Venezuela es un país del cual podemos admirar una infinidad de atributos, ya sea por su gente, cultura, costumbres y tradiciones. Sin embargo, hoy en día, este magnánimo país padece una situación socio-económica decadente, causada por un régimen corrupto y descarado, el cual se encarga netamente de enriquecerse en base al sufrimiento de una población entera, sin remordimientos, ni pesos de conciencia. Por estas razones, muchas historias se han dado a conocer, historias de lucha, desesperación y hambre, pero a continuación, les presentamos una historia real sobre una joven que prefirió quedar en el anonimato, pero que sin dudas, se compara con muchos otros, quienes como cualquier joven de veintidós años de la Venezuela actual, espera resurgir de las cenizas.

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La luz eléctrica falla

Hace frío, hoy en especial, en una noche extremadamente lluviosa en Tabay, un poblado a las cercanías de Mérida, Venezuela.

Me encuentro aquí, sola en mi habitación, acurrucada como un pequeño manojo de escalofrío en la esquina interna de la pared que está pegada a mi pequeña cama. Estornudo mientras subo la fina cobija hasta mis hombros descubiertos, para, de alguna forma, contrarrestar el despiadado ambiente que optó por azotarnos en la velada de hoy. Volteo la mirada hacia la penumbra en la que se ha convertido esta minúscula estancia en donde paso la mayor parte del tiempo, no logro ver más allá de mi nariz, por lo tanto, no hago otro intento y miro por la ventana un poco. Noto cómo el cielo se cae, apenas puede verse más allá de la lluvia torrencial que envuelve al estacionamiento del complejo departamental vecino, ya que también se haya en la penumbra.

La luz eléctrica se fue desde las 6 de la tarde, son las 11:50 de la noche… No tengo ninguna esperanza de que vuelva hasta mañana, así que, una lágrima rueda por mi mejilla, pues nunca en mi vida he podido conciliar el sueño mientras me hallo sola junto con la lobreguez absoluta.

El agua es un «privilegio»

Fuente: expreso.ec

El agua también se fue, pues la bomba interna del edificio donde vivo es eléctrica, por lo tanto, no he tenido la oportunidad de asearme. No pudimos cenar, ya que el surtidor de gas no ha venido en más de cuatro semanas, lo cual deja, por los momentos, obsoleta a nuestra pequeña cocina eléctrica provisional. Mi estómago ruge sin piedad al recordar al pan que aguardaba en la despensa, pero eran escasos, así que opté por rechazarlos con la excusa de haber perdido el apetito; yo tengo 20 años, no necesito alimentarme tan bien como mi hermano, que apenas tiene 8 años y debe crecer, o mis padres que, a sus 48 y 50 años, merecen tener una cena «adecuada» por el esfuerzo que hacen para mantenerme, ya que no lograría valerme por mí misma ni aunque tuviera cinco empleos, pues un alquiler es cobrado en dólares, y no puedo permitirme pagar siquiera el porcentaje de cambio que piden las páginas electrónicas.

Vuelvo a acurrucarme en mi sitio predilecto y observo el reloj de mi teléfono, faltan 5 minutos para las 12 p.m., así que, como puedo, me acerco con mis pies entumecidos por el frío hasta el estante de mi habitación, empleando solo mi tacto (pues al teléfono sólo le queda un 1% de batería) y busco una bolsa con unas pocas gotitas de chocolate. Saco también una pequeña vela alargada y vuelvo a ponerme bajo la protección de mi fina cobija, para resguardarme del frío (esa noche hacía mucho frío, por lo tanto, opté por darle mi mejor cobija a mi hermano, prefiero pasar frío a que él se enferme… ¡Y las medicinas!, ahora son una hórrida pesadilla, por lo menos, yo sabría valerme por mí misma con cualquier brebaje, pero él… él no.

«No sé cuánto tiempo más lo soportaré»

Fuente: /twitter

No sé cuánto tiempo más tendré que ser una «carga para mis padres». Muchas personas alrededor del mundo, a una edad más temprana que la mía, ya poseen, por lo menos, la capacidad para valerse por sí mismos, pero esa realidad, en este país, se volvió solamente una ficción que pocos son capaces de lograr dentro de las fronteras de nuestra nación. Detesto tanto a los responsables de esta situación, como a los imbéciles que creen en la bondad política de los dirigentes actuales… No logro entenderlo, simplemente no entiendo cómo no se dan cuenta que vivir en la miseria, no es algo normal en lo absoluto.

Imagino que ya se han cumplido las 12 de la noche, por lo tanto, tomo una cajita de fósforos que descansaba en mi mesa de noche, enciendo la pequeña vela y la observo por unos minutos.

«Feliz cumpleaños a mí, feliz cumpleaños a mí, feliz cumpleaños, feliz cumpleaños, feliz cumpleaños a mí». Soplo la vela con el mismo desdén con el que entoné mi canción de cumpleaños, sabiendo que ahora, tengo 21. Y por supuesto, no tengo esperanzas de otro tipo de celebración por mi cumpleaños, y la verdad, lo entiendo completamente. Antes, a esta hora, mi familia entraba con un enorme pastel de cumpleaños para recibir un nuevo año de vida junto a mí… Pero ahora, solo son recuerdos, unos que me queman de ira, pues mi hermano nunca los ha tenido.

Noches de insomnio y oscuridad

Fuente: Cultura Colectiva News

Como lentamente un puñado de las gotitas de chocolate y guardo el resto, a mi hermano le encantarán. Luego, me acurruco y preparo para una noche de desvelo, pero en un determinado momento, rompo a llorar sin ningún consuelo, no quiero hacerlo, de verdad no quiero, pero no tengo fuerzas para impedirlo. Lo hago en silencio, dejando todo mi odio y dolor para mí misma… Nadie tiene que cargar con estos sentimientos, ya que son míos, y sería injusto. Noto que mi almohada se torna húmeda por las lágrimas que no dejan de brotar por mis cansados ojos, pero no me importa… Es mejor, por lo menos, las lágrimas y los espasmos me quitarán las pocas fuerzas que me quedan, y podré dormir un poco.

Esa noche, el sueño nunca llegó, en cambio, las lágrimas decidieron ser fieles a mí. La oscuridad, el hambre y la tristeza fueron mis acompañantes con las cuales comencé mis 21 años de edad, cerrando definitivamente mi adolescencia para dar comienzo a una etapa que creo, no será muy diferente a esta triste noche.

Conclusión

Esta relato no debe ser muy distinto a la de una infinidad de jóvenes que hoy en día “viven” bajo el régimen dictatorial que han impuesto en la Venezuela actual, sin ningún permiso y vergüenza. «Esto no se trata de política, ni es una propaganda mediática de oposición, esto es la vida y juventud que le robaron a millones de jóvenes en mi amado país… Y que también, es mi historia».

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