Consumismo, el fino arte de tener más

Consumismo
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La simple y cotidiana idea de ir a la tienda con el propósito de adquirir productos para nuestro sustento en el día a día, es una actividad tan usual como respirar. A su vez resulta una tarea ineludible para todos los que poseemos las suficientes responsabilidades como para hacernos cargo de ello. Es más que común oír las frases “se nos acabó este producto, hay que ir a por otro”. Lo que resulta totalmente comprensible a la hora de tratarse de algún aditamento de limpieza, consumo o una medicina de importancia relevante. Pero, en el caso de productos cuya necesidad no sea alta, ahí estamos creando un leve desajuste no solo en nuestro presupuesto mensual, sino también en nuestro código de conducta indudablemente corrompido.
 

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Fuente: i.pinimg.

 

Para poder dar a entender con más claridad lo que se quiere explicar, es necesario recurrir al uso de un ejemplo cotidiano tal como ir a la tienda de víveres. Imaginémonos en una situación en la que un joven posee un teléfono inteligente en el cual invierte la mayor parte de su tiempo, un aparato con el que sustenta su vida social, laboral y ocupa en su tiempo libre como entretenimiento. Es difícil imaginar una vida en la que dicho joven no posea un teléfono de semejante naturaleza, que funciona a la perfección y que además, adquirió hace tan solo unas seis semanas. Todo va bien con este producto, el joven se ve feliz sabiendo que sus amigos también poseen este mismo aparato, sintiendo satisfacción y ayudándolo así a abrirse con más personas. Pero, de repente, sale un artículo por las redes sociales anunciando que dentro de una semana saldrá un teléfono que, a pesar de ser muy parecido al que el joven ya tiene, posee unas cuantas aplicaciones diferentes que lo hacen el producto más codiciado del mercado. La publicidad que le brinda la empresa posee tal apreciación por la sociedad, que al cabo de una semana de su lanzamiento oficial, todos los compañeros del joven ya lo tienen. Cuenta, además, con una aplicación que solo puede ser instalada en su sistema operativo, haciendo imposible que el joven pueda disfrutar de la misma manera con su grupo de amistades por el impedimento tecnológico.

Un buen día, a pesar de que su teléfono es completamente funcional y la única diferencia que posee con su nuevo contrincante es una simple aplicación, el joven decide comprar este nuevo producto, volviéndose automáticamente miembro de su grupo de amigos una vez más, ya que todos aclaran que era tiempo de que cambiara de teléfono, ya que esta nueva adquisición será mucho mejor a la anterior.

Ahora, si el teléfono del muchacho realizaba las tareas básicas que un teléfono debería tener, como llamar, enviar textos, emails, conexiones a internet y demás facilidades que tiene cualquier teléfono inteligente, ¿Por qué había esta necesidad tan grande de cambiar el producto?, ¿Realmente era tan importante cambiar de celular por una simple aplicación comunicacional, cuando los mensajes salían sin problema alguno?

La respuesta, por supuesto, es no. El joven no poseía ninguna necesidad de vital importancia para cambiar su teléfono, no se dio un gusto para adquirir un producto mejor, el que ya tenía era adecuado. Pero de igual manera, no pudo conformarse con esto, sino que prefería ser incluido a apartarse de su círculo social pues, como es obvio, era la misma sociedad la que lo impulsaba a querer encajar en ella, la presión de muchos para el aprovechamiento de unos pocos individuos con demasiado poder y control sobre sus frías manos.

¿Por qué queremos más de lo que tenemos?

 

Consumismo, por qué?
Fuente: longislandpress.

Hay que dejar que el fenómeno de consumismo nos rodea a todos, y sin embargo, lo ignoramos por completo. Para lograr verlo, debemos citar o más bien informar que uno de los primeros resultados que salen si buscamos la palabra (consumismo)

 

Afán por comprar bienes indiscriminadamente, aunque no sean necesarios.

No se podría describir de una mejor manera, ya que, a pesar de vivir en una era en la cual la electrónica y otros aspectos se han vuelto fundamentales para la sociedad en todos los sentidos, debemos abrirnos un poco más allá de este hecho y fijarnos en los productos que realmente necesitamos para que nuestra vida logre mantenerse en pie. Si lo pensamos detenidamente, no son muchos. En décadas no muy lejanas, la mayoría de los objetos que utilizamos no eran ni remotamente deseados ni mucho menos necesarios, y sin embargo, no paramos de querer una serie de artículos que son tan irrelevantes como su misma razón de adquisición. Al igual que en el ejemplo anterior, hemos creado nuevas necesidades completamente prescindibles para nuestro sustento en la tierra, solo pensemos un momento:

¿Realmente preciso de una nueva camisa, solo porque la mayoría de las personas a las que admiro les agrada y las portan también?, ¿De veras debo conseguir estos nuevos recipientes para comidas, cuando en casa tengo más de los que puedo guardar?, ¿Debo comprar este esmalte de uñas y este labial solo porque este color es el que la sociedad dice que está bien llevar? No, no es ni remotamente necesario que adquieras ninguno de estos productos, ya que no los necesitas, solo crees que es así, y por esto no te conformas con un solo producto, sino que compras tres labiales, cuatro esmaltes, tres camisas y demás niñerías que ya tenías, pero por no tener estas leves características, crees que no son adecuadas.

 


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Las empresas y el consumismo, un monopolio compartido

 

Consumismo
Fuente: i.pinimg.com

 

 

Para lograr ver la raíz del consumismo, hay que fijarnos hacia el beneficiado directo de nuestras compras abundantes e innecesarias: las empresas.

 

Las empresas son las que producen adquisiciones que a simple vista resultan irrelevantes, pero con la magia del marketing, llegamos a pensar que nuestra vida no será la misma una vez que obtengamos los bienes o servicios que ofrecen.

Así mismo, la misión de la publicidad dentro de las empresas es sencilla: aunque tu producto sea una completa decepción, si lo publicitas de buena manera, lograrás venderlos todos. De esta manera, logran hacer que olvides algo que funcionaba perfectamente en tu vida para reemplazarlo por otro producto que realmente hace lo mismo que tu anterior adquisición. Para ponerlo en palabras más sencillas y resumidas, nos controlan y deciden qué es lo que debes comprar. Todo gracias al marketing y a tu poca fuerza de voluntad para decidir.

 


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 Conclusión

 

¿Quieres seguir de esta manera? Si tu respuesta es no, piensa detenidamente cuando una nueva moda salga a la vista dentro de tu círculo social, y considera si realmente tienes la necesidad de obtenerla, no por razones de una falsa aceptación con argumentos vacíos, sino por razones legítimas, y verás la diferencia, ¡has vencido al marketing!

 

 

 

 

 

 

 

Consumismo, el fino arte de tener más
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