Terror para niños

Una buena historia de miedo sirve para alegrar cualquier ambiente tenso, ya que a pesar de estremecer el alma, también tiene la facultad de relajarnos un poco y sacar una buena risa. Aunque a veces, hay historias que son capaces de calarnos hasta los huesos, en sentimientos de agonía y sofoco, aun cuando se está en una corta edad, las historias más leves pueden volverse imperdonables en el más valiente de los infantes.

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1. Lo que ahí acechaba

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Billy tenía catorce años de edad cuando vio por primera vez a Mandy. Esta era una menuda niña de once años, pelirroja y muy divertida, quien cada noche, incitaba a Billy a salir de su casa, para jugar en el jardín con las luciérnagas que, por alguna razón, siempre estaban ahí para acorralarlos y envolverlos en el más mágico de los entornos. Un día, cabizbaja, Mandy se acercó a Billy más de la cuenta para decirle un secreto.

– Oh Billy, tengo miedo –

– ¿De qué? – Contestó el jovencito con un poco de turbación en sus palabras.

– Creo que tendré que irme pronto… no me queda mucho tiempo –

En eso, las luciérnagas comenzaron a apagarse, y Billy, a desesperarse, ya que su querida amiga, la única que tenía, se iría para siempre.

– ¡No!, no lo permitiré, ¿En qué puedo ayudarte? – Preguntaba Billy, con su labio inferior temblando tanto, que impedía la clara sintaxis de sus palabras.

En eso, Mandy sonrió de oreja a oreja.

– La única manera de quedarme, es que tomes mi lugar, y protejas a las luciérnagas –

Después de pensarlo un momento, Billy vio que esta petición era bastante fácil de realizar, así que accedió. En eso, la sonrisa de Mandy se retorció tanto, que salía del límite de su rostro y comenzó a envolver a Billy en un abrazo siniestro, y este, presa del pánico, calló desmayado.

Una vez despierto, se vio en frente de una casa que no era la suya, rodeado de luciérnagas resplandecientes, que le susurraban: si nos traes otro, podrás irte.

Luciérnagas

2. Vengan, pequeños

Muchas veces, mamá nos advirtió de los extraños, nos decía que cuando alguien a quien no conocíamos nos llamase, debíamos decir que no, o gritar con todas nuestras fuerzas mientras huíamos de ahí. Uno de los métodos más repetidos, era nunca separarnos de nuestros padres en lugares concurridos, pero no hice caso. Esa mañana del 23 de enero de 1996, fuimos a un centro comercial, en eso, fui al baño sin avisarle a mi madre, y una vez ahí, lo vi. Era un hombre alto y robusto, vestido de payaso, pero no como los de la feria, que eran simpáticos y agradables… No, este era diferente. Con un maquillaje blanco y negro, y su ropa en las mismas tonalidades, resultaba una figura siniestra.

En eso, mientras me paralizaba por el miedo, una voz brotó de aquel extraño ser.

– ¿Quieres ver mi mundo mágico, dulce niño? – Indicó con una voz grasosa, mientras se bajaba la cremallera de su disfraz.

En ese justo momento, salí corriendo de ahí tan rápido como mis pies me lo permitieron, y luego de unos minutos encontré a mi madre hablando con un policía. Esta, al verme, me abrazó fuertemente mientras repetía “Promete que no volverás a hacer eso, hay un loco suelto en el centro comercial, se lleva a los niños a un lugar del cual nunca regresan, ¡Promete que no volverás a hacerlo!, ¡Promételo!”

Historias de terror para niños

3. El jardín de las hadas

En un lejano pueblo de Nebraska, vivía Cindy. Una niña que había crecido como muchas otras, con un amor incondicional a la magia en general, y a las criaturas que ahí habitaban. El sueño de Cindy siempre fue ir a verlas en el bosque cerca de su casa, pero este era un lugar prohibido por sus padres. Un día, cuando Cindy se quedó sola en casa, aprovechó la oportunidad para aventurarse en aquel bosque; para su sorpresa, encontró no una, sino cientos de hadas revoloteando que la llenaron de cumplidos preciosos, llevándola así con su soberana, la reina de las hadas, quien dijo untuosamente:

– Bienvenida, querida niña – Dijo la soberana con mucho encanto – ¿Ha venido porque quiere convertirse en hada? –

Cindy, que no sabía lo que sucedía, asintió con la cabeza, ya que, vamos, ¿Qué niña no le gustaría ser una criatura mágica? Y hablando de Cindy, esta quería serlo desde siempre. Entonces, la reina de las hadas le dedicó una sonrisa diferente… esta, estaba llena de terror.

– Bien, mi dulce criatura… debes traerme a un bebé –

– ¿Un bebé? –

– Si, un bebé, no importa cual, pero necesitamos un bebé –

Convirtiéndose en la niña más desconcertada de la historia, Cindy se negó a tal hecho, ya que ni sabía dónde encontrar un bebé, ni quería robárselo a nadie. Entonces, la cara de la reina cambió por completo, mostrando unos dientes puntiagudos.

– Si no nos puedes traer la comida, tú serás la comida –

Los padres de Cindy la buscaron por meses, luego, esos meses se convirtieron en años, pero los huesos dejados en el bosque, nunca fueron hallados.

Cuentos de miedo

4. ¿Quién está ahí?

¿Nunca has tenido ese sentimiento? Uno en que sabes que no hay nadie, pero de todos modos te observan. Bueno, eso estoy sintiendo justo ahora, que camino por este parque abandonado. No sé cómo llegué aquí, ni cómo salir, pero siento que no importa lo que haga, hay alguien mirándome. Escribo esta carta en medio de la calle, sobre mi mano, mientras camino lentamente por esta vereda repleta de luces que alguna vez estuvieron rodeadas de gente, pero que ya no están. Quiero dedicar mis últimas palabras a Joe, jódete, Joe, gracias a ti estoy aquí, gracias a ti jugué ese maldito juego del espejo, y ahora, estoy en un lugar vigilado por algo o, alguien, que no para de seguirme. A veces lo he visto de refilón, otras, casi de frente, pero solo sé, que ya no vale la pena esconderse, siempre estará ahí, y no podré salir de aquí… vendrá en cualquier momento, solo es cuestión de tiem…

Acoso

5. Cómetelo

– Cómetelo –

Me decían, pero yo no apetecía nada esa mañana, quería ir a jugar con los demás niños, pero como siempre, la señora Thompson no me lo permitiría hasta que terminara de desayunar. No quiero, contesté en un intento de retarla, pero era imposible, la señora Thompson, quien entraba a mi habitación cada mañana con un plato humeante de sopa especial para calmar mi hambre matutina, era muy buena convenciéndome.

– Vamos – Me dijo insistiendo – Pero si está calentita, además, este lo has escogido tú, ¿Recuerdas? Es el de ayer –

Reconociendo este hecho, y recordando los sucesos de ayer, me decidí en probar un poco, y como siempre, estaba deliciosa… siempre tuve buen ojo para escoger, y me enorgullecía de ello.

– Bien – Dijo Thompson una vez acabado el desayuno – Es hora de que salga, tienes que jugar con otros niños –

Y así fue, hablé con casi todos los niños, pero había una que llamó mi atención. Era Emily, la dulce rubia que era más alta que yo. Hablamos un rato, y me decidí por escogerla para que jugara todo ese día conmigo. Ella se veía feliz, y yo lo estaba aún más, ya que, había escogido bien.

Solo hubo un problema al día siguiente, que en mi sopa especial, encontré un cabello rubio, y Thompson sabe lo mucho que odio este hecho.

Historias de terror para niños

6. Ven, ven, ven

Los bosques siempre le daban un miedo terrible a mi hermano, y yo no lograba comprenderlo. Mi madre siempre encendía una vela al lado de su cama para que, según él, el bosque no lo atrapara. Pero, un día, sin previo aviso, una criatura alta, negra y de ojos amarillos se apareció en la ventana de mi hermano. Le dijo que era una criatura del bosque, y que estaba muy molesto con él, quien para calmar la ira del bosque, debía acompañarlo. Yo, aun siendo un niño, estaba completamente aterrado, y no hice nada cuando mi hermano abrió la ventana y se fue con la criatura.

Unos meses después, en mi casa reinaba la tristeza por la pérdida de mi pequeño hermano menor, pero el horror se presentó cuando la policía entro por la puerta, indicando que un asesino había sido identificado, y que en efecto, mi hermano fue una de las víctimas.

Secuestro

7. No confíes en extraños

– Tienes que venir conmigo –

Indicaba la dulce anciana, pero Luis siempre fue muy obediente, y se negaba cada vez. Hasta que una mañana, la dulce anciana le llevó dulces presentes de chocolate al dulce Luis, insistiendo de nuevo a que le acompañara a su casa en el bosque, que ahí, tendría más dulces para él. Luis era un chico bastante inteligente, pero a su vez, condescendiente. En vista de la insistencia de la señora, Luis acompaño a la viejecita a su cabaña en el bosque. Una vez ahí, el ambiente se puso tenso cuando una figura espectral se asomó por entre las sobras, crepitante y rápido en sus movimientos.

– ¿E-e-este es ot-t-tro, mmmmamá? –

– Si, así es, feliz cumpleaños tesoro –

Entonces, la figura fantasmal salió de las sombras, revelando a un ser gordo y sudoroso, con la lengua larga y saliente que le colgaba hasta el cuello, acompañado de tentáculos en vez de manos y piernas tan cortas, que no se lograban divisar.

– ¡Aléjese de mí, horrible ser! –

Dijo Luis tratando de abrir el cerrojo, pero era demasiado tarde, ya que la anciana lo atrapó y, el monstruo aprovechó para hacer su terrorífica hazaña. Una de las actividades favoritas del hijo de la anciana era coleccionar ciertos tesoros, y los dientes recién extraídos eran una tentación demasiado irresistible.

Cabaña en el bosque

8. Un día entenderás

Eso me lo decía mi padre a mí y a mis amigos, cuando nos prohibía ir a casa de mi hermana, en lo más profundo de la ladera vecina. ¿Por qué? Esa siempre fue mi pregunta, ya que mi hermana me ama y protege siempre, sin importar lo que pase.

Un día, sin aviso alguno, fui por el camino de madera que lindaba la casa de mi hermana, pero no hallé a nadie, en cambio, vi un rastro de pintura roja que me dirigía fuera del camino. Este rastro era extraño, y realmente, no olía como a pintura. Y mis sospechas fueron ciertas cuando un pájaro muerto se hizo presente entre las hojas, quien con su sangre me llevó a un lugar que ni siquiera en mis sueños podría haber imaginado. Este era un altar enorme, que contenía imágenes de mi hermana por doquier, con esqueletos de animales y demás aparatos espeluznantes.

Quise correr y volver a mi casa lo antes posible, pero no pude, tenía que ver si mi hermana estaba bien, así que corrí hasta su casa, solo para encontrar a un hombre hincado ante ella, pidiendo su mano en matrimonio… Esa misma noche, al no poder dormir por los sucesos del día, me levanté a buscar un vaso con agua, pero la conversación que oí me heló la sangre.

– Tendrás tu paga, y yo a tu hija – Decía la voz de aquel hombre visto antes con mi hermana – Es un trato justo, ¿No? Yo tendré a mi dulce diosa terrenal, y tú no perderás tus tierras, es un precio justo –

Pacto

9. La diosa del agua sangrienta

Juana adoraba darse largos baños en el rio luego de las cosechas crepusculares. A pesar de que era de noche, la luz de la luna la bañaba con bendiciones, y eso era suficiente para aguantar cualquier peligro que se avecinase. Una noche en la que Juana se estaba vistiendo para ir a su casa más allá del rio, una pitón gigante se alzó sobre ella y le dijo mirándola fijamente a los ojos:

– ¿Por qué contaminas mis aguas? –

Titiritando, Juana se quedó paralizada, incrédula ante la bizarra situación. La pitón, continuó con la pregunta sin parar, una y otra vez, cada vez más rápido, cada vez más cerca.

Juana, quien fue presa de un terror indescriptible, salió corriendo por la jungla que estaba junto a su casa, hasta que de un salto, calló en el patio de su terreno y se escondió tras unos árboles de mangos. La pitón, quien seguía con sus ojos enormes y su boca repitiendo la pregunta pero esta vez sin emitir sonido, se convirtió en una hermosa mujer, quien gritó a los cuatro vientos: ¡Yo, la diosa del agua sangrienta, contaminaré el agua de sus tierras, hogares y manantiales, si no me traen a la niña que se hace llamar Juana y me dan su sangre como tributo!

Y bien, los lugareños eran muy supersticiosos, así que, gracias a las bendiciones de la diosa del agua sangrienta, el agua no fue contaminada.

Pitón

10. En el frio invernal

– Cuidarás a mi gatito por mí – ordenó Adeline, antes de adentrarse al bosque oscuro de aquella noche de ventisca. Realmente no quería que se fuera, pero era necesario, la primavera no vendría sino se hacía algo, y nuestro pueblo moría de hambre.

Una vez prometida dicha petición, Adeline, quien con su corta edad era terriblemente valiente, se adentró a aquella tundra, sin ninguna provisión o herramienta alguna, en espera de que saliera, para así demostrarle a la naturaleza que nuestro pueblo seguía siendo fuerte, y que hasta la más pequeña de nuestro grupo sobreviviría al más crudo invierno. Pero, para nuestra desgracia, el bosque arrojó algo que definitivamente, firmó nuestra sentencia de muerte. Era el listón rosa de la pequeña Adeline, atado a una pierda cubierta de sangre. Ahí, de una vez por todas, nos sumimos en la locura, y nuestro pueblo fue masacrado por las criaturas heladas de los bosques serbios, quienes aún hoy en día, deambulan pacientes a que alguna alma extraviada se tope con su horrida presencia.

Frio invernal

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