La Casa del Juez, una historia que hiela la sangre

Bram Stoker
Bram Stoker
Las historias de misterio y terror cuentan con diversos objetivos, algunos pueden ser el simple entretenimiento hacia mente ávidas de imaginación y buen juicio al admirar la cara más oscura del ser humano, hay otros cuentos que simplemente relatan una verdad inaudita e irrevocable sobre los sucesos ocurridos en nuestro ambiente que a su vez, son vetados de la luz pública por su contenido oscuro y macabro. Es bien sabido que la mayoría de estas historias suelen ser invenciones de la mente humana, “La Casa del Juez” no es una excepción. El relato fue escrito por Bram Stoker (sí, el mismo creador de “Drácula” causante de muchas pesadillas vampíricas).

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Bram Stoker

 

Este extraordinario hombre es uno de los escritores más reconocidos hasta la fecha, al cual se le atribuyen obras maestras como la leyenda de Drácula y otros méritos más, llevando al género del terror a un nivel en el cual es posible helar la sangre y llevar al lector al lugar en el que se está narrando el relato, lo que nos lleva al punto focal de toda atemorizante obra de terror: la del ponernos en los zapatos del protagonista y sufrir todos sus martirios mientras la historia de desdobla secuencialmente. Así pues, les presentamos un resumen que si bien no le hace justicia a la sublime muestra de lo que habita en la mente del gran Stoker, servirá como un adelanto para interesarse en encontrarla, y temblar con ella.

 


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La casa del Juez

 

La casa del juez
Fuente: napoli.repubblica.

 

La historia comienza con el catedrático de matemáticas Malcolm Malcolmson, cuyo amor y dedicación por el estudio en la época de exámenes llegaba a un punto en el que se encerraba a sí mismo durante meses para concentrarse en los increíbles problemas que su difícil carrera ofrecía. Lo cual lo lleva a considerar en irse de su actual localidad y retirarse por un tiempo a un lugar donde nadie pudiera hallarlo jamás, para así no ser molestado y continuar con su encierro auto-impuesto. Para esto, investiga un sinfín de opciones hasta que, por último, fija su vista en Benchurch, un poblado alejado en el cual sería fácil borrar sus huellas para así evitar los molestos encuentros con amistades y familiares.

Hay “algo” en la casa

 

Una vez en el pueblo, Malcolm se hospeda en una apacible fonda y al llegar el día siguiente, decidw ir en busca de la casa que alquilará en aquel pueblo, esta debe ser aún más aislada y evitada para así poder concentrarse en su totalidad. De hecho, logra conseguirla, se trata de una casa alejada del pueblo, desolada y deshabitada desde hace mucho tiempo. Como este lugar resulta perfecto para Malcolm, consigue el número del agente de la residencia, quien se ve satisfecho al saber que alguien querrá estar una casa en la cual los prejuicios abundan, así se demostrará que no hay de qué preocuparse.

Las afirmaciones del agente extrañan al joven, pero no más que las propias palabras de la propietaria de la fonda, la señora Witham, quien se muestra horrorizada y le advierte que esa casona en la que pasará su tiempo de estudio, se hacía llamar la casa del juez, nombre atribuido:

A un juez malvado que solía aplicar castigos desalmados e inhumanos a personas inocentes. Desde que el juez murió, ha habido “algo” en la casa. Algo sombrío que aguarda escondido a quien se atreva a cruzar por el umbral.

Ante estas afirmaciones, Malcolm solo puede reír y pedir que le lleven a aquel lugar y le ayuden a preparar todo.

 


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Lo que hay dentro de la Casa del Juez

 

Ratas
Fuente: tenebrisoficial (wordpress).

 

Cuando Malcolm Malcolmson arriba al lugar, nota que se trata de una enorme casona vieja como el mundo, con una estructura pesada y ventanales sombríos. Adentro, le espera la señora Witham y otras personas que le han ayudado a preparar los víveres que necesita. En ese momento, una señora igual de escéptica que Malcolm le indica que las figurillas que aguardan en la oscuridad no son más que ratas que, con el paso de los años, han convertido el lugar en su propio hogar.

Así trascurre el día hasta que, luego de cenar, el joven se halla solo, muy entrada ya la noche,  dispuesto a empezar con su estudio. En un momento dado, entre libros y problemas matemáticos, empezó a escuchar rasguños, correteos y chillidos pequeños que venían de su alrededor. Cuando el joven alza su lámpara de estudio, se ve rodeado de muros que, desde sus rendijas, brillan pequeños ojitos negros pertenecientes a ratas. Malcolm sonríe pensando en las palabras que la señora le dijo esa misma tarde, y continúa su estudio.

 

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Fuente: polonius-petronius (blogspot).

En un momento dado, el sonido de las ratas cesa. Extrañado el joven, levanta la vista y logra divisar una enorme rata que lo mira fijamente desde una silla de roble, al lado de la cuerda que activa una campana de emergencias. La rata solo se encarga de mirarlo, haciendo que Malcolm se torne nervioso y a la vez furioso por la insolencia de la alimaña. Cuando se dirige al encuentro del roedor para matarlo, la rata muestra sus dientes con odio y huye por la cuerda, perdiéndose en el oscuro techo.

Al día siguiente, el joven opta por dar un pequeño paseo. De regreso, pasa a saludar a la señora Witham, decide contarle lo sucedido la noche anterior, esta se horroriza con esmero, anunciando con pesar que se trata de un ente es un viejo diablo, del cual debe protegerse a cualquier costo.

Malcolmson ríe estruendosamente, ya que tal fantasía no era propia de creer para un matemático tan letrado.

 

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Se repite la pesadilla

 

Al regresar a casa, la historia se repite: cena en el gran comedor, luego se dispone a estudiar sin olvidar una taza de té bien cargada para aguantar los martirios de un estudioso de las matemáticas. Las ratas continúan con su arañar característico, van y vienen por doquier, pero estos manifiestos no logran desconcentrar al catedrático, salvo en un momento, otra vez, durante la noche, donde el silencio reina. Nuevamente desde la silla al lado de la cuerda, está la enorme rata de ojos tristes y malévolos. Malcolm le lanza varios libros para ahuyentarla, pero ninguno hace efecto, hasta que, toma el único que le queda, y consigue herir a la rata; antes de huir, esta vez herida, lo mira con auténtico odio y sed de venganza.

El roedor desaparece, pero un escalofrío se apodera del alma de Malcolm al percatarse de que el libro que lo ayudó como proyectil, se trataba de la biblia que su madre le había regalado. Con un terror desbordante y, a su vez, en un ataque de valentía inducida por la adrenalina, Malcolm revisa, con ayuda de una lámpara, el agujero por el cual la rata ha escapado, pero se encuentra con una serie de cuadros borrosos por el tiempo y la suciedad.

Al día siguiente, le pide a la señora encargada de la limpieza matinal, que desempolve aquellos cuadros. Luego de una tarde de estudio favorable y fructífera, Malcolm se halla tan feliz que, se dispone a visitar nuevamente a la señora Witham. En esta oportunidad, también se encuentra con un conocido doctor, el Doctor Thornhill. Su presencia allí está basada en la gran preocupación por la seguridad del joven, la señora Whitman decide llamarlo. Posteriormente, el doctor pide al joven que le relate los sucesos.

Luego de escuchar las malas nuevas, la señora lanza un grito al cielo y el doctor se intriga preguntando:

– ¿Siempre trepa por la misma cuerda? – El joven afirma esta sospecha – Pues ya sabrá usted, esa era la cuerda con la que el verdugo ahorcaba a las víctimas del malvado juez – 

De nuevo un grito de la mujer, a Malcolm se le eriza la piel pensando en que es muy probable que las advertencias fueran ciertas y ciertamente se encuentra en un lío tremendo. 

Al volver a la casona, busca cenar y se percata de que una tormenta azota contra la casa. En el momento en que el joven se dispone, como es costumbre, a estudiar, recuerda que aún no ha visto los cuadros desempolvados. Al hacerlo, se encuentra que ahí, esperándolo con la miraba fija, está la imagen del malvado juez, con una sotana morada y armiño, sentado en la misma silla en la que la rata se posiciona para atormentarle cada noche, provocando que Malcolm se asuste enormemente mientras deja caer al piso su fuente de luz. Con rabia y miedo, se aleja de la habitación y sirviéndose una copa de brandi, observa con terror a la enorme rata royendo la cuerda de emergencia desde muy arriba. Cuando la única comunicación con el exterior se ve destruida, la rata se esconde en la sombras de la estancia. A Malcolm se le hiela la sangre cuando comprende que se halla solo en un lugar que de un momento a otro, se torna macabro y diabólico.

 

De un momento a otro, Malcolmson vuelve a elevar la lámpara, sufriendo una parálisis corporal sufrida por el inminente terror, que en el cuadro de juez solo se podía ver una silla vacía. Con una sensación abrasiva de sentirse vigilado, voltea la cabeza como puede, y sus ojos se abren. Todo su cuerpo tiembla y el horror de su rostro no puede ser comparado con ninguno que se haya visto jamás.

 

Juez
Fuente: lautarofiszmanilustraciones (blogspot).

 

El juez estaba ahí, en carne y hueso, con la cuerda vuelta un nudo corredizo en sus manos y una mirada fúnebre llena de vengativos sentimientos de muerte súbita. Malcolm no puede mover un solo músculo, se siente atrapado por una fuerza diabólica que sobrepasa su conocimiento. En ese momento, el juez laza su cuello con la horca recién hecha y la aprieta con una sonrisa de triunfo, atrayendo al joven hasta que ata un extremo de la cuerda roída a su complementario par y, viendo por última vez a su víctima, se oyen las campanas de emergencia en la totalidad del pequeño pueblo de Benchurch.

La señora Witham y el Doctor Thornhill, que ya han estado al tanto de lo que ha ocurrido en esa casa, se apresuran en ir, junto con una muchedumbre, al encuentro del joven. Al entrar a la casa, los rostros desfigurados por el palpitante horror del ambiente, contemplan al joven Malcolm Malcolmson colgado de aquella cuerda, balanceándose de un lado a otro. Mientras que, en el cuadro de arriba, la maligna sonrisa del juez no tiene precedente alguno.

 


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