Nuestra fe confiesa: “Creo en Jesucristo”. Él es el Señor, el Hijo de Dios, el rostro humano y cercano de la divinidad. Cuando sentimos que Dios está demasiado lejos y que su presencia es  inalcanzable contemplar a Jesús en su mansedumbre, humildad, cercanía  y misericordia nos da seguridad y confianza, de que tenemos un Dios bondadoso, un Dios que es Padre Bueno y que ha enviado a su Hijo al mundo para salvarnos, para mostrarnos el camino correcto, para enseñarnos a ser justos, a reconocer las debilidades y fortalezas propias y ajenas. 

Continúa el Credo: “vendrá a juzgar a vivos y muertos”… “Su Reino no tendrá fin”. Jesucristo es el justo juez, a quien el Padre ha puesto todo en sus manos, toda justicia, por eso Jesucristo es el Señor, ante quien se dobla toda rodilla.

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Oracion al Justo Juez:

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Divino y Justo Juez de vivos y muertos, muerto en la Cruz por mi amor. Ante cuyo poder toda fuerza natural o sobrenatural se postra, nada ni nadie hay como Tú. El poder de tu brazo y de tu misericordia es infinito. Te suplico humildemente, postrado ante tus pies llagados, que tengas piedad de mí y del mundo entero. Líbrame de mis perseguidores, líbrame del engaño de Satanás y de las fuerzas del mal para que no dominen mi corazón. Dame la gracia del arrepentimiento, del dolor de mis pecados, enséname a confiar en tu misericordia infinita y en tu juicio de salvación. Aleja Señor cualquier angustia o miedo a la condenación, pues si tú estás conmigo nada temo. Amén

La Justicia Divina y el Justo juez

El poder de Dios se ha manifestado en la debilidad, en la sencillez. Por eso el Hijo de Dios se hizo pequeño y nació en Belén. La fuerza de la justicia de Dios está en su misericordia, en su amor infinito y eterno capaz de transformar los corazones endurecidos y pecadores. El juicio de Dios es diferente al nuestro, su tribunal es el amor y el deseo de Dios es que todos se salven. Dios no quiere condenar a nadie ni castigar a nadie. Dios quiere proteger al ser humano, alejar de nosotros todo aquello que nos ponga en riesgo.

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La sentencia del Justo Juez

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Dios ya ha hablado, ha abierto el camino de la salvación. Su sentencia está elaborada y se resume en una palabra: Salvación. Dice la Sagrada Escritura: “Por sus llagas hemos sido curados” Por eso la imagen del Justo Juez nos lleva al Jesús de la Pasión,  coronado de espinas y cargando el madero de la cruz. Si el juicio de Dios está en su misericordia, el acto más grande y de entrega de Dios ha sido la cruz, el dolor redentor, la sangre purificadora y justificadora de Cristo. Su muerte nos justifica, es decir, nos hace justos ante el Padre, por eso la sangre de Cristo borra pecados y lava, por eso rezamos: “Por su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”.

¿La condenación es posible?

Por supuesto que sí es posible, aunque no querida por Dios. El Justo Juez desea absolver, lavar, justificar pero en honor a su propia justicia respeta profundamente la libertad de las personas. Si una persona rechaza abiertamente a Dios, se cierra a la justicia y practica la maldad en consonancia con su decisión, se hace justicia al condenar al pecador impenitente, es decir, aquel que no se arrepiente, ni quiere arrepentirse. Es como decir “Te hago justicia dándote lo que quieres y te has ganado: La condena” Es interesante esta perspectiva para poder comprender la justicia de Dios.

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