. —Padre, ¿dónde está mi esposo? Ya recuerdo dónde debía yo estar y allí estoy. Pero ¿dónde está Romeo, padre mío?

FRAY LORENZO. —Oigo ruido. Deja tú pronto ese foco de infección, ese lecho de fingida muerte. La suprema voluntad de Dios ha venido a desbaratar mis planes. Sígueme. Tu esposo yace muerto a tu lado, y Paris muerto también. Sígueme a un devoto convento y nada más me digas, porque la gente se acerca. Sígueme, Julieta, que no podemos detenernos aquí.

JULIETA. —Yo aquí me quedaré. ¡Esposo mío! Mas ¿qué veo? Una copa tiene en las manos. Con veneno ha apresurado su muerte. ¡Cruel! no me dejó ni una gota que beber. Pero besaré tus labios que quizá contienen algún resabio del veneno. Él me matará y me salvará. (Le besa.) Aún siento el calor de sus labios.” (Acto V Escena III)

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