Para Freud la cultura que rige nuestros modo de vida y de relacionarnos con los demás seres, es un sistema que nos aleja de nuestro propósito de vida individual: ser felices. En cambio plantea, en un ensayo que escribió en 1929 titulado “El Malestar en la Cultura”, que la evolución cultural ha traído consigo un malestar general como consecuencia de la insatisfacción de necesidades pulsionales-instintivas, obedeciendo a otras necesidades que exige la vida cultural para poder vivir en comunidad.

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¿Qué es el proceso cultural? Según Freud

Cuando Freud habla de una evolución cultural se refiere al desarrollo de ciertos fines u objetivos de la vida en común, en donde el colectivo como una unidad conformada por seres individuales persigue los mismos fines dentro de una estructura compuesta por normas, restricciones y leyes que permiten que las relaciones entre los individuos se generen dentro de un equilibrio; este equilibrio del colectivo unitario es el fin más importante que persigue la cultura.

La cultura funciona o actúa como una especia de súper consciencia de la humanidad, por medio de la cual se rige la ética y la moral del individuo, reconociendo a través de ella lo “bueno” y lo “malo”, lo que se puede hacer en pro del bienestar o las acciones que pueden dañar a los otros seres y que, según el sistema cultural, tendría consecuencias positivas o negativas.

¿Qué es el súper yo cultural?

Fuente: pinterest

Esta súper consciencia cultural Freud la denomina súper-yo cultural. Aquello que pudiese perjudicar el bienestar colectivo o de otro individuo y alterar el equilibrio social, tendría consecuencias negativas.

Para comprender mejor por qué Freud habla de un súper-yo cultural es preciso saber que este término nace de un aspecto individual del ser humano al cual ha llamado súper-yo. Este “es una instancia psíquica inferida por nosotros; la conciencia es una de las funciones que le atribuimos, junto a otras; está destinada a vigilar los actos y las intenciones del yo, juzgándolos y ejerciendo una actividad censoria” (Fragmento Malestar en la Cultura, 1929, pág. 78). La consciencia entonces rige nuestra conducta, inhibe aquellos instintos cuya satisfacción perjudicaría a la vida de los otros individuos, generando en nosotros sentimientos de culpabilidad y remordimiento si llegásemos a tener estas intenciones o accionáramos desde ellas.

El súper- yo cultural tiene características más precisas según la época. El súper-yo de una época cultural se ha establecido como consecuencia del súper-yo individual de personas que han marcado hitos históricos por su fuerza energética, sus ideas sobre la vida y el mundo y su impacto en él.

¿Cuál es la diferencia entre estos dos súper-yo?

El aparato psíquico de Freud. Extraído de grafologiaypersonalidad

Ambos procesos se han venido desarrollando integrados en la vida del individuo. Cuando el hombre primitivo comienza a adquirir consciencia de sus necesidades instintivas individuales y del placer permanente que consigue en ello desde la libido, principio que lo ha llevado a relacionarse con los otros individuos, va surgiendo también la necesidad de establecer normas que permitan que la vida en sociedad sea posible.

Sin embargo, Freud plantea que la evolución de estos dos súper-yo es un proceso constante de contradicción que da origen al malestar cultural. La evolución individual “sustenta como fin principal el programa del principio del placer, es decir, la prosecución de la felicidad” (Freud, 1929, pág. 83) y recae en una tendencia que para la cultura sería egoísta. Mientras que la evolución cultural en su fin de establecer una vinculación e inclusión de individuos en una comunidad, instituye restricciones que buscan la adaptación a la misma como requisito para alcanzar la felicidad.

Según esto, ambas tenencias pareciera que permanecen en constante lucha y tensión, son dos fuerzas antagónicas que persisten dentro de nuestras dinámicas de vida; ambas persiguen un tipo de felicidad que van en contra una de la otra. Si se consigue una, se sacrifica la otra.

La felicidad que persigue el individuo

Fuente: Pin.terest

La felicidad que perseguimos como individuos es la satisfacción de nuestras pulsiones-instintos y esto se genera a través del principio del placer. Nuestras necesidades instintivas, a las cuales Freud también llama pulsiones, diferenciando los instintos animales de los instintos humanos, son aquellas tensiones que se generan en el organismo como consecuencia de una necesidad cuya satisfacción permite la sobrevivencia de la especie. Las tensiones se liberan al satisfacer las necesidades y en el caso de los seres humanos, esta satisfacción implica un comportamiento que generalmente pasa de lo somático a lo psíquico, lo que nos permite escoger y decidir cómo saciar esa necesidad o también inhibirla.

¿Significa entonces que varios de nuestros instintos parecen no ser fundamentales para sobrevivir, ya que pueden ser inhibidos y no satisfechos? Los instintos que son inhibidos pueden ser desplazados hacia otras instancias, transformados y de tal forma llegar a saciarse por medio de otro camino. Uno de estos caminos puede ser la sublimación, lo que sucede por ejemplo con  el arte y las ciencias, a través de los cuales el hombre ha creado una forma de satisfacer instintos.

Eros versus Tánatos

Fuente: Pikstagram.com

El humano se mueve desde dos pulsiones que Freud describe como pulsión de vida Eros y pulsión de muerte Tánatos. El Eros es una necesidad que proviene de la libido (deseo de placer, sobre todo placer sexual) y Freud considera que este es el padre de la cultura, pues persigue y facilita la vida en común. A partir de esta necesidad de vínculo surgió la familia, la comunidad, el colectivo.

Por otro lado, Freud cree que existe una pulsión de Tánatos o de muerte que se manifiesta desde un instinto agresivo, de destrucción y autodestrucción. Ambos se encuentran y funcionan desde una amalgama inseparable, en la que solo es posible observar el instinto de muerte actuando en contradicción con el Eros.

Conclusión

La permanente lucha de la pulsión de vida y pulsión de muerte sostienen la vida en sí y la evolución cultural. Por un lado, el Eros ha creado el proceso cultural, en el que el instinto de muerte debe ser inhibido para lograr el bienestar de los individuos. Pero por otro lado, este bienestar implica en sí la insatisfacción tanto de instintos de muerte como de los instintos del Eros. Vivimos en una sociedad donde la felicidad puede ser considerada una utopía y nuestra vida se basa en la búsqueda incansable de la misma, en una permanente contradicción interna y externa para cumplir una finalidad adaptativa aún dentro del gran malestar en la cultura.

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