Algunos científicos canadienses defienden esta práctica, la promueven basados en el hecho de que el vertido de hierro sobre las aguas oceánicas que bañan algunas de las costas de Chile podría aumentar el crecimiento del fitoplancton lo que relanzaría de nuevo el trabajo de las pesquerías chilenas al ser este organismo acuático el principal alimento de la cadena alimenticia marina. Pero hoy día algunos defensores ambientales se encuentran bastante preocupados y dudan de la efectividad de esta práctica la cual tendría según su criterio un riesgo potencialmente alto en el equilibrio biológico oceánico.


La Fundación de Investigación marina Oceaneos radicada en Vancouver, Canadá, afirma estar tramitando al gobierno chileno los permisos necesarios para poder liberar 10 toneladas de hierro al lecho marino ubicado en la costa de Coquimbo durante el año 2018.

Este tipo de fertilización marina según la fundación persigue “la adición de nutrientes a un ecosistema agotado, lo cual favorecerá la fotosíntesis haciendo crecer el fitoplancton restaurando el fondo de la cadena alimenticia marina la cual necesitan los peces para crecer”. Se basan en la imitación del proceso de deposición natural del hierro en el océano, como el producido durante la erupción del volcán Benziaminy de Alaska que en 1958 provocó el aumento sustancial de la producción de Salmón en las zonas circundantes al suceso.

Sin embargo algunos investigadores tienen suspicacias con respecto a la efectividad de este tratamiento. Osvaldo Ulloa, científico y director del Instituto de Oceanografía del Milenio en Concepción, Chile advierte lo siguiente: “Ellos afirman que al producir más fitoplancton, que podrían ayudar a la recuperación de las pesquerías… No vemos ninguna prueba para apoyar esa afirmación”.

Diatomeas microscopio electronico
Diatomeas vistas a través de un microscopio electrónico. Cortesía Wikipedia Commons

Por otra parte, Phillip Boyd, ecólogo marino de la Universidad de Tasmania en Australia, plantea como clave para disipar las dudas concernientes a la efectividad de este proyecto, mostrar pruebas científicas basadas en experimentaciones eficientes: “Si quieren asociarse con académicos, entonces seguramente la transparencia es su mejor herramienta”. Las disputas por este proyecto arrancaron en abril, cuando los científicos y ecólogos marinos chilenos enviaron una queja y advertencia al gobierno chileno que se encuentra en estos momentos tramitando los permisos que requiere la Fundación Oceaneos, todo esto, en respuesta a los reportes filtrados por los trabajadores chilenos que participan en este proyecto.

Ya el gobierno chileno había pedido asesoría a la Academia Chilena de Ciencias, la cual había organizado un foro que se pretendía realizar en Valparaíso, Chile y que buscaba explicar sus dudas acerca de verter hierro al mar. Pero la Fundación declinó a participar en dicho foro, limitándose a afirmar, que solo querían deslegitimar su trabajo basándolo como un enfoque proveniente de la geoingeniería, y no como lo que ellos consideran como “restauración del océano”.


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Ya en el pasado la Convención de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica promovió un acuerdo que regula las actividades de fertilización de aguas marinas basadas en que no se tiene suficiente información acerca de los riesgos que esta práctica podía desencadenar sobre la fauna marina y las demás partes que conforman ecosistema marino. Al mismo tiempo ya se han realizado 13 experimentos con respecto a esta idea llamada “Restauración del Oceano”, con conclusiones no muy concretas ya que resulta ser difícil medir la cantidad de CO2 producido para estimular la fotosíntesis marina que es necesaria para estimular el crecimiento del fitoplancton.

¿Cómo piensa responder a las dudas la Fundación Oceanos?

Michael Riedijk quien es presidente de la fundación afirma que su equipo de científicos se ha adaptado a las restricciones impuestas por el acuerdo de las Naciones Unidas y que seguirán cumpliendo con los tratados internacionales que regulan este tipo de experimentaciones. Lo que no está claro es si solo lo dicen para tratar de reducir las críticas que han surgido en contra de su proyecto.

Riedijk, dice que su fundación está preparándose para organizar un foro que busca atraer a la comunidad científica, en especial la chilena, para aclarar todos los aspectos y hacer públicos los datos obtenidos de sus investigaciones. Sin embargo a pesar del exhorto si los científicos no quieren participar entonces el presidente de la Fundación Oceaneos sentencia: “sólo tendremos que seguir adelante sin ellos”.

vertido de hierro en los mares
La investigación del vertido de hierro en los océanos

Para tratar de fortalecer su proyecto Riedijk invitó a Jason McNamee, que formó parte del proyecto Haida durante el año 2012, que perseguía la restauración de las poblaciones de Salmón en las costas de Old Massett, un pequeño pueblo pesquero de 1000 habitantes, 200 millas náuticas al oeste de las islas Haida Gwaii. Esto consistió en la adición de 100 toneladas de sulfato de hierro sobre las costas oceánicas, todo sustentado en el apoyo económico del empresario estadounidense Russ George.

El empresario fue acusado de manipular por medio de la venta de bonos de carbono a los aldeanos de esta comunidad, ya que dicho proyecto fue abandonado y sus resultados aunque tiempo después según los científicos parecen cumplir con el objetivo del crecimiento algal, generan muchas contradicciones y respuestas sin resolver. McNamee estuvo involucrado con la fundación Oceaneos hasta el año 2016, y al mismo tiempo dicha fundación afirma no tener nada que ver con el “incompleto” proyecto Haida.

Efectos adversos de la adición de hierro a los océanos

Esta diatomea causa también intoxicación
Esta diatomea causa también intoxicación en los humanos que consumen el molusco donde se aloja. Cortesía: Wikipedia commons

La fundación reveló que la fertilización de los Océanos merece mayor investigación ya que consideran que podría ser algo que si funciona podría tener “Implicaciones globales”. Afirman haber desarrollado un complejo de hierro que puede ser consumido de manera eficiente por el fitoplancton sin dar mayores detalles del asunto.

Sus detractores se basan en el hecho de que la adición de hierro en el océano es la aparición  de plantas de crecimiento rápido favoreciendo el incremento de la planta diatomea Pseudo-nitzschia  la cual produce ácido domoico una neurotoxina capaz de envenenar a mamíferos y aves. La biomasa marina también podría descomponerse en las aguas superficiales causando así una disminución del oxígeno presente en el agua afectando a los demás organismos marinos.

Todas estas circunstancias aunadas al hecho de que la geología de las costas chilenas y los patrones de agua que presenta el océano en las mismas producen mosaicos de zonas de alta y baja cantidad de hierro, nos invitan a pensar de que los beneficios del vertido de hierro en los océanos puede que no sea lo más recomendable para el ecosistema marino en sí y para quienes ocupan niveles más altos en la cadena alimenticia en los océanos.


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El vertido de hierro en los océanos. ¿Peligroso o beneficioso para el ecosistema?
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