Ser un caballero en pleno siglo XXI puede traer consigo algunos inconvenientes, sobre todo cuando se trata de ser políticamente correcto frente a la liberación femenina. ¿Quieres saber por qué? Acá te lo explicamos.


Cuando eres hombre y vas sentado en un autobús abarrotado de personas en el que van mujeres viajando de pie porque sencillamente ya no hay más asientos disponibles para nadie, puede suceder que la presión social te empuje, aunque no quieras -por que vas muy cansado después de toda una jornada de trabajo o porque simplemente no te provoca-, a brindarle el asiento a alguna de las damas desconocidas que viajan en ese congestionado medio de transporte. A fin de cuentas, algo te dice que debes ser un caballero. ¿Te has preguntado de dónde viene ese impulso? y aún más, ¿te has preguntado si es pertinente o políticamente correcto hacerlo en pleno siglo XXI?

caballerosidad ceder el puesto

Ser o no ser caballero, he ahí la cuestión

caballerosidad abrir puerta a dama
Tomado de Flickr

Pues lo polémico de este asunto viene dado a partir del momento en que las mujeres de muchas sociedades occidentalizadas y modernas, se asumieron plenamente como seres en igualdad de condiciones a la par de hombres. Igualdad de la cual no cabe ninguna duda. Pero la ambigüedad que puede presentar este tipo de situaciones suele resultar bastante incómoda cuando no sabes si ofendes o le haces un favor a una mujer cuando le brindas el asiento en el metro, o le abres la puerta del auto, o le cedes el paso con el gastado cliché de “las damas primero”, etc.

Esto va a depender en buena medida de la sociedad en la que vivas, pues si en ese entorno social las personas son obstinadamente conservadoras lo más adecuado es que te hagas el caballero, aunque sea para quedar bien, pero si es una ciudad frenéticamente liberal y moderna, puede que hasta termines demandado por acoso sexual cuando lo único que querías era hacer gala de tu solidaridad y compresión ante el “sexo débil”.

De dónde viene la idea de la caballerosidad

Aunque originalmente el concepto de la caballería viene de la Edad Media, la idea de que cualquier hombre debe ser ante todo un caballero es, relativamente, reciente.

El Quitasol Francisco de Goya.
El Quitasol, de Francisco de Goya. Tomado de Wikipedia

Una parte importante de esta concepción está vinculada la filosofía de vida propugnada desde el romanticismo en el siglo XIX. El romanticismo, ante todo se caracterizó por ser una corriente artística que reeditó, salvando las distancias, muchos aspectos de la estética que según ellos mejor definía y representaba al Medioevo. Su expresión más evidente se encuentra en el arte, especialmente en la pintura y la literatura, donde los temas y las técnicas de creación artística fueron puestos a la orden de la evocación medieval.


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En general el movimiento artístico del romanticismo se caracterizó por una reinterpretación del gótico, reviviendo en el arte muchos aspectos que el neoclásico había censurado de la Edad Media por considerar que esta había sido una época de oscurantismo y regresión. Lo gótico, motivó a pintores y escritores por igual a redescubrir en sus obras paisajes melancólicos, castillos y cementerios en ruinas, lo fúnebre y lo negativo se ponen de manifiesto junto a una nueva mirada hacia la arquitectura medieval y la fascinación por lo esotérico y lo divino.

Caminante sobre mar Caspar Friedrich
El caminante sobre el mar de nubes (1818), de Caspar David Friedrich. Obra romántica por excelencia. Tomada de Wikipedia

De forma más vehemente se va a reeditar el significado y el sentido del ser un caballero en la Edad Media. Ese guerrero, casi monacal, que regía su vida por un estricto código ético y que primero entregaba su vida antes que traicionarlo. De algún modo fascinaba la idea de que el hombre pudiera ofrendar su vida en apego a sus ideales y aún más si estaban sujetos a votos y juramentos.

El espíritu de una época que trasciende

La estética propia del romanticismo se instaló con tal ahínco, no solo en el arte, sino también en la política y en la sociedad en general, que hasta en la vida cotidiana de las personas se asumieron muchas de las pautas éticas vinculadas a ella. En grandes personajes políticos como Napoleón Bonaparte o como Simón Bolívar, podemos encontrar escritos políticos con una fuerte carga romántica. De modo que estamos hablando no solo de una corriente artística, sino del perfume de una época, del espíritu social de un momento en particular.

Edmund Leighton
Obras de Edmund Leighton: God Speed (izquierda) y The End of the Song (derecha)

Sin embargo, el romanticismo trascendió. Aunque como corriente artística pronto sucumbió ante las propuestas estéticas del modernismo, el realismo, el impresionismo, entre otros, las pautas de comportamiento social que habían sido afianzadas en la vida cotidiana a partir del romanticismo, las podemos encontrar perfectamente conviviendo con nosotros en la actualidad. No en balde todavía hay mujeres que en la actualidad reclaman en la vida amorosa más romanticismo por parte de los hombres.

Ser un caballero medieval significaba muchas cosas, además de un gran honor y prestigio para quien portaba tal investidura. Significaba ante todo un compromiso de lealtad para con Dios y para con un rey o un señor feudal, y también, dentro de esta postura ética, un compromiso de protección para con el más débil, para los considerados menores de edad social, y estos fueron durante mucho tiempo: niños, ancianos, enfermos y mujeres.

Con el romanticismo la precepción de la mujer en la sociedad va a cambiar de forma radical, de hecho para muchos artistas será el centro de inspiración de sus obras en una suerte de idealización de la figura femenina que de algún modo siempre ha escondido un sentimiento paternal o erótico -muy vinculado al machismo- de protección a la mujer, por ser “débil” y “delicada”.

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La maja vestida, de Francisco de Goya. Obra romántica por excelencia. Tomada de Wikipedia

Pero, ¿es políticamente correcto ser un caballero en pleno siglo XXI?

caballerosidad

Como ya se dijo va a depender en buena medida de la sociedad en la que vivas. Pero lo cierto del caso es que cuando un hombre actúa con caballerosidad ante una mujer tal vez está reproduciendo, sin saberlo, un patrón de comportamiento proveniente de una estética y de un momento que en algunas sociedades se niega a morir, en otras se encuentra en estado de transición, y en otras simplemente ya no tiene ninguna relevancia.

Lo que realmente trascendió del romanticismo hasta nuestros días, no es el romanticismo como tal, sino una muy forzada pauta de comportamiento o de manera de ver a la mujer como un símbolo de debilidad que encarna en sí misma el amor y todos los tormentos que vienen con él, de modo que, para atraerla y alejar los sufrimientos del amor es mejor cuidarla, protegerla, ofrecerle obsequios y  bombones, por lo menos, cada Día de San Valentín.

Aucassin and Nicolette Marianne Stokes

Toparnos en la actualidad con hombres, medios de comunicación, géneros musicales o productos culturales en general que se pretenden románticos llama la atención al respecto si partimos de todas estas consideraciones expuestas. Y nos invita a reflexionar un poco acerca de cuál es la percepción que tiene nuestra sociedad sobre la mujer y hacia qué formas de percepción debería proyectarnos.

Por último y volviendo al ejemplo del autobús que planteábamos al principio, reproducir esta estructura de comportamiento social podría traer consigo el problema de considerar a las mujeres como seres inferiores o débiles, siendo que el caballero busca protegerlas del cansancio que implica ir de pie por mucho tiempo. Esto como un ejemplo práctico que bien podría aplicarse a cualquier ámbito de la vida cotidiana tanto pública como doméstica. De modo que ser un caballero practicante y convencido en este siglo podría resultar políticamente incorrecto, sobre todo cuando se trata de lidiar con fervientes y aguerridas feministas.


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Por Néstor D. Rojas López

¿Es politicamente correcto ser un caballero en este siglo?
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