¿Cómo Orientar a los Niños sobre Sexualidad?

Los niños y la sexualidad
En su proceso cognitivo y de crecimiento, la sexualidad viene marcada desde el nacimiento del ser humano como una huella permanente. Cortesía: Pixabay

En este artículo se abordará un tema que genera mucha inquietud en los padres como es el referido a ¿cómo educar a sus hijos sobre la sexualidad? Para responder esta pregunta, en una primera parte, nos ocuparemos de la educación sexual en general para luego precisar en qué consiste la educación sexual infantil. Y Finalmente, se desarrollará el punto concerniente a una educación sexual infantil adecuada.

Educación sexual: ¿Porqué está censurada por la mayor parte de la sociedad?

La sexualidad humana constituye un aspecto vital de la existencia del ser humano que forma parte de la cotidianidad del quehacer e intercambio social. Sin embargo, para muchas personas la sexualidad es vivida como extraña, distante, con culpas, lo cual genera angustias, auto reproches y displacer.

Esto es así principalmente por una acción social censurante en exceso, tergiversadora de las características y funciones de la sexualidad humana que genera concepciones erradas de la misma. Por otra parte hacia el otro extremo, la permisividad sin límites del ejercicio sexual puede acarrear vivencias y conductas inadecuadas generadoras de conflictos con el entorno social.


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Todo esto se manifiesta en concepciones erradas, desinformación, prejuicios, tabúes y abusos. Si lo dicho es válido para la sexualidad adulta lo es más aún respecto a la sexualidad infantil, área en la cual reina poca información y los prejuicios son más fuertes. Esta acción social censurante o la que, por el contrario, no ponga límites en el ejercicio de la sexualidad, son producto de la educación que recibimos.

En su proceso cognitivo y de crecimiento, la sexualidad viene marcada desde el nacimiento del ser humano como una huella permanente. Cortesía: Pixabay

Solemos pensar que la educación sexual sólo está referida a la educación formal impartida por las instituciones educativas. Es por eso que a muchas personas cuando se les pregunta si han recibido educación sexual o han educado sexualmente a sus hijos contestan que no lo han hecho. Piensan esto pues en su casa y en la escuela nunca se tocó el tema y por lo tanto, en su condición de ignorantes al respecto, están incapacitados para educar sexualmente.

¿Sabias que los primeros conocimientos sobre sexualidad los transmiten los padres a sus hijos?

Resulta ser que la mayor parte de la educación sexual (esto es válido para la educación en general) no se da por la vía formal, intencional, sistemática, planificada. La primera educación que recibimos se da en el ámbito de la familia de una manera informal, muchas veces sin un propósíto definido e incluso de una forma inconsciente.

Cuando escogemos el color azul para el niño varón y el rosado para la niña o le regalamos un carro al primero y una cocinita a la segunda, estamos educando en los roles de género que es una parte de la educación sexual.

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Igualmente, al inhibir la curiosidad sexual infantil, reprimir la masturbación, desnudarnos frente a los/las niños/as, sonrojarnos o reírnos nerviosamente ante un comentario sexual, estamos educando. La educación no formal no sólo se da mediante la palabra. Ocurre a través de procesos psicológicos como la observación, la imitación, la identificación, la internalización, entre otros. Estos procesos se manifiestan en posturas, gestos, miradas, sonidos, además de las palabras y muchas veces no son conscientes.

Lo dicho anteriormente nos lleva a concebir la educación sexual como un proceso en el cual se transmiten, no sólo conocimientos y habilidades sino también valores, creencias, actitudes, afectos, sentimientos y pautas de conducta en relación a la sexualidad.

Este proceso se da en los diferentes contextos de la vida social, sean éstos institucionales o de otra índole, la mayoría de las veces de una manera informal.

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Con base en lo expuesto, estamos en condiciones de entender que la educación sexual infantil es un proceso que va más allá de la mera información o de la instrucción. Es un proceso que está inmerso en procesos más globales como son los de culturización y socialización. En este sentido, involucra los valores, creencias y representaciones socioculturales en torno a la sexualidad que se expresan en conocimientos válidos pero también en prejuicios, tabúes o prácticas indeseables (por ejemplo el cercenamiento del himen en púberes de ciertas culturas africanas).

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Por otra parte, supone procesos psicológicos complejos que pueden conducir a vivencias placenteras y al intercambio y ejercicio sano, pleno, satisfactorio y responsable de la sexualidad. Pero también pueden generar sentimientos de vergüenza, de culpa, baja autoestima, represión, angustia o conductas inadecuadas o indeseables  para el entorno social. Por lo general tanto lo positivo como lo negativo que produce la manera cómo hemos sido educados conviven en los seres humanos desde la infancia hasta la adultez.

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Una educación infantil adecuada debe tomar en cuenta los factores históricos, culturales, sociales, psicológicos y biológicos que integran e influyen en la sexualidad infantil. En este sentido debe ser una educación con una perspectiva científica, global, integral y que pueda dar cuenta de la complejidad de la sexualidad humana.

Esta concepción se distancia de las perspectivas que la reducen a sólo transmitir conocimientos biológicos sobre la anatomía, la fisiología o la procreación. También de aquellas que se centran en el intercambio genital. Igualmente, de posturas religiosas que consideran la procreación como el propósito esencial de la sexualidad, o que propugnan un amor divorciado de la sexualidad, descalificando o cuestionando el deseo y el placer.  

Es posible esbozar algunos criterios para cumplir con las características deseables antes señaladas y en este sentido, la educación sexual infantil debe considerar el contexto sociocultural donde se desarrolla:

  • Debe ser veraz, oportuna, pertinente, adaptada al desarrollo psicosexual (criterio evolutivo) y a las características biopsíquicas particulares  del/la niño/a (criterio personalizador).
  • Debe incorporar la perspectiva de género, es decir, que no reproduzca los valores sexistas (que privilegian un género en particular en detrimento del otro).
  • Debe fomentar la imposición de límites deseables para un ejercicio sano y responsable de la sexualidad.
  • No debe ser culpabilizante, descalificadora o penalizadora de las manifestaciones sexuales esperables y deseables del/la niño/a.

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Respecto al criterio evolutivo, es importante que los adultos tengan un conocimiento mínimo de desarrollo psicosexual infantil. Este conocimiento les permitirá discriminar cuándo una manifestación sexual infantil es esperable o cuándo puede ser motivo de preocupación o amerite una intervención del entorno. En este orden de ideas, vale hacer un pequeño esbozo de las etapas de este desarrollo psicosexual que plantea el psicoanálisis de acuerdo a la zona anatómica en la cual se focaliza la obtención de placer:

Primera etapa: la oral 

Va desde el nacimiento hasta el primer año, en la cual los puntos del disfrute se concentrarán en los labios, la cavidad y las mucosas bucales. La succión del seno materno u otros objetos, además de ser una forma de adquirir conocimientos, serán también una fuente de placer. La succión de los dedos por parte del bebé se considera como una manifestación autoerótica.

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Segunda etapa: la anal-uretral

Transcurre entre el primer año y los tres años. Los centros de disfrute estarán en los esfínteres anales y uretrales, incluyendo las mucosas y el ano. Las funciones de retención y expulsión de las heces y la orina se convertirán en fuentes de placer autoerótico.

Tercera etapa: genital primaria o fálica

Abarcará cerca de los tres años hasta los seis o siete años y cuyo centro de placer serán los genitales. Esta etapa, también llamada edípica (por el famoso complejo de Edipo que supone el enamoramiento expreso de los/las niños/as de los padres del sexo opuesto y rivalidad con los del mismo sexo) constituye una verdadera eclosión de la sexualidad del ser humano caracterizada por una gran curiosidad por los cuerpos desnudos y por las diferencias anatómicas, por el nacimiento de los bebés y por el coito.

En ella suelen ocurrir la masturbación infantil y los juegos sexuales infantiles, en los cuales niños y niñas se observan y se acarician, muchas veces sin importar al género al cual pertenecen.

Cuarta etapa: latente 

Va desde los 6-7 años hasta la pubertad. Se caracteriza por una inhibición del interés sexual que se desplaza a lo social e intelectual. Además de estos centros de placer que plantea el psicoanálisis la erotización infantil se da en toda la piel, en el mirar, en el oír, en el oler. Es decir, por todos los canales perceptuales.

Como conclusión podemos señalar que la educación sexual infantil se concibe como un área de la educación sexual humana que se trasmite principalmente por la vía informal.  Es un proceso que va más allá de la información y la instrucción al involucrar otros procesos como la culturización, la socialización y las estilos de crianza mediante los cuales se transmiten, además de cocimientos y habilidades, valores, creencias, representaciones que generan actitudes y pautas de conductas.

Una educación sexualidad infantil adecuada debe ubicarse en el contexto histórico y sociocultural, debe ser  científica, holística e integral, veraz, pertinente, oportuna, ajustada al desarrollo biopsicológico de los/las niñoa/as, con perspectiva de género, que equilibre los límites con la permisividad, no culpabilizante, ni estigmatizante y/o penalizante de las manifestaciones sexuales infantiles esperables y deseables.

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