Pulgarcito

El cuento de Pulgarcito relata las aventuras de un niño tan pequeño como un pulgar. Esta historia de gran picaresca fue escrita por el famoso cuentista Charles Perrault.

versión corta del cuento de Pulgarcito.

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Erase una vez un pobre campesino que estaba una noche atizando el fuego de su chimenea mientras su esposa tejía a su lado. En eso el hombre dice en voz alta:

-¡Que triste es no tener hijos! En el resto de las casas se escuchan gritos y alegría. Y su esposa le respondió

-Sí… aunque fuese uno solo, así fuese del tamaño de un pulgar lo querríamos más que a nuestra vida.

Al cabo de siete meses la mujer tuvo a un niño tan pequeño como un dedo pulgar. Y los padres dijeron:

-Es tal como lo deseábamos, lo vamos a querer más que nuestra vida.

Por su tamaño le pusieron Pulgarcito, lo alimentaban tan sano como al resto de los niños pero Pulgarcito no crecía, tenía el mismo tamaño que al principio. Sin embargo Pulgarcito era vivaz,  vivaracho y muy capaz.

Un día el leñador se disponía a ir al bosque a buscar madera, pero no tenía quien lo ayudara, así que Pulgarcito se ofreció en ayudarlo. Su padre al verlo le dijo que era muy pequeño para llevar el carro pero Pulgarcito con la ayuda de su madre le insistió.

La madre lo colocó en la oreja del caballo y de esa forma iba arreando al animal. 

En eso unos forasteros vieron al carro con el caballo pero no pudieron ver al que lo conducía y pensado que el caballo se conducía solo decidieron seguir al animal. Cuando llegaron al leñador se dieron cuenta que el caballo era conducido por un pequeño hombrecillo y agarrándolo con una sola mano le pidieron a su padre que se lo vendieran para exhibirlo en el pueblo.

– Véndenos este hombrecillo, lo pasará bien con nosotros.

Pero el padre de Pulgarcito se negó rotundamente porque él amaba a su hijo con todo el corazón. Aun así Pulgarcito le rogó a su padre que lo vendiera por una pieza de oro y le susurro en el oído:

Pulgarcito

– Padre, dejame que vaya; ya volveré.

El leñador por fin accedió y Pulgarcito iba manejando el caballo como había hecho con el animal de su padre. Cuando iban en el camino le pidió a los forasteros que lo bajaran por un momento del caballo.

Los forasteros se enfadaron y le dijeron que no. Pero Pulgarcito que era muy astuto los pudo persuadir para que lo colocaran en el suelo. En eso Pulgarcito echó a correr adentrándose en el bosque y escapó de los forasteros. Los forasteros tuvieron que irse molestos sin Pulgarcito y sin la pieza de oro.

En el camino Pulgarcito escuchó a dos hombres que pretendían robar al cura de la iglesia, pero Pulgarcito les ofreció ayuda para engañarlos y evitar que robaran en la iglesia.

No obstante a Pulgarcito le quedaban aventuras antes de ir a su casa. Luego de engañar a los ladrones fue en búsqueda de un lugar para dormir y encontró un establo para descansar.

Cuando aún dormía en el establo, la criada fue a alimentar a sus vacas, con tan mala suerte que cogió una pieza de heno donde dormía Pulgarcito. El pequeño hombrecillo terminó en el estómago de la vaca. Cuando Pulgarcito empezó a gritar todos pensaron que la vaca estaba poseída por algún espíritu maligno, por lo cual el párroco decidió que sacrificaran a la vaca.

La mala suerte acompaña a Pulgarcito y la porción del estómago de la vaca donde se encontraba el hombrecillo fue comido por un lobo feroz. No obstante Pulgarcito intentó mediar con el lobo.

– Amigo lobo, sé de un lugar donde podrás comer a gusto.

El lobo le hizo caso a Pulgarcito y éste lo llevó hasta su casa en el campo. Después de que el lobo comió hasta saciarse, Pulgarcito empezó a dar gritos para despertar a su padre.

Cuando su padre salió de la habitación encontró al lobo en la despensa y al escuchar a Pulgarcito le asestó al lobo un golpe en la cabeza. Logró acabar con el lobo y dijo:

– ¡Alabado sea Dios, ha aparecido nuestro hijo!

Sacaron a Pulgarcito del estómago del lobo y sus padres le preguntaron:

– ¿Y dónde estuviste todo este tiempo?

-¡Ay, padre! Estuve en una gazapera, en el estómago de una vaca y en la panza de un lobo. Pero desde hoy me quedaré con ustedes.

Los padres prometieron no volver a venderlo por ningún tesoro del mundo.

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