Fábulas Esopo
Animales de fábulas de Esopo para niños

Las fábulas de Esopo están en nuestro inconsciente desde que somos niños. Originalmente sus temas eran relacionados a temas más orientados a temas adultos y sociales pero después se consolidaron como las fábulas para niños por excelencia. Muchas emplean animales y seres inanimados con características humanas que persisten en nuestra memoria y nos siguen enseñando importantes lecciones morales.

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¿Por qué las fábulas de Esopo son recomendadas para niños?

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Lo que convierte a las fábulas de Esopo como un referente universal para niños (y por supuesto adultos) es su sencilla forma de expresar potentes mensajes. Además, los niños suelen estar muy emparentados con el mundo animal y la fantasía es parte de su imaginación. En la mayoría de las narraciones, la empatía, el valor de la honradez y la capacidad de hacer bien son retratados de maneras inolvidables.


1. La Zorra y las Uvas

Era una tarde muy soleada y calurosa. Una zorra, que había estado cazando todo el día, estaba muy sedienta.

“Cómo me gustaría encontrar agua”, pensó la zorra.

En ese momento vió un racimo de uvas grandes y jugosas colgando muy alto de una parra. Las uvas parecían maduras y llenas de zumo.

“¡Oh, oh!” dijo la zorra mientras la boca se le hacía agua. “ El zumo dulce de uva sacia my sed!”.

La zorra se puso de puntillas y se estiró todo lo alto que pudo, pero las uvas estaban fuera de su alcance.No queriendo abandonar, la zorra tomó impuso para alcanzar las uvas. Fue inútil, no pudo alcanzar las uvas.

La zorra saltó y brincó una y otra vez pero no pudo alcanzar las uvas en ninguna ocasión. Al final la zorra estaba más sedienta y cansada que nunca

“¡Qué tonta soy!” dijo la zorra con rabia. “Las uvas están verdes y no se pueden comer. De todas maneras ,¿para qué las querría?. Y así se marchó la zorra.

Moraleja: No debemos culpar a otros de nuestras decisiones y actos. Tampoco debemos dejar un proyecto a medias, sin una razón de peso. Una vez que los comenzamos, deberíamos terminarlos.

2. La Cigarra y la Hormiga

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Érase una vez una descuidada cigarra, que vivía siempre al día y despreocupada, riendo y cantando,  ajena por completo a los problemas del día a día. Disfrutaba de lo lindo la cigarra del verano, y reíase de su vecina la hormiga, que durante el período estival, en lugar de relajarse, trabajaba duro a cada rato, almacenando comida y yendo de un lado a otro.

Poco a poco fue desapareciendo el calor, según se avecinaba el otoño y sus días frescos, y con él fueron desapareciendo también  todos los bichitos que la primavera había traído al campo, y de los cuales se había alimentado la cigarra entre juego y juego. De pronto, la desdichada cigarra se encontró sin nada que comer, y cansada y desganada, comprendió su falta de previsión:

¿Podrías darme cobijo y algo de comer? – Dijo la cigarra dirigiéndose a la hormiga, recordando los enseres que esta última había recolectado durante el verano en su hormiguero.

¿Acaso no viste lo duro que trabajé mientras tú jugabas y cantabas? – Exclamó la hormiga ofendida, mientras señalaba a la cigarra que no había sitio para ella en su hormiguero

Moraleja: Similar a la fábula anterior, esta retrata la importancia de la constancia y el esfuerzo diario para lograr nuestros objetivos, mientras que la diversión es pasajera.

3. El Lobo con Piel de Cordero

Ilustración de la fábula El Lobo con Piel de Cordero.

Pensó un día un lobo cambiar su apariencia para así facilitar la obtención de su comida. Se metió entonces en una piel de oveja y se fue a pastar con el rebaño, despistando totalmente al pastor. 

Al atardecer, para su protección, fue llevado junto con todo el rebaño a un encierro, quedando la puerta asegurada.

Pero en la noche, buscando el pastor su provisión de carne para el día siguiente, tomó al lobo creyendo que era un cordero y lo sacrificó al instante. 

Moraleja: El engaño siempre será descubierto y sus consecuencias afectan a terceros.

4. El Asno y la Zorra encuentran al León

Outdoor landscape background scene illustration Tomado de

El asno y la zorra, habiéndose unido para su mutua protección, salieron un día de caza.

No anduvieron mucho cuando encontraron un león. La zorra, segura del inmediato peligro, se acercó al león y le prometió ayudar a capturar al asno si le daba su palabra de no dañarla a ella.

Entonces, afirmándole al asno que no sería maltratado, lo llevó a un profundo foso diciéndole que se guareciera allí.

El león, viendo que ya el asno estaba asegurado, inmediatamente agarró a la zorra, y luego atacó al asno a su antojo.

Moraleja: Traicionar a un amigo por conveniencia nunca trae nada bueno. Todo lo que das, lo recibirás.

5. La Liebre y la Tortuga

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Competencia entre la Liebre y la Tortuga

Había una vez una liebre muy vanidosa que se pasaba todo el día presumiendo de lo rápido que podía correr.

Cansada de siempre escuchar sus alardes, la tortuga la retó a competir en una carrera (…)

En la carrera: La liebre se adelantó inmediatamente, corrió y corrió más rápido que nunca. Luego, miró hacia atrás y vio que la tortuga se encontraba a unos pocos pasos de la línea de inicio.

—Tortuga lenta e ingenua—pensó la liebre—. ¿Por qué habrá querido competir, si no tiene ninguna oportunidad de ganar?

Confiada en que iba a ganar la carrera, la liebre decidió parar en medio del camino para descansar debajo de un árbol. La fresca y agradable sombra del árbol era muy relajante, tanto así que la liebre se quedó dormida.

Mientras tanto, la tortuga siguió caminando lento, pero sin pausa. Estaba decidida a no darse por vencida. Pronto, se encontró con la liebre durmiendo plácidamente. ¡La tortuga estaba ganando la carrera!

Moraleja: Nunca subestimemos la apariencia ni las habilidades de los demás. La constancia y la disciplina son la clave para el éxito.

6. El Sol y el Viento

El Sol y el Viento en el cielo

Bóreas (viento) y Helios (sol) disputaban sobre su fuerza. Resolvieron conceder la victoria a aquel de ellos que lograra despojar de su ropa a un caminante. Y Bóreas comenzó a soplar fuerte, pero, como el hombre se sujetaba la ropa, arreció más.

Y el caminante, aún más agobiado por el frío, incluso se puso encima una prenda más gruesa, hasta que Bóreas, cansado, se lo pasó a Helios. Y este en primer lugar brilló moderadamente; cuando el hombre se quitó el más grueso de los mantos, despidió un calor más ardiente, hasta que el hombre, no pudiéndolo soportar, se desnudó y fue a bañarse a un río que fluía cerca.

 Moraleja: Nadie puede estar completamente seguro de sí mismo pues terminaremos por ser soberbios. Siempre habrá alguien que sepa más que nosotros (el Sol fue más inteligente al usar una mejor estrategia para lograr que el caminante se despojara de su traje).

7. El Pescador y el Pececillo

Hombre pesca al orilla de la playa

Un pescador echó su anzuelo al mar y atrapó un pececillo. Mientras le quitaba en anzuelo para echarlo a su cesta, el pececillo abrió la boca, implorando al pescador lo devolviese al agua.

-¿Quién eres tú para convencerme con tu ruego? –le pregunto el hombre.
-Soy muy pequeño ahora –le replicó el pez- y no valgo gran cosa; pero si me pescaras cuando sea mayor, te seré más útil porque podre saciar tu apetito.

-¿Pescarte después?… ¡Eso nunca! –objetó el hombre-. ¿Quién me asegura que tendré la suerte de volverte a pescar? ¡Ah, tunante, tu discurso no me convence! Confórmate con tu aciaga suerte y ve al cesto, mas no al mar…

Moraleja: La suerte no siempre se da en el lugar y en las circunstancias que uno quisiera.

8. La Paloma y la Hormiga

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Una paloma vuela sobre una hormiga con una hoja

Obligada por la sed, una hormiga bajó a un arroyo; arrastrada por la corriente, se encontró a punto de morir ahogada.

Una paloma que se encontraba en una rama cercana observó la emergencia; desprendiendo del árbol una ramita, la arrojó a la corriente, montó encima a la hormiga y la salvó.

La hormiga, muy agradecida, aseguró a su nueva amiga que si tenía ocasión le devolvería el favor.

Al poco tiempo, un cazador de pájaros se alistó para cazar a la paloma. La hormiga, que se encontraba cerca, al ver la emergencia lo picó en el talón haciéndole soltar su arma.

Moraleja: La virtud más importante como humanos consiste en la empatía. Si cometemos un acto bueno mañana seremos recompensado por quien ayudamos o por otros.

9. El Perro y el Trozo de Carne

Perro muerde un pedazo de carne frente a un río

Había una vez un perro que andaba siempre vagabundeando. Comía siempre de los restos que las personas tiraban.

Un día, el perro se hizo con un buen trozo de carne, que alguien había tirado a la calle. El perro no podía creérselo… ¿quién tiraba un trozo de carne así? ¡Qué maravilla! (…)

Pero al llegar justo a la orilla de un río, se paró de golpe: ¡No podía ser verdad! En el agua había otro trozo de carne, igual de grande y suculenta que la suya. Y pensó:

– ¡Menuda suerte la mía! ¡Dos trozos de carne en un día!

Así que, sin pensárselo más, soltó la carne y se tiró al agua a por el otro trozo. La corriente del río se llevó su trozo de carne y el otro trozo, el que había visto desde desde la orilla… ¡ya no estaba! Resultó ser el reflejo de su propio trozo de carne.

Moraleja: Si gastamos nuestro tiempo envidiando lo que otros tienen, quedaremos sin nada. Apreciemos lo justo y lo propio.

10.  El León y el Ratón

El león toma al ratón de la cabeza
Diarionuevavision.com

Después de un largo día de caza, un león se echó a descansar debajo de un árbol. Cuando se estaba quedando dormido, unos ratones se atrevieron a salir de su madriguera y se pusieron a jugar a su alrededor. De pronto, el más travieso tuvo la ocurrencia de esconderse entre la melena del león, con tan mala suerte que lo despertó.

– ¿Cómo te atreves a perturbar mi sueño, insignificante ratón? ¡Voy a comerte para que aprendáis la lección!

El ratón, que estaba tan asustado que no podía moverse, le dijo temblando:

-Por favor no me mates, león. Yo no quería molestarte. Si me dejas te estaré eternamente agradecido. Déjame marchar, porque puede que algún día me necesites – el león se echó a reír (…)

Unos días después, mientras el ratón paseaba por el bosque, oyó unos terribles rugidos y se encontró allí al león, que había quedado atrapado en una robusta red. El ratón, decidido a pagar su deuda. El ratón empezó entonces a roer la cuerda de la red donde estaba atrapado el león, y el león pudo salvarse. 

Moraleja: Jamás sabremos cuándo podremos necesitar de los demás. Ser útil y agradecido es la única forma de cuidar nuestras espaldas para cuando estemos en apuros.

11. El Murciélago y las Comadrejas

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El murciélago y la comadreja
Guiainfantil.com

Un murciélago aturdido cayó de cabeza en el nido de una comadreja que detestaba a los ratones.

– ¡Ahora verás, ratón despreciable! – le dijo furiosa.

– ¿Ratón yo? – contestó el murciélago -. ¿Acaso no ves mis alas? ¡Soy un pájaro!

Gracias a ello salvó la vida. Al poco, cayó en el nido de otra comadreja que aborrecía las aves

– ¿Pajarraco yo? – replicó el murciélago – ¡No tengo plumas; soy un ratón!

Y así también pudo salvar su vida.

Moraleja: Sobrevivir consiste en adaptarse inteligentemente a las circunstancias.

12. El Cuervo y el Zorro

El cuervo con un trozo de carne mientras el zorro lo observa

Estaba un cuervo posado en un árbol y tenía en el pico un queso. Atraído por el aroma, un zorro que pasaba por ahí le dijo:

-¡Buenos días, señor Cuervo! ¡Qué bello plumaje tienes! Si el canto corresponde a la pluma, tu tienes que ser el Ave Fénix.

Al oír esto el cuervo, se sintió muy halagado y lleno de gozo, y para hacer alarde de su magnífica voz, abrió el pico para cantar, y así dejo caer el queso. El zorro rápidamente lo tomó en el aire y le dijo:

 Aprenda, señor cuervo, que el adulador vive siempre a costa del que lo escucha y presta atención a sus dichos; la lección es provechosa, bien vale un queso.

Moraleja: Existen personas que nos buscan por interés. Debemos intentar no caer en sus alabanzas exageradas.

13. La Cierva Tuerta

La Cierva Tuerta

Una pobre cierva, a quien le faltaba un ojo, pastaba con cierta quietud a orillas del mar. Con el lado bueno miraba hacia la tierra donde abundaban los cazadores. El lado malogrado daba hacia el agua, cuyos peligros no eran de cuidado.

Para su mala suerte, unos muchachos que pescaban en las orillas, se dieron cuenta de la situación de la cierva y dirigieron, sobre seguro, sus tiros sobre ella.

Mortalmente herida, lloraba su desventura, diciendo:

—Ningún daño he recibido por donde lo esperaba; pero sí la muerte por donde menos podría temerla.

Desde entonces, dicen los ciervos, se debe andar con los ojos bien abiertos.

Moraleja: Muchas veces tenemos que estar alertas y ser realistas porque si nos confiamos demasiado y damos todo por seguro entonces nos expondremos a los peligros.

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