12 Cuentos Románticos Cortos

«All you need is love,» reza esa canción de The Beatles, y es muy cierto. Seas o no un romántico, o una romántica siempre viene bien el amor.

Leer cuentos que nos den puntos de vista sobre el amor o que podamos dedicar a otras personas es muy divertido, pero si le añadimos el plus de que sean a la medida de nuestro agitado y convulso tiempo de hoy, es mucho mejor. Pensando en ello les hice una selección de cuentos cortos o minicuentos románticos de mi propia autoría, para disfrutar en pocos minutos.

La brevedad de las historias no les quita fuerza y poder narrativo. Todo lo contrario, estas historias condensan todas las características del cuento e invitan al lector, como en cualquier cuento clásico, a completar con su imaginación los relatos.

El primer relato funciona como abreboca, es un clásico de las microficciones del escritor argentino Marco Denevi. En tan solo tres líneas hace una breve historia que incluso deja una reflexión.

Advierto que algunos de los relatos tienen un corte romántico en ambientes un tanto futuristas. Se leen rápido, unos dos minutos por cuento. ¡Empecemos!

Minicuentos románticos

1. La bella durmiente del bosque y el príncipe

La Bella Durmiente cierra los ojos pero no duerme. Está esperando al príncipe. Y cuando lo oye acercarse, simula un sueño todavía más profundo. Nadie se lo ha dicho, pero ella lo sabe. Sabe que ningún príncipe pasa junto a una mujer que tenga los ojos bien abiertos. Marco Denevi (Argentina, 1920-1998)

De mi propia autoría…

2. Preludio a un beso

De lejos se notaba que buscaban algo de soledad, así que para no intimidarlos me escondí un poco detrás de la columna para terminar mi desayuno. Era temprano en la ciudad universitaria. Ella tenía el típico aspecto de las estudiantes de arte, y él parecía de medicina, o algo así, llevaba una bata blanca colgada del brazo. Se sentaron a una distancia bastante prudencial como si solo fueran a hablar, pero en las mejillas de ambos, en la respiración y en el aroma que cada uno despedía se sentía la típica tensión del enamoramiento. Ella sonreía tímida, lo tentaba. Él, nervioso, pasaba su mano por la incipiente barba. Tenía que hacer algo, tenía que ayudarlos. Así que apuré el resto de mi comida, y levanté el vuelo. Hice lo más arriesgado, lo que nunca falla: me paré en la cabeza de ella, y él fue al rescate. Ella gritó del susto. Él sacudió sus brazos, arrojándome varonilmente. Todo fue rápido, menos el abrazo y el beso de durazno que siguió. El sol iluminó mis alas, y yo volé feliz de otra misión cumplida.

3. El tambor de agua

Crisálida está lavando en el río. El agua le llega a medio muslo y su piel negra se trasluce en el faldón de flores amarillas. Hoy hay fiesta en el caserío. Hasta ella llegan los sonidos de un baile. Tocan un ritmo que conoce bien, sus caderas se mueven al compás, pero más que mover su cuerpo a ella le gusta tocar el tambor. Deja secando sobre la maleza la sábana limpia y vuelve a zambullirse. Sus manos sienten la superficie tranquila del río, guiada por una fuerza ancestral toca el ritmo agitando la superficie del agua, hace música. Al compás de ese tambor hecho de agua una Crisálida posesa es observada por Dante, su marido. Entonces recuerda su matrimonio de hace muchos años, cuando su pelo no era blanco, cuando por primera vez la vio lavando en el río.

4. El número en el ticket

Siento que alguien me persigue, entonces bajo al subterráneo. Me acerco al mostrador y pido un ticket a la siguiente estación. Estoy cerca de casa, pero dadas las circunstancias lo más seguro es estar en un lugar atestado de gente. En medio de mis elucubraciones siento, de pronto, un cable a tierra. La mano detrás de la cabina no suelta el ticket y me obliga a mirarlo, y como si saliera del agua de una piscina mis oídos lo oyen decir: «¿señorita, está bien?». Su voz, sus ojos, su brillo son como un canto celestial. Entro en una calma que jamás había sentido. Es amor, amor a primera vista, entonces sin pensarlo saco un bolígrafo del bolsillo y anoto mi número en el boleto. Él me mira extrañado, toma el boleto y en un segundo lo cambia por otro. Esa es la historia de cómo conocí a tu padre, ahora: ¡A dormir!

5. Corto circuito

Tosió y todos la miraron. Ella sonrió con sus siliconados labios y dijo: «son mis circuitos, estoy un poco oxidada, perdonen». Los humanos de la sala respiraron tranquilos. A su lado Benito también sonrió, tomó la mano de su novia para calmarla y le dijo: «cuando el doctor te revise te dejará como nueva, entonces volveremos a casa y veremos películas toda la noche para celebrar». Ella también apretó la mano de Benito, tratando de graduar su fuerza para no lastimarlo.

Poemas románticos cortos

6. Cerdo a la miel

Nos escondimos en medio de los arbustos del jardín de su casa, teníamos 15 años, allí nos besamos por primera vez. Recuerdo el sabor a caramelo de miel, el olor dulce de su boca. Por esas cosas de adultos y de guerra mi familia y yo emigramos. Pasaron algunos años antes de volver. El pueblo era una ruina de escombros y miseria. Emma ya no estaba. Pregunté a los vecinos, pero nadie sabía a dónde se había mudado. Pasaron más años. Yo cocinaba en un restaurante elegante de la capital, había conseguido el puesto de chef hace un par de semanas. Todavía no me adaptaba a la rapidez y el estrés del cargo. Una comensal pidió hablar conmigo. Supuse que sería una de esas viejas clientas que no se acostumbran a los nuevos sabores. Pidió una chuleta de cerdo a la miel, pimienta y mostaza, tal vez me pasé con la pimienta, pensé, pero al llegar a la mesa vi que esa clienta era mi Emma.

7. Piso 30

En el futuro él y yo somos felices. Me lo dijo la máquina de compatibilidad del piso 30. Cada vez que nos despertamos en la mañana nuestras miradas se encuentran y sin decir palabras nos decimos todo lo necesario. Cada quien hace sus actividades. Cada quién extraña a su manera. Cada quien encuentra el espacio para mandar un mensaje que apacigüe las ganas de verse hasta el final del día. Al llegar la noche la cena nos junta, es una delicia sonreír, abrazar. Pero por ahora, yo solo soy la chica de recepción. Él no me conoce. Jamás me ha visto a los ojos. Detrás del mostrador, envuelta en mi traje de taller y mi máscara protectora, me da pena verlo atribulado por el trabajo. Pasa frente a mí sin detenerse. Sé que un día me mirará a los ojos y nos enamoraremos. Sólo debo ser paciente. Cada vez que pierdo la esperanza subo al piso 30 y lo observo en la pantalla: «compatibilidad absoluta, se sugiere unión civil».

8. La novia del árbol

«¡Vamos, bájate de ahí!», grita mi madre desde la escalera. «¡Tienes que casarte, vas a romper el vestido!». Otra vez el mismo sueño, doctor. El árbol siempre es el mismo. Creo que nunca me casaré, debe ser algo premonitorio. ¿Qué puede significar? Le pregunto al doctor Fernández. Él no responde nada concreto, tampoco me contradice, solo habla de mi difunto padre y del perdón, algo que ha dicho antes. Me levanto del diván y lo miro, tan guapo como siempre, sigue dibujando en su libreta. Quisiera saber qué cosas dibuja. Los psicólogos son inauditos. Hace varios años que es mi terapeuta y sólo sé que es soltero, y que ayer cumplió 50 años. Así que le pido un vaso de agua, y él, amablemente, sale a buscarlo. Aprovecho para espiar en su libreta. Lo que veo me deja sin aliento, soy yo, una y otra vez. Cinco años de mis sueños dibujados en perspectiva, en escorzo. Soy yo vestida de novia una y otra vez. La página de hoy, debajo de la fecha, dice: «Debes decirle que la amas, no puedes seguir esperando, ¡idiota!».

9. El otro mundo

El vuelo sale a las 8 de la noche. Sé que estaremos bien una vez que embarquemos. No me habla desde que tomamos el taxi. No ha dicho una palabra. Sé que estaremos bien cuando dejemos los problemas en la tierra. Sé que ese nuevo mundo al que iremos le dará estabilidad, oxígeno, agua, recursos suficientes que nos harán felices. Él me mira y sujeta mi mano. No dice nada, sólo sujeta mi mano. Entonces siento su miedo, miedo a lo desconocido. Yo no tengo miedo, cómo tener miedo de ir a un lugar mejor. Supongo que no quiere dejar la tierra, que se siente obligado a hacerlo por nosotras. Entonces nos llaman. Me ayuda a ponerme de pie, porque la panza no me deja mover con destreza. Abordamos. Tenía razón, una vez que el vuelo entra en curso me dirige la palabra y pregunta: «¿Me amas?».

10. Ivan y Amelia

Tiene 25 años y se llama Iván. Le dieron un papel importante en la obra, así que nos veremos todos los ensayos. Se la pasa leyendo o haciendo abdominales en las pausas. Es lindo, no creo que esté interesado en salir con alguien como yo… Tiene 26 años y se llama Amelia. Le dieron un papel importante en la obra, supongo que volveré a verla mañana. Me preguntó si me estaba gustando Crimen y castigo, no supe qué decir. Cuando me dijo que a ella no le había gustado el epílogo, que era demasiado «redentor», casi muero de amor. Tiene el cabello largo hasta la cintura y los labios más hermosos que vi en mi vida. ¡Mañana!, mañana después del ensayo la voy a invitar a tomar un café, si me dice que sí, te cuento cómo me fue cuando regrese.

11. Amor mortal

Ella es una diosa y yo un simple mortal, pensó Julián y acabó de reparar la computadora de su jefa. Eran ya las 12 en punto. Esperó al otro lado de la calle a que saliera a almorzar. Lo había planeado todo. Parecería un encuentro casual. Almorzar en el mismo restaurante, en la misma mesa, gracias a su cómplice, la mesera. Una hora sería suficiente para invitarla a salir. Pero la diosa ese día estaba más diosa que nunca, sus poderes eran extraordinarios, sus ojos hipnotizaban hasta perder la memoria, su piel de durazno resplandecía como una bola de espejos, los destellos lo habían cegado. Escuchaba música disco y la diosa bailaba dando vueltas en su cabeza. Se ancló al plato de espaguetis para no caerse al suelo desmayado. Entonces fue ella la que habló.

12. Un amor imposible

Francia es la gatita de Marta. Está enamorada de Rocco, el chihuahua del vecino. Lo mira todas las mañanas por la ventana cuando va a pasear. Le encantan los ladridos chillones y los ojos saltones de Rocco. Marta se ha dado cuenta de que Francia siente algo por Rocco y ha entrado en un serio dilema. Se pregunta si puede haber amor entre animales tan distintos. Así que ha llevado a Francia a casa del vecino para salir de dudas. Le ha dicho que cree que su gata ama a su perro. El vecino la ha mirado con los mismos ojos del chihuahua y las ha invitado a pasar. Francia luce un lindo lazo fucsia en el cuello, se acerca a Rocco y le confiesa su amor ronroneando. Rocco está mirando la televisión y la invita a sentarse a su lado en el sillón, de vez en cuando la mira y mueve la cola.

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Estudiante de medicina (ULA), escultor y trovador. Redactor y Editor.

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