La Propaganda Nazi permitió que Adolf Hitler fuera capaz de cautivar a las masas del pueblo alemán y de convencer fervientemente a muchos de la supremacía del Tercer Reich por encima de todas las naciones. ¿Cuales fueron esos principios que usó en su búsqueda incesante de enamorar a las masas?


 

Propaganda Nazi
Ejemplo de una propaganda Nazi. Imagen tomada de Pinterest.

Las técnicas comunicativas puestas en marcha por el aparato de propaganda política del régimen nacional socialista alemán se hicieron patentes a través de una amplia gama de medios de comunicación, como la radio, el cine, la prensa, etc., apuntalados por Joseph Goebbels, un hombre más que interesado en el mundo de los medios y edificador de la figura casi deificada del Führer en la Alemania hitleriana.

Básicamente, estos principios en los que basaron la propaganda nazi son los que se presentan a continuación:

1. El enemigo único

La principal de las tareas de la propaganda alemana consistía en simplificar y concentrar la culpa en un ícono político, social, o religioso particular, y condensar a todos los enemigos efectivos y potenciales bajo una sola imagen. Darle un solo rostro al contrincante.

2. El contagio

Bajo el precepto del principio anterior, las diversas corrientes adversas debían designarse bajo una categoría única, de modo que el objetivo político de la ideología imperante fuese uno solo, sin discriminar entre unos enemigos y otros. El enemigo no tiene matices.

3. La transposición

Uno de los principios más efectivos del régimen para los fines de la distracción frente a las malas noticias, fue trasponer o adjudicar los errores propios al enemigo, esto, acompañado de una constante negación de toda responsabilidad ante los hechos adversos frente a la población.

4. La desfiguración

La exageración y grandilocuencia del discurso Nazi fue uno de sus fuertes en la persuasión de las masas. Por más insignificante que fuese un acontecimiento era estratégico desvirtuar hechos y declaraciones a favor del régimen.

5. La vulgarización

Hablar como el pueblo. El régimen nacional socialista alemán se caracterizó por ser fundamentalmente populista, su discurso debía constituir un punto de identificación con la gente del común. Llevar su discurso a las masas implicaba rebajarlo a su nivel de comprensión, usando la jerga con que estas se manejaban. Se buscaba que el mensaje llegara a un mayor espectro de la población.

6. La orquestación

Sin importar si el discurso fuera honesto o no, debía ser monolítico, no podía presentar divergencias, fisuras o dobles interpretaciones. Este debía ser entonces un discurso fundamentalmente reiterativo. Para Joseph Goebbels “si una mentira se repite una y otra vez, acaba por convertirse en verdad”.

7. La renovación

Distraer al público de los temas que más le aquejaban, como la escasez o el hambre, resultaba una prioridad para el régimen nacional socialista. Por ello una constante y desproporcionada emisión de información buscaba saturar las mentes de la gente y alejarlas de los problemas reales, además de sobrecoger al contrincante quien no podría abarcar todo lo que enfrenta.

8. La verosimilitud

Legitimar el discurso a partir de fragmentos de información verídica,muchas veces forzosamente conectados entre sí.

9. La silenciación

Omitir los temas sobre los cuales el régimen no tenga respuesta, minimizar los aspectos favorables del rival e imponer una presencia absoluta y silenciadora en todos los medios de comunicación posibles.

10. La transfusión

Establecer en la población una constante y manifiesta actitud visceral de odio y resentimiento contra el enemigo, dirigida desde los medios de comunicación.

11. La unanimidad

Convencer a las masas de que el gobierno y sus líderes gozan de absoluto y unánime apoyo en todas partes. Esto de algún modo legitima la posición del régimen.

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El papel de Joseph Goebbels

Propaganda Nazi
Joseph Goebbels, principal colaborador de Hitler en la elaboración de la propaganda nazi. Imagen tomada de Wikimedia Commons. Fotógrafo: Sandau

Aunado a la aplastante derrota que había sufrido el Segundo Reich durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y las humillantes condiciones impuestas al Alemania en el Tratado de Versalles, así como el carisma y las excepcionales capacidades oratorias de Adolf Hitler, se suma todo un compendio de once principios sobre los que se edificó la estructura de propaganda política que resultó crucial en las pasiones que el Führer (palabra alemana que significa «jefe” o “líder”) despertó en el pueblo alemán.

Hay quienes consideran como autor de estos de la propaganda Nazi a Joseph Goebbels, uno de los colaboradores más cercanos de Hitler, quien ejerciera, desde 1933 hasta 1945, el importante cargo de Ministro de para la Ilustración Pública y la Propaganda del Tercer Reich. Pero lo cierto es que estos resultan de una interpretación y compilación de las ideas expuestas en Mein Kampf (Mi Lucha), un libro autobiográfico y político-ideológico escrito por Adolf Hitler en 1925.

Para finalizar estos principios que ayudaron de forma efectiva a mantener dentro del pueblo alemán un estrecho convencimiento y apoyo ideológico hacia el régimen Nazi, incluso hasta en sus últimos momentos, resulta interesante leerlos y reinterpretarlos a la luz del siglo XXI, especialmente en una era donde los medios de comunicación han cambiado pero donde muchas de estas técnicas prevalecen en distintas áreas de la comunicación, desde el marketing político y empresarial, hasta la política informativa de los medios de comunicación privados y oficiales de muchas partes del mundo.

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