Considerada una de las mujeres más hermosas y enigmáticas de la historia europea Elisabeth Amalie Eugenie de Austria, mejor conocida como Sissi, nació en Munich, (Baviera). Entre muchas obras ha sido inmortalizada en el cine por la actriz austríaca Romy Schneider en la película Sissi del director
Ernst Marischka.

La larga lista de libros dedicados a su vida, las múltiples interpretaciones de los acontecimientos felices y trágicos que acompañaron su audaz existencia, la cantidad de esculturas y monumentos en su honor esparcidos por Viena, Hungría y Suiza son motivo de nuestra inspiración para contarles la vida de un personaje de novela del período romántico que de una historia de la vida real.

Un acuerdo nupcial poco convencional

Francisco José de Habsburgo en 1855, aproximadamente Fuente: vanidades.

De los acontecimientos que la historia de su vida ha tomado como felices y al mismo tiempo tristes está el hecho de que en agosto de 1853 acompañó a su madre Ludovica y a su hermana Elena, quien contaba con 19 años, a la casa real del Emperador de Austria Francisco José I de Habsburgo a efectos de que esta última conociera al emperador y se hiciera oficial su compromiso, como su tía y su madre habían acordado.

Sin embargo, Francisco José al ver a Sissi quedó prendado de ella y, pese a las negativas de su madre, decidió casarse con su prima de 16 años y no con la que habían acordado y preparado para ser su consorte.

El compromiso se hizo oficial y casi un año más tarde se oficiaría la boda. Desde entonces Sissi “perdería su libertad”, frase que se puede leer en uno de sus poemas escrito un tiempo después del casamiento. Criada como un alma libre, sobre todo por su padre el Duque Maximiliano de Baviera, en el castillo campestre llamado el Palacio de Possenhofen que está ubicado a las orillas del lago Starnberg en Baviera, acostumbrada a estar rodeada de naturaleza, devota a la actividad ecuestre: cabalgar y cazar eran cosas que le apasionaban.

Narcisismo y maternidad incompatibles

Sissi mantuvo toda su vida un peso de 50 kilos con una estatura de 1,72 metros, estaba obsesionada porque su cintura midiera 50 cm, y podemos confirmar este dato en muchos de sus cuadros en los que su cintura es particularmente estrecha. De allí sus problemas para comer, sufría de anorexia y ansiedad, patologías que controlaba consumiendo algunos medicamentos muy en boga para la época y dietas que ella misma inventaba. Aun así sufría de excentricidades causadas por su afán de estar delgada y por el cuidado excesivo de su larga cabellera, de la que se decía era una de las más bellas de toda Europa. Su fama de vanidosa y narcisista vienen de estos esfuerzos de estar siempre gallarda. Fuente: pronto.es

Aun así sufría de excentricidades causadas por su afán de estar delgada y por el cuidado excesivo de su larga cabellera, de la que se decía era una de las más bellas de toda Europa. Su fama de vanidosa y narcisista vienen de estos esfuerzos de estar siempre gallarda.

Dentro de lo que Sissi gustaba de hacer estaban los largos viajes, y sus compromisos maritales estaban cruzados por este tipo de actitudes, no obstante, a los dos años de su matrimonio nace Sofía su primera hija; luego nacería Gisela; y unos años después el heredero al título de emperador: Rodolfo; diez años después su última hija Marie Valerie. Pero estos nacimientos no dieron la felicidad que se pudiera esperar a la familia. Sofía muere en un viaje a Hungría con tan solo dos años de edad. Hecho que hizo que la madre del Emperador Francisco José I, decidiera que Sissi no cuidaría de Gisela y de Rodolfo, quienes serían educados según las tradiciones y normas de etiqueta vienesa.

Una vida marcada por la muerte

El Archiduque Rodolfo de Habsburgo-Lorena. Fuente: Pinterest

La emperatriz nunca pudo superar la muerte de Sofía. Sin embargo, a su última hija pudo tenerla con ella y educarla con un empecinado gusto por la historia de Hungría, país en el que además nacería la pequeña Marie.

Otro acontecimiento que marcaría la tragedia de esta enigmática emperatriz es el supuesto “suicidio” de su hijo Rodolfo, quien a los 31 años era objeto de enemigos políticos poderosos; se supone había hecho un pacto de amor y suicidio con su amante Mary Vetsera. Sin embargo,este misterio está aún sin dilucidar, se complejizó con el pasar de los años, ya que se fueron descubriendo indicios que ponen en duda la hipótesis del suicidio.

El final romántico de la emperatriz rebelde

Fuente: MuyHistoria.

Así como una Madame Bobary insatisfecha con la vida de encierro que le tocó vivir, con un marido impuesto por las tradiciones más que por las pasiones compartidas; ya retirada del mundo político, más cercana al nihilismo y a la vida fugitiva, huyéndole al acartonado mundo de la corte y la aristocracia, nuestra emperatriz morirá como un personaje de ficción.

El 10 de septiembre de 1898, en las postrimerías del Siglo XIX, nuestra protagonista iba caminando a orillas del lago Lemán en Ginebra (Suiza), junto a su dama de compañía, cuando un hombre pareció tropezarla y la hizo caer, se levantó ayudada por su dama y siguió andando hasta uno de los ferris del lago, camino a Montreux. Una vez allí, se sintió sofocada y al abrirle el vestido se dieron cuenta de que tenía una herida en el pecho, causada por un estilete que le clavara el hombre del tropezón.

El hombre resultó ser un anarquista llamado Luigi Lucheni, quien tras no poder asesinar al Príncipe de Orleans, que era su principal objetivo, decidió quitarle la vida a Sissi.

Sus últimas palabras fueron“Pero… ¿qué me ha pasado?”. Una pregunta que nos suena más a duda existencial de toda una vida que a un momento de inconsciencia agónica.

Su muerte, dice Ángeles Caso en su libro Elisabeth, Emperatriz de Austria-Hungría:

“Aquélla fue una gran muerte. Una vez más, los hechos de la vida cobraron su definitivo significado en el último momento. Ella siempre adoró caminar, y la vida se le fue caminando. Siempre amó los barcos, y expiró a bordo de uno. Siempre quiso ser una ciudadana anónima, y murió como una ciudadana anónima, sin archiduques ni cardenales a los pies de una cama con dosel. Siempre detestó ser emperatriz, y fue asesinada en nombre de un credo que proclamaba la inexistencia de todo rey (…). En su despedida no hubo tumultos. Se derramaron pocas lágrimas. Pero a sus funerales asistieron ochenta y dos reyes y reninas con sus séquitos. Durante un rato, fingieron haber olvidado que, cuando estaba viva, Elisabeth los ignoraba (…) Había dicho que quería ser enterrada en Ítaca o en Corfú, o en cualquier otro sitio junto al mar, al aire libre. Fue sepultada en la oscura cripta de los Habsburgo en Viena, debajo de la tierra de una ciudad que siempre la creyó loca y mala».

Conclusión

Un final más poético imposible, pero estamos seguros de que si el anarquista que la asesinó la hubiese conocido, realmente, no habría gastado su vida en tan estúpida protesta, porque más que un comportamiento aristócrata Sissi tuvo una vida rebelde. Esas son las ironías y contradicciones de las que estamos llenos los seres humanos, de las que no podemos escapar, sea cual sea nuestra condición social, creencia religiosa, nacionalidad o incluso… Título nobiliario.

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