Muchas veces, desde que tenemos uso de razón, ha habido algo que nos motiva a querer el bienestar de otra persona. Desde el momento en que vemos a una persona atravesar una dificultad donde evidentemente no puede salir sola, sin pedir ayuda, tendemos a ofrecer nuestra mano ayuda a sabiendas que lo único que pueden ofrecernos es un sincero agradecimiento. He allí donde el altruismo se manifiesta.

Históricamente, ese sentimiento en nosotros se ha ido desarrollando con el paso del tiempo. Inició con el sentido de auto preservación, evitando que nuestros antepasados murieran aplastados por un mastodonte. El tiempo pasó y nuestro cerebro evolucionó lo suficiente como para otorgarnos una estructura específica y compleja que se encargue de la supervivencia, incluyendo los procesos naturales y psicológicos que puedan verse inmersos en esto.

Así se evidencia como el medio nos proporciona de las herramientas para una mejor adaptación en todos los sentidos, y entonces la sociedad adquiere un papel importante en el desarrollo de la psiquis. Ya que biológicamente existe una predisposición al auto preservación, ¿Qué nos lleva a desear y realizar acciones por el bienestar y la preservación de otra persona?, ¿esto es algo aprendido?

Aquí se podremos observar y analizar la opinión de diversos estudios y posturas filosóficas con respecto a un tema tan interesante como lo es el altruismo.

Definición de altruismo

La Real Academia Española define el altruismo como aquel fenómeno en el cual algunos individuos procuran el bienestar del otro, aún a costa del propio.

Sin embargo, la madre de todas las ciencias, la filosofía, ya había dado un significado similar a la amistad. El griego Aristóteles, siguiendo los planteamientos de Platón, definiéndolo de la siguiente forma: “aquella actitud en que la persona tiende a desearle a los demás aquellas cosas que ella considera que son buenas para su beneficio y no para el suyo propio”. Más tarde, obtiene su nombre en el año 1851, través del filósofo francés Augusto Comte como altruisme, quien lo propone como un término que contrasta al egoísmo y se refiere netamente a la solidaridad interpersonal.

Psicológicamente hablando, diversas corrientes han definido esta característica de forma similar, aunque expresan que de una u otra forma, el individuo consigue algún tipo de beneficio. Por ejemplo, desde la psicología conductual, se explica el altruismo como una cualidad reforzada. Cuando un individuo lleva a cabo una acción aparentemente desinteresada y recibe a cambio una gratificación por parte de otro, existe una alta probabilidad de que vuelva a repetirlo en busca de esta gratificación.

Desde la psicología cognitiva, se habla más de una perspectiva moral, personal y única de cada individuo. Un individuo ayudara a otros si piensa que hará más ayudando que no haciéndolo, teniendo en cuenta como ha manejado la influencia del ambiente hacia el desarrollo de su carácter y su forma de relacionarse.

Finalmente, hablando desde una perspectiva psicodinámica, encontramos que la estructura psíquica del SuperYo juega un papel fundamental, como compendio de los anteriores postulados de otras teorías. El SuperYo es la representación de la moral aprendida dentro del hogar, regulada en su acción por el Yo del individuo.

Freud, padre del psicoanálisis estableció que el SuperYo constituye la internalización de las normas, reglas y prohibiciones parentales y representa los pensamientos morales y éticos recibidos de la cultura. Cortesía: Pixabay

Se puede observar que hay aspectos clave que definen el altruismo, que en resumidas cuentas son la empatía, entendiéndose como la capacidad del ser humano para colocarse en el lugar del otro, intentando entender los sentimientos que experimenta con las herramientas psicológicas que posee. Y el compromiso, utilizar esta empatía en un acto noble que beneficie más a otro que a sí mismo.

El papel de la sociedad en el desarrollo del altruismo

Al nacer somos considerados un ente bio-psico-social. Ya se ha mencionado aquella parte biológica y psicológica, la forma en la que se entrelazan y configuran el modo de actuar de los individuos. Para que un ente pueda vivir en armonía y desarrollarse efectivamente, existe un término denominado como “normas sociales”, ampliamente estudiado por la sociología y una rama de la psicología conocida como la psicología social.

Estas normas sociales son un constructo que surge de forma inesperada, como resultado de la convivencia de los individuos, y tienen como objetivo fomentar el orden social. Basándose en esta premisa, existen dos normas que están íntimamente relacionadas con las conductas altruistas, y estas son la norma de la cooperación y la de reciprocidad.

Una sociedad cooperante se basa en servir constructivamente los unos a los otros para vivir una positiva experiencia de empatía. Cortesía: Pixabay

A pesar de la existencia de otras normas, la de cooperación es una que se integra fuertemente en la psiquis del ser humano al ser, como se menciona con anterioridad, reforzada. A medida de que las actividades van adquiriendo complejidad, muchos individuos no alcanzan la meta esperada si no reciben una cooperación desinteresada de otro. A su vez, esta persona que colabora espera que si bien esta persona no puede retribuir en ayudarlo, al menos no se interponga en su camino en el futuro.

En este sentido, observamos como la sociedad está a la espera de un comportamiento positivo y aparentemente desinteresado, que pueda contribuir al desarrollo satisfactorio de donde se desenvuelven los individuos que la conforman.

El ser filantrópico

Existe una idea social que mantiene la creencia de que únicamente las personas millonarias son filántropas, sin embargo, como se ha podido observar, esto no es del todo acertado. La filantropía es la misma cualidad altruista: la ayuda desinteresada por el bienestar hacia otras personas que nosotros mismos podemos realizar.

fliantropía y el altruismo
Un ejemplo filantrópico a repilcar observamos en la parábola del Buen Samaritano cuando este ayuda al desahuciado sin motivo alguno. Cortesía: Wikimedia Commons

Aunque los personajes de renombre son quienes hacen visibles a las fundaciones u obras sociales, debemos tener en cuenta que todos podemos aportar nuestro grano de arena para mejorar la vida de quien la necesite, ahora o en un futuro, como es el caso del apoyo a investigaciones científicas. Por ello existen diversos recursos electrónicos que facilitan las donaciones, o lugares como iglesias y centros de acopio donde se pueden llevar insumos para quienes lo necesitan, como personas sin hogar.

Estimulando el desarrollo del altruismo

Como conducta reforzada mediante la gratificación, se puede estimular su desarrollo. Acciones como ser voluntario enseñando a niños en colegios, realizando actividades recreativas en albergues para personas sin hogar o ayudar a personas mayores o ancianas en su cuidado y atención, son actividades que pueden generar un sentimiento positivo tanto en las personas que la realizan como en quien lo recibe.

Las conductas altruistas también se pueden estimular al momento de ayudar a un familiar en una situación complicada o atravesando una enfermedad. Estas acciones generan un bienestar compartido entre los miembros del núcleo familiar, y aumenta la tendencia a la reciprocidad.

altruismo en la familia
Una familia con bases altruista será un ente transformador dentro de la sociedad en donde se desenvuelve. Cortesía: Pixabay

En niños, es importante destacar que es más fácil aprender por imitación. Según la psicología social, el aprendizaje vicario es aquel donde observamos una conducta determinada, y el resultado que tiene en quien la realiza.

Cuando sentimos gratificación en nosotros, y se lo comunicamos a nuestros hijos, ellos mismos sentirán el deseo de sentir esa gratificación, por lo cual buscaran realizar acciones consideradas altruistas (ayudar a los compañeros con sus deberes u obligaciones, compartir algo de su comida con alguien sin hogar, entre otras.); siendo padres, podremos reforzar esa conducta, y aumentar las probabilidades de que se repitan.

Trabajar por el bienestar de otros sin esperar nada a cambio puede, en más de un sentido, redefinir el pensamiento de a quien ayudamos, su percepción de la vida y de su propia situación. Si fomentamos estos comportamientos altruistas en los más pequeños, el futuro podrá ser un mejor lugar para su vida adulta.

Articulo escrito por: Armando Moleiro

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