Simón Bolívar: ¿realmente un antimperialista?

La figura de Simón Bolívar está plagada de un sinfín de interpretaciones y reinterpretaciones todas tendenciosas a justificar posturas y regímenes políticos de la más diversa índole, sobretodo en América Latina. Se le conoce bajo el título de Libertador, el cual le fue otorgado en la ciudad de Mérida (Venezuela) en 1813, y tiende a vinculársele con una postura antiimperialista a partir de la consideración de que su actuación política representó la búsqueda de la independencia hispanoamericana respecto al dominio del Imperio Español y la consolidación de un proyecto de nación llamado República de Colombia (o Gran Colombia). Sin embargo, esta aseveración acerca del antiimperialismo bolivariano pareciera no ser del todo correcta. Veamos por qué.

bolivar el diplomático
El Libertador (Bolívar diplomático) de Rita Matilde de la Peñuela, 1860. Cortesía: Wikimedia Commons

El surgimiento de la figura política de Simón Bolívar

La figura política de Simón Bolívar va a comenzar a tener relevancia considerable en el proceso de independencia que se venía gestando en Venezuela a partir de 1810 y que se materializarían en la constitución de varios ensayos republicanos poco estables que derivaron en la República de Colombia entre 1821 y 1830.

escudo de armas bolivar
Escudo de armas de la Familia Bolívar. Cortesía: Wikimedia Commons

Perteneciente a una acaudalada familia caraqueña de Blancos Criollos (españoles nacidos en América), Simón Bolívar entrará en la contienda política de la independencia venezolana dada su condición de clase y su formación intelectual ilustrada.

Desde su condición de clase, como blanco criollo, pertenecía a un estrato social que venía siendo afectada de forma negativa con las medidas políticas, administrativas y económicas que la Corona española de los Borbones había implementado en América desde mediados del siglo XVIII. En cuanto a su formación intelectual, era uno de los pocos privilegiados que podían contar con una sólida educación clásica aunada a las revolucionarias lecturas ilustradas que ingresaban por contrabando a territorios españoles provenientes desde Francia e Inglaterra.


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Tras el fracaso del primer ensayo republicano venezolano en 1812, Simón Bolívar asume la dirección militar del movimiento republicano, y en su exilio llevado a cabo en Nueva Granada (actual Colombia) se dirige al Congreso de esta incipiente república con un documento comúnmente conocido como “Manifiesto de Cartagena” pero que originalmente se titula “Memoria dirigida a los ciudadanos de Nueva Granada por un caraqueño”, en donde exponía las causas que había conllevado a la caída de la primera república de Venezuela.

A partir de entonces, la figura política de Simón Bolívar fue vista con especial relevancia dado su ingenio político, sus excepcionales habilidades diplomáticas y su destreza oratoria y literaria.

América Confederada: una estrategia ambiciosa

Ya lograda en buena medida la independencia política de Venezuela y Nueva Granada en 1821, el siguiente paso de Bolívar en su estrategia de consolidación de un sólido sistema republicano, fue la constitución de una república que unificara a Venezuela y Nueva Granada y que pasaría a llamarse Colombia, en honor al proyecto original de Francisco de Miranda denominado Colombeia.

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Mapa de la Gran Colombia. Cortesía: Wikimedia Commons

Uno de los principales obstáculos por sortear en esta empresa, era fundamentalmente expulsar definitivamente los reductos del gobierno español en América que se encontraban hacia el sur en Quito, Perú y el Alto Perú (actual Bolivia), pero además resultaba también una amenaza latente el surgimiento de una liga de potencias europeas que se disponía a recuperar sus antiguas colonias en América, entre estas naciones: España. Esta liga fue denominada La Santa Alianza, y su frustración dependía de la habilidad política y diplomática de los americanos.

La estrategia clave de Bolívar al frente de la República de Colombia, fue convocar a partir de 1824 la instauración de un gobierno confederado de naciones americanas que habría de reunirse en el denominado Congreso Anfictiónico de Panamá, un punto geográfico intermedio, accesible a toda América y con inmediata salida al Atlántico y al Pacífico.


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Pero más allá del poder que simbolizaría la unión de todas las nacientes repúblicas independientes de América bajo una sola confederación y con un potencial poder común frente amenazas extranjeras,  hacía falta el apoyo de la principal potencia económica, militar-naval y política de la época: el Imperio Británico.

Bolívar y el Imperio del Siglo XIX

Buena parte de la literatura política emanada por Simón Bolívar, encontraremos sin ningún tipo de disimulo, la admiración que este líder político sentía por el sistema de monarquía parlamentaría británica, así como los modos sociales y las prácticas económicas de esa potencia.

Pero qué era Gran Bretaña. Era, para el momento del siglo XIX, el principal imperio de la época, no bajo una practica extendida de colonización territorial como lo había sido España durante los tres siglos anteriores, sino que su dominio se basaba en el monopolio de la navegación y de las principales rutas comerciales de todo el mundo, especialmente en el continente asiático. De tal manera que, un hábil político como Bolívar, no solo buscaba la forma de aliarse con el principal e histórico enemigo de España, sino con la principal potencia naval del mundo, lo que venía a significar, una táctica disuasiva para España que era ya un imperio militar en decadencia.


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En ese sentido, la invitación a la instalación del Congreso Anfictiónico de Panamá, fue igualmente extensiva al Imperio Británico por parte de Simón Bolívar bajo el siguiente tono:

El congreso de Panamá reunirá todos los representantes de la América y un agente diplomático del Gobierno de S.M.B. –Su Majestad Británica-. Este congreso parece destinado a formar la liga más vasta, o más extraordinaria, o más fuerte que ha aparecido hasta el día sobre la tierra. La Santa Alianza será inferior en poder a esta confederación, siempre que la Gran Bretaña quiera tomar parte en ella, como miembro constituyente. (Simón Bolívar: “Un pensamiento sobre el Congreso de Panamá”, Lima 1826)

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Alegoría de la unión americana, por Mariano Florentino Olivares 1895. Cortesía: Wikimedia Commons

Bolívar propone un arreglo ventajoso para el Imperio Británico

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Lista de naciones invitadas y asistentes al Congreso de Panamá, considerada la primera cumbre americana. Cortesía: Wikimedia Commons

 En el mismo documento en que invita a Inglaterra a formar parte del Congreso de Panamá, de igual modo conmina al Imperio Inglés a tomar en sus manos el fiel de la balanza que daría equilibrio al poder de esta nueva alianza en el mundo americano, arguyendo, y de algún modo proponiendo un trato en el que:

La Gran Bretaña alcanzaría, sin duda, ventajas considerables por este arreglo…

Entre estas ventajas enumera:

  1. Su influencia en Europa se aumentaría progresivamente y sus decisiones vendrían a ser las del destino.
  2. La América le serviría como un opulento dominio de comercio.
  3. Sería para ella la América el centro de sus relaciones entre el Asia y Europa.
  4. Los ingleses se considerarían iguales a los ciudadanos de América.
  5. Las relaciones mutuas entre los dos países lograrían con el tiempo ser unas mismas.
  6. El carácter británico y sus costumbres las tomarían los americanos por los objetos normales de su existencia futura.
  7. En la marcha de los siglos, podrían encontrarse, quizás, una sola nación cubriendo al universo, la federal.

 (Simón Bolívar: Un pensamiento sobre el Congreso de Panamá, Lima 1826)

El antiimperialismo bolivariano: un invento del siglo XX

Con la proposición de tan ventajoso arreglo al Imperio Británico, cuesta creer en la falaz figura antiimperialista de Bolívar. Nada puede haber de antiimperialista en una visión que pretendiendo sacudirse el dominio político de un imperio (el español), comprometía el dominio económico y cultural del continente americano de forma inconsulta y unilateral.


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No obstante, esta táctica política pudiera resultarnos absolutamente reprobable desde las concepciones político-ideológicas de la actualidad, si consideramos como un valor absoluto e inflexible la soberanía de las naciones.

Considerar a Simón Bolívar imperialista o antiimperialista resulta desde todo punto de vista un anacronismo, es decir, una consideración fuera de lugar y descontextualizada de su tiempo, puesto que estas categorías de calificación política como “imperialismo” y “antiimperialismo” surgieron en la reflexión política moderna en Europa varias décadas después de la muerte de Simón Bolívar, y serían consolidadas desde posturas ideológicas llamadas revolucionarias como el comunismo y el socialismo que dominarían la escena ideológica mundial en el siglo XX.

antiimperialismo en los paises
Mural sobre el antiimperialismo estadounidense de un sector populoso de Caracas. Las masas son las más manipuladas por los supuestos discursos antiimperialistas de los gobiernos de izquierda que buscan encubrir sus malas políticas de gobierno dentro de un supuesto sabotaje del gobierno estadounidense. Cortesía: Wikimedia Commons

Las ideologías de izquierda en América Latina, fervientes subsidiarias de la izquierda socialista y comunista europea, adoptaron sus modos y sus categorías de reflexión muchas veces de forma irreflexiva y otras tantas intentando hacer sincretismos y mezcolanzas ideológicas que justificaran el origen revolucionario socialista y antiimperialista en el nacimiento de los países latinoamericanos. De este modo, presentar a Simón Bolívar como antiimperialista nos es más que una forzada reflexión de la actuación política de un hombre sacándolo de su contexto temporal, espacial e ideológico. Otras formas novedosas pero no menos anacrónicas al respecto son las que justifican la existencia de un: socialismo bolivariano.

Finalmente… el conocimiento verdadero de personajes de tan indiscutible talla como Simón Bolívar debe partir de la lectura y la revisión desde las fuentes originales y no de las postreras interpretaciones intencionadas que han hecho de ellos. Bolívar, ni imperialista, ni antiimperialista, simplemente un hombre de carne y hueso, un hombre con un rol político circunstancial que muchas veces debió sobrellevar con mucha diplomacia y pragmatismo político: el hombre y su momento.

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Es historiador, graduado de la Universidad de Los Andes (Venezuela) en el 2011, se desempeña como docente e investigador en el área de Ciencias Sociales.

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