historias de terror perturbadoras

A medida que los tiempos pasan, hay cuentos de terror que se han alojado en los corazones de millones de personas, usualmente para nunca salir de ellos debido a su contenido atrayente. Todas estas historias tienen orígenes muy distintos, y tienen la facultad de alojarse no solo en los corazones de sus oyentes, ya que también corrompe su alma para dejar un helado sentimiento de ansiedad que acompaña a la persona hasta que es la hora de irse a la cama, solo para darse cuenta de que lo espera una larga noche de insomnio y horror en imágenes mentales (y quien sabe, tal vez, también visuales).

ATENTO: Mejores historias cortas para dormir

Para dar un reconocimiento adecuado a este tipo de relatos terroríficos a continuación les presentaremos 11 historias cortas de terror capaces de causar un sentimiento hórrido o incómodo que a muchos les gusta.

Historias Cortas de Terror Perturbadoras

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1. No vayas

Llegué a casa temprano para aprovechar y estudiar un poco para los exámenes finales, no tenía más que hacer así que me encerré en mi habitación para concentrarme. Sin darme cuenta, las dos de la mañana se avistaron en mi reloj de pared cuando mi madre me llamó dulcemente desde la cocina “¡Hija, ¿Puedes venir, por favor?!” Fui sin reparo hasta la cocina, aunque me pareció extraño, y cuando me hallaba ahí no encontré a nadie, en cambio, escuché la misma voz de mi madre desde lejos “¡No vayas hija, yo también la escuché!”

2. La niebla

Esta es la historia jamás contada de un cazador, que un día fue al bosque a hacer precisamente eso, cazar. En su travesía, decidió cambiar de rumbo para dar diversidad a su oficio, así que giró su camioneta y la estacionó frente a un bosque desconocido que tenía la fama de ser abundante en presas grandes. Fue con su escopeta afianzada a sus manos, pero no pudo ver más allá de su nariz, ya que de repente, una abundante niebla se apoderó del panorama. Esta resultaba tan espesa y profusa, que el cazador no pudo dar con su rumbo de origen y se adentró en el bosque más de lo que había planeado. Caminó y caminó frotando sus manos en sus antebrazos, pues la niebla trajo consigo un frío atroz que le caló hasta los tuétanos al pobre cazador, mientras un marcado humo blanco salía de su boca con cada respiración.

Mientras seguía caminando aleteaba sus brazos en búsqueda de algo de lo que sostenerse, cuando sintió que alguien tocaba sus brazos. Por un segundo no pudo determinar qué era lo que realmente tocaba sus brazos, pero el segundo se convirtió en un momento eterno cuando percató que ese algo halaba sus extremidades con una fuerza descomunal. Mientras más hacía resistencia más sentía que la fuerza opuesta se multiplicaba e intentó con todas sus fuerzas soltarse de eso que no podía ver entre la niebla, hasta que ocurrió. Sus brazos sintieron el desgarre metálico que pondría fin a su vida. Sus brazos comenzaron a desprenderse con una violencia que se movía en cámara lenta frente a sus ojos. Una sensación de impotencia llenaba su mente mientras se desangraba al lado de una piedra, aquel día solo debía quedarse en casa.

3. Ahora que vivo solo

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Toda mi vida había tenido mascotas como gatos y perros que arañaban la puerta de mi habitación para que los dejara entrar, pero ahora que vivo solo… totalmente solo… es mucho peor que en ese entonces.

11 Historias Cortas de Terror Perturbadoras

4. Reunión familiar

Llego a casa para tomar un descanso luego de un largo y penoso día en el trabajo, dejo mis cosas en la mesa del comedor pero cuando me volteo hacia la sala, veo a mi esposa mirándome fijamente mientras sostiene a nuestro hijo en su regazo… Realmente no sé qué es peor, saber que mi esposa murió con nuestro hijo en su vientre hace más de dos meses, o imaginarme cómo habrán entrado para dejar sus cuerpos ahí.

5. El festival de luces

La noche era perfecta para hacer lo que debía hacer hace mucho tiempo. Para mi desgracia esa noche no se oiría ningún grito de ayuda. Esa tarde cuando todos estarían llegando al festival de luces al que no quise ir, mi vida daría un giro inesperado. Estando en la cocina divisé que algo se movía rápidamente entre los árboles del patio, antes de preocuparme salí a verificar que no fuese el perro del vecino que solía escaparse para molestar mis plantas. Caminando hacía los arbustos supe de inmediato lo que había atrapado mi pierna y que me había hecho retorcerme de dolor. Una trampa para osos atravesaba mi tobillo como una bestia de metal, haciendo parecer que el hueso que sobresalía de mi pantalón era su juguete favorito. Me había equivocado en una sola cosa, no era el perro del vecino lo que llamó mi atención mientras tomaba café en la cocina. El que puso aquella trampa para oso se dirigía hacia mí con su cara descubierta y repleta de cicatrices. Por su manera de caminar se podía entender que no venía para ayudarme, sino que aquel sujeto era en realidad mi nueva peor pesadilla.

Arrastrando la trampa para osos, me arrastró a mí, llevándome hacia la casa mientras gritaba con las fuerzas que me quedaban en los pulmones. No recuerdo un momento más desesperante que sentir que nadie me escuchaba. En esos segundos mi pierna dejó de importar, el dolor dejó de importar, mi molestia un tanto absurda radicaba en el hecho de poder ser asesinada sin que nadie se diera cuenta, después de tanto tiempo soportando escándalos, fiestas y derroches, merecía por retribución que esas personas al menos escucharan mis gritos desesperados de auxilio, por muy terroríficos que fuesen. Pensé que mi muerte duraría mucho tiempo, que ese hombre me despellejaría lentamente como una película de terror, pero justamente antes de ser arrastrada por las escaleras tomé un pico de jardinero que había dejado abandonado hace meses debajo de una lona sucia. Aquel hombre se dio cuenta que lo había atacado en el momento que el pico atravesó su talón de Aquiles. Mi venganza sería retribuida con una patada en el rostro que aún hoy me duele de recordarla, pero mi intención surtió efecto. Mientras se alejaba de mí para recuperar el equilibrio, no tuve más opción que llenarme de fuerza bruta, dejar la niebla de mi mente de lado, y abalanzarme sobre la espalda de mi perpetrador. El dolor de mi tobillo y mi pómulo me ha durado toda la vida, pero mi desgracia terminó más rápido de lo que creí.

11 Historias Cortas de Terror Perturbadoras

6. La campanada

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Hacía tiempo que no sonaba la campanada, alrededor de 3 años. Tres años donde ya habíamos olvidado lo que era despertarse a mitad de la noche. Cuando sonaba la campanada no había a donde correr, lo único que podíamos hacer era levantarnos y guardarnos en el sótano, el único sitio invisible para los Dark. Desde el momento que sonaba la campana teníamos poco tiempo para escondernos, así que las ventanas y las puertas debían estar tapadas por las noches, los suelos de madera eran un dolor de cabeza, porque si el suelo sonaba con las pisadas podía suponer para nosotros la muerte. Esa noche nos acostamos a dormir tomando las medidas, como hacíamos noche a noche desde hace 3 años, la última vez que sonó. Cuando ocurrió pensé que era una pesadilla pero la tensión que flotó en mi habitación cortó mi sueño por completo. Siempre usábamos medias para evitar sonar el suelo, pero esa noche lo olvidé. No percaté el tiempo que me tomó despertarme, pero había sido demasiado. No pensé en mi familia, quien en ese momento seguramente ya estaría bajo resguardo, sino la impresión que me dio verlo frente a mí. Me paralicé como una piedra, ya que después de toda una vida temiendo a algo que yo realmente no había visto nunca, ahora estaba frente a mí. En ese momento solo pude imaginar todas las veces que dudé, pero en ese segundo todo se había convertido en realidad en mi cabeza. De su boca desencajada caían gotas de baba como un animal que tiene semanas sin comer, pero lo que más llamó mi atención fue el ruido que emitían sus articulaciones de insecto cada vez que se movía. En mi paralización mis piernas temblaron y mi tobillo cedió a la tensión, en cuestión de segundos dejé de sentir mi pierna, que ahora estaba a dos metros de mi cuerpo en la boca del oscuro. Tuve suerte que tomara mi pierna y no mi cabeza, quizás porque me desmayé al ver el panorama que me rodeaba, o porque el ruido de la casa vecina sonó más duro que mi caída al lado del sofá. Esa noche yo perdí mi pierna, pero el vecino perdió la vida.

7. Dilo de nuevo

“Dilo de nuevo” dijo el padre a su hijo “Lo siento, papá” le respondió el pequeño, “Debes decirlo de nuevo, no te creo en lo absoluto” insistió el hombre “Papá, en serio, no fue mi intención” pero el padre seguía sin creerle, por lo cual, abofeteó al pequeño hasta que un rojo carmesí se apreció en ambas mejillas “¡Maldita sea, no te creo!” y en eso, el pequeño, entre lágrimas y sollozos desgarradores, balbuceó “¡Yo no quería hacerlo, no quería dejar mis juguetes en la escalera, no quería que mi mamá se resbalara, fue un accidente!…. ¡No quería que muriera, en serio lo siento muchísimo papá!” el padre miró fijamente hacia donde estaba tirado el pequeño, y con un sonrisa le indicó “Perfecto, ahora sí creo en ti… así, justamente así debes decírselo a la policía”

8. La mosca

Una mañana al asomarme a la ventana me sorprendió ver que un enjambre de insectos tapaba por completo la planta que recién había sembrado la semana anterior. Lo primero que pensé fue en una plaga en mi jardín, pero las plagas de moscas no se comían plantas, al menos que yo supiese. Espanté a los insectos mientras arrancaba lo que quedaba de arbusto, pero en el momento no me imaginé que sería el peor error de mi vida. A la madrugada del día siguiente me desperté en medio de la noche con un zumbido de mosca sobrevolando mi oído, no podía explicarme como una mosca había entrado a mi habitación durante la madrugada, pero no era solo una mosca, sino que al abrir los ojos mi cama estaba completamente tapada como un manto de pequeños animales negros que en efecto eran moscas. Tardé unos segundos en darme cuenta de lo que estaba ocurriendo y sin pensarlo un vomito impulsivo salió de mi cuerpo sin avisar. Me levanté de la cama rodeado de moscas, y el cuarto se nubló de una nube negra de moscas voladoras que iban abriéndose paso mientras trataba de salir del cuarto. En eso que intentaba escapar de mi propia habitación, me tropecé con un tumulto de zapatos que había dejado allí el día anterior. Al caer sentí como aplasté con mi hombro un grupo de moscas que se asentaban en el suelo y el pánico se apoderó de mí. Me vi rodeado de aquellos animales que parecían ir contra mí atacándome para evitar que saliera de la habitación. Las moscas que yo conocía no mordían, pero estas iban arrancando pequeños tajos de carne a medida que venían sobre mí. Pequeñas agujas pellizcaban mis brazos y mis pies, mientras que la sensación de comezón se convirtió en dolor con cada picotazo que lograba percibir. Aquellas picadas envenenadas con un fluido maligno, comenzaron a nublar mi mente. Antes de perder el conocimiento vislumbré como de mi propio cuerpo comenzaron a salir unas formaciones amorfas parecidas a alas, y poco a poco dejé de pensar en mí mismo.

11 Historias Cortas de Terror Perturbadoras

9. Aquello que lo persiguió

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Era una noche muy fría en mi ciudad, no tenía a donde ir pues mis estudios de medicina requerían que estuviera en la sala de autopsias hasta muy tarde, pero justamente esta noche me siento muy cansado, no sé por qué, pero no reparo en ello. Guardo mis instrumentos y salgo de la universidad, como los dormitorios están muy lejos, decido  acortar por un camino por una pequeña plaza que, como supongo, está poco transitada por ser ya las once de la noche. Camino y camino viendo los grandes borbotones de humo blanco que salen de mi boca debido al frío, hasta que por fin, llego a las camineras rodeadas de una fina capa de nieve. Nunca me gustó mucho este lugar, pero queda justo detrás de los dormitorios, por lo cual tomo la poca valentía que me quedaba y aprieto el paso, hasta que, cuando me encuentro a la mitad de la plaza, empiezo a escuchar unos pasos rápidos a mis espaldas. Me volteo instintivamente y ahí está, una figura de mi misma altura, con una forma acartonada y ensombrecida que solo está ahí, aparentemente mirándome.

– ¡Hola! – grito para llamar su atención. Pero parece no entender lo que digo, solo está ahí.

Sigo mi camino sin que nada intervenga, más justo cuando doy los primeros pasos, vuelvo a escuchar los pasos rápidos y cuando me volteo, la misma figura rígida estaba ahí, mirándome, pero esta vez, más cerca de mi persona. En eso, decido caminar de espaldas para ver si de esa manera vuelve a seguirme, pero nada sucede. Ya aterrado, pienso en voltear y salir corriendo, hasta que me doy cuenta que, con ese frío, de mi boca siguen saliendo borbotones de humo blanco debido al frío… pero de ese ser, nada sale. Me doy la vuelta con lentitud y salgo corriendo en cuanto escucho los pasos de aquel ser yendo cada vez más rápido, ni siquiera me volteo, solo sigo mi camino con un escalofrío penetrante en mi espalda. En eso, veo las puertas del dormitorio a lo lejos, acelero como puedo mientras siento que la figura ya está encima de mí.

Abro las puertas del dormitorio y sin siquiera mirar si está detrás de mí o no, cierro la entrada y salgo disparado hasta mi habitación. Ya en esta, hiperventilado y desconcertadamente aterrado, decido recostarme en mi cama dándome cuenta de lo agotado que estoy, sin tener idea de lo que acaba de ocurrir. Pero cuando me voleo hacia la pared para sentir más comodidad, vuelvo a escuchar con un horror indescriptible aquellos pasos rápidos, pero esta vez… venían de mi misma habitación.

11 Historias Cortas de Terror Perturbadoras

10. Hay alguien ahí

Acudo al cuarto de mi hijo para ver qué le sucede, pues despertó en la madrugada con gritos ahogados mientras se escuchaban golpes en su habitación. Voy a su encentro y lo veo temblando en su cama, “Hijo, ¿Qué te sucede?” a lo que él responde “¡Papá, hay alguien en mi armario!” con cierta gracia, voy hasta el armario para cumplir su capricho, lo abro y, para mi horrida sorpresa, mi hijo también está en él, temblando mientras balbucea “¡Papá, hay algo raro en mi cama!”

11. Los llantos de arriba

Me desperté a la una con tres de la madrugada por los llantos de un bebé en el piso de arriba. Aunque sabía que ahí no vivía nadie, pensé que habían abandonado a un pequeño, por eso llamé a la policía para que le encontraran un hogar. Pero cuando llegaron al apartamento, se impresionaron al verificar que no había nada.

Horas después, escuché una tétrica risa que venía de mismo piso abandonado, y ahí, con un sentimiento profundo de terror, lo supe… se estaba burlando de mí.

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T.S.U en administración de empresas, chef internacional y título en preparación de sushi. Amante de la lectura, escritura, pintura, yoga y grupos de excursión.

12 COMENTARIOS

  1. tremendo susto escalofrió miedo y si le es esto no mires atrás de ti ni vallas a tu habitación

  2. Muy buenas las historias, yo casi me c@go de susto

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