Muchas personas piensan que la sexualidad humana comienza en la pubertad. Resulta que, en realidad, en el ser humano se inicia desde el nacimiento, lo que supone la existencia de una sexualidad infantil. Este último es el tema a desarrollar en el presente artículo para lo cual se hablará, en primera instancia, de la sexualidad humana en general y finalmente se hará una comparación entre la sexualidad infantil y la adulta.

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Cuando hablamos de sexualidad en el ser humano, la asociamos al intercambio sexual que involucra principalmente los genitales. Esta concepción común, que se ha denominado “genitalización” no es sino un aspecto de ella. Ciertamente, la sexualidad humana es un fenómeno mucho más amplio y complejo que implica factores históricos, socioculturales, psicológicos y biológicos. 

De estos factores, el de mayor peso integrador y estructurante es el psicológico debido a que involucra una serie de procesos y vivencias como la percepción, la motivación, las identificaciones, la identidad sexual, el género, las actitudes, el deseo, el placer, la conducta sexual, entre otros.

La extensa gama de las relaciones humanas entre los géneros (afectivas, amorosas, sociales) así como los valores y prejuicios que las envuelven son parte de la sexualidad en el ser humano. Esta manera de entenderla se distancia de las visiones biologicistas que enfatizan lo instintivo, lo anatómico-fisiológico, lo genético y la procreación. El sexo y las necesidades están en el orden de lo biológico mientras el género y el deseo están en el ámbito de lo psicosociocultural.

Diferencia de la sexualidad humana y animal

A diferencia de la sexualidad en los animales, la sexualidad humana no está determinada solamente por los instintos y las hormonas. Esto le confiere a un carácter flexible, cambiante, dinámico, lo cual relativiza, de acuerdo a la época, cultura, clase o grupo social, sus características y formas de expresión.

Por otro lado, la diversidad de prácticas sexuales, tanto las consideradas normales en cada cultura o sociedad como las desviadas según sean esas normas socioculturales (en el caso de la cultura occidental lo que se denomina perversiones sexuales), evidencian esta flexibilidad y dinamismo.

Con base en lo dicho, podemos definir la sexualidad humana como un proceso constructivo que supone el devenir histórico civilizatorio y el desarrollo biopsicosociocultural del ser humano, que se manifiesta en el ejercicio de las funciones biológicas reproductivas, en la búsqueda y obtención del placer y en el intercambio afectivo-amoroso dentro del marco normativo que impone cada cultura, sociedad o grupos determinados.

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¿Qué es la sexualidad infantil?

la sexualidad infantil, que es

La sexualidad infantil se entiende como un período de la sexualidad humana que comprende desde el nacimiento hasta la pubertad. Se distingue por su carácter de proceso que implica cambios continuos, lo cual le otorga un estado biopsicosocial menos acabado que en estadios posteriores, centrada en la búsqueda y obtención del placer de una manera más egocéntrica que en el adulto.

Se desprende de esta definición que el criterio evolutivo es muy importante. Según esto, las características y manifestaciones sexuales del niño/a variarán de acuerdo a su edad y desarrollo. Autores psicoanalistas hablan incluso de diferentes etapas sexuales con base en el desarrollo psicosexual del infante como son: 

1. Etapa oral: centrada en los labios y mucosa bucal.

2. Etapa anal-uretral: centrada en los esfínteres anales y uretrales.

3. Etapa  fálica: centrada en los genitales.

4. Etapa latente: En la cual hay una inhibición del deseo sexual que se dirige a intereses intelectuales, sociales, académicos, entre otros.

Queda claro también, en esta definición, que lo fundamental en la sexualidad infantil es la búsqueda y obtención del placer, el cual se refiere no sólo a lo sensorial sino también a otros procesos psicológicos como lo son el deseo y los afectos. Es obvio que si aceptamos la existencia de la sexualidad infantil ésta no puede tener como finalidad la procreación.

El niño no es asexual

los niños no son asexuales

Los elementos antes esbozados nos permiten echar por tierra los mitos de la asexualización del niño y su supuesta inocencia y pureza ante la sexualidad. Si bien es cierto que el niño está menos contaminado por lo sociocultural y sus respuestas son más espontáneas, esto no le confiere una condición de “inocente” en el sentido de no intencionalidad frente a lo sexual.

Así es como el niño con menos represión que el adulto y con toda la intención, busca y trata de obtener placer a través de su curiosidad (visual, auditiva, olfativa), tocándose, intercambiando caricias con sus familiares y amistades. Su pureza consistiría, en todo caso, que asume su sexualidad con más franqueza, expresando lo que quiere con menos ambivalencia al estar más libre de la censura sociocultural.

Ahora bien, en la medida que crece y el proceso de socialización va avanzando, irá reprimiendo ciertos deseos y conductas. Parte de la censura que impone la sociedad es deseable y necesaria pues constituye un factor esencial para ayudarlo a madurar sexualmente (dentro del ideal de madurez de cada sociedad), a ser menos egoísta en su disfrute, a permitirle ubicarse en el lugar del otro y respetarlo y adquirir responsabilidades en su ejercicio sexual.

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Diferencias y semejanzas entre la sexualidad infantil y la sexualidad adulta

En este sentido encontramos diferencias tanto de tipo biológica como psicológica. En cuanto a lo biológico, existen aspectos anatómicos y fisiológicos-funcionales que están presentes en la sexualidad adulta que no los hallamos en la infantil como los órganos reproductores y mamas desarrollados, caracteres sexuales secundarios (vellos, voz grave), la eyaculación masculina y la menstruación y lubricación femenina, orgasmos y la procreación.

En lo referente a lo psicológico, la sexualidad infantil, respecto a la adulta, es menos acabada ya que está en proceso de desarrollo, presenta etapas más precisas, es más espontánea, con menor influencia a nivel social y cultural (sobre todo en las fases iniciales), con un disfrute más egoísta (autoerotismo, masturbación), con mayor presencia de lo sensorial focalizado y parcelado.

Dado que la sexualidad y el amor van de la mano es obvio que el amor de un niño es menos maduro, menos empático y más egocéntrico.

En lo atinente a las semejanzas, hallamos que en ambas sexualidades está presente el deseo (consciente e inconsciente) que conduce a búsqueda y obtención del placer. Asimismo, en las dos sexualidades lo afectivo se presenta de manera no disociado de lo sexual.

Conclusión

Finalmente, el desarrollo sexual en niños es un tema complejo de abordar que se caracteriza por ser dinámico y cambiante, donde hay presencia de etapas de desarrollo psicosexual, las cuales en una primera instancia determinan en el infante mayor libertad de la censura y lo sociocultural y por lo tanto más espontánea, pero es menos acabada y madura que la adulta la cual está orientada, principalmente, a la búsqueda y obtención de un placer más sensorial y egocéntrico.

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